martes, 6 de febrero de 2018

LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA √ĀLCARAZ
ūüíÄūüíÄ…CON LOS PELOS DE PUNTA…ūüíÄūüíÄ
“EL REENCUENTRO… SUCEDI√ď UNA NOCHE DE CARNAVAL”
Fue por la d√©cada de los 40...estaba en su auge la pesca del tibur√≥n...era aquella Paz de molinos de viento y floridos jardines. Aquella obscura noche de invierno, en el Sal√≥n Mutualista, romp√≠a cancha “El pel√≥n”, bailando alegremente con su pareja del momento, al ritmo de la noche y de hermosas notas musicales arrancadas a los instrumentos de las famosas orquestas de la √©poca...de Don Rafael Castro y de Don Luis Gonz√°lez...de pronto, “El pel√≥n”, se par√≥ en seco...no pod√≠a ser, se dec√≠a, lo que sus sorprendidos ojos miraban...entre el bol√≥n de gente, bailaba una hermosa joven, que muchos a√Īos atr√°s hab√≠a sido su novia, y quien le devolv√≠a la mirada y le sonre√≠a salud√°ndolo insinuante, como invit√°ndolo a acercarse...lo que ‘El pel√≥n”, ni tardo ni perezoso, lleg√≥ de inmediato junto a ella, y al estar frente a frente le dijo muy sorprendido “!Pero no es posible que seas Laura!...!pero si traes puesto el mismo vestido de cuando nos despedimos la √ļltima vez, hace ya mucho tiempo!...- ¡Claro que soy tu Laura!”, le contest√≥ ella, con una sonrisa seductora, “- Pero si me dijeron que hab√≠as muerto, casi me vuelvo loco de la desesperaci√≥n, al sentir que te perd√≠a; si hasta ya me cas√© hace algunos a√Īos, dijo con tristeza – Ya ves que no he muerto, nada m√°s me cambi√© de casa y de barrio; pero ven, sigamos bailando”, dijo ella, acarici√°ndolo...√©l sinti√≥ la frialdad de sus blancas manos recorrer su cuello...metiendo sus dedos entre su ensortijado y negro cabello, produci√©ndole raras sensaciones...pero por ning√ļn momento pens√≥ que se tratara de algo sobrenatural...!si hasta pod√≠a aspirar su perfume!.
Como en una enso√Īaci√≥n, de la que ‘El pel√≥n”, no quer√≠a despertar bailaron muy felices estrechamente toda la noche arrullados por la romancera m√ļsica de Don Rafael Castro...aquel inesperado encuentro hab√≠a sido sensacional para √©l...de pronto Ella se quit√≥ un anillo que √©l le hab√≠a regalado cuando fueron novios a√Īos atr√°s, y se lo puso al muchacho en el dedo me√Īique, mir√°ndolo a los ojos tiernamente y donde √©l pod√≠a ver en los suyos el negro abismo de la pasi√≥n. Cuentan los mayores que este caso fue muy sonado aqu√≠ en La Paz...El pel√≥n y Laura viv√≠an por el Barrio El choyal, y estaban comprometidos para casarse, pero como √©l era soldado, lo mandaron a una comisi√≥n a otro lugar, prometi√©ndole regresar pronto para realizar su amor y estar juntos. Al paso del tiempo, la muchacha se enferm√≥ y languidec√≠a de amor, hasta que una c√°lida ma√Īana de verano, falleci√≥, siendo sepultada en el pante√≥n de Los San juanes.
El triste acontecimiento de la muerte de la muchacha, casi enloquece al “pel√≥n”, que la amaba profundamente, y perdi√≥ el inter√©s por volver a esta ciudad de La Paz. Pasaron los a√Īos, y el tiempo que todo lo cura, trajo algo de tranquilidad a “El pel√≥n”, y se cas√≥ con una buena mujer; pero en el fondo del alma, le dol√≠a aquella herida que nunca cicatriz√≥. Esa obscura noche de baile en la “Mutualista”, baile del reencuentro, ‘El pel√≥n” ni por un momento dud√≥ que su ex novia estaba viva, si la sent√≠a palpitar entre sus brazos, y aspiraba el aroma de su negra y larga cabellera que se le pegaba a su rostro, en el que sent√≠a su aliento, as√≠ como aspiraba la frescura de su piel, la que sent√≠a demasiado fr√≠a, pero √©l pensaba que era por el fr√≠o que ah√≠ hac√≠a. Al t√©rmino del baile, pegando su cuerpo a√ļn m√°s al de √©l, ella le pidi√≥ que la fuera a dejar a su casa, con una mirada llena de promesas; a lo que √©l accedi√≥ encantado...caminaban abrazados por aquellos pedregosos caminos, de aquella Paz de anta√Īo...el caser√≠o dormido iba quedando atr√°s, entre aquellos aromas a barro quemado de las ladrilleras.
Y de vez en vez se deten√≠an bajo la fronda de alg√ļn √°rbol para besarse y acariciarse mutuamente...el tiempo y la distancia ni la sent√≠an...”es m√°s all√°”, le dec√≠a ella...y continuaban caminando...los perros aullaban lastimeros a su paso, que hac√≠a que se le enchinara la piel, pero “El pel√≥n” ni en cuenta tomaba esos detalles, que indicaba que algo no estaba bien...y con una sonrisita inocente, Laura lo iba conduciendo hasta donde ella quer√≠a llegar...y entre beso y beso, le dec√≠a “Ahora es por aqu√≠ o v√°monos por ac√°”, y as√≠ se lo fue llevando hasta que sin darse cuenta el pobre muchacho, llegaron a la puerta del pante√≥n, la que se abri√≥ misteriosamente, rechinando sus goznes...y √©l como que volvi√≥ a la realidad, y temeroso le dijo “Mi amor, pero si aqu√≠ es el pante√≥n. – No temas cari√Īo”, le dijo ella, y se√Īalando con su blanca mano, apunt√≥ a la lejan√≠a “All√° esta mi casa”.
A esas horas de la noche en el pante√≥n, “El pel√≥n”, sent√≠a un extra√Īo cosquilleo en toda la piel...y al trasponer la puerta del pante√≥n de Los San Juanes con ella fuertemente abrazado, de pronto...entre sus manos la hermosa y cautivadora Laura de negros y largos cabellos, desapareci√≥...ante sus ojos, se esfum√≥...los pinos llorones se mec√≠an l√ļgubremente, como emitiendo murmullos...los perros aullaban, y el molino de viento como alocado daba vueltas y vueltas aventando chorros de agua...el pobre ‘Pel√≥n” se qued√≥ como clavado al suelo en la puerta del pante√≥n... estaba como son√°mbulo...re√≠a y lloraba al mismo tiempo, dec√≠a hist√©ricamente mir√°ndose a las manos, “De aqu√≠ desapareci√≥, este anillo me lo puso anoche que bail√°bamos, Laura vino del m√°s all√° a regres√°rmelo”, y as√≠ amaneci√≥ hablando incoherencias, la gente que lo miraba no entend√≠a lo que pasaba, cre√≠an que el muchacho estaba enfermo. Hasta que por fin, su familia lo localiz√≥ y se lo llevaron a su casa, y poco a poco lo hicieron volver a la realidad. Ellos no entend√≠an que era lo que le pasaba, porque nom√°s musitaba “De mis manos desapareci√≥”.
Pasaron los d√≠as, y ‘El pel√≥n” ya no fue el mismo. Se encerr√≥ en s√≠ mismo, y no quiso platicarle a nadie lo que le hab√≠a pasado, porque pens√≥, s√≥lo se reir√≠an de m√≠ y creer√≠an que estoy loco. S√≥lo a su se√Īora madre le escribi√≥ una carta, narr√°ndole todo lo que le sucedi√≥; y despidi√©ndose de ella, y dej√°ndole la sortija que Laura le dio, el Pel√≥n entr√≥ en una tremenda depresi√≥n, hasta que una tarde de invierno a los pocos d√≠as del macabro suceso de la mujer que se apareci√≥ en un baile y desapareci√≥ en el pante√≥n, tom√≥ la decisi√≥n de quitarse la vida de un balazo. La gente en aquel tiempo, dec√≠an que Laura vino por ‘El pel√≥n”, ya que tanto se amaban y para que cumpliera su promesa de estar juntos para siempre. Mucho se habl√≥ de este espeluznante suceso, y algunos todav√≠a lo comentan...seg√ļn se dice, la madre a√ļn viv√≠a y conservaba en ese entonces la carta y el anillo que el Pel√≥n le dej√≥, cuando escrib√≠ y publique este relato hace m√°s de 15 a√Īos.
...Cuando vayas al baile a la Mutualista, ándate con cuidado...no vaya a ser la de malas, que se te aparezca la mujer de largos y negros cabellos...y desaparezca conduciéndote con sus mimos hasta el panteón.
…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…

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