viernes, 12 de septiembre de 2014

“MI ABUELA Y SUS CONOCIMIENTOS HERBOLARIOS”.



            La alcoba en penumbras donde los niños dormían plácidamente se iluminó de pronto a la luz de los relámpagos que se filtraban por las rendijas de puertas y ventanas...aquella madrugada de la década de los 50 de La Paz de la música y el romance...de los molinos de viento y de los buques de cabotaje...el agua en el techado caía a cántaros...haciendo un bello soneto con el croar de sapos y ranas...ni el estruendo de los rayos ni aquel soneto lograron apagar el lastimero llanto de la niña motivado por un fuerte dolor de oído.

            Metida entre aquellos ropajes de la abuela...al calor humano, y de aquellos aromas a limpio, jabón, tabaco y ceniza, de sus blancas enaguas, me revolví inquieta al sentir que ella se levantaba a encender la lámpara en el buró...la dulce ancianita conocedora de las bondades de la medicina herbolaria, pronto le dio solución a aquel problema que entre llantos y truenos interrumpió nuestro sueño y rompió el silencio de aquella noche...mi perro viejo “el pachuco” y yo, observábamos atentos lo que la abuela hacía...ésta salió presurosa al patio bajo la lluvia, cortó una hojita de albahacar, otra de ruda y luego partió un diente de ajo, los que al calor de l tubo de la lámpara los calentó. Luego los envolvió en un algodón haciendo un pequeño tapón el que lo aplicó en el oído de la niña que lloraba...como por encanto el dolor desapareció y toda la familia, hasta el pachuco echado en su tapete, continuó durmiendo arrullados por la lluvia.

            ¡Que bello amanecer después de aquella noche de lluvia!...los sapos y ranas continuaban croando y acompañados del perro, entre aquellos aromas a chuales, tolochaes y tierra mojada, besando nuestros rostros el aire húmedo de la alborada, apretujando junto a mi pecho mi muñeca de trapo, brincando charcas mi abuela y yo transitábamos felices rumbo al antiguo mercado Madro, como era la costumbre,  a la compra diaria y a moler e nixtamal en el molino de Don Ramón Briseño.

            “Abuelita el otro día te vi lavarle los ojos con orines a la niña...y aquella vez que mi mamá amaneció colte. Escuché clarito cuando le susurraste al oído “que se quite los calzones Bernardo y te envuelves el cuello con ellos”, cuéntanos abuelita al pachuco y a mi porque sabes tantas cosas”...el perro y yo atentos la escuchábamos. “A través de los siglos...en el lento paso de los milenios el conocimiento se ha ido  enriqueciendo con todas aquellas antiguas recetas herbolarias que en tantos años han sanado a un gran número de personas, las cuales, sin importar su credo, su raza o condición social hallaron el alivio a sus males.

            Los indígenas, por ejemplo, vivían en armonía con la tierra y la naturaleza...y sabían sobrevivir sin trastornar el equilibrio y el medio ambiente, ya que cuidaban la flora y la fauna para obtener medicina, alimento, ropa y abrigo. La causa de su extinción fueron las epidemias y la ambición que les trajeron  a su maravilloso mundo los europeos, legando a la humanidad esta bella tierra con todas sus riquezas en calidad de préstamo. Porque la tierra y la naturaleza es de las generaciones venideras, nosotros estamos de paso, y podemos disfrutar de sus recursos sin depredarlos. Nuestros antepasados dominaban para su supervivencia, además de tantas cosas, el conocimiento de las propiedades curativas de las plantas; el que se ha transmitido de boca en boca por generaciones. El hogar que cuenta con abuelitos o personas mayores, es afortunado, es como si tuvieras médico en casa, y es bueno que tengas interés en aprender, a veces es bueno ser preguntón, pero tenemos que saber ser prudentes”.

            A mis escasos años no entendía que significaba la palabra prudente, ni el pachuco tampco, pero nos parecía muy interesante todo lo que la abuela contaba y veíamos que hacía. – Nanita, por qué don Miguelito, el curandero, cuando le da el ataque a mi abuelita chica y se le engarruñan las manos, este dice “le vamos hacer una limpia”...y le pone una barejoniza con ramas del paraíso, albahacar y ruda?...- Ahh, eso yo no lo sé, él tiene su manera de curar, como otros curanderos del pueblo. – Fíjate abuelita que con doña Toñita Belmur, la esposa del zapatero, le llega mucha gente de los ranchos y le traen enfermos para que los cure y también traen chivos, gallinas, guajolotes, quesos y hasta loquitos...se hoyen rezos y cantos y salen bonitos olores a ramas y humo. – ¡Y como sabes todo eso muchacha metiche!...- No se lo quería decir, porque se iba a enojar, pero cuando usted se sienta a zurcir la ropa y darle el golpe al cigarro, me pongo a jugar a la matatena atrás del cerco de Doña Toñita...y se lo juro nanita que miro sin querer...-¡Cállese la boca que ya llegamos a la lonchería de Don Conrado de La Peña, nos vamos a tomar un café!. Al escuchar eso el perro que me parecía que se miraba tan bonito con el collar de alambre de cobre con limones tatemados en el cuello, porque éste tenía catarro, movió la cola de contento porque a él le compraba mi abuela un huarache.

            En aquel ayer, en las encaladas y lumbreantes hornillas en las ollas hervían las yerbas que la abuela cocía, golpeaba nuestra nariz aquellos aromas que de ella salían...huatamote, romero, malba, guayaba, yerbabuena, etc..., en aquel entonces cada determinado tiempo, los mayores se purgaban con sal inglesa, aceite de ricino o con yerba del indio...”hay que hacerse una limpia de estomago”, decía mi abuelita, y los purgados durante el día estaban a dieta con té de albahacar, yerbabuena, cojoyos de micle y de guayabo...y de alimento tomaban atole de masa, caldito de pollito o pichón o caldo de papas con bolas de cilantro. A los niños, ¡que gordo nos caía cuando a la abuela le daba por desparasitarnos!, al despertar nos agarraba en la cama, nos tapaba la nariz diciendo “para que no se de cuenta la lombriz”, y no metía una taza de epazote durante nueve días...y si no queríamos, os amenazaba con ponernos una lavativa con agua de malba...nos teníamos que doblegar, nos tomábamos   el epazote. Ah, pero que bonito cuando nos daba para la cena tecito de yerbabuena, con leche... o telimón, o té de hojas de naranjo con panocha, o té de damiana, o de geraneo de olor, o simplemente hoja de limón. Y cuando nos ponía una cintariza, os daba agua endulzada para el susto.

            En aquel añorado hogar, donde no faltaba el pozo de agua, las flores, los árboles frutales, y las plantas medicinales, las que eran más comunes en la región...albahacar, yerbabuena, ruda, romero, guatamote, yerba del manzo, manzanilla, micle, poleo, eucalipto, naranjo agrio, epazote, granados, guayabas, lomboy, hojas de bruja, sávila, zapote y el aromático telimón, así como toloaches, golondrinas y malvas. Todas estas plantas medicinales en el jardín, curaban las enfermedades mas comunes, dolor de estomago y diarreas, dolor de oído, catarro, constipado, hemorragias, dolor de garganta, llagas, nacidos, jiotes, boquilla, almorranas, dolor de cabeza, calenturas, mal de ojos y lombrices.

            Para las cortadas en la piel, contenían la hemorragia de sangre con un puño de sal...y si era muy fuerte, a le herida le ponían savia de lomboy o tabaco, para los chipotes por golpes les aplicaban vinagre o un puño de sal, o un pedazo de carne y al mudar los dientes los niños, se hacían buches de salmuera...y para las ampollas en la boca buches de agua con carbonato o se quemaban con piedra de alumbre. Si nos picaba “un bitachi”, abeja u hormiga colorada simplemente aplicaban un emplaste de lodo...pero lo que mas me gustaba ver era cuando la abuela mandaba a los chamacos a que se quitaran los mezquinos...los niños echaban un puño de graos de sal entera a la lumbre y corrían...el chiste estaba en que no se debía escuchar tronar la sal ¡y se caían los mezquinos!.

            Otra de las virtudes que adornaban a mi inolvidable abuela, además de que bajaba el latido, levantaba molleras, y curaba empachados, así como a los niños pujones los curaba con un mecatito de la ropa de algún Juan, pero nacido el día de San Juan, o cuates, también fue una magnifica sobandera...componía lastimados...mi perro viejo y yo la acompañábamos a curar a los lastimados...!que arte el de mi nanita!... llegaba a equis hogar, yo le detenía su bastón, el sombrero de palma y la botella de aceite de comer, con el perro echado junto a mis pies...ella se sentaba en una silla o banca y a sus pies por un lado ponía un traste con lumbreantes brasas, se calentaba las manos embarradas de aceite de comer, y suavemente sobaba al lastimado buscando los nervios y tendones con los dedos calientes, luego pegaba el jalón y decía “ya tronó”, era que ya quedaba acomodado el hueso en su lugar...hombros, muñecas, tobillos, huesos quebrados, los que entablillaba, rodillas saltadas, etc., y al terminar de sobar, calentaba en las mismas brasas hojas de zapote, las embarraba de aceite y las aplicaba en la parte dañada, luego las vendaba; con tres sobadas tenían los enfermos para quedar como nuevos. Y el pañuelo hecho nudo en el seno de mi abuela, se ponía abultado con las monedas de plata ley 0720 que estos le daban.

            Las plantas, decía ella, así como todo lo que nos rodea deben respetarse y cuidarse, porque es como cuidar la vida misma...aquella vez cruzábamos el arroyo del palo rumbo a la playa, iba a sobar a un lastimado y durante el camino con el bastón me iba señalando, diciendo para que servían las plantas que encontrábamos a nuestro paso...”este es guaco, y es bueno para el piquete de cualquier animal ponzoñoso, principalmente el alacrán, para los hongos de los pies y el mal olor, también para la influencia, trancazo o dengue; este otro, es yerba del pasmo, huele hermoso y es bueno para la inflamación de los pies y para los nacidos; la raíz de choya cocida con bolas de cilantro es buena para la inflamación del estomago y del vientre, y para después del parto y las calenturas...la raíz de choya cocida con guaco, es buena para el dolor de huesos...el palo adán antes se hacía jabón además de ser desmanchante para telas finas es bueno para el dolor de muelas y el levántate Don Juan para las reumas...la flor de la minorama frita en infundia de gallina, poleo y romero es bueno para el constipado y mas semillas de ciertos mezquites curan el mal de ojo, así como la leche de pecho en los recién nacidos.

            Íbamos, por aquel arroyo de blancas arenas perfumados a flores silvestres y ramas del campo...el perro y yo, estábamos asombrados de todo lo que la abuela sabía y nos contaba...con el pie aventé unas bolingas de chiva y la abuela dijo “!hasta esos cerotes de chivas son curativos!”, - Pero abuela, para que puede servir eso.  – No sea suata, que si sirve!...cuando se tiene sarampión, y todavía éste no ha brotado, se ponen a cocer amarrados en un trapito limpiecito unas bolingas de chiva, con bolas de cilantro y una raja de canela; se toma ese té y el sarampión brota parejito y la iguana que esta cazando el pachuco en ese tronco, su carne es sabrosa y cura la tosferina.

            “Pues yo no me tomaría eso si me diera sarampión, ni me comería la iguana si me diera tosferina ni aunque me pegaran con una cuarta”...- Ni churas la cara, ni digas tonterías, porque ya te los tomaste. Dios Guarde si te picara u uvar, tarántula o víbora, tendrías que tomar un té de yerba sin raíz...- Uy, y eso que es?. – Mejor no te lo digo porque no lo vas a creer...y aprieta el paso muchacha sin atropellar esas matas de toloache que son malignas paro también son medicinales sabiéndolas usar, sus hojas curan nacidos y cocidas con azufre curan el pie de atleta y malos olores en los pies.

            Abuelita, y la gente que vive para la sierra, en esos lugares tan lejos y que ni usted, ni el pachuco y ni yo conocemos, como le hacen para curarse cuando se enferman?, - Hum, la gente del campo, es la gente mas sana y hay quienes curan hasta la rabia, ellos saben como curarse porque en su habitat están rodeados de una gran riqueza de plantas medicinales, además de todas las que ya te he dicho; gobernadora, cardón, choya, yerba del indio, yerba de la buena mujer, chicura, estafiate, tabardillo, copal, copalquin, palo de arco, palo blanco, jumete, carambullo, y palo de brea, jojoba, orégano, damiana y palo brasil, y muchas más, y este conocimiento se pasa de generación en generación.

            Te acuerdas abuelita que cuando mordió al pachuco aquel perrote prieto le embarraste sávila y sanaron sus feas heridas...y cuando mi tío Lao lo mordió en una pierna aquella perra pinta de doña Anita Yenqui, lo curaste cociendo un clavo y un puño  de pelos de la cola de la perra...y como olvidar cuando me espiné el talón y la espina me la sacaste con la cera caliente de una veladora.
           
            Después de visitar aquel enfermo, muy serios pasamos nuevamente por el arroyo del palo, ya estaba oscureciendo, varias chacuacas presurosas se perdían entre el follaje inquietando al perro, de pronto la abuela dijo “te fijaste coyote?, como había gallinas en esa casa”, - Claro que las vi, y también vi un gallo bien raro, todo enchinado como guajolote. – Pues ese gallo es chino, y también es medicinal...su pluma cura la punzada o el golpe de aire en los ojos...pero tiene que ser la pluma del ala izquierda. Válgame Dios abuela, deveras que sabe usted muchas cosas...y no viste a la niña con el hábito de San Blas?, y en la cocina estaban saliendo aromas como que estaban cociendo cáscaras de granados y raíz de San Miguelito...bueno, han de estar malos de la garganta y con eso van a hacer gárgaras. – Abuelita, se acuerda de la fea cicatriz que se hizo con el hacha en un pie cuando cortaba leña en el leñero?...-mmj, - Como se llama el aceite con que se quitó la cicatriz?...-Vagre, lo sacan del pescado bigotón que se llama “chiguili”. – ¡Ese fue el pescado que se comió mi hermana mayor y se le atoró una espina, la que con todas las luchas del mundo no fue posible arrojarla! Y usted abuela le dijo: “ muchacha toma un tizón ardiendo de la hornilla y mételo alreves y echa a correr”, pos así lo hizo la muchacha, dio unos pasos y arrojó la espina.

            Abuelita aquella vez que partía chuniques atrás de la cocina, sin querer escuché que le decía a mi madrina para tener niña se acostara su viejo por su mano izquierda, y que para tener varón se acostara su viejo por su lado derecho, como está eso abuelita?. ¡como se enojó mi abuela cuando le pregunté eso! – Y que más oyó usted muchacha mentecata!, se lo juro por el pachuco que no oí nada más....- Pues no está usted para saberlo!. Mi abuelita guardó un silencio sepulcral ...tenía el rostro desencajado...iba muy enojada...!pero si te digo nanita linda que no escuché nada más, por eso te pregunté!...continuamos caminando por aquel arroyo, casi anochecía y el canto del grillo ya se escuchaba...mi abuela iba calladita, ya no quiso seguir hablando, el perro en la oscuridad de prieto, ni se miraba. Pero si escuchaba sus pequeñas pisadas en la arena...Abue, nanita...y mi nanita no me contestaba...yo ya estaba muy preocupada, quería romper aquel silencio que me lastimaba...abuelita tengo miedo, dicen que por aquí sale un hombre sin cabeza y un perro prieto echando lumbre por los ojos...al escuchar eso el pachuco también sintió miedo...!que perros prietos ni que ocho cuartos!, si te sale te voy a dar un té de palo de brasil para mal de espanto, al escucharla el alma me volvió al cuerpo.

            Bellos recuerdos...cuantas cosas hubiera podido yo aprender de mi adorada e inolvidable abuelita...pero ella murió cuando apenas tenía yo diez años.


            ...Y la luz de los relámpagos iluminó aquel cuarto en penumbras donde los niños dormían... 

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