sábado, 1 de marzo de 2014

“DE GRAN TRADICION EN LA PAZ... LA PELUQUERIA EL ZURDO...LA QUE HA DADO PASO A LA LEYENDA”



            Por la subidita frente al cine Juárez se ve la silla vacía...donde don Enrique Ramos, propietario de la peluquería “El Zurdo” siempre estaba sentado mirando pasar a la gente...y al ver la silla vacía vino a la mente aquel ayer...a veces don Enrique estaba sin camisa...en otras ocasiones lo sorprendía con los ojos entornados inmersos en sus recuerdos tarareando una canción...farolito, perfume de gardenia o en otras ocasiones rascando las cuerdas de una antigua guitarra. Don Enrique, además de ser uno de los mejores peluqueros de La Paz que se perdió, tenía un espíritu bohemio...era un artista tanto para la música como para cortar el cabello, así como para tocar instrumentos musicales como el saxofón, la trompeta y la guitarra.

            Son pocas las gentes aquí en La Paz los que no se hayan cortado el cabello con el Zurdo, frente al cine Juárez, y que no escuchaban esa frase tan singular de don Enrique Ramos: “ERA VISTO”.

            Al pasar por la subidita frente al cine Juárez y al ver la silla vacía en la banqueta, me sumergí en el pasado...y fluyeron los recuerdos. Antiguamente, la peluquería era atendida por Don Liborio Barrera, Carlos Espinoza, Rufino Bustamante y Don Enrique Ramos, quien por el año de 1952 paso a ser propietario de la peluquería...el tris tras de las tijeras se escuchaban por la subidita, en la peluquería el Zurdo...enmarcado con aquellos ruidos que se generaban en esa arteria tan importante del corazón de La Paz...la peluquería siempre estaba llena de gente. Era una costumbre que antes de entrar al cine Juárez, los señores, chamacos y jóvenes se cortaban el cabello en la peluquería y se daban su boleada con los boleritos de cajón. En esa época, de las peluquerías que había en La Paz: La Escondida, donde estaba Don Polito, un dulce y tierno viejecito nervioso, el que hizo un abanico de cartón, en el techo, y el cliente le jalaba un mecatito para echarse aire, mientras Don Polito lo peluqueaba, pero esa es otra historia; también estaba la Peluquería de El Veracruzano, y la de Don Braulio Murillo de gratos recuerdos y muy apreciado por cierto, además de los peluqueros que en sus hogares algunos cortaban el cabello, y otros iban a domicilio.

            Por aquella bajadita del cine Juárez, de gratos y evocadores recuerdos, tantas veces transitada, cuantas historias de amor se escribieron...me parece ver a Mercadito en su labor sentado cruzado de piernas con el sombrerito en las rodillas y con los zapatos del numero dos muy lustrados, rodeado del revoloteo de palomas, y de las familias del ayer, entrando y saliendo del cine; así como a Don Enrique Vonborstel, siempre de ropajes blancos regañando al barrendero...las tijeras de los peluqueros sonando...el tiroteo de balazos de las películas de villanos, de Chicote, Pancho Villa, así como de Clavillazo y Tin Tan, aunado a las rechiflas y taconeos en el piso de madera del cine Juárez...!tan clásicos!...el zumbar de las máquinas de coser de los sastres Don Julián Pérez y Don Manuel Wong, entre aquellos aromas de las exquisitas tortas de Doña Chuy...las notas musicales que inundaban aquella bajadita, arrancadas a las teclas de los instrumentos musicales, en la antigua Escuela de Música...así como la romancera nevería la Flor de La Paz llena de alegría con su música de rocola y su tradicional nieve de garrafa, de gratos recuerdos, además del carretón del tío Badajoza bajo el árbol de la india inundado de pájaros cantores...el zumbido de las licuadoras de “chocomiles” en el puesto del Español...y los cepillos raspando hielo para los raspados con Don Trino Osuna, enmarcado con los gritos del baratero cumbre que se escuchaba de puerta a puerta pregonando sus mercancías en el antiguo Mercado Madero.

            A través de los años, gentes de todos los estratos sociales pasaron por las largas y profesionales tijeras de Don Enrique Ramos, quien era originario de Nayarit; y quien contrajo nupcias con la señorita María del Socorro Gallardo Meza...procrearon nueve hijos radicaban en la hermosa tierra minera de Santa Rosalía, donde era él era músico...luego la familia se trasladó a esta bella ciudad de La Paz, hasta su fallecimiento. Sus hijos, Rodrigo, Enrique, Hipólito, Edmundo, Leoncio, Flora, Maura, Sofía y Marta, lo recuerdan con gran amor y nostalgia. Enrique y Rodrigo continúan con la tradicional peluquería El Zurdo, siguiendo el ejemplo de su padre, y la que ahora se llama Peluquería Ramos; e Hipólito ya rindió cuentas al Creador.

            Antaño...cuando en la plazuela y el kiosco del malecón parecía un bello jardín adornado de lindas flores con la presencia de las muchachas del pueblo luciendo sus peinados de moda, de cola de caballo y permanente así como sus crinolinas y ropajes largos...y los jóvenes con el cabello embarrado de brillantina quienes perfumados a lavanda  y old spice, gozosos acudían a las tardeadas a bailar al compás de la hermosa música amenizada por la orquesta de los “Canarios” de Don Luis Gonzalez y Don Rafael Castro, así como Don Enrique le daba el toque alegre tocando el saxofón y la trompeta.

            La peluquería el Zurdo está impregnada de historia chascarrillo y anécdotas de los clientes que por ahí pasaron, y que han dado paso a la leyenda... cuenta uno de los hijos de Don Enrique que Don Angel Mateoti puso de moda el corte Flep Tap, y los jóvenes y señores del ayer lo usaron mucho, “El conono” y “panchito el loco” siempre decían “córtamelo tipo Matteoti”, a mí también decían los clientes...un peso y 1.50 se cobraba el corte de cabello, pero de aquellos pesotes de plata Ley 0720 que un escándalo hacían cuando al suelo caían y se iban rebotando tintineando. Los clientes eran y son como de la familia, algunos muy conocidos por sus apodos...”El Mapachon”, “El Popocha”, “El Mariquita”, “El Chorizo”, “El Nando Pineda”, “El Diablo”, “El Babita”, “El pata de cañón”, “El Orejas” y “Don Loreto Amador”. Anita y Marianita hacían el día más ameno con sus puntadas entre fumarolas y chascarrillos enmarcados con el tris tras de las largas tijeras de los peluqueros. Don Enrique tenía un cliente muy especial...Don Raúl Miranda, a quien cuando al terminar de cortarle el cabello nunca estaba conforme y Don Enrique le ponía el espejo para que se viera, y Don Raúl decía “Me quedó disparejo este lado”, y como Don Enrique sabía que estaba bien cortado el cabello, nada más le sonaba las tijeras y Don Raúl ni cuenta se daba...y luego le mostraba nuevamente el espejo y Don Raúl decía “Ahora si me quedo muy bien”.

            Pero una vez, a un agricultor del Valle de Santo Domingo, al señor Alberto Poloni, Don Enrique le cortó mal una patilla, dejándole solo una, se enojó tanto el señor Poloni que nunca más volvió a la peluquería, quien además murió muy joven por un paro cardiaco; y a Don Enrique le dio tanta pena, que fue el último corte que hizo en su vida. Y después de eso, las tijeras de Don Enrique nunca volvieron a sonar. Sus hijos se hicieron cargo de la peluquería desde 1962...y las tijeras de Don Enrique Ramos así como el cine Juárez, quedaron en silencio para siempre....y aunque el tris tras de las tijeras aún se escucha, así como pasos silenciosos que vienen y van...Como el canto de los pájaros en los árboles, el revoloteo de palomas, el zumbar de las máquinas de coser del sastre...la silla en la banqueta quedo solitaria...pues Don Enrique se nos adelantó en el camino sin retorno y la silla vacía en la banqueta, anuncia que la peluquería inició sus labores continuando con la tradición...


...”ERA VISTO”...y a modo de travesura, Don Enrique Ramos nada más le sonaba las largas tijeras a Don Raúl Miranda.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario