martes, 20 de febrero de 2018

LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ.
DOMINGA G. DE AMAO...PERIODISTA, POETA Y ESCRITORA...FLOR DEL CAMPO PENINSULAR.
• EN SU 106 ANIVERSARIO DE SU NATALICIO.
• UN JARDIN DE NIÑOS LLEVA SU ILUSTRE NOMBRE… DOMINGA GONZALEZ MORALES… EN LA COLONIA MANUEL MARQUEZ DE LEON ENTRE OTRAS COSAS…
• PONENCIA PRESENTADA POR MANUELITA LIZARRAGA EN LA SEPTIMA LITERATURA REGIONAL ORGANIZADA POR LA UABCS
Aquella noche de plenilunio...20 de Febrero de 1912...en el pintoresco pobladito “El rinconcito”, junto al valle perdido, jurisdicción del Real de San Antonio Baja California Sur, el hogar del matrimonio formado por el ganadero Don Simón Wenceslao González y Antonia Morales Avilés, se cimbró con el llanto de la niña que nacía a la vida entre las morenas manos de la comadrona del pueblo...llanto, que como el alegre trinar del ruiseñor cantándole a la vida se confundió entre el eterno silbar de la alta chimenea del mineral del triunfo y los ruidos propios del mina “La Sin Rival” de las inmediaciones del valle perdido alegrando el corazón de sus padres y a la que por nombre pusieron DOMINGA.
Álgidos tiempos revolucionarios y políticos se vivían en todo el país, y por consecuencia en el territorio peninsular...armadas perleras inundaban el mar...grandes vapores europeos fondeaban en la bahía en busca de las perlas del mejor oriente...los pueblos mineros, la ganadería y el comercio marítimo estaban en gran actividad...y en ese marco, entre sobresaltos y tiros de escopeta la amorosa madre mecía la cuna de cacaixtle que colgaba de las vigas del techo, arrullando tiernamente a la niña Dominga, que dentro de ella dormía. Ese año de 1912, el vicepresidente de la República Mexicana José María Pino Suarez visitó La Paz. Dominga daba sus primeros pasos cuando en 1913, la nación mexicana se estremecía con la noticia del asesinato del presidente de México, Don Francisco I. Madero y del vicepresidente Pino Suarez, consternando a la población de La Paz originándose la revuelta entre Orteguistas y Federales.
A temprana edad, Dominga dio muestra de su preclara inteligencia ante el regocijo de sus padres y su hermano Pedro...entre el polvo del valle perdido y la bruma del tiempo quedaron plasmadas las pequeñas huellas de Dominga, así como las voces y risas cantarinas de sus juegos infantiles que se las llevó el viento entre praderas, campos y serranías. En aquel marco de movimientos armados en la Península, la niña crecía... y así, se promulgó la Constitución de Nuestra carta Magna en 1917 contando Dominga apenas con cinco añitos. Su padre, don Simón Wenceslao tenía la ilusión de que sus hijos tuvieran una mejor educación, por lo que les llevaba hasta su hogar personas preparadas para que les enseñaran; pero la fatalidad se ensañó en aquél hogar, y una fría tarde de invierno, el padre de Dominga falleció cuando ella aún era muy pequeña.
Doña Antonia, su madre, mujer de temple y luchadora tuvo que hacerle frente a la vida y se trasladó a Cabo San Lucas en busca de trabajo y del amparo de su familia. En ese año de 1920, sucedió un hecho histórico en La Paz; por plebiscito, resultaba electo por el pueblo el primer gobernador, Don Agustín Arriola Martínez quien dio gran impulso a la educación y al desarrollo de Baja California Sur entre otros rubros; mientras que Dominga cursaba su primaria en Cabo San Lucas, lugar que le parecía tan bello a la niña, ya que la casa mas bonita, grande e importante de ese lugar de pescadores, era la de las “golondrinas”, propiedad de Don Julio Gómez Ritchie, quien fue el inventor de licor de damiana; allí estaba una agencia de correo con sus diligencias tiradas por briosos corceles y en sus alforjas traían la correspondencia desde La Paz, lo que tardaban 15 días y llamaba la atención de la niña ya que era gran amiga de la familia Gómez Ritchie y sobre todo de las 9 niñas que don Julio tenía. Entre aquellos arroyos perfumados a damiana, orégano y brisa del mar, Dominga pasó su primera infancia en Cabo San Lucas jugando en las orillas de las playas con los lobos marinos y las focas, deleitando su mirada contemplativa con el avistamiento de ballenas, y sintiendo gran pesar cuando los japoneses las cazaban y arponeaban indiscriminadamente, así como saqueaban los mares de las especies mas finas y mataban el tiburón para comerciar con su aceite; pero también gozaba al ver pasar los grandes vapores rumbo a San José del Cabo donde cargaban mucho ganado, frutas, guacales de cacaixtle repletos de quesos, verduras y productos propios de la región. A la niña le encantaba disfrutar y sentarse en las vértebras de ballenas que acostumbraban los habitantes de Cabo San Lucas poner como bancos en las banquetas así como jugar en el hermoso médano y aquel barco quemado donde había cantidad de caguamitas, acompañándole en sus juegos infantiles sus inseparables amiguitas, Mercedes y Martha Ceseña.
Doña Antonia, madre de Dominga y Pedro, preocupada por la educación y superación de sus hijos se trasladó a La Paz, la que le pareció a la niña muy hermosa, con su bahía de cristalinas aguas inundadas de embarcaciones de vapor y vela, así como de molinos de viento y huertos con arboles frutales y donde Dominga continuó su primaria en la escuela 48, la que estaba ubicada en la casa de la familia Amao en Revolución y Juárez, siendo su maestra Lupita Avilés. Luego continuó estudiando en la escuela No. 2 y de las compañeras que recuerda, son a las hermanas Ruibal, Laura, Elena, María Luisa y Carmen quienes con gran entusiasmo estudiaban música como era la costumbre con el profesor Tereso Hernández. Hermosos recuerdos guarda Doña Dominga de la ameritada maestra Rosaura Zapata Cano de quien fue muy amiga uniéndoles un gran cariño ya que impulsó sus inquietudes artísticas, siendo Dominga integrantes de la estudiantina que se presentó en el Teatro Juárez. La profesora Concepción Casillas Seguame, así como Soledad, su hermana, también fueron sus maestras. Dominga, desde temprana edad sentía inquietud por las letras, ya escribía versos a sus maestros y a su adorada madrecita en esa época, adoraba el libro “Aladino” que Rosaura Zapata le regaló enviándoselo desde la Ciudad de México ya que mantenía correspondencia constante y directa con la emérita maestra.
En aquella Paz tranquila y hermosa, de molinos de viento, de música y de romance donde todos sus habitantes eran como una familia, Dominga rodeada del cariño de su familia, maestros y amigos arribó a la edad de las ilusiones. Y el amor llegó a su vida despertando aún más el ruiseñor que llevaba en su corazón para cantarle a la vida, a su pueblo, a la juventud, a la niñez, al amor y las buenas costumbres a través de sus versos...ella recuerda que durante un viaje que realizó en compañía con su madre al “Boleo” en Santa Rosalía cuando estaba en todo su apogeo la extracción de cobre por compañías francesas Dominga conoció a su primer y único amor transformando su vida, el joven ganadero Don Loreto Amao, quienes después de un bonito romance apegado a las buenas costumbres de la época se unieron en matrimonio en San Antonio, Baja California Sur, donde radico por muchos años hogar que Dios bendijo con 4 hermosos retoños: Alba, Cesar, Otto y Loreto Hugo; empañando su felicidad la muerte del pequeño Cesar a la edad de 5 años. El inmenso amor a su esposo e hijos, y de forjar los valores vitales de la familia, nutre la sensibilidad y calidad humana de Dominga y surge en su alma la poesía interna fluyendo la inquietud por prepararse combinando sus deberes de virtuosa esposa y abnegada madre, y estudia periodismo por correspondencia desde su hogar, coronando sus esfuerzos al recibir su credencial de periodista en 1961 otorgado por el Instituto de Capacitación del Periodista de la Ciudad de México.
Como abnegada hija cuidó de su madrecita hasta su ancianidad cerrando sus ojos en el lecho del sueño eterno. Apoyada siempre moralmente por su esposo, con quien compartió su vida más de 60 años, y quien falleció casi a los 92. Fue Dominga una dinámica periodista que sin recibir retribución alguna inundó los diarios de la época con sus colaboraciones informando a la comunidad oportunamente el diario acontecer, durante doce años. Estos fueron los medios en que ella colaboró: El Sudcaliforniano, La Voz del Sur, Tabloide, Guaycura y Nueva Era. En San Antonio dirigió el Instituto para la Infancia y la Familia siendo la primera presidente de DIF. Dominga fue del entusiasta grupo Fundadores de la Asociación de Prensa y Radio en 1967 (APYR), ampliando sus relaciones, colaborando en las revistas “Letras de California” (de Tijuana B.C.); “Palestra” y “California Gráfica”. Por su constancia y amor a las letras a Dominga G. De Amao en el año de 1987 las mujeres Profesionistas y de negocios le rinden un merecido homenaje en el Hotel Gran Baja, con la ceremonia de las “velas”, nombrándola “la mujer del año”, y otorgándole una constancia de reconocimiento. En el carnaval de 1992 doña Dominga es nombrada Valor Cultural del Año, lo que le dio gran satisfacción estimulándola a continuar escribiendo y cultivar ese natural arte dentro de su alma; y fluye la escritora, cantándole a la vida, a su tierra, a la juventud, a la niñez y escribe aportando a la sociedad en general sus dedicaciones y las flores de su pensamiento en las obras literarias: “Madrigales y cuentos”; “Confidente”; “Añoranzas”, “Arcoíris”, “Íntimo”, “Ocasos”, “Colección de cuentos cortos para niños”, “Antología”, “Ramillete”, “Dedicación familiar”, “Raulito y su abuelo”, “Ensayo nuestras raíces”, y la edición penúltima publicada el 21 de enero de 1999 a sus 87 años de edad escrito a su tierra natal “San Antonio”; obras editadas sin el apoyo gubernamental con su propio esfuerzo y el de su familia brindándole gran satisfacción y justo orgullo que sus libros se leen en las bibliotecas de Monterrey y Ensenada así como de esta ciudad capital; libros que doña Dominga obsequia a sus familiares y amigos donde da a conocer sus pensamientos, sus versos, crónicas y relatos definiendo los sentimientos para que los suyos se unan en el ideal de vivir en apego a sus raíces, respeto a la naturaleza y a un mejor mañana. En reconocimiento a sus méritos la Universidad Autónoma de Baja California Sur a través del Seminario de Investigación en LITERATURA REGIONAL, QUE DIRIGE DIGNAMENTE EL DOCTOR RUBÉN SANDOVAL, LE RINDIERON UN MERECIDO HOMENAJE EN EL MES DE MAYO DE 1999 DEL SIGLO PRÓXIMO PASADO, EN LA PRESENTACIÓN DE LA VII JORNADA DE LITERATURA REGIONAL QUE LLEVÓ EL NOMBRE DE DOMINGA G. DE AMAO, Y LA QUE FUE TODO UN ÉXITO DONDE PRESENTARON SUS PONENCIAS PRESTIGIADOS ESCRITORES SUDCALIFORNIANOS. SU BIÓGRAFA MANUELITA LIZÁRRAGA ALCARAZ EXPUSO LA PRESENTE SEMBLANZA
En San Antonio Baja California Sur, la biblioteca lleva su nombre, DOMINGA G. DE AMAO, como un homenaje al ruiseñor de aquella histórica tierra minera fundada por don Manuel de Ocio hace casi tres siglos. Por las empedradas callecitas de San Antonio existe la casita de adobe pintada de blanco arropada de perfumadas enredaderas donde felizmente vivió doña Dominga G. De Amao con su esposo e hijos y fue fuente de inspiración desde donde, cual ruiseñor, le cantaba a la vida a través de su escritura y de sus versos...en aquellas paredes de adobe quedaron plasmadas de voces y recuerdos de doña Dominga, quien fue fuente de inspiración del ameritado maestro Néstor Agúndez Martínez dedicándole en su libro “huellas de nuestro tiempo” editado en 1977 en el capitulo 5 “la voz del paisaje, un verso titulado “desde la cuesta”, a la estimada poetisa y amiga doña Dominga G. De Amao.
Cual reptil ondulando en la colina
Va el camino entre cactus y hondonadas
Bajo el sol, en las noches estrelladas
Y en la tarde que al orto se encamina.
Desde la cuesta el valle se domina
Las formas de Cerralvo calcinadas
Eternamente de olas coronadas
Entre el bermejo que unge la neblina.
Descendemos cual pájaro asustado
A la arteria de un pueblo hospitalario
Que es joyel en el monte aprisionado.
Es noble cual asceta solitario
Bregando con esfuerzo denodado
El pregona su afecto milenario.
...El invierno cuajó su cabeza de blancos y florecidos lirios...de su rostro, se esfumó la lozanía de la primavera...fundiéndose en el crisol de su arte literario, en el otoño de su vida, fluyendo once libros de amenas narraciones de Nuestra historia regional...en el ocaso, Doña Dominga nos ofrece su rostro sonreído como una margarita, y nos regala un libro más “Manojos de leyendas sudcalifornianas”...doña Dominga, con la satisfacción del deber cumplido, a través del cristal de su ventana, en la tranquilidad de su hogar...allá en su querido San Antonio, donde aun cantan las cigarras, brotan las amapolas y demás flores del campo, rodeada del cariño de sus 3 hijos, 17 nietos, 36 bisnietos, y 14 tataranietos y demás familiares y ve transcurrir el paso de los días, meses y años, leyendo, cultivándose enmarcada con el alegre trinar de los pájaros cantores...quizás musitando sus labios un mundo de oraciones con ese espíritu joven que siempre la ha caracterizado, envuelto en el ropaje de una muchacha antigua, dirá “señor mis pasos son ya lentos y el camino se acorta...poco a poco me vas acercando a ti”... ¡muchas felicidades doña Dominga G. De Amao!, gracias por concederme el privilegio de contarme entre sus innumerables admiradoras y amigas.
La estimada escritora falleció el 20 de Julio del 2005 a las dos quince de la madrugada en su tierra natal, el histórico San Antonio, donde después de ser velada en esta ciudad capital se ofreció una misa de cuerpo presente en la iglesia de San Antonio, y luego sepultada en su tierra. Se oficiaron de acuerdo a sus deseos tres misas por tres domingos consecutivos a partir del 24 de Julio, y el novenario en su memoria, inició el martes 26 del mismo mes, en donde fuera su hogar hasta su muerte, en esa localidad. Descanse en paz.
…Por el placer de escribir...Recordar…Y compartir…
LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ
“DON FRANCISCO INDALECIO MADERO GONZALEZ”
EL APOSTOL DE LA DEMOCRACIA
• NACIO EL 30 DE OCTUBRE DE 1873 EN PARRAS DE LA FUENTE COAHUILA.
• FUE ASESINADO EL 22 DE FEBRERO DE 1913.
Los espíritus más fuertes y eminentes se han asombrado hasta el éxtasis de la ideal perfección de Don Francisco I. Madero. Es el hombre que se atrevió a romper las férreas ataduras del “porfirismo”. Tanto más fuerte cuánto que por su apariencia eran los lazos de felicidad de paz y de concordia que unían al pueblo mexicano. ¡Hay del que intentara tocarlos siquiera! Su vida fue breve pero fecunda en beneficio del pueblo de México. Don Francisco I. Madero vivió escasamente 40 años. Nació el 30 de octubre de 1873 en Parras de La Fuente, Coahuila. Sus padres fueron el opulento capitalista Don Francisco Madero y Doña Mercedes Gonzalez. Realizó su educación primaria y algunos más en el lugar de su nacimiento con los jesuitas de Saltillo; permaneció otro tiempo en Valtimore, Estados Unidos; y luego, cinco años en el Liceo de Versalles, Francia, continuando después en la misma nación para asistir a la escuela de altos estudios comerciales hasta terminarla. Recorrió las principales naciones de Europa y regresó a Norteamérica donde estudió en la Ciudad de Carolina el idioma Inglés. Tenía entonces apenas 20 años. Volvió al lado de su familia empezando a desarrollar trabajos agrícolas en San Pedro de las colonias. Trabajos inteligentes para los que introdujo semillas y maquinaria, que hicieron prosperar las regiones de la laguna, del nazos y tlahualilo. Hasta ahí su vida no es sino la de cualquier burgués acomodado más o menos instruido y diligente.
Hay que agregar para diferenciar ya profundamente la vida de Madero, de la de muchos ricos ignorantes, holgazanes y egoístas, que él tuvo empeño en establecer instituciones de beneficencia que sostuvo con su propio peculio. Centros de educación primaria para niños campesinos, que costeó la carrera en colegio de la región o extranjeros a jóvenes que tenían notorias aptitudes para el estudio. Que en su propio hogar encontraban albergue niños desamparados, y que los enfermos tenían atención médica y medicinas gratuitas proporcionadas por él mismo. Don Francisco logró el progreso económico de esa región y el bienestar general de sus habitantes. La vida de Madero se puede dividir en cuatro décadas de esta manera: los primeros 10 años para vivir en el hogar paterno, otros 10 años para estudiar y viajar; los siguientes para trabajar y hacer el bien a sus coterráneos y su última década la entregó hasta la muerte al servicio de su patria, he aquí una vida perfecta, hasta en la distribución de su tiempo. Poco antes de cumplir 30 años el señor Madero, el dos de abril de 1902, presenció en Monterrey aquel zafarrancho sangriento, con que el General Reyes disolvió un movimiento democrático, este suceso excitó su sensibilidad y definió su vocación; inclinándose desde entonces a trabajar activamente por la causa de la democracia en México.
El señor Madero, el hombre culto, trabajador, generoso, no pudo ver ni con serenidad ni mucho menos con indiferencia que una función cívica fuera objeto de una horrible carnicería. Y desde ese momento se propuso poner su inteligencia y su corazón al servicio de la nueva causa. En el año de 1905, aprovechando las elecciones municipales de San pedro de Las colonias, y de gobernador en Coahuila, congregó a sus amigos y formó con ellos el “PARTIDO DEMOCRATICO INDEPENDIENTE” y fundó también el semanario “EL demócrata” en donde empezó a escribir artículos de enérgica censura contra las autoridades dictatoriales de Porfirio Díaz. Ensanchando el radio de sus actividades políticas y para hacer triunfar una candidatura independiente al gobierno de Coahuila, buscó la colaboración de ciudadanos entusiastas que después de harían famosos en su lucha por derrocar a Porfirio Díaz: Don Venustiano Carranza, Don Serapio Aguirre, Doctor Rafael Cepeda, Doctor José María Rodríguez y el licenciado Aguirre Benavides, pero no era la lucha democrática la que haría triunfar la causa del pueblo; se impuso la dictadura, y todos los que se habían congregado en la justa pacífica fueron perseguidos por las autoridades no escapando el propio Madero, quien se convenció de que no eran las elecciones las que vendrían a cambiar la faz de las cosas.
Sin desalentarse por estos primeros fracasos, Madero siguió estudiando el problema político de México, y producto de estos estudios fue el libro que escribió y publicó al empezar el año de 1909, con el título de “LA SUCESION PRESIDENCIAL DE 1910”, libro que fue como una clarinada, en la que su autor habría de tomar parte activísima, su libro fue escogido con beneplácito por los hombres independientes preparando el terreno que pretendía, cual era la formación de un gran partido nacional que pudiera hacer frente y arrollar por su fuerza moral y numérica a los imposicionistas oficiales del gobierno de Porfirio Díaz desde luego formó el primer Club Antirreelecionista en San Pedro de las colonias, ayudado por su hermano Alfonso, (al cual le sacaron los ojos) y los señores Alejandro Martínez Ugarte, Catarino Benavides y Gabriel Calzada, poniéndose en contacto con otras muchas personas de la capital y de los diversos estados de la República. Considerando Don Francisco I. Madero que no era San pedro de las colonias el punto más adecuado para dirigir desde allí las actividades que tendrían que abarcar a toda la nación arregló sus negocios particulares y se trasladó a la Ciudad de México, en donde fundó el Partido Antirrelecionista. No pretendía el señor Madero que dicha agrupación llevara la vida que más o menos activa que el entusiasmo de sus afiliados quisieran y pudieran darle.
A parte de ramificar aquella institución por donde quiera, de crearle un órgano periodístico de celebrar mítines y manifestaciones, se dispuso a hacer él en persona una gira por las principales ciudades del país para hablar al pueblo y sacudir la consciencia de la gente, adormecida con el sopor del decantado progreso porfirista.
El 18 de Junio de 1909 inició su primera gira acompañado de su esposa y del ingeniero Félix. F. Palabisini, tocando primeramente la ciudad y puerto de Veracruz, en donde fundó un club y habló al pueblo. Siguió a Yucatán y desembarcando en Progreso y continuó para Mérida, lugar en donde encontró la franca ayuda de dos ilustres ciudadanos: el licenciado José María Pino Suarez, y el señor Alfredo Cámara Vale; el licenciado Pino Suárez era periodista, hombre de honradez acrisolada de espíritu de lucha que por la constate defensa que hizo de la justicia y de las clases humildes era muy estimado en toda la península y sumamente popular (el cual fue asesinado también). De Mérida siguió Madero a Campeche, luego a Progreso, Tampico y de allí a Monterrey y finalmente a San Pedro de las colonias, en la que terminó su primera gira fundando clubes y agitó fuertemente el espíritu popular con su verbo sencillo y convincente desprovisto de las galas oratorias. El gobierno porfiriano no se alarmó con esta primera gira del señor Madero; no le dio ninguna importancia, jamás creyó que su fuero adquirida en 30 años de dictadura, fuera destruida con las peroraciones de un hombre oscuro sin reputación militar o política. Más o menos lo dejó obrar, sin desatar sobre él la consigna de hostilizarlo fuertemente. Pero en Diciembre decidió el señor Madero realizar la segunda gira, esta vez por los Estados de la región del pacífico y salió de México acompañado de su esposa, del licenciado Roque Estrada y de su taquígrafo, toco Guadalajara en donde fue aclamado por sus partidarios de manera entusiasta y se siguió a Colima. En esta segunda Gira ya el gobierno porfirista empezaba a preocuparle la popularidad que Madero adquiría y dispuso que se le molestara en todos los lugares de su tránsito, amedrentando también para que no fueran a escucharlo. Se le tildaba de loco en los periódicos gobiernistas a aquel hombre decidido y patriota a quien la posteridad ha llamado con toda justicia EL APOSTOL DE LA DEMOCRACIA. En Colima se le empezó a hostilizar abiertamente impidiéndole imprimir volantes para anunciar al pueblo sus mítines. Se le negaba además localidad para verificarlo y finalmente se le impedía con ayuda de la policía que fuera escuchado por sus simpatizantes así el señor Madero emprendió su tercera gira por el resto del país, lo que vino a desencadenar en elecciones fraudulentas de Don Porfirio Díaz, y por consiguiente los inicios de la Revolución Mexicana de 1910.
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Fuente: La revolución Mexicana, Anales históricos 1910-1974 por el constituyente Jesús Romero Flores…

martes, 6 de febrero de 2018

LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ
💀💀…CON LOS PELOS DE PUNTA…💀💀
“EL REENCUENTRO… SUCEDIÓ UNA NOCHE DE CARNAVAL”
Fue por la década de los 40...estaba en su auge la pesca del tiburón...era aquella Paz de molinos de viento y floridos jardines. Aquella obscura noche de invierno, en el Salón Mutualista, rompía cancha “El pelón”, bailando alegremente con su pareja del momento, al ritmo de la noche y de hermosas notas musicales arrancadas a los instrumentos de las famosas orquestas de la época...de Don Rafael Castro y de Don Luis González...de pronto, “El pelón”, se paró en seco...no podía ser, se decía, lo que sus sorprendidos ojos miraban...entre el bolón de gente, bailaba una hermosa joven, que muchos años atrás había sido su novia, y quien le devolvía la mirada y le sonreía saludándolo insinuante, como invitándolo a acercarse...lo que ‘El pelón”, ni tardo ni perezoso, llegó de inmediato junto a ella, y al estar frente a frente le dijo muy sorprendido “!Pero no es posible que seas Laura!...!pero si traes puesto el mismo vestido de cuando nos despedimos la última vez, hace ya mucho tiempo!...- ¡Claro que soy tu Laura!”, le contestó ella, con una sonrisa seductora, “- Pero si me dijeron que habías muerto, casi me vuelvo loco de la desesperación, al sentir que te perdía; si hasta ya me casé hace algunos años, dijo con tristeza – Ya ves que no he muerto, nada más me cambié de casa y de barrio; pero ven, sigamos bailando”, dijo ella, acariciándolo...él sintió la frialdad de sus blancas manos recorrer su cuello...metiendo sus dedos entre su ensortijado y negro cabello, produciéndole raras sensaciones...pero por ningún momento pensó que se tratara de algo sobrenatural...!si hasta podía aspirar su perfume!.
Como en una ensoñación, de la que ‘El pelón”, no quería despertar bailaron muy felices estrechamente toda la noche arrullados por la romancera música de Don Rafael Castro...aquel inesperado encuentro había sido sensacional para él...de pronto Ella se quitó un anillo que él le había regalado cuando fueron novios años atrás, y se lo puso al muchacho en el dedo meñique, mirándolo a los ojos tiernamente y donde él podía ver en los suyos el negro abismo de la pasión. Cuentan los mayores que este caso fue muy sonado aquí en La Paz...El pelón y Laura vivían por el Barrio El choyal, y estaban comprometidos para casarse, pero como él era soldado, lo mandaron a una comisión a otro lugar, prometiéndole regresar pronto para realizar su amor y estar juntos. Al paso del tiempo, la muchacha se enfermó y languidecía de amor, hasta que una cálida mañana de verano, falleció, siendo sepultada en el panteón de Los San juanes.
El triste acontecimiento de la muerte de la muchacha, casi enloquece al “pelón”, que la amaba profundamente, y perdió el interés por volver a esta ciudad de La Paz. Pasaron los años, y el tiempo que todo lo cura, trajo algo de tranquilidad a “El pelón”, y se casó con una buena mujer; pero en el fondo del alma, le dolía aquella herida que nunca cicatrizó. Esa obscura noche de baile en la “Mutualista”, baile del reencuentro, ‘El pelón” ni por un momento dudó que su ex novia estaba viva, si la sentía palpitar entre sus brazos, y aspiraba el aroma de su negra y larga cabellera que se le pegaba a su rostro, en el que sentía su aliento, así como aspiraba la frescura de su piel, la que sentía demasiado fría, pero él pensaba que era por el frío que ahí hacía. Al término del baile, pegando su cuerpo aún más al de él, ella le pidió que la fuera a dejar a su casa, con una mirada llena de promesas; a lo que él accedió encantado...caminaban abrazados por aquellos pedregosos caminos, de aquella Paz de antaño...el caserío dormido iba quedando atrás, entre aquellos aromas a barro quemado de las ladrilleras.
Y de vez en vez se detenían bajo la fronda de algún árbol para besarse y acariciarse mutuamente...el tiempo y la distancia ni la sentían...”es más allá”, le decía ella...y continuaban caminando...los perros aullaban lastimeros a su paso, que hacía que se le enchinara la piel, pero “El pelón” ni en cuenta tomaba esos detalles, que indicaba que algo no estaba bien...y con una sonrisita inocente, Laura lo iba conduciendo hasta donde ella quería llegar...y entre beso y beso, le decía “Ahora es por aquí o vámonos por acá”, y así se lo fue llevando hasta que sin darse cuenta el pobre muchacho, llegaron a la puerta del panteón, la que se abrió misteriosamente, rechinando sus goznes...y él como que volvió a la realidad, y temeroso le dijo “Mi amor, pero si aquí es el panteón. – No temas cariño”, le dijo ella, y señalando con su blanca mano, apuntó a la lejanía “Allá esta mi casa”.
A esas horas de la noche en el panteón, “El pelón”, sentía un extraño cosquilleo en toda la piel...y al trasponer la puerta del panteón de Los San Juanes con ella fuertemente abrazado, de pronto...entre sus manos la hermosa y cautivadora Laura de negros y largos cabellos, desapareció...ante sus ojos, se esfumó...los pinos llorones se mecían lúgubremente, como emitiendo murmullos...los perros aullaban, y el molino de viento como alocado daba vueltas y vueltas aventando chorros de agua...el pobre ‘Pelón” se quedó como clavado al suelo en la puerta del panteón... estaba como sonámbulo...reía y lloraba al mismo tiempo, decía histéricamente mirándose a las manos, “De aquí desapareció, este anillo me lo puso anoche que bailábamos, Laura vino del más allá a regresármelo”, y así amaneció hablando incoherencias, la gente que lo miraba no entendía lo que pasaba, creían que el muchacho estaba enfermo. Hasta que por fin, su familia lo localizó y se lo llevaron a su casa, y poco a poco lo hicieron volver a la realidad. Ellos no entendían que era lo que le pasaba, porque nomás musitaba “De mis manos desapareció”.
Pasaron los días, y ‘El pelón” ya no fue el mismo. Se encerró en sí mismo, y no quiso platicarle a nadie lo que le había pasado, porque pensó, sólo se reirían de mí y creerían que estoy loco. Sólo a su señora madre le escribió una carta, narrándole todo lo que le sucedió; y despidiéndose de ella, y dejándole la sortija que Laura le dio, el Pelón entró en una tremenda depresión, hasta que una tarde de invierno a los pocos días del macabro suceso de la mujer que se apareció en un baile y desapareció en el panteón, tomó la decisión de quitarse la vida de un balazo. La gente en aquel tiempo, decían que Laura vino por ‘El pelón”, ya que tanto se amaban y para que cumpliera su promesa de estar juntos para siempre. Mucho se habló de este espeluznante suceso, y algunos todavía lo comentan...según se dice, la madre aún vivía y conservaba en ese entonces la carta y el anillo que el Pelón le dejó, cuando escribí y publique este relato hace más de 15 años.
...Cuando vayas al baile a la Mutualista, ándate con cuidado...no vaya a ser la de malas, que se te aparezca la mujer de largos y negros cabellos...y desaparezca conduciéndote con sus mimos hasta el panteón.
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viernes, 2 de febrero de 2018

LA PAZ...Y SUS LEYENDAS.

POR MANUELITA LIZARRAGA ÀLCARAZ

“LA ANIMITA...HISTORIA Y LEYENDA QUE SE CONFUNDEN...UNA TUMBA QUE FUE Y ES  VENERADA POR LOS SUDCALIFORNIANOS. “

EL NIÑO MARTIR DE LA PAZ


  • Miguel Manríquez fue el nombre del niño Mártir.
  • Concedía la salud a los enfermos… y quienes les correspondían con mandas.
  • Los estudiantes le pedían que los ayudara en sus compromisos escolares y le correspondían con veladoras,  flores o una oración.
  • Visita la capillita y retoma esa tradición que se pierde en el tiempo y en el olvido.



            Es lamentable el estado de abandono y destrucción en que se encuentra el edificio de la “animita”, siendo que esta tumba abandonada, y desconocida, fue motivo de veneración y tradición en los habitantes de aquella Paz de antaño, y sigue siendo de algunas personas de sienes plateadas en la actualidad, que aún guardan fe y respeto por esa costumbre y jóvenes también, ya que para ningún sudcaliforniano de aquella época es desconocida la historia de la animita. Al penetrar a sus instalaciones, esa cálida tarde de verano y al tener ante mis ojos el feo y pestilente espectáculo, con profunda tristeza cabalgaron como en una película los recuerdos en mi mente, trasladándome hasta aquella casita llena de amor, de amplios y frescos corredores arropados de perfumadas enredaderas, de encaladas hornillas y crepitantes tizones, y entre humos y exquisitos aromas, el bello rostro de mi madre.

            Evocando el añorado ayer, cuando tenía apenas ocho añitos, recuerdo...“don Chavalito, que dice mi nanita que le venda un milagrito de plata; que sea una manita, porque el lunes va a ir a la animita a pagar una manda. Ya sanó de su mano”. ¡Qué tiempos! Jubilosa corría por el malecón con el preciado milagro que colgarían en la animita. ¡Que emoción!, sería una gran experiencia el ir a la animita a pagar sus mandas.... Con cuanto fervor la abuela y demás gente, algunas vestidas con hábitos del sagrado corazón de Jesús, del santo niño de Atocha, de San Blas, o del señor San José, asistían los lunes a llevar veladoras, flores y milagros. La animita estaba en las afueras de la ciudad, en el cruce del camino, donde está ahora el primer semáforo en 5 de febrero y Félix Ortega. Era un humilde promontorio de tierra con una cruz y sin nombre; “el anima sola”, le decían también. La tumba estaba cercada con rejitas pintadas de azul, y siempre tenía veladoras prendidas y artísticos arreglos florales.

            Lo curioso de esto, es que la tumba tenía muchos milagros de oro y plata encajados en la cruz y nadie se los robaba. Había mucho respeto por esas cosas sagradas. A la luz de los candiles, en aquellas añoradas tardes lluviosas, mientras tomábamos café de grano con galleta marinera, contaban los antiguos, entre otras muchas leyendas, la de la animita. Unos decían que en esa tumba descansaba un niño mártir que dio la vida por su padre, al que acusaban de cuatrero, ya que este señor era tanta su necesidad que se vio obligado a robar una vaca para darle de comer a su numerosa familia. Por tal motivo, las autoridades de la época aplicaron la ley, según ellos, y lo sentenciaron a morir ahorcado. Y su hijo, que era apenas un adolescente, suplicando les pidió que no mataran a su padre, porque les hacía falta a su madre y hermanitos. Que mejor lo mataran a él, que daba su vida por su padre.

            Y cuenta la leyenda que aquellos chacales no se tentaron el corazón al ver al niño, y lo colgaron en un gran árbol de palo verde que había en el cruce de esos caminos. Y dicen que el cadáver del adolescente, estuvo colgado por tres días, meciéndose grotescamente para escarmiento de los cuatreros. Doña Dominga G de Amao, ameritada periodista y escritora, dijo que al niño mártir lo arrastraron por el pueblo, y después lo colgaron en el árbol, y que las autoridades de entonces no permitieron que se les diera sepultura, que debía quedar colgado para que se lo comieran los animales, so pena de muerte para el que desobedeciera la orden; pero que un primo de Miguelito que vivía en San Antonio, al que le decían “El Güero”; vino en la madrugada, lo bajó y sepultó en la tumba sobre otro cuerpo que ya estaba ahí, para que no se notara, que en realidad había dos cuerpos en esa tumbita.


Otra versión es que en la época de la Revolución, promovida por el Ilustre general Don Félix Ortega gobernaban el territorio de Baja  California Sur, jefes políticos, y las discordias y las hostilidades estaban a la orden del día. Unos eran fusilados, y otros eran desterrados en las famosas “cuerdas”, junto con sus más cercanos colaboradores y hasta con todo y familias. En una ocasión, entre los que iban en la cuerda de los desterrados le tocó a un señor llamado Miguel Manríquez. Y cuando el barco estaba de salida para llevarlo muy lejos, dejando esposa e hijos, de pronto dos jóvenes llegaron al muelle fiscal, y lograron meterse al barco ‘El Bonita”; era su hijo Miguel, acompañado de un amigo quien quería despedirse de su padre, porque tal vez jamás lo volvería a ver. Y los guardias que en todo miraban espías, se echaron sobre ellos, deseosos de venganza; y los acusaron de rebeldes. Los jóvenes fueron martirizados con el objetivo de sacarle alguna información y al no conseguir nada, porque no la había, ya que se dice que el señor era inocente, sacaron a Miguelito, lo arrastraron por las orillas de los montes, donde le dieron cruel muerte y fue sepultado en el cruce de los polvorientos caminos, quedando perdida la tumba, entre los matorrales. Que por eso le decían el ánima sola o animita.

            La gente, consternada por el martirio de aquel niño que murió por su padre y que estaba su tumba abandonada en aquellas soledades y caminos reales, le empezó a rendir veneración y a atribuirle milagros; sobre todo, cuando pedían por la salud de los niños y al sanar éstos, la manda consistía en rezarle y llevarle durante nueve lunes veladoras y flores. Los estudiantes secundarianos, también le pedían a la animita, que les ayudara a salir bien en los exámenes, y se lo cumplía, y en pago al favor recibido, le prendían veladora y le rezaban. La animita, primero fue un promontorio de tierra lleno de veladoras encendidas, cubierta su cruz  de milagros,  y siempre tenía flores frescas o de lámina. Luego, al tiempo, estuvo cercada de rejitas de madera pintadas de azul. Después, alguien le mandó construir una sencilla lápida. Y se dice que una caritativa dama, agradecida por el favor recibido, al sacarse la lotería le mandó edificar su capillita, donde la gente acudía llena de fervor.

            Decían también los mayores, que en el palo verde donde colgaron a Miguelito, el que estuvo por mucho tiempo, fueron varios los espantados al escuchar el chirriar de la cuerda que se mecía con el viento. Otros contaban que en el cruce de esos caminos escuchaban que lloraba lastimeramente un niño, perdiéndose el llanto entre el viento y el monte. Lo cierto es, que la animita, fue un punto de referencia y de veneración para el pueblo sudcaliforniano y está en el más completo abandono.

            Antaño, el cuerpo inerte del niño mártir que dio la vida por su padre...pendía grotescamente de aquel frondoso árbol a la veda del camino...la gente consternada por el brutal ahorcamiento, en procesión le llevaban milagros, veladoras y flores...una costumbre y falta de fe, que al paso del tiempo se perdió...quedando la animita en la leyenda.



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jueves, 1 de febrero de 2018

LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA
“LA CONSTITUCION DE 1917...EN SU PRIMER CENTENARIO...LA CIUDAD DE QUERETARO FUE EL ESCENARIO HISTORICO”.
LA CONSTITUCION ES LA BIOGRAFIA DE UN PAIS. EN CUANTO A LA DE MEXICO, SE PUEDE DECIR QUE EN CADA UNO DE SUS ARTICULOS PALPITA LA HISTORIA NACIONAL ENTERA.
El 22 de Octubre del año de 1814, en Apatzingán, apuntó el alba de la vida institucional democrática y republicana que disfruta México. En esa población michoacana se firmó el decreto constitucional para la libertad de la América mexicana, en el que palpitan los pensamientos libertarios del gran Morelos y de los próceres que, con el más ardiente patriotismo lo secundaron en la tarea de proporciones gigantescas de conquistar la libertad, aún a costas de sus vidas. Roto el ritmo de la contienda por la desaparición de los más connotados insurgentes, también que quedó destruida la vigencia de la constitución, sin que por ello dejaran de vivir en las mentes y corazones de los mexicanos en anhelo de ser libres. Desde entonces, una sucesión de hechos tenebrosos de sangre, traición, prevaricaciones, y crueldades que culminaron hasta con la mutilación del territorio patrio, engendró en el animo de los hombres liberales y progresistas, la decisión de erguirse, valerosos para repeler aquella situación hacer brillar otra vez el nuevo día de una verdadera Independencia.
Vino el Plan de Ayutla y con su triunfo la instauración del Congreso que forjó la Constitución del 57 en la que se plasmaron los mandatos con sentido humano que provocaron la furia de los conservadores hasta comprometer la patria poniéndola bajo la férula de naciones extranjeras que apoyaban como gobernantes a personas de igual origen. El indómito Don Benito Juarez García, y quienes lo secundaron, enfrentando todas las vicisitudes de una contienda desigual, alcanzaron la victoria, manteniéndose frente a todas las acometidas del elemento conservador. Se hizo la paz por uno de aquellos adalides del 5 de mayo quien, habiendo llegado al poder, olvidó su origen y llenó de ignominia su gloria de soldado, dejando que en México imperara la injusticia en todas sus manifestaciones durante 30 años, razón por la que fue derrocado al influjo del mártir de la democracia Don Francisco Indalecio Madero, el visionario, el apóstol de la bondad y de la democracia, quien ya ungido por el pueblo ocupó la primera magistratura.
La más horrenda traición lo hizo su víctima y Victoriano Huerta pisoteando la ley y tratando de borrar todos los principios de moral cívica, se enfrentó a la furia popular que en Coahuila, tuvo su caudillo y héroe que supo encabezar nueva lucha hasta instaurar la ley y reivindicar todos los derechos ultrajados. Ese caudillo fue Don Venustiano Carranza quien con su carácter de gobernador constitucional del Estado de Coahuila, puso en alto la insignia de la legalidad y con su ejemplar firmeza de carácter, la sostuvo fuertemente en sus manos, en medio de los más rudos vendavales de la política llevando al país a una nueva vida al darle la Constitución que está en vigor, y para cuya estructura dio cita en Querétaro a hombres de toda la República quienes arribaron por todos los caminos llevando al constituyente su amor a México el bagaje de su experiencia en la vida los dolores del necesitado, y el anhelo de forjar un México feliz, libre y próspero para siempre.
Fue muy solemne la instauración del congreso el 1 de diciembre de 1916, un día antes, se había elegido la mesa directiva y presentado su respectiva protesta; quedando integrada de la siguiente manera: presidente, Luis Manuel Rojas; vicepresidentes Cándido Aguilar y Salvador Gonzalez Torres; secretarios, Fernando Lizardi, Ernesto Meade Fierro, José M. Truchuelo y Antonio Ancona Albertos; prosecretarios, Jesús López Lira, Fernando Castaños, Juan de Dios Bojórquez y Flavio A. Bojórquez. Después de la declaratoria de instalación, el Presidente designó una comisión para recibir al primer jefe de la nación, Don Venustiano Carranza quien se hallaba en las puertas del Congreso.
Entre aplausos muy nutridos, penetró Don Venustiano Carranza y tomó asiento a la izquierda de la Presidencia. Se le concedió el uso de la palabra, y con su voz grave y clara, da lectura al discurso con que hace entrega de su proyecto de reformas a la Constitución de 1857. El párrafo siguiente de su discurso memorable y de gran significado muestra la patriótica intención que motivo al señor Carranza al convocar en todo el país al congreso constituyente.
“NO PODRE DECIROS QUE EL PROYECTO QUE PRESENTO ES OBRA PERFECTA, YA QUE NINGUNA QUE SEA HIJA DE LA INTELIGENCIA HUMANA PUEDE ASPIRAR A TANTO. PERO CREEDME SEÑORES DIPUTADOS, QUE LAS REFORMAS QUE PROPONGO, SON EL FRUTO DE MI PERSONAL EXPERIENCIA Y LA EXPRESION DE MIS DESEOS HONDOS Y VEHEMENTES PORQUE EL PUEBLO MEXICANO ALCANCE EL GOCE DE TODAS SUS LIBERTADES, LA ILUSTRACION Y EL PROGRESO QUE LE DEN LUSTRE Y RESPETO EN EL EXTRANJERO Y PAZ Y BIENESTAR EN TODOS LOS ASUNTOS DOMESTICOS”.
Después de prolongados y nutridos aplausos en congreso entró de lleno en la discusión y estudio del articulado constitucional. Las comisiones de reforma que presidió el General Francisco J. Mújica y Machorro Narváez, trabajaron día y noche. Los dictámenes se presentaron después de una labor ardua y consistente. Así transcurrieron las sesiones mañana y tarde de aquel memorable mes de Diciembre de 1916. A veces había también sesiones nocturnas, el tiempo era bien aprovechado. En aquel tenso ambiente entre fumarolas y aromático café surgían los artículos que provocaron las mayores controversias, el tercero, el 27, 123, y 130. La asamblea abordó los grandes problemas los que más interesan al elemento revolucionario de México: la educación, los derechos del trabajador, la nacionalización de la tierra y la propiedad del subsuelo, las garantías sociales y todas las conquistas por las que se han luchado y costaron tantas vidas de mexicanos en el transcurso de la revolución.
Quedó la obra consumada en un plazo de 60 días, teniendo tres sesiones varias veces. El constituyente forjó la carta magna de Querétaro. Algunos de sus artículos se votaron a las tres de la mañana, tocándole por ventura al ilustres general Francisco J. Mújica presidir la primera comisión dictaminadora, tocándole por lo mismo redactar el resto del dictamen respectivo y además fundamentar el artículo tercero en medio de un torbellino, de una atmósfera demasiado caldeada, que a veces parecía que se iba a venir a bajo el teatro Iturbide, recinto de las liberaciones constitucionales. En ese memorable día, en la Ciudad de Querétaro el General Mújica abordó la tribuna para sostener el dictamen de la gran Comisión. Su potente voz se dejó escuchar categórica y solemne para decir que la importancia de ese momento era más interesante que los días del movimiento armado, porque se estaba defendiendo el porvenir de la niñez y con ello el futuro de la patria. Y levantando a un más fuerte la voz, dijo “de una vez por todas hay que salvar a la niñez de las garras del clericalismo, dándole una educación laica y completamente gratuita”. La oportuna y decisiva intervención del constituyente Mújica determinó que fuera aprobado el artículo tercero constitucional que define la educación mexicana. Así como el artículo quinto, séptimo, 16, 13, 123 y 130 entre otros.
Nuestra carta magna, esa constitución cumple hoy 5 de febrero su primer centenario, y aunque fue vituperada y combatida por propios y extraños se ha impuesto en la consciencia universal como la norma más sabia y justa de un pueblo en marcha hacía la superación de la vida en todos sus aspectos.
Gracias a hombres como Benito Juárez, Don Venustiano Carranza y una pléyade de visionarios constituyentes, entre ellos Salvador Álcaraz Romero a través de los tiempos se forjaron las constituciones de reforma de 1857 y nuestra carta magna de 5 de febrero de 1917 que han sido ejemplo, y que han regido al país…
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LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ
“EL PILÓN...CAPA LA COCHI...Y LOS TENDAJONES DE ANTAÑO”
🎶🎶Don serafín...cinco de té, cinco de azúcar y diez de café🎶🎶...con esta alegre tonadita decíamos los chamacos piloneros y capa cochis en aquella época dorada de los tendajones de antaño, al tiempo que tamborileábamos los dedos en el gran mostrador de gruesa madera de la tienda La Jarocha, fundada por los señores Don Serafín Díaz y su distinguida Esposa doña Emma Gómez de Díaz, hace más de siete décadas y que aun está donde mismo en Belisario Dominguez y Cuauhtémoc...o de lo contrario, decíamos entre aquel montón de gente, la otra tonadita que se la había compuesto a Don Serafín 🎶🎶“Don Serafín del Monte, don Serafín cordero, por ser yo tu vecino despáchame a mi primero” 🎶🎶“!no capes la cochi muchacho!”, decía don Serafín al tiempo que le pegaba con el puño al mostrador. Estas tonaditas andaban de boca en boca de todos los niños que éramos los mandaderos piloneros y capa cochis, así como a la hora de jugar a la lotería o a la oca, o en las rondas infantiles, estas tonaditas eran también parte del juego. El pilón y capar la cochi era el atractivo para los chamacos que ahora ya peinamos canas, y que algunos se han marchado a rendir cuentas al creador. Capar la cochi era que el niño compraba menos mandados de lo que se les encargaba...un cuarto de café dos kilos de maíz, 20 centavos de almidón, 20 de brillantina, cincuenta de manteca, un litro de tracto Lina o petróleo lila, dos leños etc. Y al mandarnos al mandado, nos acompañaba la consabida reprimenda de “no vayas a capar la cochi porque te pego una pela”. Y el pilón consistía en un puño de zurrapas de pan, la que daban los comerciantes a los mandaderos en un cucurucho de papel estraza, una panochita güerita, o prietita o una melcocha, una galleta marinera, un dulce Larín, o un pirulin; un puño de salates de la sierra; en fin todo esto hacia la alegría de los niños que dejaban honda las calles haciendo mandados todo el día y claro los niños se iban a adonde daban mejor pilón.
“el pilón”, decía la abuela a la hora de los cuentos alrededor de las lumbreantes hornillas entre aquellos aromas a café de grano y atole de pinole, a la luz de los candiles, mientras comíamos chimangos o gorditas de maíz con manteca de res retacadas de queso con panocha, que a su vez le contaban a ella los antiguos, que esta costumbre del pilón y de capar la cochi la impusieron los españoles, los comerciantes le entregaban a los niños el pilón como un estimulo en su compra, para que les consumieran a ellos y así seguir la tradición del pilón que trajeron de España. Era una competencia entre los comerciantes con los chamacos piloneros. Los niños de aquella época se disputaban el honor de hacer mandados, y como olvidar aquellos aguerridos y tenaces comerciantes que mediante su vocación a través de los tendajones impulsaron el desarrollo de esta bella península...mencionare a los que recuerdo, y por que he vivido en los diferentes barrios donde abundaban los tendajones que vendían de todo lo que las familias del ayer requerían en sus necesidades diarias desde abarrotes, telas, bonetería, tlapaleria, mercería, hasta leña y tracto Lina entre otras cosas.
Por el barrio del choyal, donde viví en la casa de piedra, con mis padre, con abuelita, hermanos y hasta mi perro viejo el pachuco, estaba la tienda de don Melchor Ruiz y su encantadora esposa Doña Victoria, Padrinos de matrimonio por la iglesia de mis padres, don Chema, el gallito, don Vidal castro, el señor Jerez, don placido cota; y por el barrio de chula vista o isla de cuba, estaba don pepe Brooks, el chamaco, el gavilán, don salmón Díaz, luego, don esteban Talamantes, este señor daba de pilón chicharrones calientitos además de panochas, pan o galletas, don Luis Yee, aquí vivíamos en frente de su tiendita en Bravo y Guillermo Prieto. Don Eduardo Redes, en Ocampo y Guillermo Prieto él daba una panocha, el memo salgado, el quilayo, don Juanito Pérez, don Juan Gonzalez Rubio, Carlos Arámburo, la fama, don Manuel Cota, Rogelio Salgado, la casa Ruffo, esta no daba pilones, Alfonso Canseco, don julio Gómez, el mercado madero y sus locatarios, don Manuel Wong, la vencedora de don Conrado de la Peña, la chinita Yuen, don Luciano Geraldo, quien daba corridito el peso del mandado, y decía doña juanita ahí va el pilón. De los tendajones piloneros esta también don bernardo Maldonado, quien fue delegado en el triunfo y daba de pilón una rebanadita de queso con un pedacito de panocha de gajo...doña chata Talamantes, donde vivía mi compañerita de primaria, Lina Ruffo, en Guillermo Prieto y Marquez de León, también hubo un tendejón que daba pilón, don José y don Luis Dibeni, don Rogelio salgado, el chulé Beltrán, don Romualdo Hirales, macrina y el profesor Euximio Beltrán, el Moncho orantes, el gallito, con su tienda la escondida.
También estaba por la calle revolución y encinas la tienda del Mito, don José Amao, doña Anita yenki, donde el lico y Leonor daban un guajilote, una granada o una guayaba, y especialmente apreciado por los niños, el chinito Santiago Yee porque daba muy buenos pilones, un cucurucho de galletas abetunadas. Por el barrio el manglito, el chinito Santiago Unzón con la tienda la voz del manglito, su hija chelo, daba un exquisito helado de naranjita o tamarindo, la chacha veliz, por la inalámbrica, la abarrotera, de don Manuel Rembao, en 16 de Septiembre y revolución el inolvidable y carismático memo salgado y su estimada esposa doña María siempre daban un cucurucho de pinole de maíz tostado. La tienda de mi padre don Bernardo Lizarraga Tiznado, primero fue frutería Lizarraga y después fue tienda de abarrotes por el barrio el esterito que se llamó tienda Rory, donde también daban pilones y a veces unos platanitos, naranjas o tomates etc... Asimismo estaba el charro valencia en Serdán y cinco de mayo. ¡Qué tiempos aquellos de los tendajones, el pilón y la capada de cochi! Algunos carniceros daban también pilón. La cabeza de res y el librillo lo regalaban, así como un puño de chicharrones y regalaban la manteca de res para las gorditas. Don gilito y doña chepita Arriola se distinguieron además por su bonito carácter por regalar chicharrones tronadores calientitos. También en los changarritos daban el pilón...las primeras tiendas del barrio el manglito lo fue la jarocha, la chacha veliz, la voz del manglito, las tienditas de don Bernabé Camacho, don ángel Camacho y José murillo, lola Carballo, Víctor salgado, doña soledad cruz López la popular y muy apreciada doña chole la que continua con el puestecito “Mi capricho”, desde hace más de 7 décadas, Don Chale Savín, doña Elvia Romero, Lucio Geraldo, Victoria Romero y Don Juan Ortega en donde vendían en pequeño pero de todo y también daban el pilón.
La Paz fue creciendo, y fueron desapareciendo los tendajones paulatinamente así como la costumbre de dar pilón y capar la cochi; fundándose el primer súper mercado, por la década de los 60, “El Talamantes”, en Bravo y Altamirano, que fue una novedad para los habitantes de La Paz. Le siguió el Servicentro y luego el C.C.C. palacio. Ahora, los pilones son más modernos, son los descuentos constantes que hacen los comerciantes a los diversos productos que venden al público consumidor.
🎶🎶🎶...Don serafín, cinco de te, cinco de azúcar y diez de café y el pilón... “Don Serafín del Monte, don Serafín cordero, por ser yo tu vecino despáchame a mi primero”… 🎶🎶🎶
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lunes, 29 de enero de 2018

LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZÁRRAGA ÁLCARAZ
“LOS CARNAVALES DE ANTAÑO...CASCARONES CONFETIS Y SERPENTINAS”.
El carnaval, es uno de los festejos tradicionales más antiguos con raíces en Europa medieval. Fiesta pagana que antecede a la cuaresma. Aparece este festejo según crónicas europeas a partir del siglo XVI, como la adoración de la carne y el licor; también conocida como “carnestolendas”. Estas fiestas fueron celebradas en la antigüedad en las mansiones de las altas esferas sociales, que así se preparaban para la ausencia de la carne de toda clase en la semana mayor. En el estado de Baja California Sur los carnavales lo instituyeron los franceses a su llegada a Santa Rosalía desde 1885, cuando llegaron a la explotación de sus minas en el boleo, toda una época de historia en la península.
Y en La Paz se tiene memoria del primer carnaval que inicio el 14 de Febrero de 1904 con el programa escrito por el poeta sudcaliforniano don Filemón C. Pineda; siendo el primer numero el domingo 14 a las cuatro y media de la tarde con la llegada de “Torote Ciruelo” rey del carnaval, y la reina, la hermosísima señorita María Labastida, acompañada de su corte real formada por la señoritas Jesús Moreno, Margarita Silver y María del Carmen Sánchez Ordaz, así como de los jóvenes Gilberto Isais, Reynaldo Ojeda, y Lucio Salgado. El acto se verifico en la escalinata del muelle fiscal donde descendieron de la carroza real, la que fue adornada por el capitán de la marina mercante don Adolfo Labastida, y remolcada por el barco el “París”. Según el periódico semanario, la Baja California del 20 de febrero de 1904. Desde entonces esta costumbre de las fiestas carnestolendas se arraigo en la paz. Y cuentan los antiguos, que los festejos del carnaval de la reina y su gran comitiva llegaba por el mar, y luego Y según cuentan los mayores, los festejos de carnaval se realizaban siempre en la plazuela o Jardín Velasco; era y es la fiesta más importante del año en La Paz, donde todo era sana alegría, no había tiempo de dar cabida a la tristeza...la música y las mascaritas inundaba todo el pueblo desde temprana hora. En mis tiempos, época dorada de la década de los 50, de romance, de serenatas, de barcos mercantes, molinos de viento y tantas cosas bellas, en la mayoría de los hogares había gallineros repletos de gallinas ponedoras...gallinas contentas cortejadas y pisadas por el gallo, que dormían tranquilas, y desde luego el huevo era muy sano, lo que era el desayuno diario de las familias sudcalifornianas, y el cascarón era celosamente cuidado para las tradicionales fiestas carnestolendas, y en la gran canasta tejida de cogollo de palma colgada estratégicamente en la viga del techo del corredor arropado de perfumadas enredaderas y emparrados, lucía atascada de cascarones durante todo el año...los que serían preparados por toda la familia en vísperas del carnaval...!y que carnavales señores!...tan sanos, tan alegres que se realizaban en la plazuela o jardín Velasco.
En los carnavales del ayer era una tradición que en la mayoría de los hogares se arreglaban los cascarones pintándolos con palo de Brasil y cascaras de granada y lomboy, lo que era motivo de convivencia familiar, era muy divertido, participaban en este tradicional arreglo de cascarones desde la abuelita hasta el perro el pachuco que se echaba a sus pies a observar la labor que se realizaba. Los adultos preparaban la tinta de palo de brasil, y el engrudo; y los niños se encargaban de retacar los cascarones de confeti y cubrirlo con un pedazo de papel de china pegándolo con engrudo. Cuando las cajas de cascarones estaban repletas, se repartían entre los miembros de la familia y generalmente les tocaba a cada quien una gran bolsa de papel estraza llena de cascarones, los que debían alcanzar para todos los días de carnaval, de aquellos añorados tiempos carnavaleros que los chamacos no entendían por qué eran estas fiestas tan bonitas de sano disfrute familiar, el que empezaba con elegir las candidatas a reinas y el rey feo.
Conseguir el permiso de los padres de la candidata a reina era todo un reto. Generalmente eran dos candidatas, una jovencita de la alta sociedad y otra de clase media, porque antes no había gente tan pobre en La Paz, una quedaba de reina y la otra era su princesa. Mediante colecta de dinero en toda la ciudadanía, comerciantes y clubes de servicios, como Los 20-30 y Cámara Junior, los que se esforzaban en presentar los más bonitos carros alegóricos y comparsas...algunas que se recuerdan “Las bastoneras”, “biruta y capulina”, “Blanca nieves y los siete enanitos”, y “La tremenda corte”. Cada semana Se hacían el conteo de los votos, el que empezaba un mes antes del carnaval. Bonitos bailes se organizaban cada semana en el palacio de gobierno frente a la plazuela, mediante la venta de claveles a los muchachos, se recababan fondos y así tenían derecho a bailar con las jóvenes, estos estaban amenizados con las bandas de don Rafael Castro y Don Luis Gonzalez y demás músicos del ayer, donde presentaban a las candidatas con el fin de recabar votos, ya que se organizaban concursos de baile, y canto y acudía toda la gente del pueblo a esta fiesta de sana diversión hasta que el cuerpo aguantara, y al final, hacían el conteo de votos y eso era lo emocionante para la próxima semana y la que recaudara más dinero, era la que salía de reina y princesa electas.
El sábado de mal humor era fiesta en toda La Paz. Desde temprana hora paseaban el mal humor con estruendosa música carnavalera por todos los barrios, seguidos de mascaritas, chamacos, las bandas de música y hasta los perros y se les iba uniendo la gente hasta llegar al palacio de Gobierno donde lo colgaban en el balcón y el que era quemado después que la máxima autoridad daba lectura al cómico testamento, el que era publicado en los diarios locales. La plazuela lucía atascada de gente, las calles 16 de Septiembre, Madero y Revolución eran cerradas hasta la 5 de Mayo, luego empezaba el baile, el que se ponía a todo dar, amenizado por las famosas orquestas de Mariano Mercerón y Ramón Márquez así como las ya mencionadas de Don Rafael Castro y de Don Luis González y la música se escuchaba por toda La Paz...hubo ocasiones en que presentaron artistas de renombre como Amalia Mendoza, Lola Beltran, José Alfredo Jiménez y los Tres ases, entre otros de gran prestigio. Las fiestas de carnaval eran un sano esparcimiento familiar. No se vendían bebidas alcohólicas. Frente a la plaza había un restaurantito, “Mi preferida”, de doña Pachita Díaz de Espíndola, madre de los tres reyes magos, Gaspar, Melchor y Baltazar, respetable señora muy estimada por la sociedad porteña y famosa por el exquisito menudo que vendía. Estaba también el güero Wilson con sus sabrosas tortas y taquitos dorados y enmarcaba aquella alegría la romancera y tradicional nevería Flor de La Paz, de gratos recuerdos. ¡Que carnavales señores! El domingo por la mañana era coronada la reina electa, en el Teatro Juarez, así como sus princesas. Y desde el domingo, lunes y martes, era alegría total en todas las familias de La Paz. Todos andábamos muy felices. Venían gentes de los ranchos y demás poblados aledaños a disfrutar el carnaval. Todo mundo estrenaba ropa nueva.
Sastres y costureras tenían mucho trabajo. Por lo menos un vestido diferente para cada día de carnaval se estrenaba toda la familia. En casa vendían hasta las gallinas para la compra de telas y moños y otras cosas para esas fiestas carnavaleras, que no se necesitaba mucho dinero para divertirse sanamente ya que no había vendimia de tanta cosa, se acostumbraba que al salir a cualquier baile, la gente se iba con la barriga llena. En la Nevería La Flor de
La Paz, se compraban exquisitas nieves si acaso, se iba a bailar y a divertirse, no a comer.
A las cuatro de la tarde paseaban la reina y su corte por toda La Paz, en hermosas carrozas adornadas con flores naturales de buganvilia, zinnias y sempazuches así como papel de china y crepé, y la gente sacaba a las banquetas las rechinadoras poltronas para verlos pasar. Había verdaderos artistas que arreglaban los carros alegóricos bellamente, entre ellos, la inolvidable Doña Nachita Estrada y el mazatleco Don Alfonso Cornejo...carros que iban seguidos a pie de la cochi, orquestas, comparsas, mascaritas, uniéndose la gente hasta llegar a la plazuela donde se daban cita toda la gran familia sudcaliforniana y empezaba el baile por los cuatro lados de la plazuela con sus debidas orquestas; y mientras que los abuelitos y los padres estaban en las bancas con un ojo al gato y otro al garabato, las muchachas daban la vuelta en el jardín por el lado izquierdo y por el derecho los varones quebrándose cascarones mutuamente y tirándose serpentinas y confeti entre coqueteo y coqueteo, quedando el piso como colorida alfombra de serpentina y confeti, mientras que los niños hacían su agosto con su bolsa de cascarones. Había un señor llamado don Basilio, que era sordo y rentaba sillas de extensión a 20 centavos la hora, así como vendía cascarones a 3 por diez, serpentinas y espanta suegras. La mujer de lunitas y la señora Flores, rentaban disfraces. También se jugaba a la lotería y había puestos de pan, gorritos, y mascaras. Recuerdo una leyenda que decía en un gorrito que traía una muchacha “para todos hay, pero se pide”.
Su majestad la reina estaba sentada en el trono aventando serpentinas con toda su corte, mientras la gente bailaba. Había concursos de bailes y de disfraces; las mascaritas bailaban en grupos, y a las doce de la noche se quitaban el disfraz. Desde las calles 16 de Septiembre, Madero y Belizario Domínguez, hasta la plazuela, estaban inundados de gente esas arterias de La Paz. En aquellos días de carnaval, se escuchaba la tambora y la cochi por todos lados, así como dentro de los primeros autobuses del pueblo, la panochita y el panochón iban los músicos tocando; y por la tarde era costumbre que los grupos de mascaritas andaban por los barrios y hasta las hornillas de las cocinas se metían y decían “no me conoces mascarita?” y era un corredero de chamacos que a modo de juego, los asustaban. En el Carnaval del Ayer, no venían vendedores de otras partes, no había limosneros en La Paz, no había borrachera ni fritanga, ni drogadicción mucho menos. No se conocía esa palabra. La palabra droga era cuando estaban endrogados, o sea, que pedían fiado, tenían una deuda, eso era lo que la gente conocía por droga.
Los carnavales de antaño eran para divertirse no para negocio y borrachera, y gracias a algunos coordinadores de comités de carnaval, que se recuerda, se pudo gozar de ese sano esparcimiento, los señores: Jesús Gibert, Enrique Cunninghan Gastelum, Rogelio Olachea Arriola y Jesús Murillo Aguilar entre otros; y la chispa de alegría la ponían personajes como Don Manuel Toledo, Pedrito Mercado Romero, Manuel Amarillas, Jaime Tuchman, Ruben Castro, Víctor Zazuela, Hugo Taylor, Don Anselmo Romero, Ricardo y Beto Yuen así como Francisco Yee entre otros que escapan al recuerdo. El martes de carnaval, hasta las 11 de la noche nada mas era el permiso, porque a las doce y un segundo el miércoles iniciaba la cuaresma con el miércoles de ceniza, y el domingo chiquito era carnaval para los niños. También había reina infantil con su corte, pero como estabamos en cuaresma, a ese carnavalito no nos daban permiso de asistir. Eran otros tiempos....Cascarones, confetis y serpentinas.
Y en aquella paz de antaño de gente sin tantas preocupaciones, en las enramadas, la canasta colgante tejida de cogollo de palma, de las que hacían las muchachas Jordán Camacho, lucia cargada de cascarones puestos por gallinas contentas.
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