jueves, 5 de julio de 2018


La Paz Que Se Perdio
LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA
“SAN BARTOLO...TIERRA DEL TRADICIONAL DULCE REGIONAL...CUNA DE INDUSTRIOSAS Y PROGRESISTAS MUJERES Y DOÑA ESTEFANA SILVA”.
Sobre la loma más alta, allá en San Bartolo están las ruinas de lo que en otros tiempos fue una misión...también existe un antiguo panteón, un ojo de agua dulce y exuberantes palmeras en las cordilleras de los cerros, así como huertas de frutos regionales, entre ellos el exquisito mango, y Doña Estefana Silva es la muchacha más antigua de San Bartolo, donde nació el 04 de Enero de 1904 y dijo que sus padres fueron Francisco Silva Calderón, de ocupación de todos los oficios de aquella época, principalmente agricultor y ganadero, y su mamá Doña Rosario Cota Obello, fue dulcera desde sus ancestros por tradición, así como su abuelita Doña Porfiria Calderón y que desde tiempos inmemoriales las fiestas tradicionales de este pintoresco pueblito del Iguano, del dulce y del mango, son el 24 de Agosto, día del Santo Patrono, San Bartolo, y se festeja con bombo y platillo con un gran baile en la que participa toda la población de más de veinte ranchos aledaños, y otras comunidades, y es coronada la reina, la que este año fue la señorita Janeth Aguilar Díaz; y que en esa iglesia en ruinas de la que aún queda el arco en la pared que se niega a caer, a ella la bautizaron cuando era una bebe...y bonitas misas se realizaban y se veneraba a San Bartolo, que desde su infancia ella la recuerda, con sus bancas de madera de Güéribo, que contaban los mayores que esa iglesia fue construida por los as de 1729 por los padres jesuitas, pero que a su expulsión en 1768, todo quedó en el abandono, y las familias más antiguas que repoblaron San Bartolo fueron los Trasviña, Cota, Rochín, Silva, Meza, Aguilar, entre otros, y se dedicaban a la siembra y cosecha de caña, a la elaboración de panocha, panocha de gajo, conocimientos de este arte que trajeron los Silva a la península y se hizo una tradición.
...Había muchos molinos de caña y trapiches en San Bartolo...eran tiempos de Jauja...la iglesia continuó a tener actividades con sus festejos y todo, donde acudía todo el pueblo...una vez, llegó a San Bartolo un forastero quién traía un mapa, según venía buscando un tesoro que estaba enterrado en la iglesia pasando el arroyo grande sobre una loma, y escarbaron tanto pero no encontraron nada, y a través del tiempo son muchos los que han buscado el famoso tesoro, hasta que se fue acabando de destruir la iglesia a consecuencia del ciclón Lisa en 1976, en ese tiempo todavía estaba el padre Bruno; luego se edificó la nueva iglesia donde se venera a San Bartolo, donde cada sábado viene un sacerdote a la celebrar la misa. La economía en San Bartolo, dijo la encantadora muchacha antigua de cabellos como lirios florecidos, se basa en la agricultura, ganadería, pero principalmente en la elaboración y venta del dulce regional. La gente de San Bartolo es muy trabajadora y para la preparación del tradicional dulce de mango y orejones, participa toda la familia. Durante el mes de Junio hasta el 15 de Agosto es la cosecha de mango y se tiene que trabajar intensamente para aprovechar todo el fruto.
Meses antes, dijo Doña Estefana Silva, mientras pelaba unos mangos para preparar orejones, las familias en su gran mayoría empieza a amontonar varias cargas de leña en sus hogares y a preparar cazos y todos los utensilios para el intenso trabajo que se avecina con la maduración del mango y a como van cayendo se van aprovechando para el ate y orejones. Es todo un arte ese proceso de fabricar dulce, la gente que no hace dulce, es que no es de San Bartolo. En la mayoría de las casas se ven los leñeros atascados, los cazos repletos en proceso de dulce de mango en la lumbre, y la humareda en los techados perfumando el ambiente a mango maduro. También las familias de San Bartolo, para apoyar su economía, preparan dulces de diferentes frutos en almíbar, como guayabate, jamoncillos, cocadas, coyotas, empanaditas, pinole, etc., y lo ponen a la venta a consignación en los puestos a la orilla de la carretera, el que el turista y demás visitante consume para deleite del paladar, dando fama San Bartolo por su exquisito dulce regional.
Ella, continuó diciendo Doña Estefana Silva, desde que tenía cinco años la criaron y educaron sus padrinos Doña María Cota Oliveros y Serafín Meza Verduzco; ella los cuidó en su vejez y enfermedad hasta su muerte, fueron personas muy buenas, nobles y muy trabajadores, siempre le dieron muy buenos consejos y gracias a ellos ella se formó en la vida; esta casita de adobe, dijo, la construyeron sus padrinos en 1918, y se la heredaron a ella. Su padrino era, además de agricultor, comerciante, tenía varios aparejos de mulas y los cargaba de cacaixtle con aguacates y mangos, entre otros frutos, y los llevaban a vender a La Paz por aquellas polvorientas y pedregosas brechas, por las que hacían tres días de camino para llegar a la ciudad de los molinos de huertos familiares, de barcos mercantes y de tantas otras cosas hermosas. Cuando ella tenía 14 años, sus padrinos la llevaron a La Paz por primera vez...la bahía estaba inundada de embarcaciones de vela, armadas perleras le decían algunas, había unas cuantas casas con sus molinos de viento, parecía un rancho grande La Paz; las tiendas que recuerda eran la “Ochavada”, “La torre Eiffel”, “La casa Ruffo”, “El centro mercantil”, la fabrica de calzado de los chinos por el callejón 21 de Agosto, entre otros.
En ese tiempo, continuó diciendo la dulce viejecita, estaba en su auge la Revolución de Felix Ortega y sus valientes, traían sombreros de colores, nomás zumbaban las balas a los alrededores...varias batallas se dieron con los pelones en San Bartolo, tenían las familias que salirse de sus casas y meterse entre las huertas. Se casó a los 23 años con el señor Serafín Meza Cota, procrearon cinco hijos: María de la Luz, María Antonia, Eduardo, María Consuelo y María de Jesús, quienes son una bendición, y le dieron muchos nietos, bisnietos y hasta tataranietos. Continuó diciendo Doña Estefana que ella es la menor de once hermanos, y nada más ella queda, que en San Bartolo, habitan alrededor de 150 familias con más de 630 habitantes en más de veinte ranchos, de sus alrededores: La Palmilla, El álamo, la parcela, el inquieto, el agua de la palma, el manchón, bebe lamas, el mezquite, la piedra, el rincón del León, el ciruelo, la veta, el potrillo, la bolsa, los pocitos, el candelilla, el mezcal, el cajón, el sifón y el tesal; tienen un buen subdelegado, se llama Ramiro Hirales Silva, un comandante delegacional de los Barriles, Ramón Cocula de la Toba, con siete gentes a su mando, quienes se coordinan con el delegado de los Barriles, Luis Ramón Trasviña Avilés para mantener el orden en las tres subdelegaciones, San Bartolo, El Cardonal y El Coro.
Las personas de San Bartolo se dedican al dulce, el que venden durante todo el año, a las huertas y el ganado y los jóvenes trabajan en Los Barriles; terminó diciendo Doña Estefana Silva, que le horroriza tanta violencia y falta de respeto que hay en la actualidad.

…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…
*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*
LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA
“LA SUDCALIFORNIANA, DOÑA BLANCA DIAZ MEZA...UNA ABUELA MUY ESPECIAL…EN SAN BARTOLO...TIERRA DE LA IGUANA Y DEL MANGO…”.
• El cariño de una abuela, es algo muy especial, es un refugio seguro para el niño. Es la raíz de la familia.
Originaria de la tierra del mango, el tradicional dulce y la iguana...San Bartolo, Baja California Sur, Doña Blanca Díaz Meza, con su adorada nietecita Katya entre sus brazos, entre aquellos aromas a mango y ciruelas maduras, con justo orgullo dijo: “Lo más maravilloso que Dios me dio además de la vida y mis hijos, es haber nacido en San Bartolo, entre exuberantes árboles frutales, y haber crecido al tierno amparo de su amada e inolvidable abuelita, Doña Feliciana Meza Obedo, quien fue especialista en el arte de elaborar toda clase de dulces con frutas de la región, y que ha dado fama por sus sabrosura a San Bartolo”; así como vivió también con su abuelo Don Abel Meza Trasviña, prominente ganadero y comerciante muy conocido en toda la península. Sus padres fueron Micaela Cota, dulcera por tradición y Manuel Díaz Encinas, quien fue funcionario público y por dos periodos consecutivos fue jefe de tránsito en esta ciudad de La Paz.
Acariciando tiernamente a su inquieta nietecita, continuó diciendo Doña Blanca que su abuelita, así como sus tatarabuelos y bisabuelos nacieron en San Bartolo, y le heredó estas hermosas y paradisiacas tierras del Iguana, sembradas de abundantes árboles frutales, pero lo más valioso que a ella le dio, además de su inmenso amor, fueron sus sabias enseñanzas. Doña Feliciana unía la acción a la palabra y siempre estaba muy activa predicando con el ejemplo en cosas productivas y positivas de beneficio común. Gracias a ella, aprendió a cuidar, a sembrar y a cosechar el fruto de los árboles, para aprovecharlos en la elaboración del dulce de mango, guayaba y una diversidad de frutas que con el producto de su venta pudo crecer a sus hijos, así como les enseño el arte de este noble trabajo, heredado por tradición a través de generaciones. Todos sus hijos así como sus nietos, trabajan en la elaboración del dulce en su propia empresa familiar, en el noble quehacer de este arte del dulce de mango que es toda una tradición en San Bartolo.
¡Que bonito es recordar las enseñanzas de mi abuelita!. Fue una gran mujer de pelo en pecho, a nada le tenía miedo; Doña Feliciana fue célebre en San Bartolo, porque entre tantas anécdotas de ella, contaban los mayores, a la luz de los candiles y todavía la gente grande recuerda esta hazaña de Doña Feliciana: dicen que cuando la Revolución de 1914, aquí en la península, se agarraron a balazos las tropas de los Orteguistas y Federales, y en el cerro del Fortín y la Bolsa, allí en San Bartolo, nomás ladraban las 30 30 y una tropa comandada por el señor Escandón, se metieron a las huertas de su abuela y traían un desastre entre la fruta y el ganado, y el comandante le preguntó: “Que hay por aquí Doña Feliciana?” y luego, luego su abuelita con mucha seguridad le dijo: “Andamos muy alarmado porque en Los Barriles desembarcó un gran contingente y con ustedes aquí, que va a pasar con tanta gente?”...cuentan los que saben mucho que quedó tan asustado Escandón, que luego, luego tocó la corneta ordenando la retirada, y se fueron toda la tropa como alma que lleva el diablo.
Ni Doña Feliciana podía creer que su mentira causara tanto efecto, pues estaba también ella muy asustada, temerosa que se regresaran los pelones y la colgaran por embustera; pero por fortuna se lo creyeron y una polvareda llevaban entre las escarpadas brechas de San Bartolo. Recuerda Doña Blanca que su abuelita tenía amplios conocimientos en la medicina herbolaria, así como en otras cosas; era una mujer muy limpia y cuidadosa de su persona y de todo lo que la rodeaba; la enseñaba a cuidar y amar la naturaleza, y a recoger cuidadosamente sobre una manta muy limpia los azahares de los árboles cuando éstos caían, los que limpiaba pacientemente, mientras la nutría de sabias enseñanzas y de la vida de grandes personajes que gobernaron esta tierra, que su recuerdo quedó para la historia, como por ejemplo, Don Agustín Arriola Martínez, primer gobernador nativo electo por el pueblo y decía mi abuelita, que fue un gobernante, así como el que tenemos ahora gobernando el Estado de Baja California Sur, el Licenciado Leonel Cota Montaño.
De su abuelita, dice Doña Blanca, hay mucho que contar y de esta histórica tierra de San Bartolomé de las Casas, donde el General Francisco J. Mugica, realizó bastantes obras de beneficio común dejando gratos recuerdos en los habitantes de sudcalifornia. Continua diciendo Doña Blanca que cursó su educación primaria en esta tierra de San Bartolo y desde temprana edad tuvo que trabajar en la elaboración del dulce para sostener sus hijos: Verónica, Lourdes, Lorena, Enrique, Guillermo, Aldo y Maricarmen, quienes la han colmado de más de una docena de nietos y muchas satisfacciones mientras ella continua trabajando en la venta del dulce que sus hijos elabora así como de algunas manualidades. En San Bartolo, la vida es muy tranquila y hermosa, dijo Doña Blanca añadiendo que la gente se levanta al alegre trino de los pájaros canores y se acuestan arrullados por ellos mismos, termino diciendo, la encantadora flor de aquella tierra del mango y del iguano.
…San Bartolo, tierra de andar de milenios, perfumada a mango maduro, y de ejemplares eh industriosas sudcalifornianas, que contribuyen desde su trinchera para el desarrollo y progreso de esta bendita tierra de Dios… Orgullo sudcaliforniano…
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Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*
LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ
…” AQUEL CICLON DE 1941…EN LA PAZ”…
El bello jardín de exóticas plantas cuidadas con gran esmero, denotaban el cariño y el amor de su dueño por la naturaleza… en su cabeza cubierta de fina escarcha hablan de más de 7 décadas de invierno… el polvo de la vida entretejió en sus cabellos parte de la historia política, social, y económica de nuestra entidad… aunque el rostro de don Antonio Martínez Cosío, desmiente la blancura de su cabello y en sus ojos se refleja la nostalgia por tiempos que ya se fueron.
Enmarcando entre días efluvios del jardín, y una colección de hermosas gráficas de la paz antigua, y de estilo colonial, suspirando don Antonio Martínez, entre tantas importantes vivencias durante sus 48 años como empleado de gobierno, 4 en el gobierno federal, y 44 en el gobierno del territorio, y ahora estado, en su desempeño como secretario taquimecanógrafo. Don Antonio recordó aquel devastador ciclón de 1941.
En aquella época…Los ciclones todavía no tenían nombre, la gente del pueblo estaba al pendiente de la torre del vigía, que era donde, con unos banderines, anunciaban el mal tiempo, así como la llegada y salida de los buques de cabotaje… en el cordonazo de aquel 22 de octubre de 1941, como a las 7 de la tarde, se escuchó un fuerte zumbido, que retumbo, por toda la paz… su madre, dijo Don Antonio Martínez, acababa de colar el café, cuando las lluvias empezaban a arreciar y los arboles andaban por los suelos… De repente, una inmensa avalancha de agua arropo toda la casa… el agua del arroyo se metió dentro de la casa el que arrastraban gallinas, puercos, frutos, limones, ropa, bacines y todo tipo de cosas, pasando el agua por una puerta, y por otra así como por las ventanas de la casa, y la familia, todos se colgaron de las vigas del techo… en la copa de los arboles quedaron encajadas grandes piedras, troncos y basura.
Don Antonio como pudo se fue a la oficina, donde había sistema de radio, que comunicaba directamente a la ciudad de México…. Amaneció el 23 de octubre y el ciclón continuaba, el señor Antonio Manríquez Morales, almacenista en el morrito del cajoncito, el que estaba en construcción en ese tiempo, informo que todo estaba bien, que no pasaba nada… pero como a la media hora llega otro trabajador con los ojos pelones, gritando que la presa del cajoncito había desaparecido con todo el equipo de construcción, materiales y herramientas… el torrente de agua que venía de más arriba de la sierra arraso con todo lo que había.
En ese ciclón de 1941, don Adelaido Alvares llevaba a su niña de 12 años, de la mano, y quiso ganarle al arroyo del palo, pero las aguas le arrebataron a la niña, y jamás la encontraron… también falleció una señora que se me pierde su nombre, aplastada con una lámina... Fueron las únicas dos muertes que hubo en ese ciclón del 41 en la paz, además de las pérdidas materiales. En el mismo mes de octubre, azotaron las equipatas, que estuvo casi tan fuerte como el ciclón de días anteriores… en el arroyo de la calle rosales, había un almacén llamado “LA ESPERANZA”… tenían almacenado carne de tiburón, hígado, latas de aceite de tiburón, y aletas además de tantas apeos de pesca. El almacén con todo eso lo arrastro el arroyo quedando rebalsado donde es el hotel los arcos y el parque Cuauhtémoc… había una fetidez tremenda en toda la paz.
En la misma forma el arroyo de la calle 16 de septiembre se inundó, había una tienda de chinos, donde estuvo Palencia, y salían los costales de mercancías como hojitas de papel, dice don Antonio que por muy fuerte que han azotado los ciclones las pérdidas humanas han sido mínimas, porque la gente antigua sudcaliforniana no se asentaba en los arroyos… Los arroyos eran respetados, para que las aguas broncas corrieran libremente…
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*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años, en los principales medios de comunicación masiva y con mayor prestigio en la ciudad de la paz.*

martes, 26 de junio de 2018


LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCAR
• AQUELLOS DIAS DE LLUVIA DEL AYER...
• “QUE LLUEVA...QUE LLUEVA...LA VIRGEN DE LA CUEVA...LOS ANGELITOS CANTAN… LA LUNA SE LEVANTA…QUE SI…QUE NO... QUE CAIGA EL CHAPARRON…”
• YA LA AMOLAMOS, NO HABRA LLUVIAS GRANDES” DECIA LA ABUELA CUANDO LLOVIA EN ABRIL O MAYO... CONOCIMIENTOS DE LOS MAYORES.
...Los angelitos cantan...la virgen se levanta que sí, que no ¡que caiga un chaparrón!...cantábamos mi hermana maría de Jesús y yo alegremente trepadas en los frondosos árboles, al tiempo que nos mecíamos en sus fuertes ramas en aquel marco del canto de las chicharras, cielo nublado, truenos y relámpagos...!que felicidad! Eran otros tiempos... ¡y llovía tanto! Ahora...ya ni las chicharras cantan llamando la lluvia... (Bueno ya tuvimos las primeras lluvias en días pasados). Recordar es vivir en el buen sentido de la palabra, y en otros tiempos si llovía mucho aquí en La Paz.
“¡que te metas muchacha! Te va a caer un rayo, ponte el tápalo en la cabeza ¿no ves que el cabello tiene electricidad y llama a los rayos?”...furibunda decía mi adorada madrecita y nosotros encantadas chapoteando en los arroyos...eso sí, con la pata pelada y la cabeza muy cubierta con una hermosa pañoleta estampada de seda de aquellas que se acostumbraba para cuando nos daba la “chanza”, ahora le dicen paperas y para asistir a misa. Estoy muy mortificada por que se han visto pocas lluvias. Le pido a Dios y a la virgen de la cueva, que aunque sea a los pobres y sufridos rancheros les llueva aunque aquí nos llegue los puros aromas a tierra mojada y también los quesitos.
El 24 de junio el día de San Juan... 15 y 16 de julio, día de los Enríquez y de las carmelitas eran aguaceros seguros...”metan la ropa de los tendederos, temprano, porque no quiero que espanten la lluvia cuando empiece a chispear, decía la abuela parada en el marco de la puerta levantándose el ala del sombrero de palma de alta copa, al tiempo que atisbaba la lejanía y le daba una larga chupada al cigarro del “tigre”, aventando fumarolas....pero sí parece que la estoy viendo!...de bello rostro, tez blanca, ojos verdes, cabellos rubios trenzados recogidos con una peineta de carey, ropajes largos olorosos a jabón perla, ceniza y tabaco, y calzaba sus pies con zapatos de piel de ternera o de mezclilla de aquellos que fabricaban con don Julio Beltrán y Los Aguirre. “nanita, pero si apenas se ve una nubecita chiquita en el cielo”...”pues va a llover para la hora del café, dijo ella, es día de los Enríquez y voy a preparar la maza para las gorditas de manteca de res para tomar con café prieto mientras llueve porque ahora no compramos galletas marineras; y mañana día de las Carmelitas también va a llover, hay que meter la leña bajo el pretil de la hornilla para que no se moje”.
Pues sí, llovió mucho esa tarde... qué bonito, toda la familia alrededor de la hornilla tomábamos el café de grano con gorditas mientras en el techado repiqueteaba el agua de la lluvia entre truenos y relámpagos que iluminaban la vivienda, los mayores contaban leyendas de la casas que espantan y que abundan en La Paz, de piratas y tesoros enterrados así como recuerdos de otros vendavales que pasaron. Al término de la lluvia salimos gozosos a jugar al arroyo perfumados a flores de toloaches, malvas, romerillos hierba del pasmo y vinoramas enmarcados con el croar de sapos y ranas. La noche de ese mismo día, continúo lloviendo y dormimos arrullados por la lluvia. A la mañana siguiente al canto del gallo, porque antes había gallinas y gallos que alegraban los hogares, el aroma a café golpeaba nuestra nariz...y después de lavarnos la cara con agua recién sacada del pozo en el lavamanos que estaba frente al espejo de percha donde estaban los cepillos de dientes la pasta dental Forhan’s así como el jabón y el peine encajado en una cola de cerdas de caballo, y el pachuco echado en su tapete. Nos arrimábamos a las hornillas a tomar café calientito, donde hervía el apaste rebosante de exquisita avena en leche bronca y el metate lucia lleno de pegostes de masa de harina, cubiertas con unas servilletas para las tortillas. DESAYUNAR AVENA ES OTRA COSTUMBRE QUE SE PERDIO, DESDE QUE ENTRO AL MERCADO LA COMIDA CHATARRA COMO LA SALCHICHA, LAS SABRITAS, ETC. Antes el desayuno era un par de huevitos de gallinas contentas pisadas por el gallo elaborado en diferentes formas, tortillas o virotes, frijol refrito bañado de queso raspado y un tazón de avena...Ahora, algunos niños desayunan una bolsa de sabritas con un refresco... Pura chatarra que les perjudica la salud.
En aquellos ayeres de lluvia de La Paz de antaño, “Amaneció nublado, y parece que seguirá lloviendo”, dijo mi madre...si, contesto mi abuelita hay que apurarle al quehacer por que empezara a llover de las once en adelante”...nanita pero como sabe que si va a llover...porque esta alta y negra la nube y viene subiendo por el cerro de san Juan frente al panteón...y diciendo y haciendo, mi inolvidable abuelita empezó a tapar los espejos, a guardar las tijeras, los cuchillos, el hacha, el costurero, la leña bajo el pretil de la hornilla, las planchas de aquellas, y la máquina de coser, todo lo que fuera acero porque decía ella que llama a los rayos. ¿qué les parece?, pues si, llovió como ella dijo, con truenos y relámpagos; y no se paren en el marco de las puertas y ventanas, y menos bajo los árboles porque les cae un rayo....y se soltó la abuela contando de los matados con rayo; por hachar leña, por guarnecerse bajo los árboles, por usar acero, etc.... así como a los desobedientes “Te va a partir un rayo” o “Te va a tragar la tierra” así como a los que les alzaban la mano a los mayores, les decían “Se te va a churir o enchuecar la mano”, y que miedo sentíamos ante estas amenazas ¡y sí obedecíamos!. El día de San Norberto era otro día llovedor...el dos de agosto día de los ángeles era otro día llovedor, lo tengo muy presente porque todavía en 1972 que falleció mi suegro, don Antonio Gutiérrez Jordán, cayo un aguacero, lo sepultamos el 03 de agosto día de santa Lidia y seguía lloviendo...ese día nos llegó un noble perro todo enlodado andaba perdido seguramente...se quedó con nosotros y le pusimos “cara sucia” murió de viejo a los 15 años. Fue un perrito fiel con una bonita historia y anécdotas, pero eso es ya otra cosa.
El día 15 de agosto, día de la Virgen María y de San Agustín, 28 de agosto, santa rosa de lima y san ramón, eran de fiesta para Todos los habitantes del territorio de Baja Calif. Sur por que llovía bastante; eran aguaceros y no se hacían cochineros en las calles porque el agua pasaba por donde tenían que pasar, por los arroyos. Ahora, estos arroyos están inundados de casas habitaciones ¡que inconsciencia! El arroyo del piojito que baja de la sierra y pasa por el vado rumbo a la Universidad, pasa por donde están construidas las casas bajo el borde del libramiento, eso es un arenal, es zona de peligro. Que inconsciencia de las autoridades de autorizar esos arroyos para construir viviendas con pingues ganancias pero son gentes que vienen de fuera y no conocen el terreno. Antiguamente allí fueron huertos regados por temporal y norias. Luego este arroyo pasa por Fidepaz, derechito al hotel Crown plaza y es arroyo hasta la altura de la entrada al aeropuerto, el día que suceda un desastre, el arroyo va a pasar por donde tiene que pasar...acuérdense del lisa en 1976 y de San José del Cabo. Luego tenemos el arroyo del palo el que está inundado de casas, las instalaciones de catastro el edificio en donde están las instalaciones del DIF municipal, el patio fiscal de la aduana, entre otras oficinas, están asentados en el medio del arroyo. TODA LA CALLE OAXACA ES ARROYO QUE DESEMBOCA AL MAR.
Septiembre mes de chubascos...antaño, desde el mes de agosto nuestra vivienda ya estaba amarrada previniendo de los huracanes. Mi padre pasaba los mecates por arriba del techado cruzándolos de lado al lado, lo amarraban en tronco de mezquite que para ese fin estaba y luego cruzaba con chicotes las paredes de la casa y las amarraba en anclas enterradas en el suelo, así es que los chubascos nos hacían los mandados, los que me tocó vivir fueron los chubascos de 1954, 59, el fatídico lisa del 76, de triste recuerdo y una colita del Paul entre otros ventarrones que ya compartimos generaciones nuevas. El día de mi tío Lao Lizárraga día de san Estanislao era seguro que lloviera, ese día se casó mi hermana mayor y cayo un aguacero, fue un 28 de septiembre.
Cuando llovía en La Paz no se suspendían clases en las escuelas ni en los trabajos, que emocionante era cuando íbamos a la escuela o al trabajo y estaba lloviendo entre relámpagos… trueno y trueno. Aquellas carreritas que nos agarraban para llegar a los portales de las casas o bajo los árboles a guarecerse de la lluvia, aunque estaba prohibido por eso de los rayos. Cuando llovía, mi madre se llenaba de alegría y cantaba tan hermoso que parecía un ruiseñor pues era del rosario, Sinaloa y el chamaquero en los patios andaban bañándose alegremente bajo la lluvia eso sí, con la cabeza cubierta por aquellos de los rayos, y las canillas chapeadas de lodo. Ahora la gente escucha tronar y se encierra.
...Que llueva, que llueva la virgen de la cueva, los angelitos cantan la virgen se levanta...que sí que no, barbas tienes en el talón...Decíamos pero debe decir que caiga un chaparrón. Ahora ya ni las chicharras cantan. Esperamos que caiga un aguacero el día de San Enrique, de las carmelitas, María, Agustín, Santa Rosa y San Ramón y prepararnos para el mes de septiembre, mes de los ciclones y que cierra la temporada de agua con el cordonazo en el mes de octubre y empiecen las equipatas en diciembre para terminar si bien nos va como era antes en el mes de febrero y rara vez en marzo.
… Y entre truenos, rayos y centellas y cantos de chicharras… las inseparables hermanitas, las niñas María de Jesús y Mela, alegremente cantaban llamando la lluvia, trepadas en los brazos de los frondosos árboles… en la paz aquella….
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*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*
LA PAZ...QUE SE PERDIÓ.
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ.
“ECLIPSE DE LUNA...Y AQUELLAS COSTUMBRES DE LA MATERNIDAD”.
Del 14 al 15 de abril, habrá eclipse total de luna...la compañera de la tierra, estará de nupcias con el sol. Seguramente que será un bonito espectáculo y los invito a contemplar el maravilloso fenómeno en esta hermosa tierra Sudcaliforniana...regalo de la naturaleza para los ojos de todo ser viviente y para recrear el espíritu...u al evocar los eclipses del pasado y aquellas costumbres una sonrisa juguetona se dibuja en mi rostro el que no es ya el de una colegiala y una fina escarcha adorna mis sienes, y me regocijo al recordar la importancia que tenía éste fenómeno para los antiguos y de que manera repercutía en la vida humana, animal, en las plantas y en el mar. Quizás les cause risa al escuchar este artículo, pero lo que escribo es en serio.
Los voy a transportar a épocas pasadas, tal vez les tocó vivir aquellos momentos y costumbres de nuestras lindas gentes del ayer, que tienen una gran importancia y estoy segura que los varones también vivieron estas cosas. Cuando las formas del cuerpo de la futura madre se deformaban perdiendo su belleza, adquiriendo otro encanto, el de la maternidad, privilegio bendito con el que Dios dotó a la mujer...el de ser madre. En el abultado vientre palpitaba un nuevo ser el que orgullosa lucía cubriéndolo con la tradicional bata de maternidad, y aquellas emociones que únicamente las mujeres sentimos, y que algunas eran afortunadas y compartidas por el esposo que cariñoso recostaba su cabeza en el vientre de la futura madre para sentir los movimientos de su hijo y gritaba emocionado “éste será pelotero o boxeador”; o de lo contrario “que floja, tarda en moverse, será niña”.
En la dulce espera del hijo, sublimes y gratos momentos que se viven durante el embarazo. Que si será niño, que si será niña, que ya patea, que se estiró, que se siente como un gusanito que se mueve, que los achaques, que los antojos, que con el cambio de luna se sienten así, que se tiran los calostros que cuando la luna llena el niño nacerá, que salió paño en la cara, que no duerma boca abajo y que al sentarse no cruce las piernas por que se lastima el niño, no usar tacones y en los primeros meses tener cuidado de no subir escalones y trapear los pisos, en fin tantas cosas mientras se espera al nuevo miembro de la familia que vendrá a revolucionarlo todo pero que inundará de felicidad el hogar. La tina con agua de manzanilla calientita para bañar al niño debería de estar lista así como el cordón y el romero para amarrar el ombligo, y el té de rosa de Castilla para que se le limpie el estómago al bebé y no le den cólicos. También debía estar listo, además de la maleta, por lo menos un cambio de ropa por si sale siete mesino. El niño al rasgar el vientre y recibir la primer nalgada por la comadrona o el medico, y lanzar el llanto al cielo, la sonrisa de Dios en la tierra es a través del rostro de la feliz madre que acurruca a su hijo amorosamente después del parto, olvidando todo dolor. ¡Que poco se usaban las cesáreas en ese tiempo, había que parir a grito mexicano y ya!
Cuanto temor sentíamos las mujeres embarazadas cuando la luna se eclipsaba; los mayores aconsejaban que nos escondiéramos por que la luna se comería al niño y nacería deforme. Con un colgajo de llaves amarradas alrededor del abultado vientre (por que ya no teníamos cintura) le dábamos nueve vueltas a la casa y si no había llaves, nos poníamos un calzón rojo con alfileres colgados y a darle vueltas 9 a la casa. Se le tapaban todos los hoyos a los techados o si tenían ranuras las paredes de la casa, cerrar puertas y ventanas para que no se filtraran los reflejos de la Luna, por que dañaría al niño. En fin la madre tenía que esconderse de los efectos del eclipse de la Luna; Así como también a los árboles frutales se les tenía que poner un trapo rojo para que no se dañara la fruta.
Aquellos momentos de la larga espera que se gozaban con las gentes mayores, familias y amistades a la hora del café, para saber si sería niño o niña quien vendría. La futura madre se escupía la palma de la mano y le echaba en la misma una hormiga colorada dentro de la saliva y si después de muchas peripecias la hormiga salía viva, el bebe sería hombrecito y si la hormiga moría en la mano, nacería una niña. Otra de las cosas que hacían era que acostaban a la embarazada, que se relajara y el niño se movía para todos lados, le cortaban un cabello a la mujer y le colgaba al mismo una argolla matrimonial y se la ponían a la altura del ombligo y si el anillo se quedaba quieto, sería niña, y si el anillo se movía como péndulo hacia un lado y hacia otro, entonces sería varón. Estas costumbres tan sanas se disfrutaban y se usaban antiguamente y generalmente no fallaba. Ahora usan el ultrasonido y como que le quitan la emoción al saber que va a nacer, si niño o niña. Alguna de las mujeres antiguas dominaban la practica para escoger antes de embarazarse si querían tener niña o niño. Había también en aquellos tiempos la “comadrona” que sobaba la barriga para componer al niño en su lugar. Las mujeres trabajaban de otra manera y hacían mucho ejercicio con el quehacer de la casa que hasta en los últimos momentos antes del parto se estaba trabajando, por que decían las antiguas que el ejercicio agiliza el trabajo de parto.
Algo debía influir la Luna en la naturaleza por que decían los mayores, los que conocían de la pesca, que las mareas se regían por la Luna; y de niña escuchaba entre los pescadores “que no le vaya a dar la Luna al pescado o a los callos de hacha por que se los come”. Una vez de traviesa, nada mas para comprobar si era cierto eso de que la Luna se come el pescado, en aquella ocasión mi hermano Florencio trajo bastante pescado, callas de hachas y almejas catarinas esa noche, y los andaban cuidando de los reflejos de la Luna, cuando todos se fueron a dormir, me levanté y los quite del lugar de donde los habían escondido y los dejé al aire libre. Pues no me lo va a creer, se los tragó la Luna, estaban manidos o echados a perder y los habían sacado esa noche de invierno. Eran unos pargos colorados, sierras, un mérito, un robalo, una cabrilla, y unas bandejas de callos de hacha de aquellos “chinos” grandotes de media Luna a los que les habían puesto un puntito de carbonato para que amanecieran mas gordos, ¡y todo se echo a perder!. La caguama que había traído fue lo único que se logro por que le tuve miedo para moverla, o seguramente no le gustaba a la luna, o porque aún estaba viva. ¡Que cintariza de perro bailarin me metieron en esa ocasión y que nunca la he podido olvidar!, pero jamas lo volví a hacer. Los pescadores, de los barrios el Esterito, y del Manglito, deben de saber de estos efectos de la Luna sobre el pescado.
Volviendo a lo del embarazo, después del parto, se acostumbraba que con el pañal orinado del niño, la madre se tallara la cara y se le quitaba el paño, si éste le había salido. Costumbres antiguas. Si el niño se enfermaba del mal de ojo, lo curaban con un chorro de leche de pecho en los ojos y sanaba. No se le debía de dar pecho al bebe estando enojada la madre porque éste se enfermaba del estomago. No se le cortaba el cabello ni las uñas hasta que estaba bautizado, así como no se debía dormir con la luz apagada mientras estaba gentiles, porque según se aparecía la llorona buscando a sus hijos; por lo que obligaba a los padres a bautizarlo luego luego. Cuando la madre amamantaba al bebé ésta no debía estar comiendo por que el niño se ahogaba. Para dar de comer al niño la madre debía de estar llena y tomarse un vaso de agua para que bajara abundante la leche, y decía mi abuela que no debía de darle el sol en la espalda por que la leche se secaba, así como debía de cubrirse la espalda con algún lienzo para que la leche estuviera siempre calientita. El niño no debía llorar en el pecho de la madre por que este se “soplaba” y se tapaban los pezones. ¡Que tierno!, verdad?.
En el patio, se miraban tan bonitos los tendederos llenos de blancos pañales elaborados por las propias madres, los que con el sol y el aire se les quitaba la manchita de orín si el jabón de barra no lo lograba. Si no había pinzas para la ropa se metían entrelazados el mecate del tendedero las puntas del pañal, y había que recogerlos antes de las tres de la tarde para que conservaran el calor de los rayos solares porque decían las mayores que beneficiaban la salud y los huesos del bebe. Mientras tomábamos el café en la sana convivencia familiar, los planchábamos con la mano y se acomodaban el altero de pañales a los pies de la cuna del niño, el que se miraba tiernamente dormido o con el piecito metido en la boca o con su zapeta y sus alfileres artísticamente abrochados o contándose los deditos diciendo “agu”. Mientras en la cocina se escuchaba el golpe de la maceta en la carne seca sobre la piedra y hervía el atole de masa en la olla que seria la cena para la madre y a través de ella para el niño el que dormía prendido al pecho toda la noche y amanecía sin hambre y no se enfermaban. Por tu salud y la de tu niño cría a tu hijo con leche de pecho; te dará mayor felicidad, y por las dudas si estas embarazada, mañana que abra eclipse total de luna, cúbrete de sus reflejos y cuélgate un puñado de llaves en la cintura y ponte un calzón rojo y le das nueve vueltas a la casa. A los arboles frutales también ponles sus trapos rojos y los pescadores que cubran el pescado de los reflejos de la luna.
...Ahora...los tendederos en los patios se ven muy tristes, lucen sin pañales sin chambritas...pero en cambio los botes de la basura están llenos de pañales desechables...una joven madre soltera me decía mientras miraba la novela en el televisor “no tengo trabajo, y ni para comprar pañales desechables ni leche”...suspirando pensé...mejor no lo digo…
“…Por el placer de Escribir… Recordar y Compartir…”
Este trabajo fue publicado, hace más de 15 años en el periódico “El sudcaliforniano” revista “Compás” y programa de radio “Contacto directo”” XENT radio la paz.
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