lunes, 20 de agosto de 2018


LA PAZ QUE SE PERDIO.

POR MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ

“LOS CUATRO MOLINOS...MI ABUELA... LA LLUVIA... EL PERRO Y LA NIÑA”.


·         PONENCIA PRESENTADA EN LA CUARTA JORNADA DE LITERATURA NACIONAL, ORGANIZADA POR LA UABCS.

¡Abuelita...abuelita, ya está chispeando y tronando! – si, parece que va caer un aguacero...- ay nanita no vamos a alcanzar a llegar a los mangos a los cuatro molinos...al escuchar esto, mi perro viejo el pachuco, se metió bajo la carretilla que mi abuelita empujaba...nanita nanita, don Gilito y doña Chepita Arreola van a espantar la lluvia. - ¿por qué dices eso muchacha? – Porque allá andan a la carrera en el patio recogiendo la ropa en el tendedero, y usted ha dicho que así se espanta la lluvia. – si, pero a esta lluvia ya no la espantan porque ya la tenemos encima. ¡Y se soltó el aguacero!, que hermosura!...mire abuelita el molino de la huerta de Don Luis Dibene, parece que se va caer con el viento. – si, se les olvidó “manearlo”, ¡corre muchacha, hay que refugiarnos en esa barda, bajos las ramas de esa mata de mango que salen por ella!. Dijo mi abuelita atascándose el sombrero hasta las orejas...que lindo lucían los verdes ojos y las rubias trenzas de mi abuelita bajo el sombrero!, abuelita, ahí es con el Mayor Torres y tiene un perro prieto muy bravo y grandote.- No le hace, correremos el riesgo, porque si nos regresamos, capaz de que te da el patatús, allí esperaremos a que amaine la lluvia. Me metí bajo los largos ropajes de mi abuela con aquel perro que temblaba echado a nuestros pies. – nanita, se me antoja una taza de café de grano con galleta marinera o birote de la tienda de don Luis Dibene. - ¡ahora se aguanta!, quería comer mangos y aquí estamos bajo la lluvia, muchacha antojadiza.
            Los racimos de mangos sazones de con el Mayor Torres...tocaban nuestras cabezas...ni se te ocurra pellizcar esos mangos, porque entonces si que nos echan el perro, además dañarías la mata cortando la fruta verde. – si no más alce la mano para rascarme la cabeza.- mjj....mientras llovía, bajo aquellos ramajos una humareda salía...mi abuelita, a la luz de los relámpagos se fumaba su cigarro del tigre, acallando los ladridos del perro, tras aquella barda el estruendo de los truenos en el cielo. Parece que aun percibo aquel calorcito humano y aquel aroma a limpio, a ceniza y tabaco que despedía el cuerpo de mi nanita. (Porque mi abuelita lavaba sus refajos y la ropa blanca con cenizas, o cernada). Cuando la lluvia cesó, el perro se sacudió, y todas empapadas pero felices, continuamos el camino rumbo a los cuatro molinos. Los sapos y ranas croaban a nuestro paso...parecían crisálidas las gotas de lluvia en las hojas de los árboles iluminadas por el sol que empezó a salir para más tarde ocultarse. Me entretenía viendo la rodada de la llanta de madera de la carretilla, y las pequeñas huellas del pachuco, las de mis pies descalzos, así como a las de la abuela que iban dejando plasmadas en el lodo. ¡Muchacha camina con cuidado que te vas a chalpear de lodo las canillas!
            ¡Que bella lucía La Paz en el ayer!, más aun en aquella tarde de lluvia. Había más de 1250 molinos de viento y huertas por todos lados. Los molinos los había de lámina y de madera especial con las que los construyó el señor Borrego, quien vivía en Serdán y Ocampo, así como también construía carretas y carretones; bueno, eso decía mi tía Chuy. Las familias antiguas en su gran mayoría tenían sus huertos familiares plantados de frondosos árboles frutales, yerbas medicinales, flores y hortalizas, un hermoso molino de viento y su pila y acequias de riego. Las tierras eran fértiles y generosas y redundaban en abundantes cosechas de aquellos frutos de la región.
            Los cuatro molinos con sus cuatro pozos de 20 metros de profundidad, su pila de 15 metros con capacidad de 60.000 litros cúbicos de agua, fueron las huertas mas populares y de mayor importancia en La Paz, plantadas de árboles frutales donde la gente del pueblo podía consumir la fruta, hasta regalada, y en los hogares, los floreros y fruteros en los centros de la mesa del comedor, lucían hermosos mangos, aguacates, guayabas buchonas, rosas y blancas, granadas, limones, limones reales, naranjas, naranja lima, lima chichona, guajilote, guanábanas, etc. Para los niños de aquella época y también para las familias era un espectáculo maravilloso ver los cuatro molinos, y todos los molinos de La Paz, girando a un solo tiempo, dando vueltas con el viento, principalmente con las ráfagas del tradicional coromuel, escuchar el tong tong de la bomba de pichancha que jalaba el agua por tubería de 3  pulgadas, y caer el chorro a la pila; luego el agua salía por las acequias de riego para las otras huertas.
            Después de aquella hermosa lluvia, al fin llegamos a los cuatro molinos. Mientras la abuela y el huertero cortaban la fruta y llenaban la carretilla, el perro y yo chapoteábamos el agua y me trepaba a los árboles entre los pájaros, a comer frutos a placer; mientras el perro camelaba unas tusas en los troncos de los árboles. “Ojalá que el pachuco logre pillar esos animales que tanto daño hacen”, dijo el huertero con la carretilla hasta el tope de preciados frutos bajo los árboles. Después de un rato, mi abuela, el perro y yo descansábamos chapoteando el agua en las acequias. – oiga abuelita, usted que tiene tanto conocimiento, sabe de casualidad a quien se le ocurrió poner estas huertas tan bonitas que además que a los niños hacen felices a tanta gente?  La dulce ancianita no esperaba la pregunta, y con la boca toda embijada de mango, ya que el jugo de éste le escurría hasta por los codos, y yo pues no se diga, ésta se quedó pensativa mientras pelaba una roja y jugosa granada, y luego dijo – pues me la pusiste dura muchacha, pues yo no conocí  a quien sembró estas tierras, pero en una de las reuniones en casa de tu tía Chuy, escuché que tu tío Billi platicaba con unos señores acerca de los cuatro molinos, y según decían que un ingeniero nacido en Alemania llamado Maximilain Hash Willy, siendo muy joven llegó a esta hermosa tierra de La Paz en la primera década del siglo pasado, a trabajar en la administración de la tenería Suela Viosca.- a esa que entran muchas carretas cargadas de leña, suelta feos olores y echa tanto humo día y noche por esa gran chimenea?.- eguale, la misma, allí trabajan mas de 200 gentes, que ganan el sustento para sus familias, curten y arreglan mas de 300 pieles diarias para la fabricación de calzado y otras cosas, y hasta la mandan para los Estados Unidos y Japón, bueno eso es lo que dicen.
            Bajo los árboles frutales, enmarcado con el girar de los molinos de papalotes, trinar de pájaros cantores, croar de sapos, ranas, y aquel ambiente perfumado a tierra mojada, flores y frutas, escuchaba emocionada, aquella plática de mi sabia abuelita. – decían que el señor Hash fue un hombre muy emprendedor y se enamoró de estas tierras. Según la plática que escuché, compró estas cuatro manzanas que en aquel tiempo eran puro monte, con el fin de sembrarlas como lo estas viendo. -¿ Nanita, y había coyotes, indíos y animales salvajes aquí?. – antiguamente si los hubo, ya que de los californios fueron estas tierras. Pero en el tiempo en que compró este señor Hash, debió haber habido sólo liebres, chacuacas, víboras, iguanas y cachorones además de la vegetación propia de la región. La gente que trabajaba en la tenería le ayudó al señor Hash  a desmontar los solares, luego éste mandó perforar estos cuatro pozos de  agua que estás viendo ademados de ladrillo, además de estos cuatro grandes molinos de viento que sacan el agua y va a caer a la pila  para que a través del sistema de riego a estas huertas dan vida y verdor, y nosotros, así como las familias sudcalifornianas nos llena el estomago a bajo costo y nos regocija el alma.
            Aquella tarde, los cuatro molinos giraban y giraban y en ese momento se escuchaba una gritería por el arroyo de la calle 5 de Febrero, mugir de animales y una gran tropelía ¡Nanita que ese estruendo!, son recuas de  ganado que los rancheros van arriando rumbo al muelle fiscal para ser embarcado y llevados a otra parte.- ¿y eso por qué abuelita? – es que el ganado de Baja California Sur tiene gran demanda y preferencia por la sabrosura y calidad de su carne. Ya que este se alimenta además de la pastura propia de la región, con orégano y damiana. Mi perro viejo el pachuco, también tenía su  juego; estaba con un ojo al gato y otro al garabato, escuchaba atento aquella plática, y después de haber matado la tusa, andaba correteando mariposas y cigarrones en las acequias, y demás charcas que había dejado la lluvia.- te estaba contando “coyote” (así me decía mi abuelita de cariño), lo que este gran señor hizo en estas tierras. Cuando don Maximiliano inauguró estos cuatro molinos dio una gran fiesta a la que asistió toda la población de La Paz, distinguiéndose el Gobernador de aquel entonces Coronel Agustín Sanjinés y el Presidente Municipal de La Paz un señor Ruffo. ¡Qué bonita estaría esa fiesta abuelita!, me hubiera gustado estar allí. – eso fue hace muchos años, tu madre no nacía todavía.
            Los señores que estaban comiendo caguama con tu tío Billi bajo las bougambilias, uno de ellos terció en la plática y quitándose el sombrero dijo, “cuenta mi tío Salomón que cuando él estaba chico conoció a ese extranjero, y era reguena gente que además e sembrar estos cuatro molinos de árboles frutales fue el primero que trajo cerveza a La Paz. Se la mandaban de su tierra en barricas de madera en los buques de vela, los que tardaban mucho tiempo en hacer la travesía y el señor Hash regalaba la cerveza entre sus amigos. – hay abuelita, deveras que tiene usted fino el oído y buena la memoria, pues nada se le olvida, por eso es que tanto me gusta platicar con usted. ¿Será que tiene buena memoria porque le da el golpe al cigarro del tigre? – ¡que cigarros del tigre ni que ocho cuartos!...decía e Billi que este señor Maximiliano se vio en aprietos cuando trajo la cerveza pues no había hielo aquí en La Paz. tuvo que fabricar el hielo encargando el equipo a su tierra natal, y también regalaban el hielo, siendo él el primero en fabricar hielo en La Paz. – puchi nanita, entonces este señor además de bueno, trabajador e inteligente era muy rico, éste si que no era cicatero. – si, era muy rico y no era muerto de hambre pero su mayor riqueza la llevaba por dentro. - ¿Cómo está eso abuelita? – son valores que ahorita tu no vas a entender, pero que algún día comprenderás. Además de la riqueza de alma de este señor, llegó a tener ranchos con grandes extensiones de tierra donde pastaban alegremente más de 2000 cabezas de ganado. Fue exportador de perlas y trabajó la minería, dándole trabajo a mucha gente. – mi abuelita, ya se había comido más de cinco mangos y tenía lavadas un puño de guayabas buchonas, para darles mate, luego dijo. ¿Te acuerdas de la hermosa casona gris, frente al kiosco, donde tanto te gusta jugar en las resbaladillas y en las blancas arenas buscando caracoles? ¡Claro que me acuerdo! Pues esa casa, dijo tu tía Chuy que fue una de las primeras que construyeron aquí en La Paz y el que las mandó hacer fue nada más y nada menos que el señor Hash. En esa casona ha vivido gente muy importante del territorio.
            La tarde empezó a morir...ya teníamos un barrigón de mangos, guayabas y otras frutas...jugueteábamos los pies dentro del agua que generosa caía a chorros en la pila y corría por las acequias...a la distancia se divisaba el huertero que no recuerdo su nombre pero si su noble sonrisa y tierno mirar bajo el sombrero de palma de alta copa...éste venía cargado de guajilotes pasaditos y otros frutos. Moviendo la cola, el pachuco salió a su encuentro ¡córrele abuelita acábeme de contar que pasó con este señor que nos dejó tantos árboles frutales e hizo tantas cosas buenas en estas tierras!, ¿se murió o qué? – pues eso si que no lo sé, porque decían que le dio el mal de amores, se enamoró de una mazatleca y nada se supo de él. ¿Y qué es el mal de amores? – ya muchacha preguntona!, no esta usted para saberlo, todo a su tiempo. – abuelita, se acuerda que cuando fuimos a las verduras, a las huertas de don José Briseño, para allá por el rumbo del arroyo del palo, también estaba lloviendo mucho y me contaba cosas muy bonitas?. – si, si me acuerdo, por cierto que llevamos canastos y no llevamos la carretilla porque se atasca en las arenas del gran arroyo del palo, pero cuando fuimos con don Jesucito, el Sinarquista, a las flores y a la alfalfa para las gallinas, ahí si llevamos la carretilla ¡y cuántas chacuacas y liebres nos salieron al paso entre los romerillales!
            Que hermosas flores había con el sinarquista...y que chulos claveles y azucenas se daban, pero a mi mamá le encanta poner en los floreros: sempazuches, margaritas, rosas, cineas, cucarachas, y muchachas viejas. ¿Cuándo vamos a volver a las huertas de don Julián Rivera a las sandias y los melones abuelita?- ya habrá tiempo, cuando vuelva a llover tan bonito como este día y que nos pueda acompañar tu mamá porque nomás se la lleva en la casa trafiqueando todo el día.
            Aquel bello crepúsculo después de una tarde de lluvia se empezó a sentir...el huertero no estaba ya...y la penumbra entre los árboles ya se miraban en aquellas huertas de los cuatro molinos...el perro estaba inquieto cansado de tanto jugar, y los molinos giraban y giraban aventando chorros de agua. – abuelita, ya se está haciendo oscuro y dicen que aquí espantan. – a ver como está eso. El perro paró las orejas pelando grandes los ojos. Dice mi papá que aquí sale un hombre sin cabeza y un perro prieto arrastrando cadenas. - ¡que hombre sin cabeza ni que ocho cuartos!, ya párele de preguntar que tarde se nos hace y tu madre está esperando la fruta.
            Empujando la carretilla cargada de frutas emprendimos el regreso. Sapos y ranas entre las charcas croaban, y hasta los grillos cantaban...los cuatro molinos, bellos recuerdos...ahora, esos cuatro molinos son como fieles centinelas, cuidan y arrullan el sueño eterno de sudcalifornianos ilustres que descansan en la rotonda y a los viejos pergaminos que guardan gran parte de nuestra historia regional, desde los inicios de la conquista en el archivo histórico de La Paz que tan digna y merecidamente lleva el nombre de uno de los más brillantes historiadores de esta bella península...Profesor Pablo L. Martínez.
            La Paz fue la ciudad de los molinos de viento.

….Por el placer de escribir Recordar… Y… Compartir.









LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA.

DON BERNARDO LIZARRAGA TIZNADO…INTRÉPIDO Y VISIONARIO COMERCIANTE DE LA PAZ QUE SE PERDIÓ.


A MI PADRE…CON TODO MI AMOR…RESPETO, AGRADECIMIENTO Y ADMIRACION…


• EL ANTERIOR 20 DE AGOSTO CUMPLIO 103 AÑOS A SU NACIMIENTO A LA VIDA TERRENA…Y NACIO A LA VIDA ETERNA EN LA PRIMAVERA DEL 21 DE MARZO DE 1993…FUE UN HERMANO, ESPOSO, Y PADRE EJEMPLAR…Y COMO AMIGO FUE MUY AFORTUNADO.


• PRODECEDENTE DE LA TIERRA DEL VENADO, LAS OLAS ALTAS Y LA TAMBORA, MAZATLAN SINALOA…LLEGO A ESTA HERMOSA CIUDAD DE LA PAZ DON BERNARDO LIZARRAGA TIZNADO.


• CON LA INQUIETUD Y LAS ENERGIAS PROPIAS DE UN JOVEN DE ESCASOS 23 AÑOS, TRAIA EL CORAZON REPLETO DE ESPERANZAS Y MUCHAS GANAS DE TRABAJAR…Y QUEDO CAUTIVADO CON LA BELLEZA Y TRANQUILIDAD DE LA PAZ, DE SUS GENTES Y SUS BUENAS COSTUMBRES, DECIDIO SEPULTAR SU CORAZON Y SUS RAICES EN ESTA TIERRA BENDITA DE DIOS.


• FUE DE LOS PIONEROS MAYORISTAS EN LA PAZ EN EL RAMO DE LA FRUTA, LA VERDURA, LEGUMBRES Y DEMAS, Y PRIMERO EN TRAERLAS DE MAZATLAN A LA PAZ LO QUE FUE UNA NOVEDAD LAS PIÑAS, EL PLATANO, PORTALIMON, MANZANO, MACHO Y COSTILLON.


• EL INCONFUNDIBLE PITIDO DEL BARCO MERCANTE “LA ESTRELLA COSTERA”, INUNDO LA CIUDAD DE LA PAZ…Y JUBILOSAS MI HERMANA MARÍA DE JESUS Y YO CORRIMOS POR TODO EL MALECÓN RUMBO AL MUELLE FISCAL, A SU ENCUENTRO… ¡Y QUE SORPRESA! Y UN REVUELO HABÍA EN EL MUELLE…UN CERRO EN FORMA DE CARACOL DE GRANDES Y HERMOSAS PIÑAS ESTABAN APILADAS EN EL PISO DEL MUELLE, Y UN GENTÍO A SU ALREDEDOR PELEÁNDOSE POR LAS PIÑAS…Y MI PADRE CON SU PREGÓN ¡SABROSAS Y RICAS PIÑAS A PACHUCO!... NO LLEGARON A LA CIUDAD LAS PIÑAS, AHÍ MISMO LAS VENDIÓ Y MI PADRE NO SABIA QUE HACER CON TANTO BILLETE, SE AMARRO EN LOS TOBILLOS LOS PANTALONES Y LOS PUÑOS DE LAS MANGAS DE LA CAMISA Y AHÍ MISMO SE METÍA EL DINERO LO QUE SE VEÍA MUY CHISTOSO, PORQUE ESTABA FORRADO DE BILLETES…QUE TIEMPOS.


• SI, MI PADRE NO NECESITO MUCHA ESCUELA PARA SER UNA GRAN COMERCIANTE Y NEGOCIANTE…ASI TENIA QUE SER…ERA DE SINALOA…ERA LIZARRAGA.


…Eran los tiempos aquellos de La Paz de antaño a finales de la década de los 40…la hermosa bahía de cristalinas y verde azules aguas estaba inundada de embarcaciones de vela y en el cielo graznaban alegremente las aves…y en el histórico y legendario muelle fiscal hacían cola los históricos también barcos mercantes para atracar en él, para el desembarque, y el embarque de las diversas mercancías…la pesca de la madre perla empezaba a morir, y estaba en su auge la pesca del tiburón para su explotación y comercialización de su hígado…eran los tiempos de la música y el romance y de tantas otras cosas bellas en La Paz que se perdió…y de pronto, en la torre del vigía y el campanero del pueblo empezó a sonar con grandes estruendos…el güero Gilberto con sus gallardetes y campanas al vuelo anunciaba el avistamiento del legendario e histórico barco mercante “El Edna Rosa”, alias “La Señorita”; de la que presuroso saltó al muelle el joven Bernardo, y donde lo esperaban sus amadas hermanas María, y María de Jesús; así como su cuñado Don Bilibaldo De La Peña dándole la bienvenida, y quienes lo habían invitado a venir a trabajar en sus prósperos negocios…el joven Bernardo al momento quedó cautivado con el encanto del recibimiento y aquel entorno…y pensó…aquí me quedo…y se quedó.


Don Bernardo nació en el pintoresco pueblo de Siqueros Sinaloa al otro lado del rio “la peña hueca”, el 20 de agosto de 1914. Fueron sus padres Don Tomas Lizárraga Lizárraga de oficio ganadero y Doña Santana Tiznado Velarde de amplios conocimientos medicinales herbolarios siendo el, el tercero de cuatro hermanos; María, la mayor; María de Jesús, Estanislao, el más chico quien fue de los primeros taxistas en La Paz. Quienes crecieron al amparo de sus padres bajo las estrictas normas de la educación y las buenas costumbres de la época, dedicados a trabajar en el campo y la pesca en el rio “La peña hueca”. En su tierna juventud Bernardo fue gran amigo y compañero de andanzas de su primo Don Cruz Lizárraga. Contrajo matrimonio con la señorita Juana Álcaraz Garate, nativa del Rosario Sinaloa y Dios bendijo su hogar con siete hijos: Concepción, Ana María, Lupita+, quien falleció a los tres años; Carlos, María de Jesús, Manuela y María de la paz la que nació en esta ciudad de La Paz.


La familia era ya grande, y los recursos pocos; parra esto, sus hermanas mayores María de Jesús y María, quienes se habían venido primero a esta hermosa ciudad de La Paz al finalizar la década de los 30, y la tía Chuy contrajo matrimonio con el señor Bilibaldo De la Peña, un hombre muy noble y trabajador, e invito a mi padre a que se viniera a trabajar con él; y fue así como si vino a La Paz con la finalidad de prosperar y dar una mejor vida a su familia, la que quedó allá en Siqueros Sinaloa quien quedó al amparo de las abuelas materna y paterna, Santana y Francisca Garate Lizárraga, y mi padre mandaba dinero para el sostenimiento de la familia, y viajaba periódicamente a Mazatlán cuando los barcos hacían muchos días de navegación…eran los tiempos aquellos.


“La popular”, la que antes se llamo la perseverancia, era la licorería de mi tío Billy De la Peña donde se vendía además de variados licores el tequila de barril, y en frente estaba la loncheria y billares de Don Conrado, donde la música siempre estaba tocando. Mi padre era el encargado del manejo del licor, lo envasaba en burritas, medias, y litros…era el gran negocio…acudían pescadores y mineros a intercambiar sus productos por tequila, así como la demás gente del pueblo…y claro, a mi padre le encantó el tequila, a quien no de aquella época, y a la de ahora también, y se hizo tomador. Como anécdota decía “que le gustaba tanto el tequila que le daban ganas de meterse a bañar en los barriles con él”. Comerciante como era, se iba a las orillas de las playas, seguido del pachuco, a esperar a los pescadores que regresaban después de mucho tiempo con pacas de pescado seco, de lo mejor: mero, garropa, estucada, pargos y demás, y se los compraba y se echaba las pacas a los hombros y surtía los puestos del antiguo mercado, Madero el que estaba en sus inicios ya que se inauguró en 1931, o 37 no recuerdo bien durante el gobierno del general García de Alba…así como surtía también a otros tendejones…había muchos tendejones en La Paz, y así eran los inicios del comercio de mi padre, fayuqueando. Se iba a las huertas donde sembraban verduras entre ellas los ble dales, y rentaba un carretón tirado por briosos corceles para traer los productos de la tierra madre que generosa fluía el alimento…y cajón al hombro lleno de verduras surtía los puestos del histórico y legendario antiguo mercado madero…puros billetes de aquellos y monedas de plata 0720 traía llenas sus bolsas del pantalón mi padre…era Don Bernardo Lizárraga Tiznado un próspero y visionario comerciante que llegó a La Paz un día. Vivía al amparo de sus hermanas mayores y de su cuñado, estaba soltero (según el) en La Paz y era muy trabajador…un buen partido para las mujeres casaderas de aquella época.


Mis queridas tías, sus hermanas María y María de Jesús siempre sabias se empezaron a preocupar de que su hermano estuviera aquí sin su familia, y luego luego le mandaron traer el candado, su esposa Juanita y cinco hijos: Concepción, Anita, Carlos, María de Jesús y su servidora de escasos ocho meses, y mi adorada y sabia abuela paterna Doña Anita…eran los años aquellos del 45…recién terminada la segunda guerra mundial…y también llegamos en el “Edna Rosa” alias “La señorita”…tiempos de jauja y también de enfermedades…la tuberculosis se enseñoreaba en todo el mundo y La Paz no era la excepción…mucha gente moría de esa enfermedad y las casas ardían por todas partes…la ciudad blanca le decían a La Paz en aquel entonces, porque en su mayoría las casas cercas y troncos de árboles estaban pintados de blanco, encaladas les decían para contrarrestar los efectos de la enfermedad, y mi padre se preocupaba porque estuviera muy bien alimentada su familia y proveía de lo mejor, que era lo que el vendía y andaba en ese medio, entre agricultores, pescadores y ganaderos…y mi perro viejo el pachuco era su compañero de andanzas, decían sus amigos que hasta hablaba con el perro.


Eran los años aquellos del 49…vivíamos en la evocadora casa de piedra por el barrio el choyal…ya estaba yo en el parvulito Carlos A. Carrillo…empezaban a pavimentar la avenida 5 de mayo, y la estatua del gran héroe de la patria general José María Morelos y Pavón, se enseñoreaba con toda su majestad en la calle 5 de mayo y licenciado primo verdad…la que a mis escasos cinco años me daba mucho miedo, y por esos rumbos no caminábamos…y la vida en aquella Paz de los molinos de viento continuaba tranquila y hermosa con carretones uno que otro vehículo por las empedradas callecitas inundadas de aquellos ruidos del ayer, pitidos de barcos mercantes, de la tenería suela Viosca y la industrial, así como de pregoneros tocando puertas de casa en casa vendiendo el pan en canastos sobre un yagual en sus cabezas, y los palanqueros con pescado y caguama fresca, así como el marchante palanca al hombro con dos enormes canastas vendiendo verduras y frutas de los huertos, y el papaloteo de los molinos de viento agitados por el suave y fresco airecillo de leyenda del Coromuel, así como el chirriar de rondanillas sacando agua de los pozos, entre cacareo de gallinas y alegre trinar de los pájaros canores…


Por vicisitudes de la vida mis padres se separaron cuando tenía yo escasos ocho añitos, conchita mi hermana la mayor estaba recién casada, Anita y Carlos en plena juventud, y María de Jesús, María de la paz y yo las más chicas de 10,8 y 6 años…y a enfrentar el cambio de vida…muy afortunado mi padre contrajo nuevas nupcias con la señorita Santa Armijo una joven cita muy agraciada, y como toda sinaloense mujer muy trabajadora y Dios bendijo su nuevo hogar con cuatro hijos; el primero, un hermoso y robusto niño al que Dios lo recogió a temprana edad y se llamó Jesús Bernardo; luego vino mi hermano Abraham, y enseguida, la niña más hermosa que mis ojos han visto mi hermanita Santa; era una sonrosada pelotita de carne de cabellos afros y muy rubio, ojos rasgados y verdes como los de mi abuela paterna, y desde luego fue la locura de mi padre; para variar la niña era gemela y des afortunadamente su gemelita murió al nacer…eran idénticas, iguales de hermosas.


Santa, una persona muy bondadosa y noble, que siempre nos dio un trato muy cariñoso, trabajó hombro con hombro con mi padre, ya que también ella era comerciante y de las buenas. Mi padre se asoció con mi tío Mariano Lizárraga y le entraron de lleno al comercio de mayoreo que traían la mercancía de Mazatlán a La Paz en los barcos mercantes del ayer …fue a principio de la década de los 50 el comercio en su auge en La Paz con los históricos y legendarios barcos de la marina mercante, el muelle fiscal en todo su apogeo…mucho trabajo y bonanza para jornaleros, estibadores y alijadores…los barcos no se la acababan ni los trabajadores tampoco, mucho movimiento comercial en esa área del legendario muelle fiscal con su torre del vigía y el campanero del pueblo. Mi padre traía frutas, legumbres y variadas mercancías, y mi tío Mariano llevaba de La Paz a Mazatlán ganado, burros, mulas y caballos…tiempos de jauja en La Paz.


Fue tanta la prosperidad de mi padre, gracias a Santa y se dedicaron a trabajar los dos y pusieron un negocio establecido por la 16 de Septiembre entre Revolución y Madero que se llamó “Frutería Lizárraga”, luego fue insuficiente y se estableció por la Revolución entre Reforma y 16 de Septiembre donde vivieron muchos años y donde nació mi hermanita Santa, la que cuando tenía tres añitos era una hermosa muñequita y alegraba mi juventud, cantándome el “dominiqui” desde que nació ganó mi corazón; ahora es una ilustre y prominente maestra y madre de familia, y de quien mi padre y su Santa madrecita se fueron de esta tierra muy orgulloso de ella, y de su hijo Abraham, también un excelente maestro; y yo desde luego que estoy muy orgullosa de ellos dándole gracias a Dios a la vida y a mi padre por mis hermanos y hermanas que me regaló.


Luego de un tiempo mi padre compró el edificio donde ahora está el prestigiado periódico el Sudcaliforniano, ahí vivió por muchos años y también tenía su frutería y tienda de abarrotes “Rorri” así le decía de cariño a la niña; luego le vendió el edificio a El Sudcaliforniano y se estableció por el esterito por mucho años con su tienda de abarrotes y frutería “Rorri”. Siempre con el invaluable apoyo de su esposa crecieron a sus hijos y les dieron la noble carrera de profesores siendo ahora mis hermanos maestros de vocación y de gran prestigio, con una bonita familia. Mi padre acudió al llamado del Señor como él quería…en el equinoccio de la primavera el 21 de Marzo de 1993…Dios guarde su alma, y nosotros su recuerdo.


…y por aquellas callecitas de La Paz de antaño…cajón al hombro lleno de frutas, verduras y pescado seco…aquel aguerrido comerciante…Don Bernardo Lizárraga Tiznado, a quien su amigo y primo Don Cruz Lizárraga lo bautizó en su juventud allá en el Recodo, con el apodo de “EL TEJUAYO”, llego de Mazatlán a La Paz un día…y sus amigos locatarios del antiguo mercado madero como “EL GARROPA” que porque le gustaba mucho la garropa y era el pescado que más vendía…seguido de su gran amigo y compañero de andanzas su inseparable y legendario perro el pachuco…pregonaba sus mercancías surtiendo los puestos de los locatarios…


…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…





LA PAZ  QUE SE PERDIO.          
POR: MANUELITA LIZARRAGA.


LA  CREACION DEL H. CUERPO DE BOMBEROS HOFFMAN....FUE SU PROMOTOR. .... LO MOTIVO EL INCENDIO DE LA TENERIA SUELA VIOSCA....NORBET HANNEL

  • FUE UN SABADO DE GLORIA DE 1959.
  • RAUL SANCHEZ CASTRO COMANDANTE DEL H. CUERPO DE BOMBEROS, UN HOMENAJE DEBERIA DE HACERSELE…CUANDO SE PUBLICO ESTA CRONICA TENIA 22 AÑOS DE SERVICIO…Y CONTINUA AL FRENTE A CASI 40 AÑOS…NO DEBE DE PASAR DESAPERCIBIDO ESTE LLAMADO…
  • FELICIDADES A TODOS LOS BOMBEROS DE AYER…DE HOY…Y DE SIEMPRE DE SUDCALIFORNIA Y TODO EL MUNDO. 

Fue por la década de los sesenta... el primer incendio de gran magnitud en La Paz, conmovió a toda la población al quemarse la tenería suela Viosca, terminando así toda una época de historia industrial y comercial, que dio fama mundial a Sudcalifornia por la calidad de la vaqueta que procesaba y exportaba a Estados Unidos y Japón, así como  al interior de la República...las lenguas de fuego se alzaban decenas de metros de altura iluminando toda La Paz...tibores con químicos y combustibles volaban al cielo...maderas y láminas del techo de la tenería suela Viosca crujían por el intenso fuego, rompiendo el silencio de aquella tranquila noche de verano sábado de gloria de 1959...la gente aterrorizada gritaba !se quema La Paz!...!se quema La Paz!... ¡Y NO HABIA BOMBEROS EN LA PAZ!... el incendio duro varios días...las brasas crepitaban... y con el viento se volvía a encender aquello. Fue toda una odisea apagarlo....sus habitantes estaban acostumbrados a que nunca pasaba nada extraordinario... época de la música, el romance, y molinos de viento... fue así como el señor Norbet Hannel Hoffman se propuso crear el H. Cuerpo de Bomberos por primera vez en La Paz.

Los bomberos fundadores aquel 27 de agosto de 1959, fueron además del señor Norbet Hannel Hoffman: Alfredo Fisher Montaño, Carlos de los reyes Rodríguez, Carlos Benton Moyron, Mario Cosío, Rafael salgado Castro, José María Romero Geraldo, Raúl Montaño, Luis Lara, Gabriel Salorio Martínez, Eduardo Hannel Cortez y Ramón García Araiza; siendo su instructor y entrenador el comandante Guillermo Velazco. Entusiastas jóvenes voluntarios que pusieron los pilares de la honorable corporación de bomberos, recibiendo en ese mismo año la primera máquina extinguidor marca mark, la que causo admiración a los habitantes de la época. El primer domicilio del H. Cuerpo de Bomberos fue el viejo garaje del policía municipal que estaba en el antiguo sobarzo; ahora es una biblioteca pública. En 1960, se instalan en Guillermo Prieto entre 5 de mayo Y Constitución; edificio proporcionado por el señor Kino y sus hijos. Toma el cargo de primer comandante el bombero Carlos de los Reyes Rodríguez; y Don Norbet Hannel Hoffman entrega el mando del patronato de bomberos a Don Alberto Alvarado Arámburo (Q.P.D.).

El primer domingo de enero de 1960, se incorporaron al H. Cuerpo de Bomberos la segunda generación de entusiastas jóvenes voluntarios, conscriptos todos ellos; Pedro Arias Venegas, Pedro Ceseña Osuna, Renato Campos Ochoa, Pablo López Zumaya, Carlos Domínguez Tapia, Eduardo y Manuel Benoit, Carlos Navarro, Eduardo Olachea Martínez, Rubén Castro Hirales, Manuel Ayón Higuera, Mario Enrique Ruiz Cota y Martin Cadena Hirales. Gracias a las gestiones de la inolvidable profesora Julia García de Ojeda, el H. Cuerpo de Bomberos se trasladó a un nuevo domicilio, a un aula de la escuela  Raúl A. Carrillo, sumándose la tercera generación de jóvenes voluntarios: Adán Enrique Ruffo Velarde, Alfredo Ríos Flores, Agustín Avena González, Ignacio Moyron Verdugo, Ignacio Flores Romero, Raúl Manríquez Zumaya, Jorge Ríos, Manuel García Martínez, Heber Alarcón, Rene Amador Moyron, Humberto Ramón y Cirilo Zumaya, así como José Rosario Verdugo entre otros.

En aquellos tiempos en que el hospital Salvatierra no contaba con ambulancia ni había cruz roja, el H. Cuerpo de Bomberos prestaba auxilio trasladando enfermos con una ambulancia tipo Cadillac. Los traga humos no solamente apagaban incendios, sino que son incontables las veces que han puesto su brazo para donar sangre, y así salvar vidas. Incontables también son las veces que nacían niños a bordo de la ambulancia y ellos ayudaban a traerlos al mundo. El bombero está preparado para todas esas emergencias. Han sido muchos los incendios de gran magnitud en que han intervenido a través de los años, desde su  creación en 1959; pero el más peligroso lo fue quizás el incendio de la planta termoeléctrica que estaba ubicada en Ramírez y Melchor Ocampo. En 1965 explotó la gasolinera de Don Chale Arámburo Mendoza, así como el 12 de julio de 1967, a la 7:30 de la mañana, se desplomo un avión DC3 de Aeroméxico sobre el hogar  de una familia atrás de la escuela Et-1 donde hubo varios muertos. La explosión del barco don Lorenzo en 1972, el que estaba atracado en el muelle fiscal cargado de combustible y también hubo varios muertos y como no recordar el gran incendio del C.C.C. palacio en 1980; labor infatigable sin duda alguna lo fue cuando el ciclón liza toco tierra aquel 30 de septiembre de 1976 a las 3:10 de la tarde, un hecho sin precedentes que enlutó a miles de familias destacando el altruismo de los bomberos, hechos que han quedado marcados en el recuerdo de los Sudcalifornianos.

Raúl Sánchez Castro, comandante de esa honorable corporación desde hace 22 años y delegado de la asociación de Jefes de Bomberos profesionales de la República Mexicana, A.C., dijo con justa satisfacción; que aún quedan muchas metas por lograr, y que gracias al invaluable apoyo de la comunidad, autoridades de gobierno, y donaciones de “LAS CIUDADES HERMANAS” actualmente el H. Cuerpo de Bomberos cuenta con55 elementos activos, 7 motobombas, camiones, extinguidores, 2 carros bomberas cisternas, 2 ambulancias, 1 camión escalera, 2 carros para rescate, 2 pick up como apoyo, 1 patrulla, así como equipo hidráulico pesado para extracción; añadiendo el comandante que, constantemente tiene gente joven que con gran entusiasmo se están preparando como voluntarios para bomberos, así como estudiantes del Conalep que prestan su servicio social en esa corporación y se inclinan por la vocación de servir a su comunidad, se les dan cursos de capacitación para bombero en México, así como en el extranjero. Termino diciendo el Señor Sánchez.



!Muchas felicidades al H. Cuerpo de bomberos!, que el 27 de agosto de 1959 fue fundado, y cumplen un aniversario más...41 años de su creación; así como felicidades también a los traga humo ya fallecidos los que se recuerdan:  Norbet Hannel Hoffman, Pablo López, Carlos Domínguez Tapia, Ignacio Moyron, Juan Manuel Verdugo, Rene Amador Moyron, Juan Manuel Meza Betancourt, Ignacio Flores Romero, Salvador Cadena Carballo, Mario Enrique Ruiz Cota, Jesús Jorge Morales, Salvador Ruiz y Carlos Cota Downy, (Don Chalito Cota).

¿Qué es un Bombero?

Es un hombre como tú y como yo,                                  Un Bombero no guarda rencores
Es el que vive en aquella casa,                                         Ni agita banderas
Con la mente despierta de un niño,                                  Ni vocifera obscenidades
El que nunca se recuperó de la emoción                          Pero si honrará
Que provocan las sirenas, fuegos y peligros                      La memoria du sus compañeros 
Con defectos, preocupaciones                                         Caídos
Y sueños no realizados                                                    El Bombero no habla de la
Pero con más bondad que la mayoría de nosotros.          Hermandad de los hombres
                                                                                          ¡LA VIVE!,
¡Eso es un Bombero!                                                      ¡Eso es un Bombero!

El que brinda su mejor esfuerzo                                        Es un hombre que responde 
Cada vez que suena la alarma                                            A la sonrisa de los niños
El que es a la vez el mas, y el menos                                 Por que ha tenido en sus manos
Afortunado de los hombres                                               A pequeños cuerpos 
El que sabe el valor de la vida                                           Que nunca volverán a sonreír
Porque ha sentido el poder                                                Es un hombre que disfruta los
De las fuerzas violentas sin control.                                  Placeres sencillos de la vida
                                                                                           Como un saludo tuyo
¡Eso es un Bombero!                                                         O una taza de café caliente
                                                                                           Para el conjunto de huesos y
                                                                                           Músculos, exigidos más allá
                                                                                           Del deber.

                                                                                          ¡Eso es un Bombero!



…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…

*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*

jueves, 16 de agosto de 2018


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LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARÀZ

“EL INDIO BARTOLOME...Y LAS SIETE BARRICAS DE ORO DE DON SANTOS RUIZ”.

·            BARTOLOME FUE UN INDIO PERICU NATIVO DE LAS TIERRAS JOSEFINAS, SAN JOSE DEL CABO BAJA CALIFORNIA SUR...DICEN QUE PARECIA UNA BESTIA SALVAJE E INDOMABLE.
·            VESTIA ZAPETA DE CUERO, Y ANDABA DESCALZO...ERA CORPULENTO  Y DE GRAN ESTATURA, DE LARGOS CABELLOS, SEMI RUBIOS, Y LA BLANCURA DE SUS DIENTES DESTACABAN EN EL COLOR BRONCEADO DE SU PIEL, Y POR ARMA TRAÍA UN ENORME PALO DE PUNTA LABRADA COMO RETORCIDA.
·            FUE POR LOS AÑOS DE 1860...FRANCISCO ALMARAZ Y FRANCISCO ROSAS ANDABAN CAMPEANDO, Y CONFUNDIENDOLO CON UNA BESTIA, CUENTAN LOS MAYORES QUE LO CORRETEARON A CABALLO POR EL MONTE DESDE SAN JOSE DEL CABO HASTA EL RANCHO EL RINCON DEL LEON, EN SAN BARTOLO, DONDE LO AGARRARON, Y QUEDARON MUY SORPRENDIDOS AL VER QUE ERA UN INDIO.
·            CON MUCHOS ESFUERZOS LO MANEATARON, Y EL HOMBRE BUFABA COMO UN ANIMAL HERIDO...QUE EN EL MARCO DE LA IGLESIA DE SAN BARTOLO, DICEN, LLEVARON UN CURA PARA QUE LO BAUTIZARA, Y LE PUSIERON POR NOMBRE BARTOLOME, CUENTA DOÑA ZENAIDA  DEL RANCHO EL RINCON DEL LEON, QUE DONDE LO PILLARON LO BAUTIZARON Y QUE AUN QUEDA LA VIRGEN DE GUADALUPE EN ESE LUGAR EN LA FALDA DEL CERRO.
·            EL INDIO BARTOLOME FUE COMPRADO POR DON SANTOS RUIZ, HOMBRE ACAUDALADO DE AUTORIDAD DE ESA EPOCA, QUE GOBERNABA EL TERRITORIO, QUIEN LO DOMO EN LOS CORRALES COMO SI FUERA UNA BESTIA, LE ENSEÑO EL ESPAÑOL, Y EL INDIO LLEGO A SER MUY AGRADECIDO, DE NOBLES SENTIMIENTOS Y DE TODAS LAS CONFIANZAS DE DON SANTOS...CUENTAN QUE BARTOLOME A PIE DESCALZO CAMINABA DESDE SAN BARTOLO A LA PAZ.
·            EL RANCHO DONDE VIVIO BARTOLOME Y DON SANTOS SE LLAMO “LAS CASAS DE LA SIERRA”, CUENTAN QUE AUN QUEDAN RUINAS DE LO QUE FUE UNA GRAN HACIENDA.
·            DICEN LOS MAYORES QUE DON SANTOS TENIA MUCHO ORO Y PLATA EN BARRILES, YA QUE EL LO COMPRABA A LOS MINEROS ANTES DE QUE LLEGARAN LOS FRANCESES A EXPLOTAR LAS MINAS.
·            A DON SANTOS LE ENCANTABA SACAR AL PATIO LAS SIETE BARRICAS LLENAS DE ORO A ASOLEAR...ESE ERA SU GUSTO, Y PASION, Y COMO BARTOLOME ERA MUY GRANDOTE Y FUERTE EL LA SACABA Y LA GENTE YA ESTABA ACOSTUMBRADA A VER BRILLAR EL ORO EN LAS BARRICAS DE DON SANTOS RUIZ ASOLEANDOSE EN EL PATIO Y ASI FUE DANDO PASO A LA LEYENDA.
·            CUENTAN QUE AL PASO DEL TIEMPO DON SANTOS Y BARTOLOME ENTERRARON LOS BARRILES CON EL ORO EN LOS ALREDEDORES “DE LAS CASAS DE LA SIERRA”...SON MUCHOS LOS OSADOS QUE LAS HAN BUSCADO MUY AFANOSAMENTE PERO NADIE LAS HA PODIDO ENCONTRAR.
·            A TRAVES DE LOS AÑOS SE FUE TEJIENDO LA LEYENDA DE LAS BARRICAS DE ORO DE DON SANTOS Y EL INDIO BARTOLOME...SON MUCHOS LOS RANCHEROS QUE HAN VISTO ARDER POR AQUELLOS RUMBOS, REFEJANDOSE ENTRE LAS LLAMAS CUAL LARGO ES, AL INDIO BARTOLOME Y CORREN ESPANTADOS, PORQUE NO SABEN LA LEYENDA Y LOS QUE YA LA SABEN DICEN “AH HAN DE SER LAS BARRICAS LLENAS DE ORO DE DON SANTOS Y EL INDIO BARTOLOME”...Y CONTINUAN SU CAMINO SIN NINGUN INTERES DE BUSCARLOS, EN CAMBIO HAY MUCHOS QUE LAS HAN BUSCADO PERO NO LAS HAN PODIDO ENCONTRAR.
·            CUENTAN TAMBIEN LOS MAYORES QUE DON SANTOS AL ENTERRAR LAS BARRICAS CON EL ORO SENTENCIÓ “ESTAS BARRICAS LLENAS DE ORO, SERAN ENCONTRADAS POR ALGUIEN DE BUEN CORAZÓN Y NOBLES SENTIMIENTOS COMO LOS DEL INDIO BARTOLOME, PORQUE LAS BARRICAS SABEN POR QUIEN SE VAN A DEJAR ENCONTRAR; TIENE QUE SER POR CASUALIDAD PORQUE SI LAS ANDAN BUSCANDO ES QUE LAS AMBISIONAN Y ASI NO LAS ENCONTRARAN”.


...Y son muchos los espantados que cuentan que por aquellos alrededores que por las casas de la sierra han visto brillar y arder, y al indio Bartolomé entre las llamas cual largo es, pero corren despavoridos, no quieren saber nada de las barricas de oro del indio Bartolomé y de Don Santo Ruiz

...POR EL PLACER                                      DE ESCRIBIR...RECORDAR...Y...COMPARTIR...

El, o ella, deja vagar sus pensamientos en el bellisimo, legendario e histórico estero, antes San Bernabé, luego, La aguada segura, donde galeones transocéanicos y grandes vapores desde lejanas tierras, venían a abastecerce de agua dulce, y de diversos productos y otras mercancías , esfuerzo del trabajo del hombre, ahora estro de San José del Cabo , B.C.S...y quizá presiente la amenaza por el avance de la ambición y el "progreso", y se pregunte ..¿y si esto se acabara?..como tantas otras cosas en aras del progreso..
El ilustre Maestro de vocación, Maestro de Maestros, Don Domingo Carballo Félix, en este mes de Agósto cumple un aniversario mas de su fallecimiento..le acompaña su distinguida y linda esposa Doña Josefina Cacesús de Carballo..


LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARÁZ
“LA PAZ...PARAISO DE MIS RECUERDOS… MI ABUELA…Y EL PERRO…”
  • LA FRONTERA DEL PENSAMIENTO EN LO REGIONAL.
  • PONENCIA PRESENTADA EN LA TERCER JORNADA DE LITERATURA REGIONAL “LA FRONTERA”.
            Como luciérnaga, la chispa del cigarro del “tigre” que fumaba mi abuela se perdía en aquella oscuridad, preludio de un bello amanecer...El balde de nixtamal pesaba, y el fiel perrito por delante guiaba nuestros pasos...Somnolienta aun y temerosa apretujaba mi muñeca de trapo envuelta en el morral de Ixtle para el mandado...Nos dirigíamos, como Todos los días al antiguo mercado Madero...Corría el año del 49...Estaba en proceso de empedrado o pavimentación la calle 5 de Mayo...vivíamos por el barrio el Choyal. – Ay Abuelita que oscuro esta el camino que ni el perro se ve... – ¡Pos como se va a ver el “pachuco” si es prieto como la noche! – Tengo miedo y tengo frío. – Pues aprieta el paso para entrar en calor.
            El barrido de las calles con escobas de varejón de dátil por las mujeres de la época a esa hora de la madrugadita ahogaba nuestros presurosos pasos... El aroma a flores y a tierra mojada golpeaba agradablemente nuestra nariz...El chirriar de rondanillas y tambazos, jalando agua de los pozos, así como el tong tong de los molinos de viento se escuchaba...Pero no lograban apagar el canto de grillos y gallos que inundaba aquel ambiente de bello amanecer otoñal. – Nanita, por estas casas dicen que espantan. – Pues no voltees a verlas, no vaya a ser que te pegues un susto y tenga que darte té de palo de Brasil para el mal de espanto. La tiendita de don Chemita aun estaba cerrada, pero dentro de ella se escuchaban voces y se percibía el aroma a café de grano a nuestro paso. –Por que huele tanto a barro abuelita. – Es que los Yaquis del rumbo del panteón han de tener una quemazón de ladrillo. – Y quienes son los Yaquis, nanita. – Gente grandota de piel obscura pero muy trabajadora que llegaron un día de por los rumbos de Sonora con sus costumbres y tradiciones y fundaron el Esterito, a veces bailan en la plaza muy chistoso, que la danza del Venado, los matachines y no se que cosas mas; y ya no le haga al preguntón por que no se mucho de los Yaquis, solo se que son pescadores, hacen ladrillos, artesanías de carey  concha de mar, y bucean perlas. A mi corta edad yo no entendía que era todo eso pero me parecía muy bonito la palabra Yaqui y Carey. ¡Que madrugadora era la gente de La Paz!, al igual que nosotros, sus pasos se empezaban a escuchar, pues el mercado Madero lo abrían a las cuatro de la mañana. Caminábamos por la calle Independencia y al cruzar la acera mi abuelita volteo sobre su izquierda rumbo a la calle Reforma, señalando a la distancia: “Allá va Don Miguel Miranda, seguramente va a la tenería a su trabajo, pues tiene un alto cargo allí”. La silueta de un alto señor con sombrero se miraba en aquella oscuridad alumbrando con una lampara de mano, ya no quise preguntar que era tenería por que empece a sentir miedo.
            La  mañana seguía oscura, íbamos llegando por la casona de mis temores frente a la huerta de doña Elena Verdugo, aquella dulce viejecita que una vez nos reprendió a mi hermanita y a mi dándonos una buena lección cuando saltamos a su huerta y cortamos naranjas amargas. La blanca casona con escalinata en el portal sostenido con hermosas columnas, causaba miedo los huecos de las ventanas y de la puerta, y flameadas de tizne sus paredes parecían cuevas oscuras...Por muchos años la casona estuvo abandonada la gente decía que espantaban, y hasta la fecha  según espantan, que las almas andaban en pena por toda la casa...Y en esas condiciones la gente de aquel tiempo sacaba la vuelta el pasar por allí; fueron varios los asustados y espantados, mi  abuela fue una de ellas. En una ocasión jugaba yo con mi muñeca de trapo y mi perro viejo tras el pretil de la encalada hornilla de lumbreantes tizones y escuche que mi abuelita le decía a mi madre: “Juanita, no quiero que oiga la niña lo que voy a decirte, por que se va a asustar y no me va acompañar al mercado. No vuelvas a pasar de noche por la casona, por que acabo de ver en el portal  una mujer grandota vestida con ropajes largos y negros, el pelo brillante ondulado cayéndole hasta los hombros, no le vi el rostro pero cosa buena no es por que vestía de negro.” Pero el perro  y yo ya habíamos escuchado aquello y al pasar por la casona a esa hora de la madrugadita y recordar la platica con mi madre, sentí miedo. – No voltees para allá, mejor voltea para la huerta de doña Elena que esta dando vueltas el molino y saca grandes chorros de agua...El aire helado de los dos tiempos que corría pegaba en nuestros rostros...Y desojaba los arboles poco a poco. – Nanita y ¿por qué están tiznadas las paredes de la casona del portal y toda por dentro? – Es que la quemaron por que murieron varias familias enfermas de tiz. – Y ¿qué es tiz?, abuelita. – Pues estaban tísicos o tuberculosos, una enfermedad muy mala que ha matado mucha gente en todo el mundo y aquí no se han escapado, por eso hay varias casas quemadas en La Paz, y luego las encalaban pintándolas de blanco. “La ciudad blanca” le decían a La Paz  antes, por los años de los 30’s y 40’s por que sus casas en su gran mayoría estaban pintadas de blanco, al igual que árboles y cercas y la “pelona”, o “la muerte siriquisiaca” tenia mucho trabajo a causa de esa maligna enfermedad. – ¿Es cierto que espantan aquí abuelita? - ¡mjj! El pachuco atento camelaba para la casona como presintiendo que algo iba a ver y yo miraba de reojo apresurando mas el paso recordando las grandes llamaradas que se hacían cuando quemaron las casas a los alrededores de la casa de piedra donde vivíamos y pensando que si mi madre se daba cuenta de que mi hermanita y yo sacamos de entre las cenizas y escombros con un palito unos juguetes y los enterramos entre los laureles, la pela que nos iba a poner y hasta al perro le iba a tocar la zurra, desde luego nos iban a dar un vaso de agua endulzada para el susto después de la cintariza.
            De pronto, al llegar al preventorio donde fue el hospital antituberculoso para niños, y ahora es un jardín de niños y el centro de salud, una refusilata de chicotes se escuchaba y el presuroso trotar de caballos jalando un carretón negro que nos lleno de espanto al perro y a mí. – No te asustes, dijo mi abuelita, es la carroza que se lleva los difuntos al panteón, ¡qué raro que ande a esta hora de la mañana! – ¡Mire nanita allá se divisa la “perica” en el sobarzo! Eran un carro rojo como ambulancia que le decían la “julia”, también, y en ella se llevaba a los borrachitos al “tanque”, “tambo” o “al bote”, le decían a la cárcel. Lo que mi abuelita no sabía que en el corral de la cárcel mi hermanita y yo camelábamos por un agujero del cerco por que nos encantaba ver a los toros cebús que allí había y encaramarnos a las matas de zarzamora a cortar las moras. Y  esa casa tan grande ¿qué es? Abuelita. – Es el preventorio donde asisten a los niños de los padres que están enfermos de tiz, los alimentan, los curan y los enseñan a labrar la tierra, así como les dan educación y sobre todo cariño. Esa huerta que ves allí son verduras y hortalizas que siembran ellos mismos para su alimento, y están aquí hasta los doce años, y esta es la huerta de los Flores, y esa casa de cucurucho, de ladrillo allí viven el profesor Domingo Carballo y su familia, también tienen huerta. El molino daba vueltas y en la huerta de los Flores donde ahora esta la fabrica de hielo de la “monarca” había yo escuchado a mi Tío Lao que también espantaban así como en las huertas de los Isais y en la casa de porche de piedra gris en la esquina de Guillermo Prieto e Independencia pero me quede callada con mis temores, porque además  había escuchado que por donde esta la librería y papelería Agruel todo eso había sido panteón y por eso espantaba por todo aquello. En realidad íbamos caminando por donde todo eso asustaba. Y más me asustaba ver el ojo de la logia amazónica, un edificio que siempre estaba cerrado, pero que a mi corta edad no sabía que significaba eso. Íbamos pasando por con don Chavalito Ibarra, aquel tierno viejecito de sombrero y dulce mirar quien al ver pasar a las muchachas les tocaba bonitas canciones con su música de boca, que vendía santitos, también muñecas de trapo, milagros de oro  y plata y muchas cositas más que tanto gustan a los niños y al dar vuelta por la estrella  polar la que fue casa Cunningham, después fue Importaciones Mary, y ahora es monte de piedad, mi abuelita dijo “ ya párele de preguntar por que de aquí hasta la lonchería de don Conrado de la Peña ya no quiero hablar, me voy a chupar otro cigarro.” Y Diciendo y haciendo encendió otro cigarro del “tigre” y continuamos caminando en silencio por la empedrada calle Revolución, con el pachuco por delante. ¡Cuántos molinos de viento había en el corazón de La Paz! 1,250 molinos había, y le decían “LA CIUDAD DE LOS MOLINOS DE VIENTO”. Todas las casas tenían su molino y su huerta, y la que no tenía molino, tenía su pozo de agua con rondanilla o cigüeña.
            El canto de los gallos empezaba a morir rompiendo aquel silencio el trinar de los pájaros...columnas de humo arropaban los techados, y una tronazón de talones se escuchaba a nuestro paso acompañado del alegre pregón de los  palanqueros gritando y tocando puertas “¡pescado fresco y barato a 75 la sarta!; ¡caguama a tostón  el cuarto y a pachuco el pecho!; ¡lisas tatemadas a dos por 25 centavos! Y ¡callo de hacha a 3 por 10!”. El pescador con su paliacate amarrado en la frente vestido pulcramente de blanco, el pantalón cortado debajo de la rodilla, con la camisa amarrada a nudo en la cintura, con sus partidos pies recorría las polvorientas y algunas empedradas callecitas de La Paz con su palanca de raíz de mezquite al hombro donde pendían las sartas de pescado fresco colgados en cogollos de palma y en su mano llevaba una canasta tejida de palma también atascada de enormes callos de hacha que inundaban la orilla de nuestra hermosa bahía de La Paz, donde abundaba el alimento diario. – Son los palanqueros del Esterito, dijo mi adorada y sabia abuelita, sacándose el cigarro de la boca, y continúo diciendo, señalando a la distancia “y aquel señor que ves en la otra acera  con palanca al hombro y dos canastones llenos de verduras y frutas es el “marchante”. – ¿Y que es el marchante, nanita? – Es el señor Santana que vende la fruta y la verdura de las huertas tocando de casa en casa, hay dos marchantes en La Paz, EL, y el señor José Briseño”. Mejor me quede calladita por que ya íbamos llegando a la lonchería de don Conrado de la Peña, la que nunca cerraba y siempre tocaba la música, donde nos tomamos una taza de café de grano con nata y pan calientito y mi perro se comió una empanadita como todos los días, entre aquellos olores a menudo, pozolada, empanadas, y tamales enmarcados con el toque de la guerrera por los soldados en el cuartel donde ahora es el nuevo mercado Madero.
            Mi abuela dejó el balde en el primer molino de nixtamal que hubo en La Paz fundado por don Ramón Briseño, para que fueran moliendo el nixtamal mientras hacia la compra en el antiguo mercado Madero fundado en 1932 por el General Ruperto García de Alba y el que estaba ubicado donde ahora es el pasaje Madero. El eterno pregón del baratero cumbre que se escuchaba de puerta a puerta del mercado, y que no lograban apagar el pitido de los barcos de cabotaje atracando en el muelle fiscal ni el zumbar de las licuadoras del puesto de chocomiles del español, así como ni el raspador de hielo del puesto de los raspados de don Trino Osuna, nos recibió a la entrada con el perrito por delante deleitando nuestros oídos todos aquellos ruidos propios del amanecer en el mercado. “¡Pásele marchantita tenemos hermosas telas a tostón el metro!, ¡cortes de casimir ingles, gabardinas y mezclilla a tres pesos!, ¡afelpados, cobijas y camisas para caballero!, ¡paliacates y medias de popotillo!, ¡tápalos, sombreros de ala ancha y pañueletas floreadas de seda, botones e hilos a precios de rajatablas!”...Gritaba durante todo el día el baratero cumbre acompañado de su mujer doña Auxilio. Afiladas de cuchillos de los carniceros...El golpe del machete sobre los huesos y las colas de gentes en las carnicerías... de Juan Osuna, José Amao, Santo Nuñez, Julio Álbañez, Severo Gómez, Lorenzo Lizardi, Gilito Arreola y Felix Peralta Osuna...El arrastre de cajones de la fruta y la verdura que traían de las huertas del japonés Juan Kakowi y del señor Tamaki...El estira y afloja de los precios por la gente del pueblo llenando sus canastos y morrales del alimento diario que pagaban en monedas de plata Ley 0720 de aquellas...Aromas que se percibían a café de grano y pan calientito de la panadería Lilia, así como a menudo, pozolada, machaca, cocido y arroz colorado de los puestos de comida de doña Cuca Tamayo, Victoria Villalejo y Tomasa Talamantes quienes palmeaban las tortillas de maíz y de harina hechas a mano. Un alboroto traían en el mercado aquella mañana por que Gollito Chávez, según decían, había sacado un tesoro en su casa.
            Aquel hermoso amanecer de otoño perfumado a brisa del mar en el mercado Madero, metida entre los largos ropajes de mi abuela quien escogía la verdura a placer  mis ojos se llenaron de alegría al contemplar a mi padre, don Bernardo Lizárraga Tiznado, un hombre a toda ley, muy honrado y trabajador en plena juventud de bondadoso rostro y franca sonrisa con sus rizados cabellos negros aun, con su cajón en el hombro surtía de frutas y verduras que se producían en la región los puestos, así como de pacas de pescado seco de pura calidad: garropa, cabrilla y mero, a los señores comerciantes que algunos recuerdo, y Todos ellos fueron pioneros fundadores del antiguo mercado Madero: Don Bebo Cota, Romualdo Hirales, Isaac Geraldo, José Castro “el guayabero”, Enrique Nava, Esperanza Cota, Arturo León, Miguel Romero “El Miguelón” como le decían cariñosamente y quien vendía la leche de doña Talpa Olachea, Santiago Jiménez, Don Luis Hirales, Lucio Sánchez, Ramoncito Navarro, Doña Chepita, Doña María Wong, Don Benigno Meza, Carlos Cota, Manuel Sliman y Reyes Rodríguez Casillas, entre otros que escapan a la memoria y que con su empeño y esfuerzo apoyaban la economía familiar e impulsaron el comercio de los productos de la región en su época, contribuyendo al engrandecimiento y desarrollo de Nuestra Entidad.
            El perro, se puso muy contento al ver a mi padre, y como era su compañero de andanzas aquella mañana en el mercado Madero se quedo con el. Que feliz me puse por que mi padre me dio una peseta de .25 centavos una jolita de dos centavos así como un cinco del monito, los que mi abuelita me guardó metiéndolos en su seno en su pañuelo hecho nudito, “para que vayas al matiné el domingo al cine Juarez con tu hermana Concha”. Salimos del mercado con la canasta y el morral llenos de mandado, y una sarta de huesos amarrados con cogollos de palma. “Conseguí hueso de cuadril y de tuétano para el cocido” así como manteca de pella de res para las gorditas, ahora, dijo mi nanita hay que recoger la masa en el molino, y luego vamos a la botica de Castro a comprar Belladona y alcalfor  para untarle manteca alcalforada en la barriga a tu hermanita por que esta hinchada”. Mientras Carmelita la boticaria despachaba a mi abuela quien pedía también “hojasen” para lo estreñido y los cólicos, yo me senté en la banca verde con el mandado a mis pies a esperarla. – Nanita vámonos por la tienda de Don Salomón Díaz para que me compres salates de la sierra y bellotas para tatemarlas en las brazas, o sino, por con el gavilán o el chamaco. – Otro día te llevo por la “isla de Cuba” por que ya se hizo tarde, ya andan los panaderos ofreciendo el pan en las casas con sus canastones en las cabezas sobre el yagual, eso quiere decir que ya pasan de las seis de la mañana y no tardan en pitar en la industrial dando la hora. Me quede frustrada en realidad quería pasar por las tiendas de don Pepe Brooks y de don Placido Cota donde siempre tocaba el “barzón”, porque me encantaba ver las carretas tiradas por mulas, a los señores sombrerudos que venían de los ranchos a intercambiar productos, y las vacas en los corrales.
            Al regreso, con la claridad de la mañana se miraban muy hermosas las callecitas de  La Paz. Lucían barridas y regadas, perfumadas a flores, albahaca, yerbabuena y poleo. Al llegar a la casa, las barricas ya estaban llenas de agua jalada del pozo, ¡que cacareos de gallinas se escuchaba!, ¡y que aromas salían de la cocina!, a machaca, tortillas de harina y frijoles refritos. “El desayuno ya esta listo” dijo mi madre, vislumbrándose entre humos el bello rostro detrás de las lumbreantes llamas de los tizones mientras raspaba el queso para bañar el frijol, y molía en el molcajete los tomates y los chiles güeritos para la salsa los que había tatemado en las brazas. Pusimos el mandado sobre el pretil de la encalada hornilla a un lado del apaste de barro de la avena olorosa a hoja de naranjo y de pronto mi madre exclamo alarmada “¡El pachuco no viene con ustedes!”. – Se quedo con Bernardo en el mercado, dijo la abuela tranquilizándola. Mi madre sabia que el perro regresaría con mi padre hasta en la tarde, y no llegarían con las manos vacías; un costillar, una cabeza de res, una sarta de chorizo, o un queso o quizá una tira de carne seca ya fuera de vaca, burro, venado, caguama o pescado pero algo traería seguramente. “Desayúnate y alístate para que te peine tu nanita y te vayas al parvulito”, ordeno mi madre. Me puse muy contenta por que después de aquel fin de semana vería a mi querida e inolvidable señorita, la profesora Estela Santana de Pineda y Eva Juárez en el kínder en la escuela Choyal.
            Mientras mi abuela tejía mis cabellos embarrados de brillantina de la que ella preparaba, de tuétanos fritos con flores aromáticas y le ponía la correa de gamuza y los moños a mis trenzas, un largo pitido se escuchó.
            ¡Nanita está pitando la industrial! – No, ese es el de la tenería Suela Viosca. – ¿Y eso que es abuelita?- Después te cuento, dijo, señalando a la distancia las fumarolas que salían de la larga chimenea de la tenería suela Viosca y que inundaban el cielo.
            ...Antaño, En las madrugaditas...Por las empedradas callecitas de La Paz, paraíso de mis recuerdos...la niña temerosa caminaba de la mano de su sabia y comunicativa abuelita acompañada del perro y de su muñeca de trapo, iluminada apenas por la chispa del cigarro del tigre...

…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…
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