viernes, 12 de junio de 2020

TRADICIONES Y COSTUMBRES.
POR MANUELITA LIZARRAGA.ALCARAZ
“LA PAZ...PARAISO DE MIS RECUERDOS”.
(LA FRONTERA DEL PENSAMIENTO EN LO REGIONAL).
Como luciérnaga, la chispa del cigarro del “tigre” que fumaba mi abuela se perdía en aquella oscuridad, preludio de un bello amanecer...El balde de nixtamal pesaba, y el fiel perrito por delante guiaba nuestros pasos...Somnolienta aun y temerosa apretujaba mi muñeca de trapo envuelta en el morral de Ixtle para el mandado...Nos dirigíamos, como Todos los días al antiguo mercado Madero...Corría el año del 49...Estaba en proceso de empedrado o pavimentación la calle 5 de Mayo...vivíamos por el barrio el Choyal. – Ay Abuelita que oscuro esta el camino que ni el perro se ve... – ¡Pos como se va a ver el “pachuco” si es prieto como la noche!. – Tengo miedo y tengo frío. – Pues aprieta el paso para entrar en calor.
El barrido de las calles con escobas de varejón de dátil por las mujeres de la época a esa hora de la madrugadita ahogaba nuestros presurosos pasos... El aroma a flores y a tierra mojada golpeaba agradablemente nuestra nariz...El chirriar de rondanillas y tambazos, jalando agua de los pozos, así como el tong tong de los molinos de viento se escuchaba...Pero no lograban apagar el canto de grillos y gallos que inundaba aquel ambiente de bello amanecer otoñal. – Nanita, por estas casas dicen que espantan. – Pues no voltees a verlas, no vaya a ser que te pegues un susto y tenga que darte té de palo de Brasil para el mal de espanto. La tiendita de don Chemita aun estaba cerrada, pero dentro de ella se escuchaban voces y se percibía el aroma a café de grano a nuestro paso. –Por que huele tanto a barro abuelita. – Es que los Yaquis del rumbo del panteón han de tener una quemazón de ladrillo. – Y quienes son los Yaquis, nanita. – Gente grandota y morena pero muy trabajadora que llegaron un día de por los rumbos de Sonora con sus costumbres y tradiciones y fundaron el Esterito, a veces bailan en la plaza muy chistoso, que la danza del Venado, los matachines y no se que cosas mas; y ya no le haga al preguntón por que no se mucho de los Yaquis, solo se que son pescadores, hacen ladrillos, artesanías de carey y concha de mar. A mi corta edad yo no entendía que era todo eso pero me parecía muy bonito la palabra Yaqui y Carey. ¡Que madrugadora era la gente de La Paz!, al igual que nosotros, sus pasos se empezaban a escuchar, pues el mercado Madero lo abrían a las cuatro de la mañana. Caminábamos por la calle Independencia y al cruzar la acera mi abuelita volteo sobre su izquierda rumbo a la calle Reforma, señalando a la distancia: “Allá va Don Miguel Miranda, seguramente va a la Tenería a su trabajo, pues tiene un alto cargo allí”. La silueta de un alto señor con sombrero se miraba en aquella oscuridad alumbrando con una lampara de mano, ya no quise preguntar que era Tenería por que empece a sentir miedo.
La mañana seguía oscura, íbamos llegando por la casona de mis temores frente a la huerta de dona Elena Verdugo, aquella dulce viejecita que una vez nos reprendió a mi hermanita y a mi dándonos una buena lección cuando saltamos a su huerta y cortamos naranjas amargas. La blanca casona con escalinata en el portal sostenido con hermosas columnas, causaba miedo, los huecos de las ventanas y de la puerta, y flameadas de tizne sus paredes parecían cuevas oscuras...Por muchos años la casona estuvo abandonada la gente decía que espantaban, y hasta la fecha según espantan, que las almas andaban en pena por toda la casa...Y en esas condiciones la gente de aquel tiempo sacaba la vuelta el pasar por allí; fueron varios los asustados que los espantaron. Mi abuela fue una de ellas. En una ocasión jugaba yo con mi muñeca de trapo y mi perro viejo tras el pretil de la encalada hornilla de lumbreantes tizones , escuche que mi abuelita le decía a mi madre: “Juanita, no quiero que oiga la niña lo que voy a decirte, por que se va a asustar y no me va acompañar al mercado. No vuelvas a pasar de noche por la casona, por que acabo de ver en el portal una mujer grandota vestida con ropajes largos y negros, el pelo brillante ondulado cayéndole hasta los hombres, no le vi el rostro pero cosa buena no es por que vestía de negro.” Pero el perro y yo ya habíamos escuchado aquello y al pasar por la casona a esa hora de la madrugadita y recordar la platica con mi Madre, sentí miedo. – No voltees para allá, mejor voltea para la huerta de doña Elena que esta dando vueltas el molino y saca grandes chorros de agua...El aire helado de los dos tiempos que corría pegaba en nuestros rostros...Y deshojaba los arboles poco a poco. – Nanita y por que están tiznadas las paredes de la casona del portal y toda por dentro? – Es que la quemaron por que murieron varias familias enfermas de tiz. – Y que es tiz?, abuelita. – Pues estaban tísicos o tuberculosos, una enfermedad muy mala que ha matado mucha gente en todo el mundo y aquí no se han escapado, por eso hay varias casas quemadas en La Paz, y luego las encalaban pintándolas de blanco. “La ciudad blanca” le decían a La Paz antes, por los años de los 30’s y 40’s por que sus casas, bardas y cercos, asi como los troncos de los árboles en su gran mayoría estaban pintadas de blanco, y la “pelona”, o “la muerte siriquisiaca” tenia mucho trabajo a causa de esa maligna enfermedad. – Es cierto que espantan aquí abuelita?. - ¡mjj!. El pachuco atento camelaba para la casona como presintiendo que algo iba a ver y yo miraba de reojo apresurando mas el paso recordando las grandes llamaradas que se hacían cuando quemaron las casas a los alrededores de la casa de piedra donde vivíamos y pensando que si mi madre se daba cuenta de que mi hermanita y yo sacamos de entre las cenizas y escombros con un palito unos juguetes y los enterramos entre los laureles, la pela que nos iba a poner y hasta al perro le iba a tocar la zurra, desde luego nos iban a dar un vaso de agua endulzada para el susto después de la cintariza.
De pronto, al llegar al preventorio donde fue antes la casa del Pueblo, y ahora es un jardín de niños y el centro de salud, una refusilata de chicotes se escuchaba y el presuroso trotar de caballos jalando un carretón negro que nos lleno de espanto al perro y a mi. – No te asustes, dijo mi abuelita, es la carroza de los Trasviña que se lleva los difuntos al panteón, que raro que ande a esta hora de la mañana!. – Mire nanita allá se divisa la “perica” en el Sobarzo!. Era un carro rojo como ambulancia que le decían la “julia”, también, y en ella se llevaba a los borrachitos al “tanque”, “tambo” o “al bote”, le decían a la cárcel. Lo que mi abuelita no sabia que en el corral de la cárcel mi hermanita y yo camelábamos por un agujero del cerco por que nos encantaba ver a los toros cebús que allí había y encaramarnos a las matas de zarzamora a cortar las moras lilas y moradas. Y en esa casa tan grande ¿ que es abuelita.? – Es el Preventorio donde asisten a los niños de los padres que están enfermos de tiz, los alimentan, los curan y los enseñan a labrar la tierra, así como les dan educación y sobre todo cariño. Esa huerta que ves allí son verduras y hortalizas que siembran ellos mismos para su alimento, y están aquí hasta los doce años, y esta es la huerta de los Flores, y esa casa de cucurucho, de ladrillo allí viven el profesor Domingo Carballo y su familia, también tienen huerta. El molino daba vueltas y en la huerta de los Flores donde ahora esta la fabrica de hielo de la “Monarca” había yo escuchado a mi Tío Lao que también espantaban así como en las huertas de los Isais y en la casa de porche de piedra gris en la esquina de Guillermo Prieto e Independencia pero me quede callada con mis temores, porque además había escuchado que por donde esta la librería y papelería Agruel todo eso había sido panteón y por eso espantaba por todo aquello. En realidad íbamos caminando por donde todo eso asustaban. Ya íbamos pasando por con don Chavalito Ibarra, aquel tierno viejecito de sombrero y dulce mirar quien al ver pasar a las muchachas les tocaba bonitas canciones con su música de boca,y que vendía santitos, también muñecas de trapo y muchas cositas mas que tanto gustan a los niños, y al dar vuelta por la estrella polar la que fue casa Cunningham y ahora es Importaciones Mary, mi abuelita dijo “ ya párele de preguntar por que de aquí hasta la lonchería de don Conrado de la Peña ya no quiero hablar, me voy a chupar otro cigarro.” Y Diciendo y haciendo encendió otro cigarro del “tigre” y continuamos caminando en silencio por la empedrada calle Revolución. ¡Cuántos molinos de viento había en el corazón de La Paz!. 1,250 molinos había, y le decían “LA CIUDAD DE LOS MOLINOS DE VIENTO”. Todas las casas tenían su molino y su huerta, y la que no tenía molino, tenía su pozo de agua con rondanilla o cigüeña.
El canto de los gallos empezaba a morir rompiendo aquel silencio el trinar de los pájaros...columnas de humo arropaban los techados, y una tronazón de talones se escuchaba a nuestro paso acompañado del alegre pregón de los palanqueros gritando y tocando puertas “!pescado fresco y barato a 75 la sarta!; ¡caguama a tostón el cuarto y a pachuco el pecho!; ¡lisas tatemadas a dos por 25 centavos! Y ¡callo de hacha a 3 por 10!”. El pescador con su paliacate amarrado en la frente vestido pulcramente de blanco, el pantalón cortado debajo de la rodilla, con la camisa amarrada a nudo en la cintura, con sus partidos pies recorría las polvorientas y algunas empedradas callecitas de La Paz con su palanca de raíz de mezquite al hombro donde pendían las sartas de pescado fresco colgados en cogollos de palma y en su mano llevaba una canasta tejida de palma también atascada de enormes callos de hacha que inundaban la orilla de nuestra hermosa bahía de La Paz., donde abundaba el alimento diario. – Son los palanqueros del Esterito, dijo mi adorada y sabia abuelita, sacándose el cigarro de la boca, y continuo diciendo, señalando a la distancia y aquel señor que ves en la otra acera con palanca al hombro y dos canastones llenos de verduras y frutas es el “marchante”. – Y que es el marchante, nanita?. – Es el señor Santana que vende la fruta y la verdura de las huertas tocando de casa en casa, hay dos marchantes en La Paz, EL, y el señor José Briseño”. Mejor me quede calladita por que ya íbamos llegando a la lonchería de don Conrado de la Peña, la que nunca cerraba y siempre tocaba la música, donde nos tomamos una taza de café de grano con nata y pan calientito y mi perro se comió una empanadita como todos los días, entre aquellos olores a menudo, pozolada, empanadas, y tamales enmarcados con el toque de la guerrera por los soldados en el cuartel donde ahora es el nuevo mercado Madero.
Mi abuela dejó el balde en el primer molino de nixtamal que hubo en La Paz fundado por don Ramón Briseño, para que fueran moliendo el nixtamal mientras hacia la compra en el antiguo mercado Madero fundado en 1932 por el General Ruperto García de Alba y el que estaba ubicado donde ahora es el pasaje Madero. El eterno pregón del baratero cumbre que se escuchaba de puerta a puerta del mercado, y que no lograban apagar el pitido de los barcos de cabotaje atracando en el muelle fiscal ni el zumbar de las licuadoras del puesto de chocomiles del español, así como ni el raspador de hielo del puesto de los raspados de don Trino Osuna, nos recibió a la entrada con el perrito por delante deleitando nuestros oídos todos aquellos ruidos propios del amanecer en el mercado. “¡Pásele Marchantita, tenemos hermosas telas a tostón el metro!, ¡cortes de Casímir Ingles, gabardinas y mezclilla a tres pesos!, ¡afelpados, cobijas y camisas para caballero!, ¡paliacates y medias de popotillo!, ¡tápalos, sombreros de ala ancha y pañueletas floreadas de seda, botones e hilos a precios de raaajatablas!”...Gritaba durante todo el día el baratero cumbre acompañado de su mujer doña Auxilio. Afiladas de cuchillos de los carniceros...El golpe del machete sobre los huesos y las colas de gentes en las carnicerías... de Juan Osuna, José Amao, Santos Núñez, Julio Albáñez, Severo Gómez, Lorenzo Lizardi, Gilito Arriola y Félix Peralta Osuna, entre otros que escapan a la memoria...El arrastrar de cajones de la fruta y la verdura que traían de las huertas del japonés Juan Kakowi y del señor Tamaki...El estira y afloja de los precios por la gente del pueblo llenando sus canastos y morrales del alimento diario que pagaban en monedas de plata Ley 0720 de aquellas...Aromas que se percibían a café de grano y pan calientito de la panadería Lília, así como a menudo, pozolada, machaca, cocido y arroz colorado de los puestos de comida de doña Cuca Tamayo, Victoria Villalejo y Tomasa Talamantes quienes palmeaban las tortillas de maíz y de harina hechas a mano. Un alboroto traían en el mercado aquella mañana por que Gollito Chávez, según decían, había sacado un tesoro en su casa.
Aquel hermoso amanecer de otoño perfumado a brisa del mar en el Mercado Madero, metida entre los largos ropajes de mi abuela quien escogía la verdura a placer, mis ojos se llenaron de alegría al contemplar a mi Padre, don Bernardo Lizárraga Tiznado, un hombre a toda ley, muy honrado y trabajador, en plena juventud, de bondadoso rostro y franca sonrisa, con sus rizados cabellos negros aún, con su cajón en el hombro surtía de frutas y verduras que se producían en la región, los puestos, así como de pacas de pescado seco de pura calidad: garropa, cabrilla y mero, a los señores comerciantes que algunos recuerdo, y Todos ellos fueron pioneros fundadores del antiguo Mercado Madero: Don Bebo Cota, Romualdo Hirales, Isaac Geraldo, José Castro “el guayabero”, Enrique Nava, Esperanza Cota, Arturo León, Miguel Romero “el Miguelón” como le decían cariñosamente y quien vendía la leche de doña Talpa Olachea, Santiago Jiménez, Don Luis Hirales, Lucio Sánchez, Ramoncito Navarro, Doña Chepita, Doña María Wong, Don Benigno Meza, Carlos Cota, Manuel Sliman y Reyes Rodríguez Casillas, entre otros que escapan a la memoria y que con su empeño y esfuerzo apoyaban la economía familiar e impulsaron el comercio de los productos de la región en su época, contribuyendo al engrandecimiento y desarrollo de Nuestra Entidad.
El perro, se puso muy contento al ver a mi padre, y como era su compañero de andanzas, aquella mañana en el Mercado Madero se quedo con Él. Que feliz me puse por que mi padre me dio una peseta de .25 centavos una jolita de dos centavos así como un cinco del monito, los que mi abuelita me guardó metiéndolos en su seno en su pañuelo hecho nudito, “para que vayas al matiné el domingo al cine Juárez con tu hermana Concha”. Salimos del mercado con la canasta y el morral de ixtle llenos de mandado, y una sarta de huesos amarrados con cogollos de palma. “Conseguí hueso de cuadril y de tuétano para el cocido” así como manteca de pella de res para las gorditas,y también unto de puerco, ahora, dijo mi nanita hay que recoger la masa en el molino, y luego vamos a la botica de Castro a comprar Belladona y alcalfor para untarle manteca alcalforada en la barriga a tu hermanita por que esta hinchada”. Mientras Carmelita la boticaria despachaba a mi abuela quien pedía también “hojasen” para lo estreñido y los cólicos, yo me senté en la banca verde con el mandado a mis pies a esperarla. – Nanita vámonos por la tienda de Don Salomón Díaz para que me compres salates de la sierra y bellotas para tatemarlas en las brazas, o sinó, por con el gavilán o el chamaco. – Otro día te llevo por la “isla de Cuba” por que ya se hizo tarde, ya andan los panaderos ofreciendo el pan en las casas con sus canastones en las cabezas sobre el yagual, eso quiere decir que ya pasan de las seis de la mañana y no tardan en pitar en la industrial dando la hora. Me quede frustrada en realidad quería pasar por las tiendas de don Pepe Brooks y de don Plácido Cota donde siempre tocaba el “barzón”, porque me encantaba ver las carretas tiradas por mulas, a los señores sombrerudos que venían de los ranchos a intercambiar productos, y las vacas en los corrales.
Al regreso, con la claridad de la mañana se miraban muy hermosas las callecitas de La Paz. Lucían barridas y regadas, perfumadas a flores, albahaca, yerbabuena y poleo. Al llegar a la casa, las barricas ya estaban llenas de agua jalada del pozo con cigüeña, ¡que cacareos de gallinas se escuchaba!, ¡y que aromas salían de la cocina!, a machaca, tortillas de harina y frijoles refritos. “El desayuno ya esta listo” dijo mi madre, vislumbrándose entre humos el bello rostro detrás de las lumbreantes llamas de los tizones mientras raspaba el queso para bañar el frijol, y molía en el molcajete los tomates y los chiles güeritos para la salsa los que había tatemado en las brazas. Pusimos el mandado sobre el pretil de la encalada hornilla, a un lado del apaste de barro de la avena, olorosa a hoja de naranjo, y de pronto mi madre exclamo alarmada “! El pachuco no viene con ustedes!”. – Se quedo con Bernardo en el mercado, dijo la abuela tranquilizándola. Mi madre sabia que el perro regresaría con mi padre hasta en la tarde, y no llegarían con las manos vacías; un costillal, una cabeza de res, una sarta de chorizo, o un queso, o quizá una tira de carne seca ya fuera de vaca, burro, venado, caguama o pescado pero algo traería seguramente. “Desayúnate y alístate para que te peine tu nanita y te vayas al parvulito”, ordeno mi madre. Me puse muy contenta por que después de aquel fin de semana vería a mi querida e inolvidable señorita, la profesora Estela Santana de Pineda en el kinder en la escuela Choyal.
Mientras mi abuela tejía mis cabellos embarrados de brillantina de la que ella preparaba, de tuétanos fritos con flores aromáticas y le ponía la correa de gamuza y los moños a mis trenzas, un largo pitido se escuchó.
¡Nanita está pitando la industrial!. – No, ese es el de la tenería Suela Viosca. – Y eso que es abuelita?.- Después te cuento, dijo, señalando a la distancia las fumarolas que salían de la larga chimenea de la tenería suela viosca y que inundaban el cielo.
...Antaño, En las madrugaditas aquellas...Por las empedradas callecitas de La Paz, paraíso de mis recuerdos...la niña temerosa caminaba de la mano de su sabia y comunicativa abuelita acompañada del perro “EL PACHUCO” y de su muñeca de trapo..
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LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ
“GRACIAS A JUAN DIAZ APRECIADO POR LOS GUAYCURAS, SE FACILITO LOS INICIOS DE LA FUNDACION DE LA MISION DE LA PAZ”.
• El HOMBRE DE LA CUEVA, EN EL CERRO DEL SIELENCIO…. EL CERRO DE LA CALAVERA, TENTATIVAMENTE…
El padre Bravo dice en el libro de historia de Baja California, de Pablo L. Martínez, en su relación referente al establecimiento de la nueva colonia lo siguiente: “en el año de 1712 la tripulación de un buque pescador de perlas mato injustamente a cuatro isleños de San José, y luego por temor a las represalias se retiro de las costas Peninsulares pero los allegados a los muertos permanecieron vigilantes para vengarse de alguna forma. Esta oportunidad se presento al siguiente año cuando arribaron a la Isla de Espíritu Santo cuatro barcos. Tres de ellos por temor a los corsarios o piratas se internaron en el Golfo para pescar sin peligro de ser asaltados por los piratas. Quedo en la isla citada un barco pequeño al mando del capitán Juan de dios villegas, vecino de Colima, con catorce buzos. Los buzos comenzaron a tener amistad con los antiguos Californios, quienes sin dar a conocer sus siniestros propósitos llegaban mansamente a donde aquellos estaban, y entre otras cosas simples pedían a los tripulantes que dispararan sus armas.
El objeto era muy distinto al que suponían los Extranjeros, pues lo que deseaban los Californios era saber hasta que grado podían serle fatales, y el tiempo que dilatarían hacer uso de ellas en caso de ataque. Así pues, con toda paciencia prepararon su plan, que consistió al fin en matar al Capitán, a un contramaestre mallorquín y a otro Español cuando estaban descuidados. Liquidada esta parte de su plan fueron hacia las canoas y como todos los buzos estaban desprevenidos, acabaron con ellos, respetando tan solo la vida de Juan Díaz, con el propósito de que este le sirviera de timonel y aparejase las velas del pequeño barco de Villegas del cual se apoderaron.
Cuando termino el periodo de la pesca, regresaron los demás barcos internados con el fin de tomar fondo en los puertos de nueva Galicia, y al llegar frente a las islas, determinaron tomar contacto con los Californios,. estos no los esquivaron, y después de asegurar a Juan Díaz sobre la cumbre de un cerro, se aprestaron a los rescates. Que consistió en lo que ellos mismos habían pescado en el producto del buceo de los hombres de Villegas y en los objetos del barco capturado, y los de los tres barcos internados. Comprendieron la procedencia de tales objetos e imaginaron lo acaecido a sus compañeros, sin embargo se hicieron disimulados y ni siquiera dieron aviso al Presidio de Loreto como era su deber más estricto. Los Californios mataron a todos los tripulantes, y las embarcaciones, hacian cada vez mas agua, y llego el momento que a los naturales les pareció conveniente prenderle fuego salvando solamente el herraje.
Los isleños habían dejado el barco donde hacían trabajar a Juan Díaz excesivamente achicando las bodegas. Un día. En que los indios se fueron de pesca, el cautivo. Juan Díaz, quiso huir, y para el efecto corto el cable del ancla e hizó la vela mayor, pretendiendo hacerse a la mar en calidad de tripulante único desprovisto de abastecimientos. Los isleños le dieron pronto alcance y lo hicieron regresar aplicándole como castigo alternativamente arrojándolo al mar y sobre cubierta hasta que lo dejaron bien aporreado. Al acabarse el barco, quedo Juan Díaz sin que hacer, entonces los naturales se dedicaron a burlarse de su persona y entre otros actos que les parecían de buen humor, encontraron una escopeta que había quedado cargada en tierra, y le disparaban sin darle, pero la pólvora llego a su fin gastada en salvas, y tal contrariedad, pensaron los indios subsanarla sustituyendo la pólvora con carcoma de palo podrido, de donde ellos sacaban su lumbre; pero pronto los indios se convencieron que no era lo mismo pólvora que carcoma. Un día determinaron los naturales isleños embarcar en la Bahía de la Paz, y así fue como organizaron una expedición nombrando de capitán a Juan Díaz quien iba armado de escopeta y machete, y quien iba vestido a la manera de los indios y a quien dieron como tarea que paseara por la playa para que los cuidara de los Guaycuras por quienes sentía gran terror. Cuando Juan Díaz se vio solo ,aprovechó e intento nuevamente huirse, dio a correr por el monte con la mayor rapidez posible. Los isleños le gritaban “capitán”; pero el no se dio por entendido, ni los Californios intentaron seguirlo por miedo de caer en manos de los temidos Guaycuras.
Juan Díaz paró de caminar cuando llego a la cima de una colina como a una legua de la paz; ahí encendió una pequeña fogata y se dispuso a pasar la noche. Al día siguiente descubrió el aguaje del rosario donde los barcos del buceo acostumbraban la aguada. En la propia mañana llego a ese punto sin encontrar alma viviente; Juan se dispuso asentar sus reales ahí, y para tal efecto formo una choza de piedras, durante el día se encerraba y por las noches salía a las playas en busca de caracoles con los cuales aderezaba sus sencillos manjares. Sus idas y venidas dejaban huellas como era de esperarse, y así fue como se dieron cuenta los Guaycuras y la siguieron dos veces sin dar con el hombre de la cueva, así le decían, el hombre de la cueva. Pero una mañana, al fin lo descubrieron a la tercera búsqueda y Juan Díaz juraba en su fuero interno que había llegado sus últimos momentos, teniendo en cuenta las referencias que tenía acerca de los naturales de la tierra por los mismos isleños.
Pero para su sorpresa , sucedió lo contrario de lo que Juan Díaz esperaba, los Guaycuras sin embargo, lo llevaron a sus rancherías, le ofrecieron pobres obsequios, y le presentaron humildes manjares; pero diversos de los que tenia por costumbre para calmar los imperativos de su cansado estomago. Además, los Californios le
prometieron no hacerle daño alguno. Lo cuidaban, y cuando estos salían a pescar lo llevaban con gran respeto junto a ellos y cerca de la playa le formaban una enramada para que tomara descanso. De cuando en vez se acercaban para ofrecerle pescado en tanto que las mujeres hacían lo propio con trozos de mezcal tatemado, raíces y semillas comestibles. Pero a pesar de tantos cuidados y atenciones, Juan Díaz entristecía más y más cada día; y algunos de los Guaycuras que lo vieron llorar le preguntaron la causa de su quebranto. Juan Díaz les contesto que deseaba ver a sus parientes, a los que no podía olvidar; entonces le ofrecieron los indios que al avistarse el primer barco lo dejarían partir para que volviese al seno de los suyos; pero a la vez le dijeron que si deseaba volver a su tierra, a la de los Guaycuras lo recibirían con afecto, y lo cuidarían como hasta el momento había ocurrido.
Seis meses y siete días transcurrieron entre la cueva y los Guaycuras en la vida de Juan Díaz en esta tierra de la paz, hasta que llego el momento que apareció a lo lejos la esperada embarcación. Los Guaycuras llevaron a Juan Díaz hasta la punta del cerro más alto donde prendieron luminarias las que llamaron la atención de don José Larreategia, capitán de la embarcación, la que ya estaba frente a la costa. Se botaron canoas al agua para acercarse a la costa y así fue como Juan Díaz quedo libertado y puso sus plantas sobre la cubierta del Balandro que pertenecía al general Don Andrés de Rezaba. Juan Díaz contó rápidamente toda su tragedia, y recibió desde luego regalos que la tripulación tuvo a bien ofrecerle. Otro tanto hicieron con los Californios Guaycuras en señal de agradecimiento” termina diciendo la crónica del padre Bravo.
Gracias al encuentro con Juan Díaz y los Guaycuras que acompañaban al Padre Salvatierra en su primera excursión en 1716, se logro con éxito la fundación de la misión de Nuestra señora del Pilar de la Paz, pero hasta en 1720 con el padre Bravo y Juan de Ugarte.
…Por el placer de escribir… Recordar... Y… Compartir…
…Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en los medios de comunicación masivos, mas importantes el sudcaliforniano, revista compas, programa de radio contacto directo, en el centro de radio y televisión canal 10…..*
LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR: MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ.
DON JULIO GOMEZ RITCHIE... INVENTO LA FORMULA DEL LICOR DE DAMIANA DE SUDCALIFORNIA…ASI LO DIJO SU HIJA DOÑA EMMA GOMEZ DE DÍAZ
“Bachimba se llamó antiguamente Cabo San Lucas... era un Venecia... así le puso mi abuelo Don Francisco Gómez Villaescusa en honor de mi abuela, Jem Ritchie de Gómez, y de la provincia Vascongada de España... a mi querido nieto Julio Gómez Ritchie, le dejo el portón de piedra de Cabo San Lucas, o sea el famoso arco, así dice el testamento de la tía Inés de Ritchie, entre otras cosas heredadas a la familia”. Dijo con infinita nostalgia la respetable y estimada Señora Doña Emma Gómez viuda de Díaz, al recordar su feliz infancia al lado de sus padres en aquellos años dorados de La Paz antigua y Cabo San Lucas. Cuando los galeones piratas del mundo Europeo merodeaban la península, así como los barcos japoneses que venían a matar ballenas, y cuando nuestras tierras peninsulares estaban perfumadas a damiana y orégano, y el rocío y el viento llevaban esos aromas a los pobladores de Sudcalifornia, su padre, Don Julio Gómez Ritchie fue un hombre emprendedor, industrioso, inteligente y muy trabajador... él inventó la fórmula del licor de damiana aquí en La Paz, la que dio fama a nivel nacional a esta entidad, industria que dio trabajo a muchas familias. Continúo diciendo Doña Emma remontándose al pasado.
Que Don Tomas Ritchie fue de los fundadores de Cabo San Lucas a finales del siglo XVlll llegó de Irlanda y quedó extasiado con las bellezas de estas aguas californianas, y le entregó el corazón a esta prodigiosa tierra de Cabo San Lucas y de La Paz. mi padre Don Julio Gómez Ritchie, además de inventar el famoso licor de damiana fue ganadero, comerciante y agricultor, así como fue un esposo y padre ejemplar... fue un hombre que con sus esfuerzo y trabajo contribuyó al desarrollo y engrandecimiento de Baja California Sur, apoyado por el amor y abnegación de su madre doña Enedina Ruibal de Gómez, virtuosa dama española quien le dio nueve hijas en esa hermosa bahía Sanlunquence, María Faustina, Emanuela, Enedina, Carmela, Aida, Herminia, Alicia, Anita y Lucia. su padre, radicó en Guaymas, Sonora por un tiempo; en su juventud trabajo en la casa Zaragoza como tenedor de libros y contrajo nupcias con su madre en 1915. Y por el amor que le tuvo a esta tierra se vinieron a radicar a los Cabos a trabajar y a luchar a brazo partido.
Era un Venecia Cabo San Lucas... su padre compró 320 hectáreas a su abuelo Tomas Ritchie en 500 monedas de oro, y construyó la hacienda “Las Golondrinas”... tenía billares y cantina, así como un tendajón... era el único comerciante en los Cabos. En el muelle viejo estaba una compañía empacadora de atún. Ésta y los negocios de su padre era lo único que le daba vida a Cabo San Lucas. Las Golondrinas, se llamó la casa de piedra, la que era famosa donde llegaban Extranjeros que venían en los galeones procedentes de todas partes del mundo. Ahí comían y se abastecían de todo lo necesario. Los juguetes más hermosos tenían... Luis el Austriaco les traía muñecas de las más preciosas de Australia y Noruega... disfrutaban de todas la comodidades a la Europea, porque era entradera de barcos de todo el mundo. Los marinos que llegaban a las Golondrinas también abastecían a su padre de todas aquellas comodidades. Su padre, dice doña Emma, tenía varios ranchos ganaderos y de tierra de cultivo, donde se daban las verduras vegetales y frutas de la mejor calidad, e tierra así como frijol y maíz. Destacaba el chilacayote, y todo tipo de fruta. En la tierra del “Llano” su padre cultivaba tomate de la mejor calidad el que exportaba a los Estados Unidos en los barcos mercantes, a través de los Comisionistas Don Valero y Manuel González Canseco. Los ranchos que poseía su padre eran; Bachimba, que es ahora Cabo San Lucas, El Cardonal, El Médano Partido, El Tesal, La Laguna y El Llano. Cuando niña se iban a jugar a las orillas de las playas con los lobos marinos. “cuanto les gustaba que las llevaran a San José del Cabo en el Calesín de la abuela Jem”. San José del cabo era un pueblo pujante donde se cosechaban frutas y verduras de exportación de la mejor calidad y sus bellas mujeres hacían dulces de la región entre otras cosas. Los domingos venía a la casa a pasar el día la tía Inés...! Parecía que había fiesta! Era una hermosa convivencia familiar... eran 27 primos casi todos de la misma camada, niños y niñas de doce años para abajo... el día de San Juan les podaban el cabello y era el único día del año que les daban permiso de entrar a la huerta del abuelo en donde cortaban toda clase de frutas, principalmente uvas, tunas y guayabas, y si querían manzanas, nada más pasando el arroyo se daban.
La navidad se festejaba con gran respeto. Doña Emma nació en el año de la Constitución 1917 y desde el tiempo de su tatarabuela, ya hacían buñuelos en casa y creían en Santo Claus. Era muy bonito y sano esa inocencia que tenían... en una ocasión le amaneció una casita de lámina armable, además de las muñecas noruegas y australianas, juguetes que en esa época ni se conocían aquí en La Paz pero que gracia a la entrada de barcos europeos, pudieron disfrutar. Los mares de Cabo San Lucas se inundaban de ballenas en su tiempo, y retumbaban en sus oídos los cañonazos de los barcos Japoneses que hacían una gran matanza de ballenas y explotaban clandestinamente las aguas de California. Desde los barcos japoneses que recuerda es la María Maru. La ruina de su padre y de otras familias fue el cultivo de tomate, se le echaron a perder 20 mil cajas de este producto por que no paso el barco a tiempo para transportar la mercancía. Luego, de pilón un gran temporal el más fuerte y devastador de la historia arraso con casi todo Cabo San Lucas, quedando en pie únicamente la casa de piedra Las Golondrinas. No mató mucha gente porque no la había... quedaron cinco familias muy humildes. El gobernador de ese tiempo le pidió a su padre que les diera permiso de asentarse en sus tierras a esas familias, lo que acepto con gusto.
Continua diciendo doña Emma que Don Julio Gómez les contaba que su padre Don Francisco Gómez Villaescusa, fue uno de los que fundó Cabo san Lucas... llego en un galeón pirata acompañado de 4 amigos extranjeros... Ceseña, Green, Ritchie, Collins y Gómez Villaescusa... venían de Irlanda eran aventureros, quienes después de viajar por muchas partes del mundo al llegar a las playas de Cabo San Lu\cas, se enamoraron de la bahía y exclamaron “que bahía tan hermosa” y se quedaron. Luego Tomas Ritchie compro todas las playas de San Lucas y lo tildaban de loco “que para que quería él tantas tierra y tanto mar” y él no más se reía. Fueron los primeros pobladores de Cabo San Lucas quienes Vivian de la pesca la ganadería y la agricultura. Don Tomas Ritchie fue el primer y mejor herrero y artesano de la época... hacia los frenos para las bestias de pura plata. Don Francisco Gómez Villaescusa, se casó con la señora Jem Ritchie y procrearon tres hijos... Inés de Sandoval, Carmen de Villarino, y Francisco, quien murió muy joven de diabetes.
Los ojos de doña Emma se rasan de lágrimas y continúan contando que después del vendaval que barrio a Bachimba o Cabo San Lucas, a Don Julio Gómez no le asustaba la adversidad. Se trasladó con la familia a este pintoresco pueblo de La Paz y puso una tienda en donde fue “El Ancla”, madero y 16 de septiembre, donde vendía de todo abarrotes en general, telas y mercerías. Compraba cueros de res y los mandaba a vender a Mazatlán. Don Julio se sentía muy orgulloso de sus nueve hijas, que para entonces eran unas hermosas señoritas muy respetadas, por lo que era famoso en el pueblo. Aquí en La Paz su padre inventó el licor de damiana, el que tuvo mucha aceptación y puso una industria dándole trabajo a mucha gente. Después vendió sus ranchos, y a petición de unas de sus hermanas que se casó y se fue a vivir a Guadalajara, invito a sus padres a que se fueran a radicar allá. Ellos con la ilusión de que le iría mejor se fueron a vivir a esa ciudad donde tuvo mucho éxito con su licor de damiana. La gente de aquí cosechaba la damiana, la comprábamos para enviarla a Guadalajara. En 1965 su padre vendió la patente del licor de damiana a un empresario de Tijuana, y tres meses después Don Julio Gómez Ritchie, falleció en Guadalajara el 25 de agosto de 1965.
Cabo San Lucas, Bachimba, era un Venecia... merodeaban los galeones piratas, los barcos Europeos y Japoneses que mataban las ballenas a cañonazos, termino diciendo Doña Emma, quien acudió al llamado del Supremo Creador, una cálida tarde de verano hace ya varios años
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LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ
“PENSAMIENTOS DE JOSÉ MARTÍ...PRÓSER CUBANO QUE NO DEBIÓ MORIR”.
• José Martí, Poeta, Ensayista y Político nació en Cuba el 28 de Enero de 1853...pero su obra no tiene Nacionalidad, es un hombre de la América entera.
• Guió la más grande de las guerras Revolucionarias Cubanas contra el dominio Español en 1885...Martí sentó con su pluma vibrante las bases del primer Partido Revolucionario.
• Murió luchando por la libertad de la Patria el 19 de mayo de 1895.
• “YO TENGO UN ESPÍRITU INMORTAL, PORQUE LO SIENTO, PORQUE LO CREO Y PORQUE LO QUIERO”. Así lo dijo el Prócer Cubano.
“Qué bueno fuera que, con ojos seguros los acaudalados del País se diesen a ayudar las verdaderas industrias de México, que no son las imitaciones pálidas, trabajos y contrahechas de industrias Extranjeras; sino aquellas nacidas del propio suelo que ni para nacer ni para vivir necesitan pedir prestado el alimento a pueblos lejanos, sino que trabajan de cerca e inmediatamente los productos propios”... (José Martí, La América, New York, Junio de 1883.
El destacado Intelectual y Luchador Social dijo en tierras Mexicanas.
“La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida; truécase en polvo el cráneo pensador, pero viven perpetuamente y fructifican los pensamientos que en él se elaboraron”. (José Martí, El Federalista, 05 de Mayo de 1876.
“Es hora de pensar....pensar espanta, cuando se tiene el alma en la garganta... ¡Oh sueño de los pobres!...los ignorados héroes de la vida....los que han solo en la ruta sin medida, cielo negro, sol puesto, aguas salobres, ellos tienen las canas en la frente, la noche del amor en la memoria y en la faz una lágrima caliente y un frío cadáver por Historia”.
“Oh México querido!, ¡oh México adorado!...ve los peligros que te cercan, oye el clamor de un hijo tuyo que no nació de ti...por el norte un vecino avieso se cuaja...por el sur, tú te ordenarás...tu entenderás....tú te guiarás....yo habré muerto...!Oh México por defenderte y amarte!, pero si tus manos flaqueasen, y no fueras digno de tu deber Continental, yo, lloraría debajo de la tierra, con lágrimas, que serían velas de hierro para lanzas, como a un hijo clavado en su ataúd...que ve como un gusano le come a la madre las entrañas.
...México crece, ha de crecer para la defensa, cuando sus vecinos crecen para la codicia”.
José Martí era el alma de un Pueblo, y su Consciencia era una Independencia encerrada en el Alma de un Patriota.
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LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARÁZ
DON PABLO LEOCADIO MARTINEZ MARQUEZ…ILUSTRE SUDCALIFORNIANO
• NACIO EN SAN JOSE DEL CABO B.C.S(santa Anita)
• FALLECIO EL 20 DE ENERO DE 1970 , EN LA CIUDAD DE MEXICO
• EL ARCHIVO HISTORICO DE LA PAZ, LLEVA SU ILUSTRE NOMBRE
• SUS RESTOS MORTALES DESCANZAN EN LA ROTONDA DE LOS SUDCALIFORNIANOS ILUSTRES.
• SU TRANSITAR POR LA VIDA FUE EJEMPLAR.
• VALIOSO LEGADO EDUCATIVO, CULTURAL E HISTORICO DEJO A HISTORIADORES, ESCRITORES, PERIODISTAS, ESTUDIANTES, Y A TODO EL P UEBLO DE SUDCALIFORNIA.
Don Pablo L. Martínez, nació en San José del cabo. B.C.S en Santa Anita, el 11 de enero de 1898, y fue bautizado ese mismo día, en Santa Catarina; sus padres fueron: José Martínez e Isabel Márquez, así lo asienta el padre Fabian C. Lallì, en la guía familiar de la autoría del ilustre. Cursó la primaria en su tierra natal, en forma brillante, con diplomas y medallas, las que algunas fueron firmadas por Don Porfirio Diaz, y Francisco Indalecio Madero. Estudio en la Academia para Maestros 3 años, la que fue Instituida por el Profesor Vicente Ibarra, y al triunfar la Revolución Mexicana en 1914, obtuvo el cargo de Maestro de la Federación, cuando apenas tenía 16 años; y a su vez estudiaba gratuitamente con el Sacerdote Celestino Grissioti, las materias de Geografía General, Historia Universal, Latín y Raíces Griegas. Asistió al curso de Normal, que organizo el Gobierno del Territorio Sur en 1917. En los años de 1922-23 y 24 estudio las Materias de la Escuela Normal de México, bajo la dirección del eminente Maestro Don Pedro González Orduña, complementando sus estudios magisteriales, impulsándolo a lograr las metas por él soñadas; por los años de 1947 al 52, curso 5 años de inglés, en el Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones Culturales; así como estudio otras lenguas, como Francés e Italiano.
Su inquietud por las letras lo llevo a fundar un periódico en 1917, siendo Presidente de una Asociación Juvenil en La Paz, el Periódico en mención de llamo “LABOR OMMNIA”, en el que hizo sus primeros ensayos como Periodista, comenzando a escribir con objetividad la Crónica, Cuentos de aspecto anecdóticos, en la Revista “ADALID”, que fundó el Profesor Jesús Castro Agúndez. En 1929, 30 a 33, dirigió con eficiencia el Periódico Sudcaliforniano. De 1950- 52 dirigió en la Ciudad de México, la Revista “BAJA CALIFORNIA”, la que sostenía de manera altruista el señor Alfonso Landero Quijada, y continúo produciendo dramatizaciones, de carácter educativo y de recreación para los niños; algunos fueron; “LAS PARTES DE LA ORACION”, “LA VACUNA”, “BODAS DE GITANOS”. Otras obras formales que escribió Don Pablo Leocadio Martínez Márquez fueron: “DIDACTICA”, “CAJA GRAMATICAL” registrada ésta bajo patente de invención en 1941, “METODO COMONDÙ”, “LOTERIAS GRAMATICALES”, en 1952. Obras únicas en su género en el mundo , para enseñar la Gramática Española, editada en segunda ocasión; así mismo, creó, “HISTORICOS”, “EFEMERIDES CALIFORNIANAS”, “300 FECHAS HISTORICAS EN 1950”; “HISTORIA DE BAJA CALIFORNIA SUR” 1956, Y SEGUNDA EDICION 1960, Publicado también en inglés; “TEXTO ESCOLAR”, en 1958, “LECCIONES DE HISTORIA DE BAJA CALIFORNIA”; “EL MAGONISMO EN BAJA CALIFORNIA”, folleto de 64 páginas, en que el autor prueba por medio de documentos, QUE NO HUBO MOVIMIENTO SEPARATISTA EN 1911, EN BAJA CALIFORNIA, movimiento que calumniosamente se atribuye a Ricardo Flores Magón y a sus partidarios, en 1958. También escribió la importante y magna obra histórica “GUIA FAMILIAR DE BAJA CALIFORNIA 1700-1900”, de 1016 páginas y 14,200 extractos de partidas de nacimientos, matrimonios y defunciones correspondientes a los siglos 18 y 19, con datos históricos de suma importancia.
Don Pablo L. Martínez, fue un investigador nato del pasado, principalmente de Sudcalifornia, que sin duda alguna sus mejores obras son “HISTORIA DE BAJA CALIFORNIA SUR”, “GUIA FAMILIAR DE BAJA CALIFORNIA 1700-1900”, Y “METODO COMONDÙ”, para enseñar fácilmente la gramática española; claro sin demeritar todas sus obras que son la base de consulta, para los historiadores, de nuevas generaciones.
En la sala del congreso del estado, honrosamente está inscrito su Ilustre Nombre; 2 Escuelas primarias, varias calles, el archivo histórico, y la biblioteca pública de San José del Cabo, así como una colonia de su lugar de nacimiento, y sus restos mortales descasan en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres.
…Y aquel incansable Investigador , Escritor, Historiador Sudcaliforniano, Don Pablo Leocadio Martínez Márquez, mochila al hombro repleta de valiosos apuntes , de aquí , de allá, y mas allá, caminaba y viajaba por pueblos, ranchos y Ciudades, investigando y escribiendo ese gran legajo histórico y cultural, que nos hizo favor de heredarnos..DIOS LO TENGA EN LA GLORIA..
…Por el Placer de Escribir…Recordar… Y…Compartir..

…Por el Placer de Escribir…Recordar…Y…Compartir….
*Esta crónica fue publicada hace mas de 15 años, en los principales medios de comunicación masiva y con mayor prestigio en La Paz. *
Fuente:
- Dominga G de Amao
- Profesor Néstor Agúndez Martínez
- Doctor Francisco Carballo Lucero.


LA PAZ Y SUS LEYENDAS
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ.

“ EL ALMIRANTE OBREGON PERLA...EN LA LEYENDA DE LA PAZ DE ANTAÑO”
La humareda arropaba los techados de tejamanil y palma del caserío dormido, arrullados por las susurrantes palmeras, trino de pájaros canores y molinos de viento...el silencio era roto por los ruidos propios del amanecer...al despuntar el alba, por las tranquilas callecitas de La Paz perfumadas a tierra mojada y efluvios de perfume de hermosas flores, el follaje, como mullida alfombra, amortiguaba el lento caminar de un personaje muy singular, el Almirante Obregón Perla, así como las pisadas de los demás habitantes del pueblo, dirigiéndose con su canasta o morral bajo el brazo, como era la costumbre, al antiguo mercado Madero, punto de reunión de la gran familia sudcaliforniana para realizar las compras diarias.
Su porte era distinguido...alto y huesudo, se autonombraba él mismo Almirante Obregón Perla...nunca nadie supo de donde vino, ni cuál era su verdadero nombre...bajo el mugriento sombrero, atravesado de plumas de colores, que cubría su cabeza, se distinguían hilos de plata en sus sienes...los grandes ojos bajo las pobladas cejas denotaban inteligencia y en su rostro la bondad...vestía un harapiento uniforme como de militar, con un enorme cinturón de cuero cubierto de alambres y pedacería de metal... en sus piernas se ponía polainas de cuero también enrolladas de alambre y cadenetas, así como muñequeras de cuero sucio ,en los brazos calzaba botines de lona que era parte de su uniforme de almirante, y los dedos de sus manos los traía llenos de tuercas, a manera de anillos, portaba un largo fierro a guisa de sable...era un personaje muy singular que paseaba por toda la ciudad pidiendo ropa y mendrugos...formaba parte del paisaje folklórico de aquella Paz de antaño. Al ver las manos de algunas señoritas, que en todos sus dedos llevan anillos, y hasta en los tobillos se ponen cadenitas y se ven muy bonitas por cierto, me recordaron a Obregón Perla, que de alguna manera con sus tuercas en los dedos impuso la moda de ahora.
Un día cualquiera apareció de repente paseando por las orillas de las playas de la hermosísima bahía de La Paz...cuentan que Obregón Perla, en su juventud fue un honrado empleado de “El Boleo” en Santa Rosalía, se decía que habitaba bajo los pilares del muelle fiscal y que dormía vestido con todos su colgajos de metales. Obregón Perla, sentado en la blanca arena bajo la sombra del frondoso pino en el legendario e histórico muelle fiscal, entre fumarolas del grueso puro, perdía su mirada en la lejanía del mar...dejaba vagar sus pensamientos, confundiéndose con el vuelo de las gaviotas...Mateo, un viejo pescador de los tradicionales barrios del Manglito y El Esterito, con su palanca al hombro se acercó a él extrañado de ver a ese personaje con esa rara indumentaria, e interrumpiendo sus evocadores momentos, le preguntó ¿quién eres forastero y de donde has venido?. Obregón Perla como un resorte se levantó haciendo un ruidajo con los alambres y metales de su indumentaria donde se estrellaban los reflejos del sol, y cuadrándose con un saludo militar levantando su mano llena de tuerca a manera de anillos, señaló con el bastón a la distancia y dijo “Soy el Almirante Obregón Perla y estoy cuidando mi flota de barcos fondeados en la bahía, porque en breve zarparé a los siete mares y llevaré mis baúles llenos de perlas a lejanas tierras”.
Mateo el pescador, paseó su mirada al mar buscando la flota de aquel personaje tan singular, pero ésta existía sólo en la imaginación del almirante Obregón Perla. Rascándose la cabeza, el pescador al rítmico vaivén de la palanca continuó su camino hundiendo sus pisadas en las níveas arenas . Obregón Perla con su indumentaria llena de alambres y metales, y su sombrero cubriendo su cabeza, con su acompasado caminar, se paseaba por las callecitas de La Paz rumbo al mercado Madero y al malecón donde vivía bajo los pilares del muelle, y según él tenía fondeada su flota imaginaria.
¡Adiós almirante!, le gritaba la gente a su paso, a modo de saludo, y él levantaba su sable y respondía “voy a mi barco insignia para zarpar a los siete mares...llevaré mis baúles llenos de perlas a lejanas tierras. Obregón Perla, con su lento caminar y su sombrero cubriéndole las plateadas sienes recorría los ya desaparecidos tendajones de La Paz, entre ellos “El huracán” de don Alejandro Gallo quien le daba una gruesa de puros y los demás comerciantes, siempre tan nobles, le daban algunas cosillas que le pudieran servir de alimento. En los lugares públicos, a la gente le gustaba escuchar sus fantasías. Obregón Perla decía que él era un gran almirante y que tenía fondeados en la bahía su flota de barcos, donde guardaba baúles llenos de perlas, y zarparía a los siete mares llevando sus tesoros a lejanas tierras.
¡Adiós almirante!, le gritaban los niños y adultos y Obregón Perla con su andar acompasado levantaba el sable a modo de saludo y contestaba “voy a mi barco insignia, zarparé a los siete mares, rumbo a lejanas tierras”. Obregón Perla fue un personaje muy singular...fue parte del folcklor de aquella Paz antigua... una vez no se le vio ya más...la gente estaba acostumbrada a verlo deambular por aquellas evocadoras callecitas de La Paz...al morir el almirante Obregón Perla, se fue un pasado romántico de aquella Paz de molinos de viento y de barcos de cabotaje entre tantas otras cosas y su flota y sus baúles de perlas imaginarios se perdieron en el mito y la leyenda...sólo quedó su nombre en una fría lápida en el panteón de Los San Juanes...y en el recuerdo, de quienes fueron niños en otras épocas y ahora peinan canas...!Adiós almirante Obregón Perla!.
…Esta leyenda fue publicada hace mas de 25 años en diferentes medios de comunicación masiva , escrita y Radiofónica de mas prestigio en La Paz, y desde hace 7 años en ésta página LA PAZ QUE SE PERDIÓ…
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LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ
“EN SAN PEDRO DE LA PRESA...HUBO UNA VEZ EL TESORO DE LA HACIENDA DE LOS DE LA TOBA”.
• YA ERA UNA COSTUMBRE QUE DES´PUES DE LAS LLUVIAS....GRANDES LLAMARADAS AZULOSAS Y NARANJAS SE ALZABAN AL CIELO, ENTRE MEZQUITALES CARDONES Y VIZNAGAS EN SAN PEDRO DE LA PRESA... ¡AHÍ ESTA EL TESORO!, GRITABA LA GENTE ESPANDA.
• CONTABA LA LEYENDA DE UN TESORO SEPULTADO POR LOS ANTIGUOS...PERO ERAN POCOS LOS QUE SE ANIMABAN A SACARLO...SABIAN A LO QUE SE ENFRENTABAN.
• ERAN POCOS LOS QUE DOMINABAN LA CIENCIA DE ECHAR LAS VARILLAS BENDITAS....SOLO HABIA UNA PERSONA CAPAZ DE ENFRETARSE A TODO LO QUE PASABA CUANDO SE ESCARBABA UN ENTIERRO...DOÑA MARIA LUISA TALAMANTES.
• LA FLAMA ARDIENTE COMO UNA LAMPARA ENCENDIDA QUE SALIO DEL FONDO DE AQUEL POZO...ILUMINO TODO AQUEL AMBIENTE CAMPIRANO CEGANDO LA VISION DE QUIENES ESCARBABAN BUSCANDO EL FAMOSO TESORO....
...Entre jadeos y suspiros por la emoción del momento, los hermanos De La Toba, Ricardo, Rodolfo y Alfonso pegaban barrasos y más barrosos...y las paladas de víboras volaban al viento desapareciendo al caer a tierra, iluminados con la vela del santísimo, y amparados por los rezos y agua bendita que roseaba Doña María Luisa Talamantes experta en echar las varillas para buscar los tesoros, mientras las varillas benditas de olivo seguían apuntando donde los hombres sudorosos escarbaban...y a los alrededores se escuchaban lastimeros lamentos, maullidos y una tropelía de caballos como si ya les fueran a caer encima, ante los asombrados ojos de la niña Vicenta Vargas Higuera, quien bajo los largos ropajes de su adorada y sabia abuelita, Doña Luisa, aterrada sostenía las otras dos varillas chicas de olivo, las que con insistencia apuntaban hacia donde los hombres afanosos escarbaban.... eran muy terroríficas las lamentaciones y los gruñidos que se escuchaban....la piel y cabellos se erizaban por el terror.
....Y de pronto la barra pegó en algo muy duro, y los lamentos ruidos y gruñidos se escuchaban más fuertes...y la abuela conocedora de que esto pasaría, más fuerte rezaba y roseaba agua bendita...ya llevaban dos metros escarbados a la intemperie entre cardonales, biznagas y mezquitales, donde constantemente miraban arder, especialmente cuando llovía....la barra pegó a una capa de tepetate amarillo y los ambiciosos hombres a marrazos la tumbaron, y no había nada aún... y las varillas seguían empecinadas apuntando más abajo, decía...y los hermanos De La Toba escarbaron otros dos metros hasta llegar a una capa de tepetate colorado y entonces si parecía que el mundo se venía encima...era una noche de terror para aquella niña de escasos doce años que temerosa contemplaba todo aquello a la luz de la vela del santísimo.
De pronto, las varillas se alocaron aún más...y las lamentaciones y mugidos eran más lastimeros....hasta parecía que el viento lloraba....se miraban montones de sombras fantasmales en las penumbras a los alrededores de aquella excavación...su abuela Luisa quien dominaba la ciencia de las varillas les infundía valor con sus rezos y la vela del bendito...y entonces sucedió lo que tanto buscaban...al pegar la barra con el tesoro, salió una flama como una lámpara encendida que iluminó todo aquel ambiente cegándoles la visión momentáneamente...y los lamentos y todo lo que se escuchaba se fueron apagando poco a poco, como cediendo la lucha, y la abuela fue bajándole al rezo, y aquella flama que salió del pozo se fue apagando lentamente...y ante los asombrados ojos de los allí presentes bajo aquel tepetate colorado estaba envuelto en cueros un gran cántaro de barro bellamente labrado en aleaciones de oro; la tapadera era de oro también; aquellos hombres destaparon el cántaro quedando maravillados con la refulgencia de su contenido... ¡estaba repletos de canicas de oro y de palitos de oro como del tamaño de los palos de las paletas!, muchas bolitas de oro!....había en aquel cántaro tan afanosamente buscado.
Y sucedió lo que siempre pasa en estos casos, uno de los hermanos al ver tanto oro, le entró la envidia y se volvieron a escuchar lamentaciones y maullidos...y sucedió lo inevitable...el tesoro se volvió carbón, todo el oro era carbón!...y la abuela reza y reza y roseaba agua bendita porque decía que con la envidia había atraído otra vez las fuerzas del mal...cuando volvió la calma y el ambicioso recapacitó y se pusieron de acuerdo, dejó de escucharse todo aquello que hacía que se erizara la piel....y aquella pobre niña enmudecida de terror contemplaba la escena....los hermanos se repartieron el tesoro, más bien el carbón, a la abuela le dieron varias puñadas de carbón las que amarro hechas ñudo en un paño colorado, uno de los hermanos guardó su parte de carbón en un baúl; el otro lo echó en una lona y lo envolvió y lo llevó a su cuarto, y el otro lo echó en frascos de vidrio para esperar a que pasara el encantamiento....pues ya tenían conocimiento que esto sucedía cuando había envidia.
A los pocos días, el joven De La Toba que había echado su carbón en botellas de vidrio, vino a un tendejón de La Paz a comprar unas cargas de provisiones, y pagó poniendo una botella llena de carbón en el mostrador, y sucedió que cuando el tendero la tomó en sus manos, asombrado, vio que contenía pepitas de oro y sorprendido preguntó que como le habían hecho para meter ese bolerío de oro a la botella. Total que quebraron la botella y así pudieron disponer del oro...entonces a los demás se les convirtió en oro aquel carbón del tesoro de la hacienda de los De La Toba en la presa de San Pedro.
Doña María Luisa Talamantes abuela de Doña Vicenta, dominaba además del arte de la alfarería y tantas otras cosas que las mujeres de antes sabían hacer, esta ciencia de echar las varillas para buscar tesoros, un conocimiento celosamente guardado por los mayores heredado a través de generaciones. Las varillas debían de ser cuatro, de árbol de olivo, y con orquetas cortadas en una creciente, benditas y además de las dos grandes dos más chicas; las grandes debían de ser sostenidas por la persona que echa las varillas de corazón limpio y sin ambiciones, mientras que reza y rocía agua bendita alumbrada por la vela del santísimo, y las varillas más chicas deben ser sostenidas por una doncella.
Doña María Luisa Talamantes sabía por sus antepasados que todas estas cosas a las que se enfrentan cuando se buscan tesoros iban a pasar...son almas en pena, buenas y malas, que custodian el dinero que sostienen luchas entre ellas, unas que evitan que se lo lleven y las otras que quieren que se lo lleven para que estas almas que andan sufriendo puedan descansar; es por eso que ella no demostró miedo alguno. También Doña María Luisa sabía que cuando hay envidias el tesoro se convierte en carbón, que es como un encantamiento; pero que si la persona recapacita a tiempo éste se vuelve oro otra vez.
Doña María Luisa fue una persona muy estimada por esta virtud, por esta ciencia de echar las varillas y muchas más que le adornaban...fue una persona muy solicitada para echar las varillas y fueron varios los tesoros que se encontraron a través de sus conocimientos con las varillas, las que cada semana santas las llevaba a bendecir.
...Al golpe de la barra sobre el tesoro, volaban las paladas de víboras al viento, las que al caer a la tierra, desaparecían, pero sólo eran visiones. Iluminados por la flama ardiente del bendito...el viento parecía que lloraba y los lamentos y sombras fantasmales merodeaban en aquel ambiente campirano… mientras que Doña María Luisa rezaba y rezaba y roseaba con agua bendita, ante la mirada contemplativa de la niña que en su manita sostenía las varillas de olivo.
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