miércoles, 4 de mayo de 2022

 

LA PAZ QUE SE PERDIO

CON LOS PELOS DE PUNTA

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ

…EL HOMBRE SIN CABEZA, DE AQUELLA TETRICA MANSION….

EL CHAMACO ESTABA SENTADO EN UN TAPANCO VIENDO LEJOS, CUANDO ¡DE PRONTO VIO QUE VENIA HACIA EL UN HOMBRE LARGO VESTIDO DE NEGRO, CON DOS CADENAS ARRASTRANDO, ¡UNA EN CADA MANO!, Y SE QUEDO ESTATICO, PERPLEJO, CON LOS OJOS DESORBITADOS, CON LOS PELOS DE PUNTA, POR QUE EL HOMBRE YA SE ACERCABA MAS Y MAS A EL… ¡¡PERO NO TENIA CABEZA Y FLOTABA!!

En aquella lóbrega mansión ubicada en Revolución/ Degollado y Ocampo, antiguamente fue una solariega casa, con su gran patio, donde vivió una acaudalada y prestigiada familia sudcaliforniana; Al paso de los años, fue rentada para diferentes negocios; pero el caso que me ocupa, es cuando fueron oficinas de gobierno, allá por los años 60s… Cuenta don Toñito Martínez estimado y apreciado amigo, que él trabajo en esas oficinas, y que por muchos era conocido que allí espantaban, que los que en ella trabajaban ya se habían acostumbrado a que pasaran cosas raras y andaban atemorizados la mayor parte del tiempo, pero que él nunca escucho y vio nada, que seguido le preguntaban sus amigos- ¿Oye Toño, hasta de noche trabajan ustedes?..  “No, nosotros nomas trabajamos de día”, - “Pero como no, si pase por ahí anoche y se escuchaba que escribían a máquina, mucho movimiento de oficinas, risas y sombras, de gente que cruzaba de un lado a otro, así como movimientos de archiveros que se abrían y se cerraban”. Y así quedaba la cosa, dijo Don Antonio, que ni el, ni el velador escucho ni vio nunca nada, solo los empleados y la gente que por ahí pasaba, y fue agarrando fama ese edifico de que allí espantaban, y algunos mejor le sacaban la vuelta.

Continuo diciendo, que hasta que un día el hijo del velador, un niño como de 12 años de edad, le llevo el lonche a su padre, como era la costumbre… que ya estaban cayendo las penumbras, y le dijo su papá al niño “Espérate un ratito y siéntate ahí, voy con el chule a comprar cigarros”, y el niño muy obediente se sentó en el tapanco que ahí estaba, y se quedó viendo lejos muy despreocupado dándole con los talones al cajón… Al fondo del patio allá a lo lejos había una ramada antigua, casi desvencijada, donde en otros tiempos el dueño de la casa ponía un catre para dormir al aire libre….  Y para allá miraba el niño, cuando de pronto de esa ramada de la nada cubierto por las penumbras, salió un hombre largo, delgado, vestido todo de negro, con actitud de ataque arrastrando una cadena en cada mano, dirigiéndose directamente hacia donde estaba el niño… ¡El chamaco no podía creer lo que miraba en esos momentos, aquella tarde de penumbras! Aquel hombre se acercaba lentamente, cada vez más hacia él, quien estaba con los ojos desorbitados y los pelos de punta… El hombre largo con cadenas arrastrando, ¡NO TENIA CABEZA Y NO PISABA EL SUELO! ¡FLOTABA!, el muchacho estaba paralizado de terror, y como ya casi llegaba hacia él, aquel ente del infierno, saco fuerzas de donde pudo y como el miedo no anda en burro ¡CORRIO, CORRIO, Y CORRIO! Y no paro hasta llegar a su casa.

Por supuesto que nadie le creyó aquello tan feo, que el vivo en esa tétrica y lóbrega mansión, y su papa menos, el niño estuvo muchos días enfermo, hasta con calentura, y ya no lo hicieron volver a llevar el lonche, le pegaron una buena riatera, pero el chamaco ya no quiso volver; su padre le dio otra zurra porque no le creía, pero ni así volvió; también su abuelita le dio buenos cuerazos con la cuarta en las canillas, pero ni eso lo hizo volver, es más dice, que el chamaco nunca más volvió a pasar por allí, al menos durante su niñez y juventud, que fue muy amarga esa experiencia para el vivida.

Al paso del tiempo, como a los dos meses de aquel extraño, macabro e inolvidable suceso, que cuando estaban haciendo la carretera transpeninsular, “LA TICSA”, Un sobrino del mismo velador, apodado el güero y que vivía hasta el esterito, trabaja en esa labor; y una noche que venía de regreso, pensó que se quedaría a dormir con su tío el velador en la tétrica mansión, porque venía muy cansado y a la mañana siguiente se iría al esterito. Precisamente en aquella ramadita abandonada en medio de aquel solar, dormitaba el velador de cuando en cuando, y le dijo a su sobrino que pusiera un catre junto al de él, llego la noche se cubrió todo de penumbras, se acostaron, y dicen que a la media noche cuando el disco plateado de la luna estaba en todo su esplendor, el güero ya estaba agarrando el sueño, “Cuando de pronto le jalaban la cobija hasta el suelo, y le  rascaban la planta de los pies”. El güero creyó que era su tío que estaba vacilando, y se sentaba y recogía la cobija y se acostaba nuevamente, luego por segunda vez, le hicieron la misma operación, pero ya a la tercera, no le gustó nada aquello y le dijo- “¡Oiga tío déjeme dormir!”, y le destapo la cara y cuál sería su sorpresa que este dormía como un angelito y hasta roncaba.

Fue entonces que el güero sintió un miedo espantoso, poco a poquito se fue tapando y quedo muy espichadito escudriñando a su alrededor. Aquella noche del terror todo estaba en silencio, iluminado por los reflejos de la luna, los perros aullaban lastimeramente, ¡cuando de pronto el pobre muchacho se quedó con los pelos de punta!… en la puerta de la ramadita estaba el hombre largo de negro con las cadenas arrastrando, amenazando a atacarlo, pero el colmo del terror fue que ¡NO TENIA CABEZA, NI PISABA EL SUELO! ¡FLOTABA!”  El güero no sabe cómo le hizo, ni de donde saco valor, pero con el hombro rompió la malla, ¡Y CORRIO, Y CORRIO Y CORRIO! rumbo al esterito, con el hombre flotando detrás de él, casi casi pisándole los talones, aventando cadenazos al aire, y este luego despareció al salir el güero a la calle...  EL HOMBRE SIN CABEZA SE QUEDO ENCERRADO EN LA MANSION.

El tío ni cuenta se dio, de lo que ahí paso, dormía plácidamente como un bendito; al otro día no se explicaba por qué no estaba el sobrino, y por qué la malla estaba destrozada.  A los días después de que el güero se repuso del susto, le platico a su tío lo que paso aquella noche macabra en esa tétrica mansión. Sorprendido el velador, tuvo que aceptar que su hijo decía la verdad, respecto al hombre sin cabeza que lo asusto.

…Y aquel hombre sin cabeza, cual largo era, con cadenas en sus manos deambulaba flotando por aquella lóbrega mansión, amenazando a atacar.

…Por el placer de escribir…recordar…y…compartir…




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