martes, 30 de octubre de 2018


LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ.

“LA CASA DEL PERRO PRIETO”
CON LOS PELOS DE PUNTA.




            Eran las doce del día de aquella cálida mañana en esta bella y paradisiaca ciudad de La Paz...por la calle Forjadores, pasando el arroyo, en una prestigiada negociación pintada de llamativo color, terminaba mis asuntos con el gerente, y al despedirme con la mano extendida aun, de pronto, sentí el espanto más grande de mi vida...a escasos dos metros de distancia, casi junto a mí, escuché el horrible gruñido de un enorme perro a punto de atacarme. La agilidad de la mente es asombrosa, y al instante pensé “este perro ya me mató, no voy a alcanzar la puerta”, y lo único que pude decir, fue “¡señor, se le soltó el perro!”. Y el dueño del negocio, con toda la calma del mundo, mirándome a los ojos me dijo “cálmese señora no hay ningún perro”. “¡pero como no!”, le dije asustada casi estaba junto a mi y me ataca. También yo lo escuché me dijo aquel buen hombre pero no hay ningún perro. Yo no salía de mi asombro. ¿Cree usted en los espantos?, me dijo el señor...pues....fíjese que si. – pues que bueno, me dijo, porque sé que no se reirá de mi con lo que le voy a contar.

             Muy serio, el señor me tomo de la mano y palmeándome la espalda para que se me pasara el susto, me invitó a inspeccionar el local para que me convenciera de que no era posible que allí hubiera un perro, y menos de las proporciones de acuerdo con los gruñidos que correspondían a un animal muy grande. Ya convencida, y más calmada, me dijo “yo soy de criterio abierto, y respeto todas estas cosas. Cuando iniciamos este negocio ocupamos gente diversa para la reparación del local, que como usted se da cuenta es muy chico y únicamente tiene baño y la puerta principal sin salida por otro lado. Aquella mañana de Abril, un escándalo se hizo porque la persona que andaba pintando salió despavorido hasta la carretera dejando un tiradero de pintura por todos lados y por poco lo atropellan los vehículos...gritaba aterrorizado ¡me va a atacar el perro prieto, por favor ayúdenme! y se dio dos vueltas manoteando, como que estaba luchando con el animal, y de pronto cayó al suelo, retorciéndose y haciendo ademanes como si se quitara el animal de encima.

            Desde luego, todos creímos que estaba loco o drogado, pero no, el muchacho se soltó en amargo llanto al ver que no era nada real la amarga experiencia que había pasado. Ya calmado, describió los hechos: que era un perro prieto enorme, tan negro como la noche de pelo brillante, de ojos refulgentes y hocico  babeante; andaba pintando la pared y de repente escuchó un feo gruñido acompañado de jadeos...de pronto, salió del rincón  cerca del baño aquel enorme animal y se le abalanzó de  un salto, que hasta sintió las mordeduras y su horrible jadeo sobre su cara cuando lo tenía en el suelo. El muchacho ya no volvió a trabajar en este lugar, y ni de la paga se acordó, ya no lo volvimos a ver. Continuó diciendo el señor de la casa del perro prieto, que él seguido escucha lo feos gruñidos y jadeos del animal, pero como no le demuestra miedo ni se mueve de su lugar, ni levanta la vista, no pasa a mayores y no le da importancia. Dice que él no ha visto al perro, pero siente su presencia dentro del local, que ya hasta se acostumbró a convivir con ese animal, al que si se le demuestra temor, puede verlo y lo puede atacar, aunque de una manera imaginaria.

            Sobre esta leyenda de la casa del perro prieto, cuentan los mayores, que en el siglo pasado cuando la minería y la pesquería de perlas estaban en su apogeo...una señorita de distinguida familia radicada en la tierra minera El triunfo, estaba próxima a contraer nupcias con un conocido joven de esa localidad; y que acompañada de sus tías, ya mayores, y su dama de compañía, en un carruaje negro apenas iluminado con un farol pegado al pescante jalado por cuatro briosos corceles venía a La Paz a comprar lo necesario en la Casa Ruffo para su ajuar de novia. El rápido trotar de las bestias y el traqueteo de las ruedas del carruaje se escuchaban como alegres castañuelas por brechas y polvorientos caminos. Después de largas y agotadoras jornadas, llegaron a la posta de San Pedro, amarraron las bestias en los apersogaderos para su refresco, y se hospedaron en la casa del pueblo para pasar la noche. Después de un breve descanso, al canto del gallo, muy de madrugada emprendieron el camino rumbo a La Paz...el carruaje se deslizaba a gran velocidad, pues amenazaba lluvia...negros nubarrones adornaban el cielo, tornándose más obscura la madrugada...el agua empezó a caer a cántaros apagando el chasquido de los látigos sobre las bestias y de las ruedas del carruaje negro sobre las charcas...de pronto, al pasar por el arroyo grande, donde estaba un gran mezquitón seco, el que había partido un rayo en otras épocas de lluvia,  por donde es ahora la casa color naranja del perro prieto bajo el árbol, iluminado por los relámpagos estaba un hombre muy alto pidiendo parada, vestido de catrín, de traje  color negro, de sombrero de alta copa, negro también, con unos papeles bajo el brazo, y con un rojo clavel en la solapa del saco...el rostro no se le miraba en la obscuridad del amanecer y estaba acompañado de un gran perro prieto de ojos muy brillantes al que amarraba con una cadena.

            Las damas se persignaron al tiempo que el cochero hizo la parada del carruaje para ayudar al hombre de negro bajo la lluvia, las bestias relincharon parándose en las patas traseras, el hombre del perro prieto,  el que sin decir una palabra de un salto se sentó en el pescante, y soltándole la cadena al perro, éste  se acomodó al lado de las bestias, las que se encabritaron y llevaban los pelos erizados...con gran dificultad el cochero lograba dominar los inquietos animales. El cochero iba extrañado porque no se le miraban lo pies al catrín, pero no le dio importancia, aun cuando se dio cuenta que el perro parecía que volaba al lado de los encabritados animales, bajo aquel torrencial aguacero...la tía Lorenza sintió un temor para ella desconocido...presentía algo malo...cuando iban dando vuelta por el gran árbol Palo verde en el cruce de los caminos reales, donde después fue la animita, la tía Prócula sacó discretamente el escapulario y con una fe inquebrantable se puso a orar...al momento, el hombre y el perro negro desaparecieron, ante los sorprendidos ojos del cochero,  dejando un fuerte olor a azufre, rompiendo el silencio el horripilante aullido del perro.

            El cochero, era un hombre de temple fuerte, acostumbrado a estas cosas, ya que a su paso por la piedra larga le habían sucedido cosas muy extrañas y sus mayores les contaban muchas leyendas, como era la costumbre; y para no asustar más a las damas, las que gritaban aterrorizadas, fustigó fuertemente las bestias,  y pudieron salir airosos de esos caminos y llegando felizmente a La Paz. Al regreso, después de realizar las compras, el paso obligado era por donde está ahora la casa del perro prieto, pero ya estaban prevenidos, y las mujeres iban cargadas de rosarios, de palmas y agua bendita y no volverían a levantar a nadie en el camino.  Hay quienes han pasado por la casa del perro prieto y lo ven dentro de la negociación a altas horas de la noche, aventándose sobre las vidrieras, pero piensan que es el guardián, aunque les parece muy terrorífico. Otra experiencia sobre la casa del perro prieto vivida por Doña Chuyita y su esposo; dicen que en una ocasión que venían de Los planes, como a las once de la noche, les llamó poderosamente la atención que en la casa en mención, en el marco de la puerta estaba un hombre altísimo vestido de negro con sombrero como el descrito anteriormente, con un enorme y horripilante perro prieto amarrado con una cadena, haciéndoles la parada, pero que ellos se fueron de largo porque sintieron temor y no acostumbran levantar gente, menos a esas horas de la noche. En otra ocasión, Jacinta y Pedro proyectaban poner un negocio de alimentos, y se interesaron por algunos utensilios que venden en la mencionada negociación y fueron como a las nueve de la noche a verlos a través de los cristales y se fueron despavoridos al ver el enorme perro prieto que se aventaba sobre los escaparates con los ojos muy refulgentes.

            ...Cuando pases por la calle Forjadores, por la casa del perro prieto...más vale que vayas prevenido, porque en cualquier momento, el gruñido y el jadeo del perro prieto te pueden espantar.


…por el placer de escribir…recordar…y compartir…




LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ

“DIAS DE LOS FIELES DIFUNTOS Y AQUELLAS COSTUMBRES.”

  • “APRIETEN EL PASO, Y VAYANSE EN SILENCIO Y CON CUIDADO NO VAYAN A PISAR LAS TUMBAS DE LOS DIFUNTOS”…DECIA MI SABIA E INOLVIDABLE ABUELA…EN AQUEL AYER.

  • EL HALLOWEEN ES UNA COSTUMBRE EXTRANJERA…ES EL FESTEJO DE DIA DE BRUJAS.



          Antiguamente la costumbre en las familias sudcalifornianas era honrar a los familiares fallecidos, rezándoles el rosario en sus tumbas, prendiéndole veladoras, y llevándoles coronas y arreglos florales elaborados en el propio hogar con papel de china, papel crepé, papel lustre y las muy elegantes, hechas con lámina de desecho como latas vacías, de manteca o del alcohol de caña, entre la de otros productos. Estas latas vacías eran muy apreciadas porque se reciclaban, se utilizaban para los arreglos florales de las tumbas o del altar de los santos en los hogares. Había algunas señoras que se dedicaban a elaborar coronas para vender y esta industria apoyaba su economía familiar. También era muy común llevar flores frescas y naturales de los jardines, ya que en su gran mayoría las familias de La Paz, cultivaban hermosas y variadas flores, las que ponían a la venta también, en las diferentes ocasiones tan importantes en el año; como el día de los fieles difuntos, para el día de las madres, primeras comuniones y ofrecimientos a la Virgen, para los ramos de novia, o simplemente para los funerales.

            Fueron tiempos muy hermosos donde se sentía la unión familiar. Con este oficio de elaboración de flores y coronas, desde los primeros días de octubre, se preparaba el material y empezaban con la producción de las coronas en la que participaba la familia, desde la abuela y demás miembros de ella.  Narrando entre cuento y cuento de los mayores, recordando a los seres queridos, sus historias y anécdotas de su paso por la vida, iban surgiendo de sus manos verdaderas obras de arte. Para los días últimos de Octubre, ya estaba todo listo y las paredes de la casa iban quedando tapizada de coronas para el gran día que era una fiesta importante para la familia; la visita al Panteón de los San Juanes, que se realizaba los días de las madres, (no se acostumbraba el festejo del día del padre), día de los fieles difuntos, el santo o aniversario del fallecimiento del familiar. No era costumbre hacerles misas a los muertos en las Iglesias. Estas  se celebraban como un gran acontecimiento en el panteón el día de los muertos, y asistía casi toda la gente de La Paz.



            Por la década de los 50...la mortecina luz de los faroles iluminaba la habitación con vivos colores de las flores de las coronas elaboradas con lámina y otros materiales, por los mayores. Hermosas obras de arte colgaban en la pared las que serían llevadas a las tumbas de los familiares al panteón de Los San Juanes, la madrugadita del 2 de noviembre. En un esquinero, junto al perchero, donde siempre colgaba la cola de caballo con sus peines encajados, la toalla y la jabonera, y los cepillos dentales así como su pasta, estaba el balde repleto de hermosas y perfumadas flores con su mejoral para que no se marchitaran, flores producidas en los jardines de algunas familias que se dedicaban a su venta. En ese esquinero de mis recuerdos estaban también los fósforos, la lámpara de mano, las veladoras y la escoba y bajo el perchero en su tapete, dormía plácidamente mi perro viejo, El pachuco, quien nos acompañaría en ese viaje tan importante: la visita al panteón.

            Al canto del gallo, ya estábamos listos para partir rumbo al panteón. Aquella fría mañana de otoño, el fuerte airecillo del noroeste azotaba nuestros rostros...con el viento la hojarasca se desprendía de los árboles quedando el suelo como mullida alfombra...el ruido de nuestros presurosos pasos eran apagados por el canto de los gallos, grillos y aullidos de perros, así como por el ruido que hacían las mujeres a esas horas de la madrugadita, con sus escobas de varejón de dátil  barriendo y regando el frente del patio de sus casas, como era la costumbre...el chirriar de las rondanillas sacando agua de los pozos para el regado de plantas, patios y calles, apagaba nuestras voces que como en un susurro mi abuela decía “aprieten el paso, nunca es más oscuro, que cuando va a amanecer”, e iba alumbrando el camino con su lámpara de mano y la chispa del cigarro del tigre que como luciérnaga se miraba en la obscuridad, así como el perrito iba por delante.

            ¡Qué contento corría el perro cruzando aquel arroyo de agua dulce que bajaba del cerro antes de llegar al panteón!, allí hacíamos alto y nos mojábamos el rostro para acabar de despertar. Mi madre, tomaba agua del arroyo con sus manos y rociaba el ramillete de  perfumadas flores metidas en el balde con su mejoral. Mi abuelita llevaba en la bolsa de sus largas naguas el rosario y los fósforos, además de alumbrar el camino. Mi madre cargaba el balde de las flores, mi demás hermanos las coronas y yo, las veladoras y la escoba. El perro en su hocico llevaba mi muñeca de trapo. Al caer el alba, ya estábamos en la entrada del panteón de Los San Juanes. Los señoriales y antiguos mausoleos hacían marcado contraste con los montículos de tierra y su lóbrega cruz...el viento y los pinos llorones gemían en triste lamento entre las tumbas...aquella mañana de los dos tiempos de la década de los 50, con su papalote al vuelo, el viejo molino de viento nos daba la bienvenida aventando chorros de agua dulce y cristalina a la gran pila, que a mis escasos años me parecía enorme y maravilloso, aquel espectáculo…todos en silencio…aprieten el paso decía la abuela, no hagan ruido a los difuntos y no vayan a pisar las tumbas…

            Nativa del Rosario, Sinaloa, mi abuelita materna, Doña Francisca Gárate Alcaraz, fue la primera de nuestra familia que pagó su cuota en esta tierra bendita de Dios. La tumba de mi mamá “chica”, quedó más allá del molino, y era de las últimas en aquellos años. Con cuanto amor mi madre, Doña Juanita Alcaraz Gárate, arreglaba aquella tumba rodeada de toda la familia, y le ponía todas las flores y coronas mientras que mi abuelita prendía las veladoras y muy solemne sacaba su rosario, y todos rezábamos. El perro, con la muñeca en el suelo, muy respetuoso observaba la escena y nada más se escuchaba el tong tong del molino y el susurro del viento.





            El Halloween es una costumbre extranjera...es el festejo del día brujas...de ninguna manera debe enseñarse a los niños esta influencia extranjera en los jardines de niños, ya que daña su mentalidad, si tomamos en cuenta que la educación preescolar es la base que forma de manera integral al niño, definiendo y afirmando su personalidad en un futuro. El Halloween no es costumbre nuestra. La tradición tan bonita del “altar de muertos”, tampoco es costumbre de los sudcalifornianos, la han traído las personas procedentes del interior de la República que han venido a radicar a estas tierras, contribuyendo al engrandecimiento de la misma con sus tradiciones, costumbres y esfuerzos. Y como el altar de muertos es muy mexicano, la hemos ido adoptando con agrado. 

En la actualidad, en el Panteón de Los san juanes, que según la leyenda debe su nombre a dos Juanes, padre e hijo. Éstos andaban cazando patos y otros animales atrás del cerro en la laguna que había, y cuentan los mayores que murieron de sed. Alrededor de incontables difuntos duermen el sueño eterno; y los mausoleos y capillas son una verdadera obra de arte, y otras son un montículo de tierra, aunque algunas están abandonadas. El panteón fue fundado en la última década del siglo antepasado, siendo presidente municipal Don Gastón Vivés, porque ya no era suficiente el anterior, debido a tantas defunciones provocadas por pestes y epidemias de la época. Antes,  el panteón estuvo donde es hoy el Estadio Arturo C. Nahl, también fue panteón por la calle Guillermo Prieto y Reforma, así como donde era la Escuela Uno, ahora Miguel Hidalgo. Y el panteón del Zacatal fue de los más antiguos. Para este histórico panteón del Zacatal, el que tiene muchas leyendas, el ingeniero Don Alfredo Savín donó los terrenos.

            ...Y de entre las morenas manos iban surgiendo hermosas flores de lámina y otros materiales, para honrar a los difuntos el 2 de noviembre...

…por el placer de escribir…recordar…y compartir…


LA PAZ QUE SE PERDIO

POR: MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ


“EL AHORCADO DE LA CALLE 16 DE SEPTIEMBRE”
CON LOS PELOS DE PUNTA


El constante rechinar de la cuerda que se mecía lúgubremente de la viga de aquél techo, en el piso superior tenía inquieto al empleado de aquella prestigiada negociación de la calle 16 de Septiembre e Isabel la Católica. Y harto de tanto escuchar ese vaivén que le erizaba  la piel y se la ponía como de gallina, aquella tarde de invierno el joven Idelfonso animado por sus compañeras de trabajo, tomó la firme decisión de investigar que eran esos macabros ruidos que le parecían que le taladraban el alma. De dos zancadas subió las escaleras de madera hacia el almacén, y el fuerte taconeo de sus pisadas no lograban apagar el suave rucu-rucu de la soga que se mecía lentamente.... escuchándose al momento un horripilante alarido de espanto, al tiempo que rodaba aquel joven hasta el suelo por las escaleras.


Fue una obscura tarde de invierno....llegue a esa negociación con un proyecto de publicidad a pedimento del gerente, en esa época hace ya más de 20 años. “Señorita, les dije; ¿es tan amable de anunciarme con el señor fulano?” Las jóvenes con el espanto reflejado en el rostro se miraban una a la otra tirándose la bolita...apretujándose las manos muy nerviosas decían, “que vaya ella, no, sube tú,” decía la otra, con la mirada recelosa, volteando para todos lados como asustada,  lo cierto es que ninguna de las dos quería subir por aquellas tétricas escaleras, ni aunque les dieran todo el oro del mundo. Bueno, pues ¿qué le pasa por que tienen tanto miedo? Yo necesito hablar con el gerente, por que esta publicidad tiene que salir ya. Las pobres jovencitas casi lloraban y temblorosas me dijeron, señora, ¿cree usted en los espantos? ...pues....pues....pues fíjese que sí. Vera usted,  que no queremos subir por que arriba sale un  hombre colgado de una cuerda con los ojos muy pelones y la lengua colgando casi hasta medio pecho, !como así, no puede ser, si estamos en pleno siglo XX, le dije incrédula! Y las pobres muchachas haciendo la señal de la cruz, dijeron se lo juramos por esta. El pobre Idelfonso un compañero nuestro tiene tres días enfermo por el susto que se llevó, no se ha presentado a trabajar y nosotros, pues antes de que den las 7:00 de la tarde ya  nos queremos ir a nuestras casas.


Continuaron diciendo las muchachas, que hace mucho tiempo que se escuchaban ruidos raros en el piso de arriba, así como alaridos agónicos, pasos, y un fuerte ruido como algo pesado que cae al suelo. Y aquella tarde que se escuchaba todo aquello, le picaron su amor propio a Idelfonso y le dijeron que era un miedoso. Ni tardo ni perezoso, el muchacho subió de dos zancadas las escaleras entró al almacén y al momento empezó a gritar histéricamente! hay un ahorcado...hay un ahorcado!, al tiempo que rodaba hasta el suelo por las escaleras, con el  rostro descompuesto por el espanto. Cuando el muchacho se calmó un poco, dijo “el ruido que se escuchaba es una soga con un hombre joven colgado con los ojos muy pelones  y la lengua colgándole a medio pecho, se mece lúgubremente y el hombre viste pantalón ancho de mezclilla camisa de manta, un paliacate rojo anudado al cuello, estaba descalzo y un pedazo de tronco ladeado a sus pies; y lo más espeluznante es que ante mis propios ojos se fué desvaneciendo aquello que  era como una visión fantasmal”. Dijeron las jóvenes que el muchacho se deprimió tanto que ya no regreso a trabajar; y que ellas andaban buscando otro trabajo, por que ahora que sabían que sale esa alma en pena, del ahorcado les da mucho miedo. Antes escuchaban los lamentos agónicos y los ruidos, pero no le daban importancia y el rucu rucu del mecate, creían que eran ratones; pero después de esto, ya no querían trabajar ahí. Terminaron diciendo Rocío y Elena. Ante estos argumentos tampoco yo quise subir esas escaleras, y como ya era muy tarde deje pendiente el proyecto de publicidad, para llevarlo otro día, pero que fuera de día, por si las dudas, no vaya a ser la de malas...y me fui rapidito, parecía que hasta el viento me llevaba.

Sobre el ahorcado de la 16, cuentan los mayores que por la década de los treinta, cuando La Paz, era territorio y era gobernada por jefes políticos o militares, esa parte del pueblo era puro monte, y perdida en ese monte estaba una casita de adobe y techumbre de palma, sombreada por grandes y viejos mezquitones, además de un gran palo verde. La casita estaba habitada por una señora que vivía sola, y hacía pan, empanadas y tamales para vender; que un jovencito del pueblo le vendía sus productos y que una de tantas veces le llegó a la señora con cuentas mochas, diciendo que se le perdió el dinero, y la mujer se enojó tanto, que sin decir una palabra agarró una soga, y colgó al pobre muchacho del gran palo verde. Que nunca se hizo justicia por que la mujer era pariente  de un general.

Otra versión sobre el ahorcado de la 16, cuenta don Polito, un tierno viejecito de 90 años de edad, que le contaba su padre, que en el siglo pasado, en la época de la explotación de las minas de San Antonio y el Triunfo, que estaban en su apogeo, y que rodaban el oro y la plata, venía la “conducta” cargada de barras de oro y plata por lo pedregosos caminos reales, era una carreta tirada por doce mulas negras, que se dirigía rumbo a La Paz,  al muelle fiscal concretamente donde sería embarcado el mineral; y después de hacer la obligada parada en la posta de San Pedro, la Conducta continuo su camino rumbo a su destino.... que nomás se escuchaba el chasquido del látigo sobre los lomos de las bestias...pero que al dar vuelta por los cruces del camino donde después fue la animita, le salieron al paso unos bandidos y  se apoderaron de la carreta y el asustado cochero no tuvo tiempo ni de tomar su fusil, ya que los bandoleros se treparon por atrás de la carreta, por los lados y derribaron  un árbol y lo aventaron en el camino al paso de vehículo, para que se detuviera.

Dominada la situación, desviaron la carreta con su preciada carga por entre el monte por donde es ahora Isabel la Catolica y 16, y en el gran árbol palo verde colgaron al pobre cochero, bajaron el oro y la plata, soltaron la carreta con las mulas, que a fuerza de la costumbre, llegó sola y vacía al muelle fiscal. Por más que rastrearon y buscaron nunca encontraron el cargamento y a los varios días encontraron el cuerpo ya descompuesto del pobre muchacho. Unos decían que por ese arroyo de la 16 los ladrones sepultaron el tesoro; otros decían que ya tenían listos otros animales, que los cargaron y se los llevaron, lo cierto es que nunca se supo quienes fueron los ladrones ni donde quedo ese valioso cargamento de barras de oro y plata.

Cuando pases por la calle 16 de Septiembre más vale que te vayas persignado y aprietes el paso no vaya ha ser que escuches el lúgubre vaivén de la soga del ahorcado.

…por el placer de Escribir…y…compartir…



miércoles, 24 de octubre de 2018


LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ

… CON LOS PELOS DE PUNTA…

“LA MUJER DE NEGRO...Y EL VESTIDO DE NOVIA...EN UNA NOCHE DE CARNAVAL”.


            Este tenebroso e insólito hecho sucedió en la plazuela de antaño, o Jardín Velasco...fue por la década de los 60 del siglo pasado...Febrero de 1959, para ser exactos...era aquella Paz del romance, de serenatas a la luz de la luna, y de huertos perfumados a flores y azahares...estaba en su auge el algodón y la espiga dorada del trigo en el Valle de Santo Domingo...tiempos de jauja en La Paz...hasta nos andábamos riendo solos...todavía nos conocíamos todos y era una costumbre el saludo a las personas que iban pasando por la calle...era una noche de plenilunio...fría noche de carnaval, de aquellos, en que abundaba la alegría, las mascaritas, cascarones y serpentinas...las orquestas del momento de Don Luis Gonzalez y Rafael Castro así como la Banda de Sinaloa amenizaban el gran baile frente al antiguo palacio de gobierno, en el Jardín Velasco...entre fumarolas y aromas a tabaco,  otros perfumes y los ruidos propios del carnaval, el alegre taconeo de las muchachas se escuchaba y demás gente que se divertía sanamente al compás de las notas musicales dándole vuelo a las almidonadas crinolinas y las colas de caballo, arrullados por la luz de la Luna, moda de aquellos tiempos.

            Eran las dos de la madrugada de aquella noche invernal...el joven taxista Manuel Salvador Villalobos, no se imaginaba la espeluznante experiencia que viviría esa noche de carnaval...estaba extenuado pero muy contento de tanto bailar en aquella noche maravillosa de frenesí...de pronto, sintió ganas de saborear un exquisito y calientito menudo, y entre codazos y empujones se abrió paso entre aquel gentío que gozosos bailaban y se dirigió al restaurante ‘Mi preferida”, de Doña Pachita Díaz de Espíndola, de gratos recuerdos el que estaba ubicado donde ahora es el Edificio Armenta, el joven se sentó y pidió un plato de menudo...en esas estaba, dándole gusto al paladar, cuando llegó un señor a solicitarle un “corte”, que lo llevara al mirador, donde es ahora la Colina de La Cruz. El mirador era un lugar, lo que viene siendo ahora El ranchito. Don Manuel Salvador, quien se distinguía por su profesionalismo y trato al cliente, llevó al señor al lugar que le solicitaba. Cuando venía de regreso, por donde estaba el letrero “la flecha indica”, frente al panteón, estaba haciéndole la parada una esbelta mujer ataviada toda de largos ropajes negros y se cubría el rostro  con un rebozo negro también. Eran altas horas de la madrugada...el viento helado de “febrero loco” mecía los pinos y demás árboles del panteón, perdiéndose entre los mausoleos los ruidos que parecían lamentos...

            ...Los perros aullaban lastimeramente, la Luna se ocultaba entre una nube como no queriendo ser testigo de lo que iba a suceder. El valeroso chofer, muy solícito estacionó el taxi y la mujer de negro, ocultando el rostro, subió a él...ya dentro  del vehículo, la misteriosa mujer le dio un papel escrito al chofer indicando la dirección y decía “Lléveme por favor a Escuela 27 y Aquiles Serdán” así se llamó en la antigüedad la Escuela Allende. Manuel Salvador, chiflando de contento, porque la distancia era lejos,  y sacaría un buen “jale” enfiló a la dirección mencionada...el muchacho, de vez en cuando, miraba receloso por el retrovisor tratando de ver el rostro de la muchacha...pero sus ojos se encontraban entre un envoltorio negro en la cabeza y el rostro, con una mirada cargada de tristeza que le penetraba hasta el fondo del alma...al fin llegaron a la dirección mencionada...era una casa antigua de ladrillo. La joven, con su blanca mano, le hizo señas que la esperara, luego, bajo y se metió a dicha casa...pasó un buen rato, treinta minutos, quizás más. De pronto, ante la sorpresa de Manuel Salvador, quien arrellanado  y somnoliento cómodamente se encontraba esperando en el taxi, a esas horas de la madrugada, la joven quien bajó ataviada de negro, regresó vestida de novia, con el rostro cubierto por el velo, portando su ramo, y arrastrando una larga cola...ésta se subió nuevamente al vehículo despidiendo exquisitos aromas a “huele de noche” y otras flores.

            La joven vestida de novia, ya dentro del vehículo, le dio otra vez una nota escrita indicando que la llevara “La colonia de Los San Juanes”. Aun así, esto no llamó la atención de Manuel Salvador, porque pensó que era normal que la llevara por el rumbo de donde la había levantado. En aquella madrugada carnavalera, el caserío de la Paz aquella como sombras fantasmales iban quedando atrás... el taxi de Don Manuel recorría presuroso inundado de aquel perfume a Huele de noche con su tétrica pasajera ataviada de albos ropajes por las calles de aquella Paz dormida...al fin llegaron frente al panteón, y la misteriosa novia bajó del taxi, y sin emitir una sola palabra durante todo el trayecto extendió la enguantada y fina mano, y le dio otra nota al chofer que decía “cóbrele por favor el servicio a mi padre, llévele esta nota”.; y muy campante la mujer se metió al panteón abriéndose las puertas como por arte de magia a su paso, rechinando lúgubremente los goznes de las misma.

            Ni así, Manuel Salvador sintió miedo ni recelo alguno, entre aquel aroma a barro de las ladrilleras de los industriosos yaquis del Esterito, somnoliento emprendió el camino de regreso a su hogar, pensando que más tarde pasaría cobrar su trabajo porque ya los ojos se le cerraban de sueño y no le pareció prudente levantar gente a esa hora nada más para cobrar el corte.
            Después de un reparador sueño, a buena hora, el taxista fue a la dirección indicada a llevarle el recado al papá de la mujer de negro y que luego se vistió de novia...llegó a la casa mencionada, y salió la señora diciéndole que no habían solicitado ningún servicio de taxi...ando buscando al señor fulano de tal, dijo él, le vengo a traer este recado de parte de su hija.  Salió el señor, el chofer le entregó la nota y al verla, éste palideció al tiempo que leía incrédulo aquel papel  que decía “PAPA, PAGALE AL SEÑOR EL SERVICIO POR FAVOR, GRACIAS, TU HIJA CARMEN” aquel hombre no podía creer lo que estaba leyendo, sus ojos parecía que se le iban a salir de las órbitas...temblando todo, se soltó llorando al tiempo que exclamaba “!No puede ser, no puedo creer lo que estoy leyendo, pero si es la letra y la firma de mi hija Carmen!”, “!Pero que pasa!” dijo el chofer, sin comprender todavía lo que sucedía, diciéndole a los señores todo el servicio que le dio a  la joven de negro, y que luego se vistió de novia. Al escuchar esto, la madre, como desesperada metiéndose dentro de la casa, y saliendo al instante espantada bañada en llanto, gritaba “!El vestido de novia no está en el ropero, mi hija Carmen vino por él!”. Aún así, el taxista no comprendía lo que pasaba...entonces, el padre muy compungido, quien estaba vencido por el dolor, apenas pudo musitar...”Es que mi hija Carmen murió hace quince días, estaba a punto de casarse, y una mujer le quitó el novio a ésta y la dejó plantada; ella no pudo soportar la pena, y se suicidó”. El taxista quedó clavado en el suelo de la impresión...no daba crédito a lo que estaba escuchando y a la macabra experiencia que había vivido esa noche de carnaval.

            ...por las polvorientas calles de aquella Paz dormida...noche de Carnaval...el taxi de Don Manuel Salvador transitaba con su fantasmal pasajera a altas horas de la madrugada...

…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…






LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA

“LA MUJER DE NEGRO DE LA 16...QUE SE SUBE A LOS TAXIS Y LUEGO DESAPARECE”.




            En las madrugaditas aquellas de La Paz de los molinos de viento, en las empedradas calles se escuchaba el fuerte traqueteo del negro carruaje tirado al trote por briosos y negros corceles también, llevando su bella pasajera, al que estaba envuelta en la historia y la leyenda “La dama de negro de la 16”...perdiéndose carruaje y mujer en la nada, en la obscuridad de la noche.


         En la actualidad, son varios los taxista espantados a quienes por la madrugadita, una joven y hermosa mujer vestida elegantemente toda de negro, les hace la parada en las calles 16 de Septiembre y Revolución...ésta, según se sube al taxi, les ordena “Rumbo al panteón”, pero cuando ya casi van llegando, la bella pasajera desaparece...el asiento trasero del vehículo va completamente vacío, impregnado a perfumes de flores de madreselva y huele de noche.

            Sobre esta macabra aparición, cuenta Doña Estefana, linda señora de la tercera edad, que sus mayores les contaban cuando niña la leyenda de la mujer de negro del arroyo de Los Sandoval, el que después se llamó arroyo central, y ahora es la calle 16... y que donde se aparece estaba la panadería de doña Elvira de Monroy, que desde la época de la colonia, fueron varios los vecinos de esas calles que se despertaban en las madrugadas aquellas al escuchar el fuerte traqueteo de un carruaje negro tirado al trote por briosos corceles negros también, y los osados que abrieron sus ventanas para ver de donde procedía ese ruido quedaron admirados que a esa hora de la madrugada, estaba una mujer vestida toda de negro haciéndole la parada al carruaje y luego ésta se subía en él, perdiéndose en la obscuridad de la noche...que cuando empedraron la calle Revolución por los años de 1920, el ruido de las ruedas del carruaje resonaban más fuertes en el empedrado, como alegre castañuelas, y la gente, a fuerza de la costumbre,  nada más se daba vuelta entre las sábanas y decían “Es el carruaje que viene por la dama de negro” y seguían durmiendo.

            Continúa diciendo Doña Estefana que contaba su abuela que en los tiempos aquellos corría de boca en boca la leyenda de que existió en La Paz una hermosa mujer quien se vestía siempre de negro...nunca se supo su nombre, ni donde vivía, ni de dónde vino, la dama de negro estaba envuelta en el misterio, se aparecía de repente en los bailes o en los eventos de más importancia en La Paz, como buscando algo o a alguien,  siempre vistiendo igual, con una mirada profunda, cargada de tristeza...la gente se acostumbró a ver a la bella joven vestida de negro...de repente no se le vio nunca más, lo que fue muy notorio. Al tiempo, corrió la leyenda que se aparecía haciéndole la parada a los carruajes y luego a los vehículos de la época, y así a través de los años, generación tras generación son muchos los que la han visto y subido a su vehículo y luego se les desaparece quedando aterrados...

            Ahora, al llegar a nuestros días ya son varias las personas que han visto a la dama de negro por la madrugada en la esquina de Revolución y 16 de Septiembre, haciendo señales como parando vehículos, y que desafortunadamente si pasa un taxi por ahí, la sube, ella da órdenes que rumbo al panteón y luego desaparece en el trayecto ante los aterrados ojos del chofer quien no puede dar crédito que tan bella pasajera vestida elegantemente toda de negro, desaparezca nada más así como así.

            Uno de los taxistas, quien pidió no mencionar su nombre, porque pensarían que está loco, cuenta su macabra experiencia:

            Que aquella madrugadita, como a las 4:30 de la mañana, iba él al Hospital Militar a ver un hijo enfermo...que al hacer el alto en calle Revolución porque el semáforo estaba en color rojo, de pronto, de la nada, se apareció una linda muchacha vestida toda de negro, haciéndole la parada, solicitando el servicio, y como la vio tan apurada y muy afligida le dijo que se subiera...recuerda el chofer, que le dijo “suba señorita, no se vaya a romper las medias”, y la muchacha subió y se arrellanó cómodamente en el asiento trasero, para eso se prendió el semáforo en verde, y ella ordenó “Rumbo al panteón por favor”, enfilé por la calle Cinco de mayo, golpeaba a mi nariz el exquisito aroma a flores del perfume de la pasajera...por el espejo miraba su bello rostro...los ojos llorosos de mirar profundo estaban cargados de tristeza...la bella, iba muy callada y meditabunda, yo para romper aquel silencio, le dije, “tuvo suerte señorita de encontrar un taxi a esta hora, me dirigía al hospital a ver un hijo enfermo”...ella no contestó...en eso, doblé a la izquierda por la calle Gómez Farías, rumbo al panteón, como ella había ordenado...pero al hacer el alto en la calle Morelos, voltee a ver el retrovisor buscando aquella triste y llorosa mirada de la bella y perfumada pasajera vestida de negro, pero para mi sorpresa el asiento trasero iba completamente vacío.

            No daba crédito a lo que estaba viviendo, no sentí miedo de pronto, sentí preocupación y pasando los cuatro altos, estacioné el taxi buscando por todos lados, pero todo estaba en silencio en la más espantosa soledad...la misteriosa mujer había desaparecido...empezó a soplar un vientecillo helado y los perros empezaron a aullar lastimeramente...entonces comprendí que lo que estaba viviendo no era normal, y entonces si sentí un miedo escalofriante, no sé cómo pude llegar a mi casa, me metí bajo las cobijas y me hice bolita, temblando todo, ni de mi hijo enfermo me acordé en ese momento. Sufrí de depresión por un tiempo, pero ya estoy recuperado, gracias a Dios, y por las dudas ya no levanto gente pasando la media noche, aunque vengan vestidas de blanco o de negro y ni por muy bellas que estén, terminó diciendo el taxista, añadiendo que a varios compañeros del volante les ha sucedido lo mismo pero que prefieren no contarlo porque no les creerían que en pleno siglo veintiuno sucedan estas cosas.

Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…




LA PAZ QUE SE PERDIÓ
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARÁZ
…CON LOS PELOS DE PUNTA…
…LAMENTOS DE 3  MUJERES EN EL RANCHO EL “GUAYABITO”…

El rancho el “guayabito”, en clavado en las inmediaciones de la buena mujer, el que antes fue un gran rancho,  y la sierra  de la victoria, el que se encuentra abandonado…. En otra época se contaban tantas cosas raras que sucedían en ese lugar, y que la gente que pasaba por ahí, con el Jesús en la boca y el corazón en la mano, porque a fuerzas tenían que pasar por ese lugar, ya que no había otro camino en aquel tiempo… dijo doña Refugia Núñez; “Que ella tenía 12 años, y se acuerda perfectamente la horrible y macabra experiencia, que sufrió cuando Vivía en el rancho de la buena mujer, donde ahora es una gran presa, y era el rancho de los espantos, duendes, fantasmas, y otras tantas cosas que ahí se vivieron”.
Continúa diciendo  la encantadora muchacha de juventud acumulada, que en aquella desafortunada ocasión, iban rumbo a la sierra “la victoria”, a la leña, le acompañaban su padre, su tía y su hermana, era la media tarde, temprano todavía, ya iban llegando al rancho el “guayabito”, la casita de madera rusticas y techado de palmas lucia en el más completo abandono, era tétrico el lugar… aún estaba fresco en la memoria de los mayores, las horribles cosas que ahí pasaban… había un raro silencio sepulcral… todo estaba en calma y ni las hojas de los árboles se movían… de pronto, de la nada empezó a soplar un airecillo helado, que hasta aventaba una fina arenilla.
Ella y sus acompañantes ya habían pasado unos 5 metros de la  casa en mención; de pronto, de adentro de la casa empezaron a llorar lastimeramente y muy fuerte 3 mujeres, primero lloraban una de una manera, luego la segunda de otra manera, después la última, y luego las 3 al mismo tiempo, mi padre, mi tía, mi hermana y yo nos quedamos ¡con los pelos de punta!, parados en seco, clavados en la tierra sin voltear para atrás, con el corazón palpitando fuertemente en el pecho como si quisiera salir, y hasta sentimos que nos levantaban la piel de la espalda hasta la nuca, los pies como plomados, y toda la piel enchinada.  ¡No podían creer lo que estaban escuchando, y lo que estaban viviendo!, si la casa estaba abandonada, con las puertas y ventanas destalladas, que hasta podía palparse la más terrible soledad dentro de ella. Continuo diciendo que no sabían si seguir adelante o regresar, estaban muertas de  miedo.
Ella a sus escasos 12 añitos, empezó a llorar, dice, su papa y su hermana a rezar, y decidieron regresarse a su rancho la buena mujer ya que devuelta estaría obscureciendo; el problema era que tenían que pasar por ahí otra vez, porque no había otro  camino, y con la mirada se dijeron todo, y al unísono tomaron aire profundamente y emprendieron veloz carrera de regreso… sentían tanto terror que nunca se les había hecho tan largo el camino, los pies les pesaban como plomadas y parecían que no avanzaban; y lo peor fue que la pasar unos pasos la casa, empezaron las 3 lloronas casi en sus odios los fuertes llantos de las mujeres, que hasta les parecía que los iban siguiendo y las paredes de la casa   y techado rugían con una resonancia que les taladraba los odios, su hermana hasta gemía de terror y a su padre parecía que los ojos se le iban a salir, y a ella, niña al fin nada más se le saltaba el corazón; termino diciendo doña cuquita, todavía espantada por recordar aquello, al fin llegaron como bólido al rancho, tumbando puertas, y al verlos su madre y demás familia dijeron “A estos ya los espantaron en el guayabito”, si hasta parecen almas que trae “el diablo”, y si, dijo doña cuquita estuvieron muchos días enfermos hasta que se recuperaron de aquello, tomando te de palo de Brasil para el susto; y si después todos iban en bola a la leña agarrados de la mano, para emprender la carrera, por si volvían a escuchar a las 3 mujeres lloronas del “Guayabito”.

….Y cuando pases por el guayabito, entre la presa la buena mujer, rumbo a la sierra de la victoria… más te vale que te vayas persignado, no vaya a hacer la de malas y escuches lúgubremente  el llanto de las 3 mujeres, que te dejaran con  los pelos de punta…

….Por el placer de Escribir…Recordar…Y…Compartir…



lunes, 22 de octubre de 2018


LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ

“DON FELIPE AVILES AVILES...DESCENDIENTE DE LOS FUNDADORES DEL RANCHO TAMALES...” DIGNO RANCHERO DEL CAMPO PENINSULAR.

·        DON DOROTEO AVILES, Y MANULA COTA DE AVILES FUERON LOS FUNDADORES DEL RANCHO TAMALES.

·        EN EL ARROYO HONDO FRENTE A LA PRENDA LA ENCAMPANADA FUNDARON EL RANCHO TAMALES.

         El Rancho Tamales, donde nací un 26 de Mayo de 1922, es un pintoresco pueblito de leyenda: donde la mayoría de sus habitantes son familia, dijo con justo orgullo el joven de la tercera edad Don Felipe Avilés Avilés durante el grato convivio familiar ofrecido en su honor con motivo del cumpleaños número 80, así como solemne misa de acción de gracias, en la parroquia de Nuestra Señora de La Paz, por su esposa Siria Núñez de Avilés, sus hijos, nietos y demás familiares que le acompañaron en tan importante acontecimiento y continuó diciendo Don Felipe que sus padres fueron Ramón Cota y Carmen Avilés de Avilés, que sus abuelos, Don Doroteo Avilés y Manuela Cota de Avilés fueron los fundadores del rancho Tamales, al finalizar el siglo antepasado.

         El Rancho Tamales, es un rancho que está envuelto en la leyenda porque ahí nació y murió el tío herrero quien fue de gran fama en la comarca por su arte en la herrería...el tío herrero, Don Felipe Avilés Cota fue el herrero del pueblo.

         El origen del nombre y fundación del rancho Tamales, tiene su historia que ha pasado de boca en boca, de generación en generación entre los rancheros sudcalifornianos dijo Don Felipe. Cuentan los mayores que sus abuelos Doroteo y Manuela eran nativos del rancho La Huerta, el que también tiene su historia y que cuando se casaron, después de la boda, la que fue en grande a la costumbre y sencillez del ranchero sudcaliforniano, los jóvenes esposos se fueron caminando por brechas y arroyos, buscando un lugar adecuado,  con intenciones de fundar un rancho el que sería su nuevo hogar...la pareja de recién casados iban parajeando aquí y allá, caminando largas distancias...de pronto, al pasar por el arroyo hondo frente a la piedra la encampanada, se detuvieron en un hermoso ojo de agua del que fluía bastante líquido de vida, el que corría en abundancia por el arroyo, y alrededor del ojo de agua, había bastantes hojas de tamales desparramadas, despidiendo un  aroma a exquisito guisado, y que Doña Manuelita, expresó,


- ¡Qué bonito lugar, y cuantas hojas de tamales hay!; y que sabrosos deben de haber estado! seguramente que algunos vaqueros que parajearon aquí comieron tamales y que Don Doroteo dijo al verla tan contenta -Aquí vamos a levantar un rancho y se va a llamar Tamales. Y cuenta que su abuelo diciendo y haciendo, lo primero que hizo, fue plantar un arbolito, el que ahora es un gran arbolón, y bajo su sombra el tío herrero tenía su taller de trabajo. Que hasta la fecha ahí está el yunque y la fragua y a un lado la casa fundadora que cobijó generaciones de la familia Avilés Cota, así como están también las pilas donde se fabricaba el jabón.

Embargado de felicidad, y rodeado de su familia, Don Felipe Avilés, con añoranza continuó diciendo que en el rancho Tamales vivió la mayor parte de su vida, su feliz infancia transcurrió entre gente industriosa, siguiendo el ejemplo de sus abuelos, todos ahí además de ganaderos y de todos los oficios del rancho eran artesanos; se fabricaba calzado para toda la familia y los poblados aledaños, desde la crianza del ganado hasta el curtido de cueros...eran muy diestros con la trucha y muy creativos e ingeniosos para elaborar el calzado; a falta de clavos, utilizaban madera o plata, también se fabricaba la ropa, el jabón, la herrería, el queso y sus derivados, y en el salado y secado de la carne era todo un arte. Que él conserva aún la primera máquina que salió al mercado para coser zapatos, herencia de la familia.

         Grandes cargamentos de pacas de carne seca y queso de prensa y estera se traían en mulas a vender a La Paz; y en ese comercio, Don Felipe le ayudaba a su padre, además de las labores propias del rancho. Por los alrededores de Tamales y la huerta, fueron escenarios de grandes batallas en épocas revolucionarias; en Tamales, dijo, así como también había bonanza había grandes sequías como la de 1933 que duró siete años y que casi se acabó el ganado en la península, ya que antes era muy llovedor y se resintió bastante la sequía, pero el ranchero está acostumbrado a vencer grandes retos, y sobreviven en esas tierras serranas gracias a su tenacidad, ingenio y fe en Dios y la vida. Añadiendo que a pesar de que trabajó en distintas partes toda su vida, no logro contar con el beneficio de una pensión; pero que Dios es grande, y viven al amparo de sus hijos que son el mejor regalo que Dios les dio.

Don Felipe Avilés Avilés contrajo matrimonio con la señorita Siria Núñez Flores y vivieron en Tamales un periodo de tiempo, donde nació su primera hija, Julia, luego, se trasladaron en el año de 1951 a esta hermosa ciudad de la Paz donde trabajó Don Felipe en todos los oficios. Bendijo el creador con cuatro hijos más, Roberto, Melesio, María del Carmen, y Ramón a quienes, con el invaluable apoyo de su abnegada y trabajadora esposa, educaron con inmenso amor apegados a las buenas costumbres y con mucho esfuerzo los formaron profesionistas y quienes les dieron la dicha de 14 nietos y dos bisnietos. Terminó diciendo Don Felipe Avilés Avilés.

…y por las blancas arenas del arroyo hondo la pareja de recién casados, parajeando aquí y allá encontraron el lugar donde fundar su hogar TAMALES…

…por el placer de escribir…recordar…y compartir…




LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA

“EL TIO HERRERO, DEL RANCHO ‘TAMALES’...UN ARTESANO DE LEYENDA”



            ...El hombre, hundido en sus pensamientos, frente a la piedra “la encampanada”, los ojos en el moreno rostro bajo el sombrero de palma de ala ancha, que cubría su cabeza de cabellos salpicados por la brisa de la serranía, no se le miraban...de su camisa de dril turco desabotonada al calor de la forja, sobresalía el sudoroso torso, volándole el pantalón de mezclilla el aire que soplaba la fragua sobre las brazas encendidas, pringando de cenizas las teguas que calzaban sus pies...Rodolfo Avilés Cota, fue su nombre...conocido como el Tío herrero, y por su maravilloso trabajo en la rama de la herrería, por la mayoría de los habitantes del campo sudcaliforniano. En el rancho Tamales, bajo el enorme y frondoso árbol de la india, sobre el lomerío, a un lado de la cuenca del arroyo, donde fluye de un ojo de agua el cristalino y vital líquido a borbollones, y de donde se abastece la pequeña comunidad formada por diez familias del rancho Tamales, se encuentra el equipo de trabajo del legendario “Tío Herrero”, que él mismo elaboró: el yunque, la fragua, la forja, el marro, entre otras cosas útiles para la realización de este noble trabajo de la herrería.

            El Tío herrero fue un gran artista con una creatividad nata. El nunca salió de Tamales, donde nació. Ni fue a la escuela, ni de su familia heredó este arte de la herrería. De su propia creación, destacan la elaboración de guitarras, violines, vitrolas, una pistola, una escopeta 210 y un rifle 22; pero lo más interesante es que se hizo sus propias placas dentales. Si, escuchó usted bien, el tío herrero se hizo sus propias placas dentales las que usó durante toda su vida, hasta que falleció a una edad muy avanzada. Su familia se lamenta, ahora, el por qué lo sepultaron con sus placas, ya que existe todavía los rifles, pistola, vitrola, guitarra y un violín entre los mismos familiares. El Tío herrero, para hacer su puente dental utilizó madera especial de una planta del campo sudcaliforniano que se llama “pimientilla”. Para las piezas dentales utilizó huesos de venado, los que perforó y colocó mediante unos clavitos de plata muy finos. También a la placa le puso algunos dientes de plata de aquella porfiriana, placa de la que él se sentía muy orgulloso cuando los rancheros muy admirados hacían comentarios sobre su placa y su arte, motivo por el cual era muy popular en toda la comarca.

            El Tío herrero, era el herrero de los rancheros sudcalifornianos de aquella época. Les hacía todo lo que se necesitaba para las monturas: espuelas con plata porfiriana incrustada, armas, cuchillos, machetes, dagas y todo lo que se les ocurriera, él lo hacía. Si fue capaz de hacer hasta sus propias placas dentales, que cosa no haría. En el rancho Tamales, bajo el frondoso y legendario árbol de la india, vivió el tío herrero, un hombre muy industrioso, y viven todavía descendientes de él, que se distinguen también toda su familia por las artes manuales. En la loma, cerca del yunque, la forja y la fragua se encuentran dos piletas de piedra donde antiguamente hacían jabón. También el tío herrero del rancho Tamales era carpintero, talabartero y zapatero. Curtía las pieles para elaborar el calzado de la familia, y de algunas de las rancherías aledañas. Hacían cueras, sombreros de vaqueta, sillas de montar, chaparreras, frenos, el tapajo, cabrestos, riendas, etc.

            El rancho Tamales fue fundado en el siglo pasado por los padres del Tío herrero. Doroteo Avilés y Manuela Cota. El origen del nombre del rancho es el siguiente. Cuentan los mayores que Doroteo y Manuela vivían muy felices en el rancho La huerta; y recién casados se fueron caminando por las brechas de pedregosos caminos, buscando el terreno adecuado donde asentar su hogar y formar un rancho. Al llegar al arroyo frente a la hermosa piedra “La encampanada”, estaba un ojo de agua y a su alrededor varias hojas de tamales diseminadas a los lados. Al verlas doña Manuela expresó “seguramente algunos vaqueros que parajearon aquí comieron tamales”. Entonces dijo Don Doroteo “aquí vamos a levantar un rancho y se va a llamar tamales”. Y cuentan que diciendo y haciendo, lo primero que hizo fue plantar un arbolito el que ahora es un frondoso árbol de la india, y bajo su sombra está el yunque del tío herrero, y aun lado la casa fundadora de adobe construida desde el siglo pasado.

            El rancho tamales del Tío herrero está envuelto en la historia y en la leyenda.

            ...Y al golpe del marro sobre el yunque...iban surgiendo verdaderas obras de arte, placas dentales, espuelas, herraduras, guitarras...y dejaba volar sus pensamientos creadores...

…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…


jueves, 18 de octubre de 2018



LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ

“LA LEYENDA DEL MECHUDO...GUAMONGO...Y LAS PERLAS DE SUDCALIFORNIA”.

            Al vuelo de las flechas y las aves del cielo, los antiguos californios estaban acostumbrados a perder su mirada en la inmensidad del mar, cielos y serranías. Con sorpresa, una mañana de otoño del año de 1534, contemplaron el velaje de una embarcación que salía entre las crestas del oleaje, para ellos desconocida. Eran Fortún Jiménez de Bertandoña y su tripulación compuesta de 37 extranjeros, quienes después de dar muerte a Diego Becerra de Mendoza, se adueñaron del barco, y huyendo, las aguas los arrastraron por accidente, a la península californiana; donde ante los atónitos ojos de los nativos, los náufragos se pusieron a cosechar perlas a manos llenas y a tratar de violentar a las mujeres, lo que provocó su furia, matando a Fortún Jiménez y a 20 compañeros suyos.
 
            Después de la matanza, 18 supervivientes con miles de peripecias, se hicieron a la vela como pudieron, al frente de ellos iba un joven marinero, Manuel Preciado, quien llevó algunas perlas y las noticias de lo sucedido, a las costas de Sinaloa, difundiéndose así la noticia de la abundancia de perlas en la tierra recién descubierta, quienes le pusieron por nombre  a la Isla de Espíritu Santo, “La Isla de las Perlas”. Después de la llegada de Hernán Cortés aquel 3 de mayo de 1535, y que dio por nombre a esta ciudad de La Paz, “la Santa Cruz”, desde el siglo XVI, atraídos por el misterio, la aventura y las perlas que dio paso a la leyenda, cientos de galeones de intrépidos navegantes surcaron los mares del Golfo de California cegados por la ambición de poseerlas. Cruentas batallas de crueles piratas se cuentan entre ellos.
 
            Hasta finalizar el siglo XVI, con la llegada del padre Eusebio Francisco Kino quien trajo la virgen de Guadalupe y fundó la primera misión en San Bruno, luego vino el Padre Juan María de Salvatierra, trayendo la virgen de Loreto, fundador de la misión del mismo nombre. Después, los padres Piccolo, Juan de Ugarte, Bravo, entre muchos otros con el objetivo de implantar la fe cristiana, cambiar las costumbres de los californios y establecer un puerto seguro para protección de las naos de Filipinas. La corona de España hacía concesiones a los armadores para la pesquería de perlas, y el pago era de esta manera; cada vez que salía del agua un buzo, la concha madre perla más grande, era para la virgen. Todas las demás conchas madre perla se iban colocando en un montón, y en la noche se dividían así: ocho conchas para los dueños, ocho en otro montón para los buceadores, y dos en un tercer montón para el gobierno. Por eso se hizo la costumbre entre los nativos quienes eran los buceadores de perlas, de sacar la mejor perla para la virgen de Loreto.
 
            Cuenta la leyenda, que una mañana de ardiente sol del mes de Junio, que es cuando empieza la temporada, cuando las aguas estaban mas calientes y transparentes, al suroeste de la Isla de San José, a unos doce kilómetros de la bahía “La Amortajada”, donde abundaban las tintoreras y grandes mantarrayas que medían hasta 20 pies de ancho, las que envolvían con sus aletas a los pescadores de perlas arrastrándolos a las profundidades del mar, y sorteando estos peligros, andaban dos grupos de indígenas buceando las perlas. En uno de los grupo iba el hechicero o guama de la tribu, hombre de gran poder de sugestión quienes estaban rebeldes a someterse a la fe cristiana, y rendían culto a “guamongo”, rey del mal; y el otro grupo era de los californios ya bautizados. Al término de la jornada, cuentan que uno de los pescadores de la misión de Loreto, tomando su cuchillo y canastilla, único equipo de buceo que usaban, dijo: “Voy por la perla para la Virgen” y se lanzo al mar; emergiendo después de dos o tres minutos con el rostro descompuesto y muy espantado. Algo raro había visto en el fondo de las aguas. El guama o hechicero burlándose de él, llamándole cobarde, le dijo al tiempo que se lanzaba al mar que él iba por la perla para guamongo, o sea, para el diablo. El hechicero se perdió entre las turbulentas aguas...los grupos de pescadores de perlas estaban expectantes en sus rústicas embarcaciones mecidas por el oleaje...pasaban los minutos, y las horas y el hechicero nunca salió a la superficie.
 
            Cuando las aguas se aclararon un poco, uno de los californios, de los mas animosos, tomando una lanza tiburonera y un largo cordel, descendió al fondo del mar con intención de prestarle ayuda al guama; pero al instante se regreso horrorizado. En ese inmenso placer perlero donde se daban las conchas de mas de 20 centímetros ideales para las perlas mas grandes, estaba el adorador de guamongo, el hechicero, aprisionado entre largos mechones parecidos a lianas que flotaban entre el mar en forma fantasmal, ahogado con los ojos desorbitados, con el cestillo de alambre a la cintura, lleno de conchas gigantes, y en sus manos a modo de ofrecimiento, una concha abierta con una gran perla adentro, pero la perla era negra. Al californio le pareció escuchar carcajadas burlescas y que el hechicero con esos grandes ojos tan pelones le decía ¡ven, ven!, moviéndose lentamente entre las aguas, entre esos mechones.
 
            El mar estaba enfurecido...negros nubarrones en el cielo presagiaban tormenta...los atemorizados pescadores de los dos grupos, emprendieron el regreso a sus lugares de origen. Como buenos remeros que eran, las embarcaciones parecían que volaban perdiéndose y saliendo entre el oleaje. Cuando al fin llegaron con la nefasta noticia, unos se santiguaron y decían que la virgen había castigado al blasfemo, otros en círculos danzaban gritando que guamongo se había cobrado cruelmente su tributo. Por las dudas, los pescadores de perlas dejaron de bucear en “Punta Mechudo” o “EL Mechudo” que a raíz de este escalofriante suceso, lleva ese nombre: El Mechudo, dando paso a la leyenda.
 
            Varios pescadores que ignoraban esta leyenda, se han aventurado a buscar perlas por el mechudo, pero han salido espantado por que en el fondo del mar, en ese placer perlero, sale un hombre de largos cabellos de ojos muy pelones que los llama “!ven, ven¡” mostrándole en sus manos una gran concha abierta con una hermosa perla negra adentro. Desde entonces, según se dice, nadie se atreve a pasar por el mechudo. Por si las dudas, mejor le sacan la vuelta. Ya que saben que el mechudo es el guardián de las perlas de Guamongo.
 
…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…
 





LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ

“LAS MISIONES JESUISTICAS EN LA PENINSULA DE SUDCALIFORNIA”.

·        LA MISION DE SAN FRANCISCO JAVIER SE TERMINO DE RECONSTRUIR POR EL PADRE MIGUEL DEL BARCO, EN 1759…E INCORPORO COMO VISITAS: SANTA ROSALIA, SAN MIGUEL DE COMONDU, LA PRESENTACION, SAN PABLO Y LOS DOLORES DEL NORTE…EL BOLEO SE FUNDO EN 1885 EN SANTA ROSALIA.


         El 19 de Octubre del 1697 arriban en el Santa Elvira a la bahía de San Dionicio, Loreto,  el padre Juan María de Salvatierra y un grupo compuesto por cinco soldados de diferentes nacionalidades, un cabo, y tres yaquis que con él hacen un total de 10 hombres para fundar la misión de Nuestra Señora de Loreto el 25 de Octubre del año que se menciona, donde durante varias décadas fundaron 17 misiones hasta su expulsión el tres de febrero de 1768.

         El punto de arranque del fenómeno socio cultural en la península de Sudcalifornia lo fue sin duda alguna el período jesuistico, titánica empresa evangelizadora realizada por la orden de Jesuitas, una compañía religiosa con prestigio moral, científico e intelectual capaz de enfrentar todos los retos por amor a Dios y al prójimo, una labor de gigantes en aquel rincón del mundo tan olvidado...LAS CALIFORNIAS....

         La primera misión fundada por el padre Francisco Kino en Octubre de 1683 lo fue San Bruno, base para las exploraciones al Oeste hacia el Océano pacífico y al sur hacía la bahía de San Dionicio, ahora Loreto, la tierra de Ibo el sol, el jefe californio a quien por nombre el padre Kino le puso Dionicio, y el padre Salvatierra bautizó con el nombre de Manuel Bernardo, siendo el primer Californio bautizado en Loreto.

         El 5 de Octubre de 1683 San Bruno fue el lugar escogido por el padre Francisco Eusebio Kino y el almirante Isidro Atondo y Antillón, para la construcción de la misión.  San Bruno está localizado en un cerro a 30 metros de altura sobre el Golfo de
California al Este, y al suroeste el arroyo de San Bruno. Se construyó durante los meses de Octubre y noviembre una fortaleza de piedra y una pequeña capilla dotada por el último testamento de Don Alfonso Fernández de la Torre. En los arroyos fueron sembrados maíz, trigo, y calabaza entre otras hortalizas, en lo que el padre Kino comprobó que la tierra era buena, pero los escases de lluvia y prolongadas sequías así como falta de provisiones forzaron el abandono permanente de San Bruno el 08 de Mayo de 1685.

         La misión de NUESTRA SEÑORA DE LORETO, fue fundada por el padre Juan María de Salvatierra el 25 de Octubre de 1697, está situada a 25 kilómetros al sur de San Bruno, y se fundó con fondos piadosos de Don Juan Caballero y Ocio; incorporando a su cuidado las rancherías de: Primer agua, Bonó y Cheque, San Bruno y Londó como visitas. Como base para la fundación de otras misiones jesuísticas la Misión de Nuestra Señora de Loreto la que llegó a ser la capital de las californias comprendió además varios edificios incluidos una fortaleza y cuartel para los soldados ahí guarecidos al mando de Salvatierra y del capitán Don Esteban Rodríguez Lorenzo.

         El maremoto de 1874, casi acabó con Loreto, y en 1829, hubo otro que casi acabó con la población causando graves daños a la iglesia, la cual fue lentamente reconstruida durante un siglo; en 1834, fue secularizada, y ha permanecido en uso casi continuo desde su fundación. El reverendo padre Modesto Sánchez, quien estuvo en la península por más de 60 años, restauró la misión de Loreto con recursos propios.

LA VISITA DE SAN JUAN BAUTISTA LONDO. Se fundó en 1699 y estuvo en actividad hasta en 1745. Este sitio fue descubierto a siete kilómetros del oeste de la misión de San Bruno por el almirante Don Isidro Atondo y Antillón el primero de diciembre de 1683 quien le puso el nombre de San Isidro en el que fue establecido un real para servir como base para la exploración del interior siendo abandonado en mayo de 1685 al mismo tiempo que la misión de San Bruno. Durante el verano de 1698 el valle de San Isidro fue visitado de nuevo por el padre Juan María de Salvatierra quien en compañía del padre Píccolo, estableció en Marzo de 1699 una visita para la misión de Nuestra Señora de Loreto, nombrándola San Juan bautista en honor de Don Juan Caballero y Ocio. Sus tierras fueron cultivadas y en 1705 fue levantada una capilla de piedra. Con la epidemia de la peste de 1708 la población declinó sustancialmente y la capilla fue abandonada permanentemente en 1745.

La misión de SAN FRANCISCO JAVIER Y Vigge Viandó, fue localizado por el padre Francisco María Píccolo, en el ojo de agua, el 11 de mayo de 1699, a 31 kilómetros al suroeste de la misión de nuestra señora de Loreto. En octubre del mismo año, el padre Píccolo, comenzó la construcción de una capilla dotada por Don Juan Caballero y Ocio. Esta capilla la bendijo el padre Juan María de Salvatierra el primero de noviembre del mismo año, pero debido a las hostilidades de los californios fue abandonada al año siguiente. En 1701 la misión fue reconstruida por el atlante, apóstol e industrioso padre Juan de Ugarte, quien comenzó el cultivo de maíz, trigo, caña, frijol, uva, olivo, y diversos árboles frutales y hortalizas por medio de la construcción de canales de riego, y dos estanques hechos de piedra, la iglesia fue construida con piedras canteras sacadas de arroyo de Santo Domingo por el padre Miguel del Barco en 1744, y terminada en 1759. La actual misión incorporó las visitas Santa Rosalía, San Miguel de Comondú, La presentación, San Pablo y Los Dolores del Norte.

         La iglesia preservada en su estado original contiene un retablo dorado con cinco oleos traídos desde la ciudad de México en 32 cajas, estatua de san Francisco Javier y Nuestra Señora de Guadalupe y un crucifijo todos del siglo XVIII, dos de las campanas llevan la fecha de 1761, y la tercera la de 1803.  Debido a las epidemias y la decadencia indígena la misión de San Francisco Javier fue abandonada en 1817 y ha sido utilizada ocasionalmente con sus fiestas tradicionales del día de Santo patrono San Francisco Javier.

…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…

Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en los prestigiados medios de comunicación el periódico el sudcaliforniano, revista compás, radio y televisión canal 10.
Fuente: Doctor e historiador Francisco Javier Carballo Lucero.