viernes, 29 de abril de 2022

 

LA PAZ QUE SE PERDIO.

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ.

“LA TACONUDA...LEYENDA DEL BARRIO EL MANGLITO”.

A la tenue luz de los faroles, alrededor de las lumbreantes hornillas...contaban los antiguos que por el popular barrio el Manglito, en el solar de los Abaroa se aparece “LA TACONUDA”. A través de los años, fueron muchas las personas que se han espantado en el barrio. Cuenta la leyenda, que desde la época de la Colonia, en las noches plateadas por la orilla del mar, donde ahora es el astillero y donde siempre se ha llamado el Palmar de los Abaroa, de entre los palmares salía una mujer altísima de larga cabellera negra que le volaba con el viento, vestida de largos ropajes blancos y zapatos de altos tacones, quejándose lastimeramente recostándose en el cerco del solar, escuchándose el fuerte taconeo de sus zapatos.

 La taconuda decían los que la vieron, que subía por la calle Encinas partiendo casi desde la orilla del mar, daba vuelta por la calle Abasolo, sobre el cerco de la misma manzana y se metía precisamente por el zaguán de la casa de doña Quico Abaroa (Q.E.P.D.). La taconuda era el tema en las tertulias familiares, y era el “coco” para niños y adultos a quienes toda la vida en diferentes épocas del año la vieron, principalmente en las noches de plenilunio, y tenían que tomarse un te de palo de Brasil para el mal de espanto.

La taconuda por el barrio del Manglito a través de los tiempos ha sido la leyenda que ha circulado entre las familias del manglito. En aquellos años cuando los jóvenes salían a los bailes, a las tardeadas del quiosco del malecón y de la plazuela, amenizados con las orquestas de don Rafael Castro y Don Luis González, entre otros músicos de la época, tenían que regresar temprano y venían con el Jesús en la boca, no fueran a encontrarse con la taconuda como a muchos les había pasado. Cuentan los antiguos que...no hace mucho tiempo la taconuda volvió a las andadas...varias personas la vieron, sino que le pregunten al “güilo”.

En las noches de luna, en el barrio del manglito, puede aparecer en cualquier momento, con su triste lamento y el ruidoso taconeo de sus zapatos...la taconuda con sus largos ropajes blancos y cabelleras al viento.

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LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA ACARAZ.

“LA CASA DEL PAREDON...Y EL NIÑO LLORANDO”.

 Ya estaba muriendo aquella tarde de invierno...caminaba absorta en mis pensamientos por el muro costero del malecón...mis pasos me llevaron por el callejón de “las almas perdidas” o callejón del beso, el que luce hermoso recién pavimentado...al ver la ruinosa casa que perteneció a la familia Canalizo, la que fue derrumbada recientemente recordé su historia, a aquella valerosa mujer...a Doña Chonita de Canalizo, épocas de revoluciones y otras cosas...pero esa, después la voy a narrar. Me encaminé a la calle Belisario Domínguez, y continué caminando con intención de llegar hasta el final del mencionado callejón, y llegar a la Belisario Domínguez para hurgar en su pasado...el caserío en ruinas me pareció maravilloso, habla de toda una época...a esa hora de la tarde, se siente un silencio sepulcral por ese rumbo, ya que es una de las calles más antiguas de La Paz, la primera para ser precisa, impregnada de historias y leyendas...las tijeretas y zopilotes retornaban a sus nidos en las susurrantes y juncales palmeras.

 Al ver los paredones dejaba volar la imaginación, y pensaba en los galeones piratas que arribaban a la bahía en tiempos pasados, y en los fieros e intrépidos aventureros, quienes después de cometer los atracos a las flotas españolas y al galeón de Manila, buscaban lugares seguros donde sepultar sus tesoros...volví a la realidad, cuando de pronto, estaba frente a aquella mansión, sobre un paredón de piedra, de la que se cuentan varias leyendas...la piel se me empezó a enchinar porque ya todo estaba en penumbras, y vino a mi mente aquel relato que me hizo la estimada Señora aquella tarde de invierno doña Conchita de Castro, después de haber disfrutado de su agradable compañía y amena charla, al despedirme, dándome una palmadita en el hombro, me dijo apuntando a la mencionada mansión:

 “Fíjate mijita que en esa casa espantan muchísimo. – ¿Cómo Así? – Si, sus habitantes ya se acostumbraron a vivir con todo lo que pasa allí. Les apagaban la luz, pasan sombras de un cuarto a otro, estornudan, arrastran cadenas, en fin, un montón de cosas que ya ni caso hacen, pero lo que les pasó aquella vez, estuvo espeluznante. Resulta, que se fue toda la familia a un baile, y cuando regresaron después de la media noche, se encontraron con la novedad de que se les olvidó adentro la llave de la casa, la que estaba hasta el fondo de un pasillo, sobre un ropero. La casa estaba en tinieblas, y como todos sabían lo que allí espantaban, pues nadie se quería meter por la llave. - ¿Y cómo le hicieron Doña Conchita?, - Quiso la providencia que un jovencito, amigo del muchacho, los acompaño al mencionado baile, desde luego el niño no sabía nada de los espantos en la casa, y muy serio se acomidió a meterse por una ventana a la mansión por la llave.

 Así lo hizo el jovencito, y salió chiflando muy tranquilo con las llaves en la mano, y cuando le entregó a la señora de la casa las llaves, les dijo ¡Pero que inconsciencia, como se les ocurre dejar al niño solito en aquella oscuridad! ¡Pobrecito! apúrense el niño está llorando desconsoladamente - ¿Y qué pasó después doña conchita? - ¡Pues nadie se quiso meter en la casa, se amaneció la familia en la calle, ya que ellos no tenían un niño chiquito! El muchacho acomedido, al enterarse de lo que pasaba en esa casa, y haber sufrido la espeluznante experiencia, porque hasta le acarició la cabecita al niño, estuvo varios días enfermo. Investigando sobre esta casa, otras personas que la habitaron en épocas pasadas, dicen que también le sucedieron cosas extrañas, que la casa se iluminaba como si se estuviera ardiendo, se escuchaban lamentos y llantos de niños. Otras dicen que antiguamente fue allí una gran huerta, y su dueño sabía de todo lo que pasaba, se decía que había un tesoro, pero al señor nunca le interesó sacarlo y ni permitió que lo intentara otra persona por que le iban a destruir la casa. Decía él, que, si había dinero o tesoro, podía ser de los que enterraban los piratas en el siglo pasado ya que las aguas del mar subían hasta esos paredones y siendo así, no le interesaba porque era dinero mal habido y traía desgracias...según el tesoro, nunca nadie lo encontró. Por si las dudas, apresuré mis pasos, no fuera a escuchar el llanto del niño chiquito, en esa casona del paredón.

…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…

*Esta crónica fue publicada hace más de 25 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*




 

LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ

“EL ESTERITO...UN BARRIO CON TRADICIONES, FUNDADO POR GENTE INTRÉPIDA...LOS YAQUIS DE SONORA”.

* LOS YAQUIS DEL ESTERITO LLEGARON DE LEJOS Y FUNDARON EL PRIMER BARRIO DE LA PAZ   EL ESTERITO

• LAS TRADICIONES QUE FESTEJABAN SON ENTRE OTRAS LA PASCOLA, LA DANZA DEL VENADO, EL FESTEJO DE LA SANTA CRUZ, EL TRES DE MAYO, Y A NUESTRO SEÑOR SAN JOSE PATRONO DE LOS PESCADORES EL 19 DE MARZO.

• “LOS POCHOLES LOS BAUTIZO LA GENTE POR SER LOS PRIMEROS EN PREPARAR Y VENDER POZOLE EN LA PAZ

• LAS ARTES QUE DESEMPEÑABAN ENTRE OTRAS ERAN, BUZOS DE PERLAS POR TRADICIÓN, RECOLECTORES DE LA PLANTA TINTOREA, LA ORCHILLA PESCADORES, ELABORACIÓN DEL LADRILLO, TRABAJABAN ARTÍSTICAMENTE EL CAREY, LA CONCHA MADRE PERLA, EL CORAL CARACOL Y DEMAS VIRTUDES DEL MAR

• TRAJERON SUS PROPIOS INSTRUMENTOS MUSICALES E IMPLEMENTOS PARA ENMARCAR SUS TRADICIONES.

• FUE UNA TRADICIÓN TAMBIEN CUANDO REGRESABAN LAS ARMADAS PERLERAS, LAS ORILLAS DE LAS PLAYAS SE INUNDABAN DE ALEGRIA, PORQUE LAS FAMILIAS DE LOS YAQUIS ACUDIAN A RECIBIRLOS CON BOMBO Y PLATILLO; Y LA GENTE ACUDIA A COMPRAR LARGOS COLLARES DE CALLOS DE MADRE PERLAS SECOS ENSARTADOS EN PAVILO

• SUS PLATILLOS REGIONALES ENTRE OTROS ERAN EL POZOLE, EL BACAMORA, TAMAL DE ELOTE, EL WUACABAQUI, Y LA TORTILLA SOBAQUERA

• EL PALANQUERO FUE COSTUMBRE DE ELLOS, VENDIAN LIZAS TATEMADAS, SARTAS DE PESCADO, PECHOS Y CUARTOS DE CAGUAMA COLGADOS EN LAS PALANCAS DE RAÍZ DE MEZQUITE, TOCANDO DE PUERTA EN PUERTA POR TODA LA PAZ

• EL MOGOTE, FUE POR TRADICION PARTE IMPORTANTE DE SU ALIMENTO DIARIO CON LA LEGENDARIA RECOLECCION DE LA CIRUELA Y PITAHAYA ENTRE OTROS PRODUCTOS.

 Durante la tercer década del siglo XIX, un grupo de intrépidos hombres y mujeres de piel oscura, recias facciones, alta estatura, y un corazón tan grande como un sol...atraídos por las perlas de sudcalifornia, y la recolección de la orchilla salieron de allá lejos un día y año cualquiera dejando dormida para siempre su tierra, Cajéeme, Sonora...las embarcaciones de velas y canalete danzaban entre el oleaje por varias lunas y soles....los yaquis venían cargados de cachivaches para las mínimas necesidades diarias, y de sus costumbres y tradiciones de su lugar de origen, traían puesta sus esperanzas en estas tierras de prodigios...La Paz.

 Empujados por el aire fresco del Coromuel en el gran estero inundado de manglares y palmeras...las aves les dieron las bienvenida y allí se quedaron entre aquellos aromas a barros y brisa salada en el marco de manglares y palmeras EL ESTERITO LE DIERON POR NOMBRE y desde entonces se fundó el primer barrio de La Paz...El Esterito....los pocos habitantes que había en La Paz en aquella época de barcos mercantes, pesquerías de perlas y tantas otras cosas bellas sorprendidos miraban a este grupo de industriosos yaquis que se plantaron en el esterito y que se enlistaron en las armadas perleras después de que acabó la explotación de la orchilla. Los Cienfuegos, Ortiz, Bautimea, Valenzuela, Sanabas, Chávez y Calderón entre otros, y que según sus costumbres se casaban entre ellos. Después llegaron más yaquis y luego otros apellidos, los Lucero, buzos y pescadores por tradición, los León, Rivera, Meza, Carballo, Burgoín, entre tantos otros. Al paso del tiempo se fueron mezclando las razas y costumbres y fue creciendo las familias y el poblado.

Los primeros ladrillos para la construcción de antiguas mansiones y edificios más importantes en La Paz surgieron de las morenas manos de los yaquis encabezados por Don Manuel Cienfuegos, y su esposa Doña María Chávez de oficio partera, primer partera en el barrio El esterito, quienes se dice llegaron al mismo tiempo que Don Antonio Rufo Battaglia, de oficio panadero y éste le mandó hacer los primeros ladrillos para la casa Ruffo. El tres de mayo, día de la santa cruz, era fiesta en grande en el Esterito, la que duraba varios días enmarcados con su danza del venado y la pascola. La gente de La Paz acudía con gran alegría a ver las presentaciones que hacían en la plazuela y en el Kiosco del malecón. Era un atractivo para la población, otra de las grandes fiestas era y es el festejo al señor San José, patrono de los pescadores. En el festejo del día de la marina, en las regatas, los pescadores del Esterito y Manglito eran los primeros y el ganón casi siempre era el inolvidable Don  Gilberto (Quiqui) y Goyito Lucero, viejos lobos de mar; distinguidos como los mejores buzos, quienes dieron renombre a este popular barrio del Esterito que fue cimiento con el esfuerzo humano costumbres y tradiciones para el desarrollo de La Paz, con su trabajo de alto riesgo como es la pesquería de perlas y del tiburón entre otras especies....destacados palanqueros quienes llevaban el producto fresquecito del mar a las puertas de los hogares de La Paz como Don Porfirito León y su hijo del mismo nombre, Blas Martínez, El pocho Ronco, Félix Méndez, Pedrito Ortiz, Goyito Álvarez, Marcos Valenzuela y el “Cutito”, entre otros famosos carelleros del Esterito, que de sus morenas manos surgían verdaderas obras de arte como Don Jesús León Zazueta, Elías O naves Cienfuegos, Cachente Moreno Sandoval, y el famoso “Chunique” Miranda quien también dio renombre al barrio del Esterito por sus artesanías y destacó en el deporte, en la lucha libre, concretamente quien fue famoso en su época. Del Esterito hay mucho que contar de las familias y de sus tradiciones.

…Y entre el oleaje a vela tendida, surcaban las embarcaciones, de los intrépidos Yaquis, quienes llegaron a la paz un día, y año cualquiera, después de muchos soles y lunas, para fundar uno de los primeros barrios en La Paz, el Legendario e Histórico Esterito.

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LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZÁRRAGA ALCARÁZ.

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LA LECHE MATERNA... SANO ALIMENTO POR EXCELENCIA DEL SER HUMANO

Antiguamente, cuando los tiempos y las costumbres eran otras. Desde el momento en que la mujer concebía, se guiaba además de la atención médica, y de la partera, por los sabios consejos de los mayores para el cuidado de un sano embarazo, y posteriormente feliz alumbramiento del niño y de su persona. La leche materna, decía la abuela ha sido por excelencia el alimento de la humanidad desde que Dios creo a la primer pareja en la tierra, así como al mundo animal; y el mejor alimento que una madre puede ofrecer a su hijo es la leche a través del seno materno; y para conservar esta bendita fuente de alimento con abundancia, se deben de tener los siguientes cuidados, para que además el hijo este siempre lleno y no se le trasmitan nuestros problemas y enfermedades a través de la leche materna.

Primeramente, decía la abuela para que abunde la leche, la madre debe estar bien alimentada, cuidarse la espalda cubriéndola con un trapo calientito y que no le del sol, porque este la seca; que cuando se tengan problemas y mortificaciones es preferible no alimentar al niño porque se le trasmiten los problemas a través de la leche, y este se enferma de cólicos y diarreas. Antes de darle al niño su alimento se debe tomar un vaso de agua para que la leche fluya en abundancia, sentarse en posición correcta con comodidad tanto para el niño como para la madre, y desde luego esta debe estar llena. Para amamantar con éxito al niño, ofrecer por primera vez el seno materno en los primeros 30 minutos de vida del niño, ya que los calostros limpian el estómago del bebé; y antes de cada alimento lavarse con agua y jabón los pezones, y si es preciso desinfectarlo con alcohol. Darle siempre de 10 a 15 minutos de cada pecho cuando lo alimente. No permitir que el niño llore en el pecho, porque se tapan los pezones (o se soplan), como decían antes.

Continuó diciendo la abuela, que se debe alimentar al niño en forma alterna; dar del lado derecho primero, y llenar con el lado izquierdo, y la siguiente vez, empezar con el lado izquierdo luego llenar con el lado derecho y seguir así siempre. El niño dijo, en un principio comerá poco, y de acuerdo como vaya creciendo irá demandando más alimento; nada de horarios dar la leche materna siempre que el niño lo pida a la hora que quiera y cuantas veces quiera, pues esta leche no es dañina, no enlecha ni empacha. El niño sabe a qué hora suelta el llanto demandando alimento para recordar que tiene hambre, y siempre coincide cuando la madre siente ese calorcito cuando baja la leche que hasta se sale de los senos.

Por ningún motivo debe dársele al niño, agua, tes, sueros, ni leche de vaca o industrializada en biberón. La alimentación de la madre es la normal, sin picantes, grasas ni irritantes, incluyendo atoles medio litro de leche al día cereales, frutas y verduras y un vaso de agua cada hora. Mientras no se le caiga la tripa del ombligo al niño, no debe comer la madre ni frijoles, repollo, huevo, chorizo ni nada que inflame el estómago al niño. Recuerdo que las tortillas y el pan debían estar doraditas...la carne oreada asada y machucada con ajo en la piedra y luego se freía doradita en la manteca y se acompañaba de tortillas doraditas y de un tazón de atole de masa o de avena, era una magnífica cena para la madre, y el niño dormía prendido a la teta toda la noche.

La leche materna es suficiente para alimentar al niño durante 4 a 6 meses, y si el niño se queda contento o dormido tetada tras tetada, es señal que la madre lo llena, y que debe seguir alimentándolo con seno materno. A los seis meses de edad del niño. Se recomienda empezar a darle jugos y papillas de frutas y verduras. Si el niño no las acepta quiere decir que todavía no le hacen falta, pues la leche materna aun le cubre todas las necesidades; se le darán probaditas de las papillas y jugos de vez en cuando, y cuando ya su leche no sea suficiente, el niño solito empezará a aceptar los alimentos que se ofrezcan, y se debe seguir alimentando con seno materno durante año y medio a dos años.

No existen medicinas milagrosas que hagan aumentar la producción de leche. La mejor manera es la del estímulo del niño sobre el seno materno al estar alimentándose, mientras más chupe, mayor cantidad de leche dará la madre. En cambio, si se empieza a dar biberones de leche, suero o te de vez en cuando, entonces la cantidad de leche materna disminuirá.

La leche materna es el alimento por excelencia para el ser humano y para todo ser viviente, desde luego que sea mamífero, lo protege de enfermedades, y contiene todos los nutrientes que el cuerpo necesita para su sano desarrollo.

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LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA.ALCARAZ

“MUJER EJEMPLAR...LA SUDCALIFORNIANA DOÑA RAFAELA VERDUGO DE GONZALEZ...Y LA CASITA DE MIS RECUERDOS”.

 Mis pasos me llevan continuamente por esa callecita donde se pierden en el polvo y el pasado las huellas de mi vida...al ver la casita desentablada que amenaza derrumbarse por el paso del tiempo, y que albergó parte de mi feliz infancia...como corceles desbocados galoparon en mi mente los recuerdos transportándome a aquella época en que alguna vez también yo fui niña y tenía apenas seis añitos...y embargada de gran emoción me encaminé al hogar de la distinguida y muy querida señora Doña Rafaela Verdugo Verdugo, viuda de González, tan unida a mis recuerdos que forman parte de mi vida y que al paso de los años tengo la fortuna del reencuentro del pasado con el presente, regalándome gratos momentos en el ocaso de su vida, y cuando mis pasos también ya van siendo lentos, que disfrutamos mutuamente.

 Su rostro está como una sonreída margarita...en el invierno de su vida, en su cabeza florecieron los lirios...sus ojos son como una fuente de cristalinas aguas que reflejan la dulzura de su alma...su pequeña figura, encorvada por el paso de los años, encierran un espíritu bondadoso y fuerte, de proporciones inmensas...esa mañana de Otoño en que los árboles se deshojan, y los pájaros canores cambian su hermoso plumaje, al rítmico vaivén de la rechinadora y cómoda poltrona, en el amplio corredor inundado de pájaros y custodiada por dos enormes perros, el “Rocky” y el “Duque”, sus fieles guardianes, Doña Rafaela Verdugo Verdugo dijo que nació un 24 de Octubre de 1911 en el pintoresco pueblo minero de Santa Rosalía, cuando la explotación del cobre y otros minerales estaban en su auge. Su padre, Don Vicente Verdugo fue un aguerrido capitán de los siete mares, que tripuló barcos mercantes guiados por la brújula y las estrellas; entre los barcos que recuerda que conducía son los Korrigans, El Mavari, El Precursor, El Matilde, El Edna Rosa, alias LA SEÑORITA... El Raúl, El blanco, entre otros muchos que hicieron historia en la navegación en la península; y su señora madre fue una industriosa y gran mujer, Doña Catalina Verdugo, nativa del rancho ‘El romerrillal”, ahora las playitas.

   Debido al trabajo que desempeñaba su padre, el capitán Don Vicente Verdugo, un tiempo vivieron en Santa Rosalía y otro tiempo en Guaymas, Sonora, hasta que finalmente cuando ella tenía siete años se vinieron a vivir a La Paz; concretamente por el palmar del barrio de El manglito, por la mojonera, cerca del gran estero del arroyo del palo, el que estaba tan hermoso todo eso inundado de manglares y pájaros canores y felices jugaban todos su hermanos: Francisca, Dora, Socorro, Mariana, Josefa, Rosario, Catalina, Justino y Daniel a quienes recuerda con gran cariño. Eran tiempos de Jauja en La Paz...estaba en su auge la explotación de la perla, la minería, la ganadería y la pesca...había muchos molinos de viento y huertos inundados de árboles frutales, que hasta se echaban a perder, así como del hermoso trino de los pájaros que alegraban aquel ambiente provinciano, de aquella evocadora Paz de sus encantos… y de los míos también.

 Los recuerdos iluminaron la mirada de la dulce y tierna muchacha de juventud acumulada, Doña Rafaelita, quien, arrellanándose en su poltrona, continúo diciendo “En 1918, el 15 de septiembre azotó un devastador ciclón en La Paz, el más grande de todos los tiempos que se recuerda, y que gracias a que su padre, marinero y previsor que era, construyó de fuertes troncos la casita bajo las palmeras, sobrevivieron sin ningún percance, a este gran huracán. Su mamá Doña Catalina Verdugo, fue una mujer muy industriosa y trabajadora, hacía sombreros de lona y de palma para vender a los pescadores, así como era una diestra cazadora de liebres y pájaros, los que abundaban por ese manglar, del estero frente al remolino de la muerte. Hacía trampeadoras y atrapaba los pájaros, los que mandaba a sus hermanos y a ella a venderlos por las casas, ya que era una costumbre tener pájaros en cada hogar, porque decían los mayores que el tener pájaros, era una buena terapia para los nervios. Doña Rafaelita, cursó su primaria en la Escuela Número 48, la que estaba ubicada en la casa de la familia Amao, en Juárez y Revolución. Antes dijo se estudiaba hasta cuarto año y los alumnos salían muy bien preparados para ser maestros, pero ella se dedicó a las labores del hogar, que era una escuela de oficios y artes al lado de sus padres.

 Así, transcurrieron los años y de la infancia pasó a la adolescencia en las orillas del mar, entre palmares, peces, pájaros, frente al legendario mogote y las ilusiones afloraron en su joven Corazón. Una soleada mañana que andaba revisando las trampeadoras de pájaros en los manglares del arroyo del palo, el que era un gran estero, en su barca caracola, llegó a su casa buscando un sombrero de lona Pancho el pescador; el joven Francisco González, quien era toda una leyenda este muchacho por su valentía y dominio en las artes de la pesca. Ese día se conocieron, naciendo un profundo amor entre ambos, que culminó en el altar. Bendijo el creador su hogar con 8 hijos: Aurelia, Rafaela, Marianita, Dolores, María de los Ángeles, Socorro, Francisco y Ramón; así como creció a los hijos de su hermana Josefa, quien muy joven falleció, dejando tres niños en la orfandad, Yolanda, Enrique y Xóchitl.

 Doña Rafaela Verdugo y Don Francisco González fueron padres ejemplares quienes durante toda su vida demostraron el alto espíritu de servicio, y formaron una bonita familia muy unida educada a las normas y las costumbres de su época. En la casita de mis recuerdos, a un lado de la casa de ellos, vivimos muy felices mis padres, hermanos, mi abuela y el perro el pachuco. Casi siete décadas atrás, todos éramos como una gran familia. Las grandes hornillas de Doña Rafaela y las de mi madre, siempre estaban encendidas llenas de cazuelas rebosantes de exquisitos y aromáticos guisados que jubilosos compartíamos. ¡Una guazanga se hacía con aquel montón de chamacos!, y Don Panchito siempre se preocupaba porque todos comiéramos juntos. Cómo olvidar, cuando le hacíamos guardia a la gran olla del tradicional cocido estilo Sinaloa, porque mi madre era del Rosario Sinaloa, Doña Rafaela y mi madre ponían unas improvisadas hornillas en el patio, y nos mandaban a atizar la lumbre o a despumar el caldo al primer hervor, si hasta le bailábamos alrededor de la olla de cocido, de huesos de tuétano, corvas, coco chuelas, y costillas con todas sus verduras, y aquella cazuelona de arroz coloradito que tan sabroso hacía,  mientras que en la cocina se escuchaba palmear haciendo las tortillas de maíz. Era un alboroto de chamacos en la gran mesa con su hule floreado y su blanco mantel de lindos bordados. ¡Qué tiempos!

 Al término de aquel banquete, después de lavar los trastes, porque en esa casa cada quien tenía su quehacer, con la toalla en el hombro, nos íbamos todo el muchachero, la abuela y hasta el perro, a bañar a la playa; allí nomás a la bajadita, en el palmar de Abaroa. Antes de que se pusiera el sol, ya estábamos en casa y la cena ya estaba lista. ¡Qué felicidad! Después de la cena y de hacer las tareas jugábamos a las escondidas a la cuerda, a los colores, al matarile, el cani cani, trepadas en los mezquites y rematábamos con la lotería a la luz de los candiles, hasta mi abuelita participaba en el juego. Esa casita de mis recuerdos al lado de la familia González Verdugo, la que ya está a punto de derrumbarse, casi 7 décadas atrás fue muy hermosa. Allí vivieron antes que nosotros, la mamá y la abuelita de Doña Rafaela. Así eran las casas de los que menos tenían en aquellos tiempos.

 Los domingos, después de ir a misa, las muchachas González Verdugo, Aurelia, Marianita, Lolita, Calita, La chacha, Socorro (Birochi), Yolanda, Xóchitl, y sus hermanos mayores Francisco, Ramón y Enrique, así como mis hermanos mayores Concepción, Anita, Carlos, María de Jesús, Pasita y yo,  hasta mi abuelita y el pachuco rentábamos una panga con don Rafaelito Meza frente al malecón y nos llevaban a pasear a canalete y vela tendida por la hermosa bahía de La Paz. Les encantaba a las muchachas pasar por debajo de los pilares del muelle fiscal, amarraban la canoa en la escalinata del muelle, y se aventaban clavados a bucear las monedas americanas, que aventaban los extranjeros, para que los jóvenes del ayer las bucearan, nomás blanqueaban y brillaban con los rayos del sol las monedas en el fondo del mar, y las muchachas sacaban para pagar la canoa y luego nos íbamos por todo el canal. Mientras le daban al canalete las jóvenes iban cantando y los chamacos chiquitos íbamos con los ojos muy pelones, muy contentos contemplando aquellas maravillas bajo las cristalinas aguas y las blancas arenas. Con su alto espíritu de servicio, Don panchito y Doña Rafaela fueron de los pioneros, entre muchos otros ciudadanos, que impulsaron la fundación del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe y la Ciudad de Los Niños. Trabajaron tenazmente para lograr su desarrollo desde la primera piedra del templo. Hacían kermes, rifas y tantas cosas para recaudar fondos, así como ayudaban en las labores de atención de los niños internos. Fueron Guadalupanos distinguidos. Fue época de mucho trabajo; estos guadalupanos dejaron su mayor esfuerzo en la construcción del santuario de Nuestra señora de Guadalupe y en mí un bello recuerdo de una familia maravillosa, gran amiga de mi madre que compartió el pan y la sal con nosotros, así como gran parte de su vida cotidiana. Donde abundaron las vivencias y cómicas travesuras y anécdotas de aquellos tiempos.

 ¡Muchas felicidades Doña Rafaela Verdugo de González! Gracias por concederme el privilegio de su amistad...Dios la guarde por muchos años más y a mí, para seguirla disfrutando.

 ...Esa casita de madera a punto de derrumbarse...mudo testigo del pasado...guarda gratos recuerdos familiares en aquella Paz de Antaño y de la familia González Verdugo.

…Y la barca repleta de muchachas y muchachos cantando, de niños felices, así como hasta la abuelita y el perro el pachuco a canalete y vela tendida surcaban las turquesas y tranquilas aguas, de la hermosísima bahía de la paz, rumbo al muelle fiscal en paseo dominguero… como fue una costumbre en la evocadora paz de mis recuerdos…

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LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARZ.

“AL TAÑER DE LAS CAMPANAS DE LA MISION DE SAN FRANCISCO JAVIER...LOS PRIMEROS CALIFORNIOS ACUDIAN A MISA”.

EL ATLANTE Y APÓSTOL PADRE JUAN DE UGARTE VARGAS, LLEGÓ A LA CALIFORNIA EL 19 DE ABRIL DE 1701

El padre José María Pícolo fue su fundador...el apóstol Juan de Ugarte, fue el maestro, constructor y el impulsor de la educación, agricultura, comunicaciones y muchas otras cosas de beneficio común en los primeros habitantes de la península...el padre Miguel del Barco, fue el constructor de la actual misión de San Francisco Javier.

 Por más de tres siglos, el sitio más venerado por los antiguos californios, y generaciones posteriores hasta nuestros días, lo es sin duda alguna la misión de San Francisco Javier. Hermosa obra arquitectónica de estilo barroco reconstruida de piedra cantera sacada de los arroyos de Santo Domingo, por el Padre jesuita español Miguel del Barco, a mediados del siglo XVIII, por amenazar ruina la misión anterior, inicio la obra en el año de 1744 terminándola de construir en abril de 1758. El mérito de esta misión de San Francisco Javier, es del Padre Miguel del Barco, quien estuvo viviendo en la península 30 años.

 En los inicios de la misión de San Francisco Javier, el padre José María Pícolo visitó VIGGE BIANDO el 10 de marzo de 1699 acompañado solamente de algunos naturales. Le pareció aquel lugar a propósito para plantar una misión, porque los Californios tenían buena disposición para abrazar el cristianismo, y porque en el Valle próximo había tierras de cultivo y de buenos pastizales para mantener ganado. La dificultad del pedregoso camino fue allanada por los cochimies y soldados que empezaron a desmontar el camino, y para junio de ese mismo año, ya había una senda para transitar a caballo de Loreto a San Francisco Javier. En octubre del año que se menciona, se trasladó el padre Pícolo a San Francisco Javier con algunos Californios y soldados a construir una capillita de adobe y ramas, y algunas casas para el misionero y soldados. Este fue el origen de la Misión de San Francisco Javier, cuya capillita fue dedicada el primero de noviembre de 1699 por el Padre Juan María de Salvatierra en un acto de devoción y solemnidad.

Esta misión estaba construida a las orillas de la cabeza del arroyo de Santo Domingo, en un paraje rodeado de manantiales conocido por los indígenas como “VIGGE BIANDO”. Cuando una misión era fundada, se escogía un lugar con tierra fértil para producir granos y frutos, como maíz, trigo, olivos, vid, mangos, naranjos, palmas datileras, etc. También se procuraba que hubiera pastos suficientes para la cría de ganado vacuno y caballar. Poco tiempo duró la misión, ya que, instigados por los Guamas o curanderos, hubo un levantamiento de cochimies y quemaron la misión destruyéndolo todo, demostrando así su inconformidad, resistiéndose de distintas maneras a los cambios que en su modo de vivir procuraron introducir los misioneros. La misión fue abandonada al año siguiente debido a las hostilidades de los indígenas. El padre Pícolo estuvo en la península 31 años. Llego el 23 de noviembre de 1697. En la misión de San Francisco Javier, entre tantas cosas maravillosas que se vieron, como ejemplo; cuenta el padre Salvatierra en una carta dirigida al padre Juan de Ugarte, “que hay un niño de cuatro años llamado Juan Caballero, quien con una varita en la mano a imitación de los fiscales y maestros de la doctrina cristiana, guiaba a los otros indígenas en la repetición de las oraciones que se les enseñaba: si veía platicar alguno, les intimaba silencio poniéndoles el dedo en la boca, acabada la doctrina, tomaba los rosarios y reliquias que llevaban consigo los soldados, los besaba y se los ponía reverentemente sobre los ojos; y no contento con hacer estas demostraciones, quería que también los otros las hicieran, porfiando con ellos hasta que lo conseguía, lo cual enternecía a los soldados hasta el grado de hacerlos llorar”.

El padre Juan de Ugarte, después de dejar el cargo de procurador de las misiones, salió de la Nueva España el 3 de diciembre de 1700, camino 400 leguas, hasta llegar a un puerto de Sinaloa, encontró un barco pequeño y viejo y se embarcó en el para cruzar el golfo llegando a Loreto el 19 de abril de 1701. Ante el altar de la virgen de Loreto, el padre Juan María de Salvatierra encargó al apóstol Ugarte edificar la nueva misión de San Francisco Javier ya que la habían destruido los indígenas y porque el padre Pícolo tenía que marchar a la Nueva España a arreglar negocios de la California. El industrioso Juan de Ugarte acepto con gran gusto, y marchó a San Javier con un grupo de soldados. En muchos días no asistía ningún natural. Tenían odio por los soldados. Comprendiéndolo así el padre, retiró a los soldados y se puso en manos de Dios quedando él solo entre aquellos antiguos californios tan hostiles, pero que estaban en su derecho de defender sus tierras. Cuando en oración se encontraba se acercó un muchacho con intención de espiar. El padre Ugarte, al verle, le acarició y le ofreció regalos y le mandó que dijese a los demás que ya no había soldados, que podían venir. Poco a poco, se fue estableciendo nuevamente el ejercicio de la doctrina.

Fue tanto el amor del padre Ugarte por los indígenas que no conforme con enseñarles el evangelio, se propuso civilizarlos enseñándoles aquellas artes y costumbres y trabajos que requiere la vida social. Todas las mañanas, después de oficiar la misa que el padre Ugarte celebraba y escuchaban los cochimies , seguía el ejercicio de la doctrina, y concluido éste, les distribuía el pozole a los que habían de trabajar y los llevaba a la fábrica de la iglesia y a las casitas que estaban edificando, para El,  y para los Californios o al campo a quitar los matorrales y las piedras así como preparar el terreno para la siembra, o hacer represas y zanjas para regar la tierra. El industrioso padre Juan de Ugarte en las fábricas, la hacía no solo de arquitecto sino, de albañil, carpintero y de todo, porque algunos indígenas no se acomedían al trabajo ni con regalos ni halagos. El padre Ugarte les ponía el ejemplo para alentarlos, siendo él el primero y el que más trabajaba. Con sus propias manos acarreaba y labraba las piedras y la madera, pisaba el lodo para los adobes, escarbar la tierra y ordenar los materiales. Él mismo llevaba a pacer el rebaño de ovejas que tenía la misión. Él se ocupaba de todos los oficios. Ya se le veía con el hacha en la mano quitando los matorrales, ya con el pico rompiendo las piedras, ya con la coa labrando la tierra, lo que solía hacer descalzo de pie y pierna.

Al padre Ugarte, Dios lo doto de una fuerza extraordinaria. Además de su inteligencia y buen corazón, fue de los misioneros de más mérito en la península. Desde un principio sufrió las hostilidades y burlas de los indígenas, pero el padre con su gran amor, sabiduría y paciencia en el nombre de Dios y se propuso levantar la misión, convivir y ayudar a los californios, enseñándoles el evangelio y una nueva cultura. En aquella época, la península estaba infestada de leones los que causaban estragos entre los indígenas, quienes creían que, al matar un león, ellos morirían. Y por esa causa no los mataban y había muchos leones. Una vez, andando el padre Ugarte por el monte, venia un León a su paso, el padre rápido, bajó de su mula, tomó entre sus manos unas piedras y fue al encuentro del animal, con tan buena puntería que de un peñascazo en la cabeza derribó al león, la mula cabestraba asustada, ya que el padre Ugarte decidió llevar al león muerto sobre la bestia. Tuvo que ingeniárselas para poder llevarlo a la misión.

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El padre Ugarte, después de dar muerte al león en una pedrada en la cabeza lo llevo a la misión.

 Para que los indígenas se convencieran que era falsa la creencia que tenían y le perdieran el miedo. Había un árbol derribado en el camino y allí puso al león para que la mula no lo viera, y montando en la mula, al pasar por donde estaba el árbol agarró al león y lo subió en las ancas del animal.

 Al llegar a la misión, la sorpresa de los cochimies fue mayúscula al ver al padre con el león muerto y que no le hubiera pasado nada. Este hecho y con su ejemplo de caridad para con ellos, el padre se fue ganando el respeto de ellos. En otra ocasión, cansado de que los indígenas se burlaran de él, y puesto que ellos respetaban al más fuerte, entonces el padre tomó una decisión. Había entre ellos uno grandulón y burlesco, cuando más se burlaba de él, el padre lo levantó en el aire tomándolo de los cabellos teniéndolo suspendido por unos instantes, asustándose los demás y desde entonces ya no se burlaron de él.

 El padre Ugarte era un hombre de probada bondad y de un gran temple. Tenía la fuerza de cuatro hombres, enseñó a los californios además del evangelio, a labrar y cultivar la tierra. Por medio de la construcción de canales de riego y estanques para almacenar el agua, se cosechaban variados frutos. Maíz, frijol, trigo, vid, olivos, datileras, frutos y algunas verduras. También les enseñó a desmontar para hacer caminos. Trajo de otras partes del mar de california cría de ganado mayor y menor, así como ovejas y les enseñó a trasquilarlas en su tiempo y a cardar la lana. Y no conforme con eso les fabrico ruecas y telares de madera para elaborar telas para cubrir sus desnudos cuerpos. Además, les trajo de la Nueva España un maestro para que les enseñara a elaborar prendas de vestir. El primer modisto o costurero en la península fue el señor Juan Antonio Moran, al que el Padre Ugarte le pagaba 500 monedas de oro al año para que enseñara a los indígenas este oficio. El señor Moran vivió muchos años en la península enseñando el arte de la costura a las mujeres, hasta su muerte en su ancianidad. Las mujeres Californias fueron las mejores fabricantes de prendas de vestir, principalmente las medias de medio punto para los soldados, las que eran de muy buena calidad y las damas españolas se las peleaban, según las crónicas del padre Miguel del Barco y de Clavijero.

 Al tañer de la campana...en la misión de San Francisco Javier entre aquellas serranías hermosas misas se hacían utilizando el excelente vino que se producía en la misión...enmarcado con el coro musical compuesto por niños, jovencitos y jovencitas indígenas, el padre Ugarte les enseñó música y tocaban artísticamente los instrumentos musicales, elaborados por ellos mismos con materiales de la región, dirigidos por el Padre Ugarte. Era una escuela de artes la misión de Vigge Biando. Había hospital y dispensario médico, el mismo padre Ugarte les enseñó a las mujeres grandes, artes manuales, para que a su vez enseñaran a las niñas. Había mujeres que especialmente atendían a los niños huérfanos. El industrioso padre Ugarte construyo un barco con madera de la región, con la ayuda de un ebanista de rivera que trajo de la otra banda, al que le dio por nombre “El triunfo de la Cruz”, fue el primer barco construido en la península.

 El padre Juan de Ugarte, fue uno de los misioneros jesuitas más célebres de california...nació en Tegucigalpa Honduras el 22 de Julio en 1662, sus padres fueron, el Señor Juan de Ugarte, madrileño, propietario de minas, y de Ana María Vargas de Ugarte.  Fue amigo entrañable del padre Kino y Salvatierra y murió en su misión de San Francisco Javier el 28 de diciembre de 1730, siendo muy sentida su muerte, principalmente por la misión de los antiguos Californios de San Francisco Javier.

 Esta iglesia que cautiva la fe de los peregrinos que durante tres siglos que con gran devoción la visitan, está en la cabecera, sitio o pueblo que en un principio se llamó San Pablo; pero que hacía muchos años se trasladó a ella la residencia ordinaria del padre misionero, por haber faltado el agua permanente que al principio de esta conquista se estableció esta misión, y solo ha quedado una ranchería con nombre de San Javier Antiguo; pero como el patrono de la misión es San Francisco Javier, habiéndose trasladado al paraje de San Pablo la cabecera, se trasladó también el nombre de San Javier. De las 17 misiones construidas en la península por los religiosos, la de San Francisco Javier es la mejor conservada.

 Los retablos de la misión, fueron enviados desde la ciudad de México, en 32 cajas de maderas. Su traslado se llevó a cabo en buques de vela ruta San Blas Loreto; luego, a trote de mulas por aquellas pedregosas laderas de la sierra de la giganta. Cada año los devotos peregrinos llegan de diferentes lugares del Estado, así como de la República a dar gracias por los milagros concedidos. Desde una semana antes al 3 de diciembre la monotonía se rompe en San Francisco Javier, con la alegría de los lugareños. Las banquetas de la única callecita del pueblo lucen barridas y regaditas con sus puestos de fritangas y productos propios de la región para venderles a los visitantes. Desde el día 2 de diciembre en la noche se inicia la velación de San Francisco Javier, enmarcados con música ranchera, corridos revolucionarios y carreras de caballos, así como melodías románticas arrancadas a los instrumentos musicales de los conjuntos del pueblo. En ese ambiente adornado el altar mayor de hermosos arreglos florales e iluminado a la tenue luz de las velas se entonan cantos y rezos también conocidos como “los gozos de San Francisco Javier”. A las doce de la noche se cantan las mañanitas, y se continúan los gozos.

 En ese inclemente frío, la gente baila y canta para no sentirlo. A las 5 de la mañana del día 3 se inicia la primera misa, siguen bautizos y confirmaciones. A las doce del día, hombres y mujeres del pueblo bajan al santo y lo colocan al pie de su altar. Luego sigue la procesión por la única calle del pueblo. Después, se coloca al santo en su lugar de origen entre rezos y cantos. Y por la noche, continúan los rosarios. Al día siguiente, cuatro de diciembre, por la mañana se celebra la misa de despedida a los peregrinos. Enmarcado con el aullar del viento que mecen los centenarios olivos que planto el padre Juan de Ugarte con la ayuda de los californios

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LA PAZ QUE SE PERDIO

MANUELITA LIZARRAGA ALCÁRAZ

“ROSAURA ZAPATA CANO... ESCRIBIO CON AMOR Y ESFUERZO LAS PAGINAS DE SU TRASCENDENTE E HISTORICA EXISTENCIA”.

• FUE UNA MUJER INDISPENSABLE EN EL MOMENTO HISTÓRICO DE MÉXICO QUE LE TOCÓ VIVIR Y HACER DEL SISTEMA DE JARDINES DE NIÑOS LOS CIMIENTOS SOBRE LOS QUE DESCANSA LA EDUCACIÓN NACIONAL.

• NACIO EN LA CIUDAD DE LA PAZ BAJA CALIFORNA SUR EL 23 DE NOVIEMBRE DE 1876, EN MADERO Y MORELOS.

• FALLECIO EL 23 DE JULIO DE 1963 EN LA CIUDAD DE MEXICO.

• FUNDO EN LA PAZ, EN 1928 EL PRIMER JARDIN DE NIÑOS, CRISTOBAL COLON, EN INDEPENCIA E/ RAMIREZ Y GUILLERMO PRIETO.

• EN LA ACTUALIDAD UN JARDIN DE NIÑOS LLEVA SU NOMBRE UBICADO EN 5 DE MAYO Y RAMIREZ.

• EL 23 DE NOVIEMBRE DE 1988 LOS RESTOS MORTALES DE LA AMERITADA MAESTRA ZAPATA FUERON SEPULTADOS EN LA ROTONDA DE LOS SUDCALIFORNIANOS ILUESTRES EN ESTA CIUDAD CAPITAL.

• CUANDO ESCRIBI ESTA CRONICA, HACE MAS DE  2 DECADAS, LA CASA EN MENSION ESTABA EN ABANDONO, AHORA SE ENCUNTRA ALGO RESTAURADA AUN QUE ABANDONADA.

• ¡MUCHAS FELICIDADES HOY DIA DE LA EDUCADORA,  A TODAS LAS EDUCADORAS DE SUDCALIFORNIA Y DEL MUNDO ENTERO ¡

En completo abandono se encuentra la casa donde nació en esta ciudad de La Paz en Fco. I. Madero esquina con Morelos, en el barrio del esterito, un 23 de noviembre de 1876 la ilustre sudcaliforniana ameritada maestra señorita Rosaura Zapata Cano; hija primogénita del matrimonio formado por el capitán y Revolucionario Claudio Zapata y Elena Cano. El edificio en mención demuestra la apatía y poco interés de las autoridades correspondientes , por conservar los edificios históricos donde vivieron personas que se entregaron y dieron tanto de si mismo en beneficios de los demás, sin pedir nada a cambio; como lo fue la obra sin precedentes de la educadora Rosaura Zapata que abrió la senda del saber en la educación preescolar instituyendo los primeros jardines de niños a nivel nacional, e internacional haciendo surcos en su largo peregrinar en la docencia de entrega absoluta a la niñez mexicana. A opinión generalizada de varias madres de familia, dicen que hace varios años el edificio está abandonado. Que deberían de hacer una biblioteca infantil, una escuela de danza, o algo por el estilo enfocado a los niños de preescolar en honor de quien fue la ilustre maestra Rosaura Zapata Cano.

 Al pasar frente a la ruinosa casa en Madero y Morelos donde vio la luz primera la que dejó a la posteridad un vigoroso y noble ejemplo de laboriosidad,  no resistí la tentación de acercarme, palpar sus paredes y desvencijadas puertas y sentir el pasado, y al voltear al techo me imagine la cuna de cacaxtle colgando de las vigas mecida por la amorosa madre arrullada por graznar de gaviotas, el vaivén de las olas y el murmullo de palmeras,  y dentro de la cuna, la niña Rosaura, sonriente, y en su tierna mirada el fulgor de la inteligencia que iluminaría la senda  por donde transitaría la niñez mexicana, en  aquel ambiente familiar de álgidos tiempos revolucionarios en que don Claudio Zapata lucho al lado del general Manuel Márquez de León y Clodomiro Cota, entre otros patriotas sudcalifornianos en contra del régimen porfirista destacando en sus luchas en Todos Santos y el Triunfo. En esas paredes de ladrillos elaborados seguramente por los yaquis del Esterito y piso de tierra, entre tiros de escopetas y chirriar de carretas, quedaron plasmadas los llantos y risas de las tiernas travesuras de Rosaura, así como los sobresaltos, penas y alegría de doña Elena cuando por las prolongadas ausencias de don Claudio motivado por la revolución tenían que quedarse sola con la niña.

En aquel tiempo el mar reventaba sus olas entre las palmeras y paredones, y esta pavimentada bajadita de la calle Morelos rumbo al mar fue una veredita por donde seguramente la madre y la niña bajaban a la orilla del mar, donde abundaban las ostras perleras e infinidad de peces que doña Elena sacaba o adquiría de los pescadores para el alimento diario; mientras que la niña recogía en las níveas arenas de la bahía de La Paz conchitas y caracoles y jugaba rondas infantiles sin faltar desde luego el viejo pescador quien mientras tejía la red, a la niña contaba cuentos y leyendas de piratas y tesoros acrecentando la imaginación de Rosaura. Por los años de 1882. Seis años tenía la niña cuando doña Elena tomó la acertada decisión de trasladarse a la ciudad de México para reunirse con su esposo el que tuvo que salir de esta ciudad, forzado por la situación política de la época y donde Rosaura cursó brillantemente la educación primaria. Los años pasaron y las ilusiones afloraron en el joven corazón de Rosaura...pero fue más firme su anhelo y propósito por ser alguien y poder ofrecerles a sus padres una vida mejor; pero la fatalidad enlutó su corazón con la muerte de su padre acaecida el año de 1893 cuando apenas ella tenía 17 años.

Con grandes dificultades económicas Rosaura ingreso a la Escuela Normal Para Profesores, recibiéndose como Profesora de Educación Primaria en 1898. Después de toda una trayectoria dentro del magisterio, en 1947 se le nombra directora general de Educación Preescolar y en 1948 se le festejaron sus bodas de oro como profesionista, otorgándosele una condecoración por sus cincuenta años de servicios en la educación nacional, donde conmovida Rosaura Zapata expreso:

 “La emoción más grande después de cincuenta años de haber recibido el título de maestra, es ver que los esfuerzos que dicta el corazón, son siempre coronados por el éxito”; y agrego “ayer pusimos la semilla del jardín de niños; hoy es esta institución el jardín de nuestra patria, que fructificara para el progreso y el bien de ella”. La medalla de oro que recibió la maestra fue donada por todos los jardines de niños de la República Mexicana. En 1952 Rosaura Zapata recibió la medalla Ignacio Manuel Altamirano por cincuenta años de ejercicio docente, en 1954, año en que se jubiló, el senado de la República le otorgo la medalla Belisario Domínguez en reconocimiento a sus altos méritos educativos

Un día de Julio, maravillosamente soleado, lloraron los niños de México, gotas claras como perlas finísimas - de dolor infinito, de azoro increíble, de impensados desencantos -, surcaron las mejillas infantiles con sorpresivo rocío mañanero que se diluyó en diminutos y límpidos arroyuelos.

 Junto a la milpa crecida y la mazorca dorada, un pequeñín triste elevó interrogante su carita, hacia el infinito. Cabe la rústica cabaña, en alta serranía, otro imberbe abrió la puerta de carrizos entrelazados y sintió el helado soplo de una rara angustia. En el amplio valle, sobre el surco fecundo que alza el milagro de verdes trigales, uno más se sintió solo y abandonado. Y en la arenosa costa bajo un cálido cielo y frente al rumor cadencioso del oleaje, entre pupilas niñas interrogaron en vano al mar y se perdieron en el horizonte ilimitado.

 Los niños de México lloraron. Porque solo ellos, niños al fin, viven el sueño de los gnomos y las hadas, que lloraban porque tornó verdaderos sus sueños. Hada que les llevó alegrías entre cantos, juegos danzas y cuentos. No volvería más el hada que llegaba con el día en la clara mañana. Que era, esperanza y redención. Como un viento suave y apacible esperaba aura. Que abría una dulce sonrisa, suavemente, como abre sus botones una rosa. En su nombre se conjugaba el doble milagro.

Se llamaba Rosaura Zapata, la educadora impar, en el amplio valle en la alta montaña.

En la prolongada costa, bajo todos los cielos sobre todos los agros de la patria., fue en verdad suave viento, perfume delicado, gorjeo dulcísimo y maternal entrega.

 Ella vino del reino del ensueño, y de la poesía, para hacerse carne terrenal y doliente. Abrió los ojos a la vida, allá lejos, en un confín de México: la california del Guaycura. Tierra del sol y desierto, de ternura y de amor, de perlas y de peces, de estrellas y de mitos. De La Paz, fantástica y legendaria, trajo mensajes de paz, de armonía y de belleza. Hada al fin, nos derramó generosa durante sus largos 87 años, que no alcanzan a sumar pobres y comunes mortales.

 Embelesó a los párvulos. Fue, como dijo el Poeta Jaime Torres Bodet, el símbolo vivo de una esperanza conmovedora para la felicidad de los niños. Ella lleno de infantes nuestros jardines, hizo escuela propia, conmovió a los hombres con su vida y con su obra y, como señalo el maestro Celerino Cano, atenta al porvenir inmediato, contagió a todos con su pasión por el México niño.

 De su inspiración y de su esfuerzo, saben bien los niños y los hombres. Tan inspirada que cuando sus ojos ya no veían a los niños, su corazón los sentía muy cerca de la razón primordial, profunda y lúcida de su ser. Tan esforzada, que tras fundar los jardines de niños que llevaron los nombres de Federico Froebel Y Enrique Pestalozzi, recorrió primero, las poblaciones de los Estados Unidos para aprender la organización y funcionamiento del Kínder Garden y después de Europa, toda Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra y Bélgica para estudiar lo relacionado con la educación de los párvulos. Se perfecciono en la Universidad Autónoma de México, a través de las cátedras de sociología, psicología y ciencia de la educación. Y logró finalmente la Escuela Nacional de Educadoras. En tanto, ocupaba numerosos cargos y desempeñaba graves funciones como miembro del Consejo de Educación Primaria, del Consejo Técnico de la Escuela Nacional de Maestros y del Consejo Nacional de Maestros y del Consejo Nacional de la Educación. Y aun se daba tiempo para concurrir, como representante de la Secretaria de Educación, a numerosos congresos mundiales sobre la enseñanza. Hizo de su vocación un culto. Quemo sus pupilas en el estudio, sacrificó diversiones y todo lo que pudiera ser felicidad para ella para dedicarlo a la niñez mexicana que fue todo su mundo. Fue una mujer indispensable en el momento histórico de México que le tocó vivir y hacer del sistema de jardines de niños los cimientos sobre los que descansa la educación nacional. Se dio tiempo para escribir varios libros dedicados a la educación preescolar, entre ellos: “tres libros de cantos y juegos para jardines de niños”; “cuentos y conversaciones”; “libro de rimas”; “la educación preescolar en México”; “técnicas de jardines de niños”. Su nombre está grabado con letras de oro en el Senado de la República, para orgullo de todos los mexicanos.

 Amó a su pueblo niño, profundamente. Y su pueblo maduro la veneró como diosa de infinita sabiduría.

 A Rosaura Zapata no la alcanza la bíblica sentencia Anatematizante: ella salió del pueblo y torno a su pueblo. Vive eternamente en el corazón de los niños, los hombres y las mujeres de México. Es ya como ha dicho la Maestra Emma Olguín, una heroína civil, de la gran batalla educativa.

 Rosaura Zapata Cano seguirá siendo aura limpia y rosa Inmarcesible. Rosaura Zapata Cano, murió en la ciudad de México en 1963 a la edad de 87 años, donde fue sepultada y respetando su voluntad de que su cuerpo descansara en su tierra natal, sudcalifornia, el 23 de noviembre de 1988 los restos mortales de la ameritada maestra Zapata fueron sepultados en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres en esta ciudad Capital.

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Fuente:

- Doctor Francisco Javier Carballo Lucero.

- Prof.: Néstor Agúndez 

- Periodista y Escritora: Dominga G. de Amao




 

                                                          LA PAZ QUE SE PERDIÓ

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARÁZ

 

“ANTAÑO...7 ESTUDIANTES NORMALISTAS... NAUFRAGARON EN LAS TRANQUILAS AGUAS DE LA BAHÍA DE LA PAZ”.

 

·       EN MEMORIA DE AQUEL FATAL NAUFRAGIO.

·       MUCHAS FELICIDADES A TODOS LOS ESTUDIANTES DE SUDCALIFORNIA…DE TODAS LAS CIUDADES... Y DEL MUNDO ENTERO.

 

 

 

            Al ver la tranquilidad de las aguas de la hermosa bahía de La Paz, cristalinas e inofensivas, resurgió en el recuerdo aquel trágico suceso, acontecido aquí en La Paz ahogándose 3 estudiantes normalistas, que enlutó 3 hogares sudcalifornianos, y conmovió a toda la ciudadanía de esa época, con el naufragio de siete jovencitas, en la que se salvaron 4, y lo que motivó que el señor Arturo Ruiz Casezús les compusiera un corrido dando paso a la leyenda.

 

            “A mí, ya no me tocaba”, dijo aquella cálida mañana la estimada maestra jubilada María Elena Calderón Sánchez de Higuera; paseando su mirada contemplativa en las cálidas y verdeazules aguas de la hermosísima bahía de La Paz...añadiendo con nostalgia “me estremece recordar aquel ayer...fue un 8 de junio de 1953. Dirigía dignamente la Escuela Normal Urbana y Secundaria Morelos el ameritado maestro Domingo Carballo Félix. Éramos un grupo de ocho entusiastas muchachas, y con la inquietud propia de nuestra edad, planeamos un paseo en panga por la bahía como era la costumbre en los jóvenes, en aquella época de La Paz de ensueño, de aquella Paz donde todos nos conocíamos y éramos como una gran familia.

 

            El grupo de estudiantes se citaron para el paseo planeado, para el 3 de junio de aquel año; y así lo hicieron jubilosas llegaron al muelle fiscal, la intención era remar hasta el mogote; pero como era muy tarde ya, decidieron dejar el paseo para el próximo día ocho del mismo mes y año en mención. Ese día del ocho de junio, a las cuatro de la tarde, en los amplios corredores de la Normal, el estudiantado de la Normal estaba en formación porque daban el PRE; o sea un peso cincuenta a la semana, y estaban pasando lista. La clase de las cuatro no la tuvieron y las siete muchachas se salieron como estaba planeado, y gritando “vamos a la panga”, se dirigieron rumbo al muelle.

 

            Esa fatídica tarde de verano, a las muchachas les prestaron la canoa, y sin imaginarse que rondaba la muerte muy cerca de ellas, jubilosas a golpe de canalete rompían las olas en el mar. Eran pasadas las cinco de la tarde. Las siete intrépidas jovencitas estudiantes normalistas, en plena edad de las ilusiones y las esperanzas puestas en ser buenas maestras, cantando se dirigían rumbo al mogote...llegaron a su destino y felices se bañaron y juntaron conchas y caracoles las que abundaban muy hermosas...el sol se empezó a ocultar y las jóvenes decidieron regresar. Venían cantando, de pronto el oleaje del mar se soltó embravecido, motivado por las ráfagas de viento del tradicional Coromuel a la panga le entró bastante agua, y con un vasito las muchachas achicaban la embarcación... las jóvenes iban llenas de terror, porque una fuerte ola volteó la panga quedando el fondo para arriba sacudiéndola...en la punta del mogote donde se dice que hay un remolino, perdiéndose las muchachas en las profundidades del mar y las penumbras de la tarde. Dos de ellas sabían nadar y María Elena se dió a la tarea de rescate como podía...llevó a Cusita Osorio a la panga y regresó por Angelina, la que traía en los hombros, ya iba llegando a la panga, cuando la jalaron y se le soltó Angelina, luego, María Elena se quitó la blusa desesperada haciendo señales pidiendo auxilio. En su desesperación, las jóvenes se hundían más unas con otras, ahogándose tres señoritas y por fortuna 4 se salvaron.

 

            Para infortunio de las jóvenes, cinco de ellas no sabían nadar. Las protagonistas en este trágico suceso fueron Hermelinda Álvarez, del rancho Santa Catarina; Angelina Manríquez de San Antonio; Matilde Ruiz Trasviña, de San Antonio; María de Jesús Orozco; Olivia Perpuli de la Toba; María Elena Calderón Sánchez y María del Socorro Osorio Hirales. María Elena andaba de novia con el joven Luis Hirales quien acostumbraba caminar por el malecón con su amigo Manuel Salvador Avilés y se sentaron en una banca, y este le dijo a Don Luis “Mira, en aquella panguita andan las muchachas del internado y anda tu novia también”, en eso se volteó la panga y fueron a pedir ayuda al hotel Misión al señor Quintín Rosales quién con mucho gusto presuroso  proporcionó una lancha rápida para tal fin, y  los jóvenes en el camino se iban quitando la ropa y los zapatos y cuando al fin llegaron los muchachos al lugar de los hechos, pudieron rescatar a 4 de las normalistas con vida, y dos moribundas, una expiró en una banca del malecón, y la otra en el Hospital en presencia del mayor Avente, del General Olachea y del Doctor Cardoza Carballo. Le aplicaban el resucitador, con tan mala suerte, que debido a un apagón de la corriente el aparato no funcionó ocasionando inevitablemente el fallecimiento de la otra jovencita. Una de las jóvenes rescatadas gritaba desesperada “ ¡busquen a Angelina, porque me jalaba de los pies y no le pude agarrar las manos, perdiéndose en el fondo del mar y la obscuridad de la noche, búsquenla por favor!” ...Elena y Olivia muy asustadas se fueron caminando por el malecón.

 

            A la señorita Angelina, la buscaron angustiosamente por varios días, participando en esta búsqueda, autoridades y vecinos, apareciendo hasta el día doce de junio, a las siete de la noche, cerca de punta prieta, la cual fue sepultada en esos mismos momentos. Las muchachas que se ahogaron fueron: Hermelinda Álvarez, Angelina Manríquez y Matilde Ruiz Trasviña. Fue un trágico suceso que conmovió a todos los maestros y estudiantes de la época, así como a los habitantes del territorio de Baja California Sur. Las jóvenes fueron veladas en el salón del mismo plantel educativo. A las cuatro de la tarde levantaron los dos cuerpos inertes en los tétricos ataúdes, los que mandaron a su lugar de origen a San Antonio Baja California Sur. El cortejo fúnebre inició por la calle 5 de mayo, bajando por el malecón al toque del silencio de los clarines de los marineros en las fragatas fondeadas en la bahía, acompañando la lúgubre carroza arropada de frescas y perfumadas flores de los jardines de la época que conducían los bellos y jóvenes cuerpos de Hermelinda Álvarez y Matilde Ruiz Trasviña, los plañideros llantos de dolientes, compañeros de aula, y maestros de aquel entonces.

 

            Dice la profesora María Elena que gracias a la oportuna ayuda del ahora su esposo Don Luis Higuera y Manuel Salvador Avilés salvaron la vida...sufrió depresión por mucho tiempo debido a aquel trágico suceso siendo atendida por aquellos médicos del ayer, Plique y Carrillo, pasaban los días y no quería comer estaba en su mente aquel fatal acontecimiento...le agarró un hipo que no se le quitaba...y el mar le  aterraba, los médicos y la familia estaban preocupados porque no se recuperaba, ya la iban a trasladar a la Cd. De México, pero gracias a Dios no hubo necesidad, porque los Médicos mencionados la llevaban a bañar al Coromuel y con mucha paciencia y profesionalismo se metían al mar junto con ella para que perdiera el miedo y a los siete días ya estaba curada. Dijo que cuando se encuentran ella y su amiga Perpuli nunca comentan aquel trágico suceso que vivieron, sólo su gran amigo Manuel Salvador Avilés cuando se encuentra le pregunta ¿Cuándo vas a ir al mogote?

 

            Aquel trágico 8 de junio de 1953...jubilosas cortaban las aguas a golpe de canalete, en su barca caracola siete estudiantes normalistas.

 

 

                  CORRIDO

• Las Siete Normalistas •

            (ANTONIO RUIZ)

 

La Paz se encuentra de duelo

Toda la gente ha llorado,

Porque volaron al cielo

Tres niñas del internado.

 

Eran siete señoritas

Que salieron a pasear,

En una panga chiquita

Y no sabían nadar.

 

Cuando venían del Mogote

El viento empezó a soplar,

Y fue la causa maldita

Que las hizo zozobrar.

 

Gritaban desesperadas

Esas niñas inocentes,

Andaban muy asustadas

Luchando contra la corriente.

 

MÚSICA

 

Elenita calderón

Tenía un valor desmedido

Quiso salvar a Angelina,

Sin haberlo conseguido.

 

Pablo Aguilar muy ufano

Presto su ayuda fue a dar,

Y como un buen mexicano

Lograba cuatro salvar.

 

Ya por fin al cuarto día

Al fin de tanto buscar,

Un cadáver en la orilla

No podían localizar.

 

En su juventud murieron

Víctimas de su inocencia

Muy jóvenes perecieron

Que Dios les tenga clemencia.

 

 

…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…

 

*Esta crónica fue publicada hace más de 25 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*





miércoles, 27 de abril de 2022

 

LA PAZ QUE SE PERDIÓ

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARÁZ.

 

“EL MACHO DE PICHILINGUE...EL NIÑO Y EL PERRO”.

 

• OCHO AÑITOS TENIA LORENZO Y SUS GRANDES AMIGOS FUERON EL MACHO DE PICHILINGUE, “EL TORDILLO”, Y “LOBO”, SU PERRO.

• EL MACHO DE PICHILINGUE PARECIA OBRERO...DICE DON LORENZO VERDUGO, AÑORANDO AQUEL AYER.

• EL TORDILLO ERA MAS INTELIGENTE QUE CUALQUIER INGENIERO DICE DON LORENZO, PUES ESTE HABLABA CON LAS OREJAS Y LOS OJOS.

• “ERES MAS MAÑOSO QUE EL MACHO DE PICHILNGUE”, ERA UN DICHO MUY COMUN EN AQUELLA EPOCA POS ESTE MACHO ERA CELEBRE, ESTA LLENO DE MAÑAS.

• CUANDO YO MUERA, DICE DON LORENZO, LE PIDO A DIOS ME PERMITA ENCONTRARME CON MIS AMIGOS EL MACHO Y EL PERRO.

• AL TOQUE DE LA CAMPANA DE JUAN LUCERO QUE SEÑALABA LAS HORAS DE LABOR, DESDE LAS OCHO DE LA MAÑANA...UNAS TROPELADAS TRAIA EL MACHO ENVUELTO EN UNA NUBE DE POLVO BAJANDO DEL CERRO Y SOLITO SE METIA A LOS APAREJOS DEL CARRETON CARGADOS DE SAL, Y LORENZO LE PONÍA LA LANZA.

• A LAS SEIS DE LA TARDE SONABA LA CAMPANA, Y EL MACHO SOLITO SE MANEABA Y AHÍ SE QUEDABA AMACHADO ¡YA NO LO HACIAN TRABAJAR POR NADA DEL MUNDO!, ERA UN OBRERO QUE HABIA TERMINADO SU LABOR.

• SU TIO LORETO MARTINEZ PLATICABA CON EL MACHO EL QUE MOVIA OJOS Y OREJAS, Y HASTA PARECIA QUE SE REIA... ERAN TAN HERMOSOS Y BUENOS MIS INSEPARABLES AMIGOS, Y QUE FELICES ERAMOS ALLA EN LA SALINERA DE DON MIGUEL CORNEJO, EN SAN JUAN NEPOMUSENO, EN PICHILINGUE.

 

Dicen Don Lorenzo Verdugo mirando lejos, con gran nostalgia, deleitándose, recordando su feliz infancia al lado de su tío Loreto, sus amigos, el Macho de Pichilingue, el Tordillo y su perro Lobo, el macho era de color blanco con negro, era de bella estampa, “El tordillo se llamaba”, ¡era tan hermoso!, dice, nomás relumbraba su pelaje y tenía las orejas paradas y los ojitos muy pelones con unos pestañones, y cuando llovía en la salina, porque llovía mucho, dice, el macho se ponía muy contento, bajaba a tropeladas del cerro revestido de pastura y parecía que hasta se reía, hablaba con las orejas y los ojos, y él al fin niño, lo entendía perfectamente... ¡qué grandes aventuras pasaron juntos Lorenzo, el macho de Pichilingue, y su perro Lobo!.

 

Al niño Lorenzo le gustaba bañarlo, darle su agua dulce y amarrarle en  el hocico su morral de ixtle, repleto  de maíz, lo que tanto le gustaba...Juan Lucero sonaba la campana a las ocho de la mañana y el macho de Pichilingue bajaba a tropeladas del cerro envuelto en una nube de polvo  muy contento solito se metía a los aparejos del carretón...él sabía que empezaba su labor, pues era todo un obrero de la salinera, en San Juan Nepomuceno. A Lorenzo le encantaba ponerle la tranca o lanza, y el macho se enojaba muchísimo, pero se tenía que aguantar, porque Lorenzo también empezaba labor de arrear el carretón con la sal. Y de un salto se subía a darle a la dura jornada diaria de acarrear la sal.

 

A las doce del día sonaba otra vez la campana, y el macho se amachaba, ya no lo hacían trabajar ni por nada del mundo, entonces Lorenzo lo soltaba y agarraba muy contento para el cerro; luego, sonaba la campana a las dos de la tarde y allá venía el macho a tropeladas envuelto en una polvareda a continuar la jornada, y a las seis de la tarde que sonaba el ¡tolón! ¡tolón!, de la campana, el macho se maneaba y ya no lo hacían trabajar, él sabía que había terminado la jornada, y entonces si venía lo bueno, dice Don Lorenzo, los tres amigos, el niño, el macho y el perro agarraban para el cerro y se revolcaban en el pasto... ¡qué felicidad para un niño de ocho años!

 

Era un silencio tan bonito en la isla de San Juan Nepomuceno, roto solo por los ladridos del perro, los relinchidos del macho, el trinar de las aves y el rumor del oleaje del mar. Hasta allá se escuchaba el alegre tintineo de las campanas de la Parroquia. Nunca olvidaría aquel momento, cuando para enseñarlo a nadar su tío lo aventó en lo profundo del mar amarrado de un chicote y su perro el Lobo se lanzó tras él...estaba tan profundo, había tanto pescado y así fue como aprendió a nadar.

 

Era mucha la sal que sacaban en la salinera, la echaban en costales y las cargaban al carretón tirado por el macho, o simplemente a granel. Don Miguel Cornejo le pagaba a su tío con arroz, frijol y tequila. Momentos hermosos e inolvidables vivió también en la base naval norteamericana que ahí estaba, la carbonera de Pichilingue. Esta base, dice Don Lorenzo, estaba dividida; a un lado ondeaba la Bandera Americana, y por el otro, la mexicana, había tres grandes almacenes retacados de carbón de piedra, el que traían en barcos de vapor para las calderas; había días para trenecitos para acarrear el carbón hasta los almacenes, también había dos molinos de viento a la orilla de la playa y llave de agua, aljibe en los galerones y de allí, se llenaban barriles y los llevaban en pangos a la salinera remolcado por un bote...y el carajo macho y el perro se ponían recontentos cuando el agua llegaba...si hasta parece que escucho los ladridos del perro y los relinchos del macho.

 

Allí en la base Naval Americana, vivía el jefe John Black, Míster Black, le decían, era buena gente él y su esposa, la que tenía un perrito de esos peluditos, el que Lorenzo bañaba y le daba de comer, aunque se pegaba sus enceladas el macho y el perro...la Señora era buena gente, dice, le daba cositas buenas de comer y hasta para que le llevara  a su mamá...había tanto pescado que hasta se varaba solo.

 

Cuanto sufrió Lorenzo cuando se lo trajeron de la isla!, dejar al tordillo, su querido amigo, el macho de Pichilingue, era lo peor que le podía pasar...pero eso sí, les dijo, yo no me voy sin el perro... y se amachó igual que el macho cuando este ya no quería trabajar, y se trajo al Lobo, su perro...era una tarde nublada de 1918 la pequeña barca de vela se perdía en el oleaje trasportando a un niño triste, a Lorenzo, y su perro, así como a su tío Loreto Martínez...la salinera iba quedando atrás perdiéndose en la lejanía, en el tiempo y la distancia las tropeladas y relinchos del macho de Pichilingue despidiendo a su pequeño amigo, el niño Lorenzo.

 

Don Lorenzo, nació en los encinos el primero de mayo de 1909, sus padres fueron Guadalupe Verdugo Castro y Carlota Martínez Talamantes, sus hermanos Santos, Guadalupe, Carlota, Gracia, Leonor y Amadeo. Don Lorenzo se crio en el legendario barrio El esterito, con su tía Rosario Girasol, entre pescadores, sus bonitas costumbres y tradiciones, rodeado del cariño de sus tíos hermanos, primos y demás familia.

 

...cuando yo muera, dice Don Lorenzo, a sus 96 años de edad, le pido a Dios encontrarme con mis queridos e inolvidables amigos el macho de Pichilingue, el tordillo, y Lobo su perro.

 

…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…