jueves, 26 de julio de 2018

LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARÀZ
“LA LUZ DE SAN THELMO...PRESAGIO DE VENDAVALES...Y TERROR EN LOS HOMBRES DEL MAR”.
• OCTAVA JORNADA DE LITERATURA REGIONAL ORGANIZADA POR LA UABCS.
“¡Ave María purísima!”, decían los mayores, es la luz de san Thelmo, presagio del mal y terror de los hombres del mar, Dios nos agarre confesados, se persignaba y agarraban agua bendita y le echaban a aquella bola de luz circulante, y a aquellos reflejos que caían al suelo. Yo estaba muy pequeña, y gran parte de mi vida transcurrió entre pescadores y marinos, escuchaba de ellos, las experiencias vividas por diversas personas por la luz de San Thelmo, las que me parecían muy bellas. No comprendía en ese tiempo, y se me quedó grabado aquel recuerdo que me parece interesante. Me entró la inquietud por saber mas de aquellos recuerdos sobre la luz de San Thelmo, y recurrí como es mi costumbre, a la voz de los venerables ancianos, quienes, en sus cabellos salpicados de fina escarcha impregnados de historia, sabiduría y experiencia, son un libro abierto para el que quiera leer en ellos...y a mi me encanta platicar con estos muchachos y muchachas antiguas porque guardan en su memoria tantas cosas que no están escritas en los libros; están sólo en la mente de los mayores. Con esta intención, llegué esa cálida tarde al hogar del señor Lorenzo Verdugo, quien me contó entre muchas otras cosas, sobre este fenómeno físico de la naturaleza.
“El ciclón más devastador que ha azotado la península de Baja California Sur y que se tenga memoria es el de 1918 y se vio la luz de San Thelmo, presagio de grandes desgracias. Decían los mayores que hubo otro huracán de las mismas proporciones que éste, en 1895. Cuenta con nostalgia, Don Lorenzo Verdugo, joven de la tercera edad que le tocó vivir ese fenómeno de la naturaleza cuando apenas él tenia nueve años. Fue el 15 de septiembre de 1918, como a las diez de la mañana se miraba entre nubarrones en el cielo, en el mogote frente al puerto de La Paz, dos grandes trombas o culebras de agua. Al tañer de la campana de la Iglesia, toda la gente del pueblo estábamos en el malecón sin medir el peligro, y sin temor alguno, con gran curiosidad contemplando las culebras de agua. Por fortuna, una se disolvió atrás del mogote; y se miraba muy bonito, cómo del medio de la culebra para arriba fluían grandes borbollones de agua y muchos peces y del medio para abajo se deshacía de la misma forma. La otra tromba, ante la mirada de toda la gente fue a reventar por un lado de la colina del sol. Cayó tanta agua que se hizo ese zanjón a un lado del cerro, del Centro de Radio y Televisión y no estaba ese arroyo; y también cayó mucho pescado en la mayor parte de la ciudad, en la plazuela, y se fueron regando los peces hasta disolverse rumbo al cerro atravesado-, y la gente muy contenta los traía en carretillas, costales y a como Dios les daba a entender. Para las dos de la tarde de aquel día, ya no había lluvia, todo estaba en calma.
Era el 15 de septiembre, día de las fiestas patrias. Por tal motivo, estaban adornados el Palacio Municipal, la Casa de Gobierno y la plazuela para el tradicional festejo. Por la tarde, mi padre don Loreto Verdugo, ordenó a mi madre que nos alistara para llevarnos a la plazuela a disfrutar de esas fiestas. Todavía quedaban charcas de la lluvia de la mañana en la que entre penumbras se reflejaban las sombras de las personas, árboles y demás cosas...las banderitas y demás adornos estaban mojados...los mechones en los árboles iluminaban pálidamente aquel ambiente tan familiar. El comentario obligado entre los asistentes era el suceso de las trombas y el montón de pescado que había caído del cielo esa mañana...eran como las ocho de la noche...los pinos llorones que adornaban la plazuela se mecían lúgubremente con las ráfagas de viento que se empezaba a sentir...mi padre, viejo pescador, volteó al cielo y poniéndose el sombrero, muy preocupado dijo ‘mujer, recoge los niños y vámonos, porque estos vientos huracanados no me gustan nada’. Mis hermanos y yo, metidos entre los largos faldones de mi madre, corríamos de prisa...y cuando íbamos dando vuelta por la logia masónica rumbo a la casa, porque vivíamos por la calle Serdán casi llegando a la calle 16 de Septiembre, cuando se soltó aquel aguacero y fuertes ventarrones que difícilmente podíamos sostenernos en el suelo, y el llegar a la casa fue toda una odisea.
La humilde vivienda de madera de fuertes horcones y techumbre de palma se cimbraba con el viento. De pronto, mi madre aterrorizada vio la luz de San Thelmo en la torre del molino de viento, y escandalizada gritó “¡ave María Purísima es la luz de San Thelmo habrá desgracia!” era como una bola de fuego que se mecía en el aire para un lado y para otro. La casita parecía acordeón. Las caudalosas aguas del arroyo de la calle 16 de septiembre, pasaban por debajo de la casita, la que estaba iluminada por la luz de San Thelmo; y se miraba que las aguas arrastraban cardones, otros árboles, techos de casas, ruedas de molinos de viento, animales y muchas cosas más que mis aterrorizados ojos de niño no podían comprender. Fue terrible. El huracán duró toda esa noche del 15 de septiembre y todo el día del 16; hasta como a las once de la noche empezó a amainar la fuerza del viento y la lluvia. El amanecer del 17 fue muy triste casi acabó con la Ciudad de La Paz. El mar se metió por el arroyo de la calle 16 de septiembre, y los botes de las armadas perleras y demás embarcaciones las arrastró el viento hasta donde es ahora el Canadá. Varias embarcaciones las aventó la marejada fuera del malecón y un barco de tres mástiles que estaba fondeado en el mogote, lo aventó el viento hasta donde es ahora la Agencia Arjona, allí jugábamos por mucho tiempo junto con otros compañeritos. En este ciclón de 1918, el más devastador, hubo muchos destrozos y algunos muertos, varias embarcaciones se hundieron. No murió mas gente porque no se construían las casas en los arroyos”. Termino diciendo Don Lorenzo Verdugo sobre esta experiencia de la luz de San Thelmo y el huracán de 1918.
Aquella mañana bajo la pertinaz llovizna mis pasos me llevaron hasta el hogar de don Celestino Orantes de oficio carpintero de rivera, intrépido lobo de mar; y me contó su experiencia sobre la luz de San Thelmo. “Fue en septiembre de 1918, aquí en La Paz azotó un terrible ciclón, el más devastador de todos los tiempos. Eran como las ocho de la noche, me encontraba abordo fondeado frente al mogote junto con el capitán y otros marineros. El mar estaba muy picado, vientos huracanados se sentían, decían los mayores que sabían de estas cosas que amenazaba tormenta. De pronto a esa hora de la noche se soltó un aguacero muy iluminado con vientos muy huracanados, entró por entre Norte y Este y con sorpresa vimos que en el mástil del barco pendía una bola luminosa que sus reflejos iluminaba toda la embarcación. ¡Es la luz de San Thelmo!, gritaba el capitán espantado, santiguándose, ¡habrá una gran desgracia!, ¡hay que rezar para que la bola de luz no baje a cubierta porque vamos a naufragar! pero la bola de luz corrió por toda la cubierta, y los vientos huracanados y la marejada aventó la embarcación 40 metros fuera del mar, y nos salvamos de milagro como pudimos. El barco era el “DAW” venía cargado de garbanzo, maíz, frijol calabaza, y la bahía quedó inundada de aquellos granos. Se ahogó de una manera tonta, un marinero que no sabía nadar, se llamaba Cesáreo Olachea, al momento que vio la luz de San Thelmo se asustó tanto que se arrojó al mar. Hasta los 8 días lo encontraron por el rumbo del Esterito”. El ciclón de 1918, terminó diciendo don Celestino Orantes, que en gloria esté, fue el mas devastador que ha habido en Baja California Sur, y la luz de San Thelmo es presagio de desgracia. Según los antiguos, son varios los testimonios sobre ésta misteriosa luz en el ciclón del 15 de septiembre de 1918; como Doña Dominga de Amao, dice que ella tenía seis años, y que escuchaba a sus padres, en este ciclón de 1918, gritando aterrorizados ¡se ven luces en el ojo del huracán! Es la luz de San Thelmo, Dios nos proteja, habrá desgracias”; pero que ella no vio esa luz porque estaba encerrada. Al día siguiente entre todas las desgracias que hubo escuchó que se ahogó una mujer que se había trepado a un ciruelo. En Agosto de 1934, dice don Lorenzo Verdugo que hubo en La Paz otro ciclón de grandes proporciones, pero nunca como el de 1918, y que también entre los nubarrones, se vieron bolas de luz azul verdosa y decían los mayores que era la luz de San Thelmo.
Doña Lucia Verdugo, del rancho el Ancón, dice que en 1941, ella tenía 6 años, cuando azotó la entidad un ciclón muy grande. Que vivían en ese tiempo en el rancho El Rosario, rumbo a Los Planes. Que ella no vio la luz de San Thelmo porque la tenían encerrada junto con sus hermanos para protegerlos del huracán, pero que escuchaban afuera de la casa el escándalo que traían su abuelito Agustín y su tío Amado Mendoza y demás familia, que gritaban aterrorizados entre el aullar del viento, paredones que se desgajaban, y árboles que caían a las corrientes del arroyo, es la luz de san Thelmo, anuncia desgracia, hay que quemar palmas y rociar agua bendita, maltratar, rezar y apalear los reflejos hasta que desaparezcan. Y apretujados ella y sus hermanitos bajo las cobijas en la cama de lías de cuero, escuchaban aquellas maltrataderas y rezaderas a la vez, así como el golpeteo de escobazos en el suelo y paredes de la casa. El amanecer después de este ciclón de 1941, fue desolador. El arroyo se llevó mucho ganado y otros animales, así como tumbo árboles y algunas casitas, pero no hubo muertos en ese rumbo de Los Planes. Decía su abuelito que él tenía conocimiento a través de sus antepasados de este fenómeno de la luz de San Thelmo, que presagia desgracia y es el terror de los hombres del mar, que estaba relacionado con el mal, pero nadie ha sabido explicar el porqué de estos sucesos, y por qué San Thelmo es el santo de las desgracias.
En el Libro Pervivencias, escrito por el licenciado Felix Ortega (q.e.p.d.) cuenta su experiencia cuando niño, sobre el ciclón de 1941, aquí en La Paz. “Como a las tres de la madrugada el ciclón empezó a entrar con vientos arrachados y ensordecedores de 120 kilómetros por hora, derrumbando árboles, molinos de viento y todo lo que encontraba a su paso. Todos gemían aterrorizados, porque el agua caía a chorros de cubetazos, su padre, el señor Felix J. Ortega en medio de aquel vendaval le dio una enseñanza más. ‘Mira Felix’, le dijo señalando a la estructura del molino, al que el viento le había tumbado la rueda y el timón; ‘fíjate en aquel espantajo brillante, obsérvalo, es como una bola de fuego que sube y que baja, le llaman luz de San Thelmo, es un fuego fatuo que solamente se presenta en las grandes tempestades y es el terror de los marinos cuando se pone en la proa de los barcos, porque indica naufragio, desastre y muerte’. Para las once de la mañana del día siguiente, los vientos huracanados alcanzaban velocidades de 150 kilómetros por hora, y las mangas de agua se sucedían una tras otra. Alguien gritaba que se estaba saliendo la mar. En efecto, la calle 16 de Septiembre estaba convertida en un incontenible cauce de aguas broncas que arrastraban de todo, y al juntarse estas corrientes con las de la bahía, daban la impresión de que La Paz estaba siendo sepultada por el mar”. En este ciclón de 1941, donde se vio la luz de San Thelmo también hubo varios muertos.
En 1954, dicen los jóvenes de la tercera edad los hermanos Arredondo Yépiz, del paredón del Yaqui del barrio del Esterito, que en aquella ocasión andaban pescando por la Isla Espíritu Santo, que la noche estaba tranquila...no se miraban indicios de mal tiempo...cuando de pronto, su hermanos Amadeo y él , vieron como una gran bola de fuego prendida en la punta de un cerro la que se reflejaba con bellos fulgores en el agua, y oscilando de un lado a otro; “es la luz de San Thelmo”, dijo asustado, y su hermano espantado sacó el rifle y le tiró dos balazos. La marinería de dos barcos que andaban por allí, al escuchar los tiros se acercaron preguntando que pasaba, por qué los balazos y él les contestó que se asustaron porque vieron la luz de San Thelmo en el cerro. Al escuchar esto, los capitanes de los barcos, inmediatamente levaron anclas, y sin decir nada, se fueron muy espantados como alma que lleva el Diablo. Los barcos parecían que hasta volaban. Fue un fuerte chubasco el que hubo en 1954, que no pasó a mayores, y que también se vio la luz de San Thelmo. En el ciclón de 1959, fueron varios los que vieron la luz de San Thelmo en distintas partes de la ciudad. Doña Lucia Sosa y Silva cuentan que a su tío Antonio León, los agarró el chubasco en alta mar, andaban pescando él y un grupo de compañeros, y de pronto se prendió una bola oscilante de fuego en el palo del mástil, y gritaron asustados “es la luz de San Thelmo, vamos a naufragar”, pero que entre ellos, venía un marinero de Acapulco, y agarrando una reata, empezó a chicotear las luces, maltratando y rezando a la vez, y se subió al palo del barco, pegándole reatazos, mientras que los demás le daban de escobazos haciendo lo mismo, y otros achicaban la embarcación. No comprendían como lograron sobrevivir a aquel fuerte vendaval.
Por su parte, don Gilberto Lucero, de las familias más antiguas de La Paz, fundadoras del legendario barrio del Esterito, de oficio buzo y pescador ribereño, quien hace apenas un mes y días que falleció, me contó que él toda su vida anduvo en el mar, pero que nunca tuvo la suerte de ver la luz de San Thelmo. Que tiene conocimiento de este fenómeno natural, por sus antepasados, por la versión oral a través de generaciones y de las experiencias que han pasados otros marineros, de que esta luz de San Thelmo es presagio de desgracia, naufragios, vendavales y muerte. Pero nadie ha sabido explicar por qué le dicen San Thelmo, y trae desgracia; la maldicen y le rezan, agarran a palos los reflejos y le echan agua bendita, como que es el bien y el mal. Yo soy poco entendido en esto dijo, pero como hombre de mar y por la experiencia que tengo debe ser un fenómeno físico de electricidad estática de la atmósfera, presagio de mal tiempo, pero no entiendo porque lo relacionan con el mar. La aurora boreal, si tuvo la fortuna de verla, es un fenómeno maravilloso inigualable. Pero eso es ya otra historia. Continúa diciendo don Quiqui Lucero, que en el chubasco de 1959, un escándalo traían los vecinos del Esterito porque vieron en las palmeras la luz de San Thelmo. Fue el 8 de septiembre de ese mismo año, eran como las nueve de la noche, todo estaba tranquilo, ni señales de chubasco había y doña Victoria Gonzalez de Bustamante vio la luz de San Thelmo, y gritaban que presagiaba desgracia y todo el vecindario traía un escándalo echándole de palos y rezándole, pero como te digo, yo no vi nada, nada mas escuchaba. En la madrugada del 9, ya teníamos el chubasco encima. Por otra parte, doña Conchita Carrillo de Castro, también del barrio El Esterito, vio desde su ventana la luz de San Thelmo. Era una bola de fuego prendida en la estructura del molino, al que se le había caído el papalote. Sus reflejos verde azul subían y bajaban e iluminaba toda su ventana y demás árboles.
“Aquel fatídico 30 de Septiembre de 1976, entre penumbras y el tétrico aullar del viento embravecido azotando todo lo que se encontraba a su paso, a través del cristal de la ventana de mi hogar, apretujando contra mi pecho mi inseparable amigo, mi osito de peluche aterrorizada miraba la refulgente luz prendida de un árbol, la que giraba en círculos, y la bola de luz verde azul se movía para todos lados, amenazando caer a la tierra, miraba también a mi madre con faroles encendidos acompañada de un montón de gente, quienes espantados gritaban “es la luz de San Thelmo habrá una desgracia”, al tiempo que rezaban y rociaban de agua bendita, y los señores agarraban a escobazos los reflejos en el suelo del patio y paredes de la casa, a la vez que la maltrataban; y decían, “si cae al suelo la bola de luz, será mas grande la catástrofe”. Yo apenas tenía doce años, y si, tenía razón mi madre, la luz de San Thelmo, fue presagio de desgracia, fue cuando esta ciudad de La Paz sufrió el más atroz de los huracanes, el ciclón Liza que desapareció colonias enteras y mató a más de 20.000 gentes. Damnificados no hubo, porque todos murieron”. Testimonio de la señora Rosita Ramírez. La señora Alicia Castro, cuenta que ella tenía trece años, estaba en la escuela secundaria cuando el ciclón Liza, y vivía por el rumbo de los Olivos...ella nunca había escuchado nada sobre la luz de San Thelmo; pero ahora que se ofrece sobre eso, viene a su mente aquel recuerdo que sepultó en lo mas profundo de su ser. Aquella noche del 30 de septiembre de 1976, espantada miraba por la ventana...aullaba el viento, caían árboles, volaban letreros luminosos y tapas de tinacos...las aguas corrían caudalosas por el arroyo arrastrando en ellas, refrigeradores, vehículos, lavadoras, techos de casas, árboles, gente y un sinfín de cosas. Y lo que llamó su atención es que en medio de la obscuridad algo como una luna refulgente iluminaba todo eso que ella podía ver. Los reflejos de esa bola de luz ondulaban en el agua, donde se salían montones de manos clamando al cielo, y daban los reflejos sobre las palmeras y el cristal de su ventana. Ella guardó en su mente ese feo recuerdo y nunca comentó con nadie sobre esa luz misteriosa porque consideró que era normal, ya que ella no había vivido la experiencia de un fenómeno de la magnitud como lo fue el ciclón Liza.
Doña Chuyita de Ruiz, dice “mi esposo y yo vimos la luz de San Thelmo la noche del ciclón Liza y vivimos la mas espantosa experiencia de nuestra vida. Yo tenía conocimiento de esa misteriosa luz, presagio de desgracia y terror de los hombres del mar, a través de mi padre don Raúl Tapiz, intrépido marino y lobo de mar. Esa fatídica noche del 30 de septiembre de 1976, nos salvamos por un milagro de Dios. Con nuestro primero hijo, un bebe de apenas ocho meses, íbamos a visitar unos compadres a la colonia Chula vista. Nos regresamos porque el agua en el arroyo empezaba a bajar...y logramos pasar de vuelta. Ante nuestra vista hasta la Secundaria Morelos se presentaba un panorama aterrador. Todo era un inmenso mar.…aun no comprendo cómo es que logramos llegar desde la calle Jalisco y Forjadores hasta la calle 5 de febrero con el agua a medio vehículo. Volaban tapas de tinacos, árboles, letreros, alambres y el agua corría a raudales por la calle 5 de febrero. Llegamos hasta la calle Abasolo con la intención de refugiarnos en la casa de mis padres, por las calles Nayarit y Belisario Domínguez, pero no pudimos pasar. El agua en el arroyo “Del Palo” estaba a varios metros de altura, iluminada por la luz de San Thelmo. En lo que es ahora el patio Fiscal de Aduana. Allí estaban montañas de carros rebalsados, encimados unos arriba de otros, de todas marcas y colores, así como refrigeradores y lavadoras, y muchas cosas hasta quejidos se escuchaban...y todo esto lo iluminaba esa ondulante bola de luz verde azul. Espantados nos regresamos a nuestro hogar, sin imaginar la desgracia que acababa de pasar, en lo que nosotros dimos la vuelta. Por un pelito y nos lleva el arroyo”. Terminó diciendo Doña chuyita Tapiz de Ruiz.
Aquel amanecer del primero de Octubre de 1976, día del holocausto, la bahía de La Paz estaba infectada de tiburones hasta la Isla Espíritu Santo, teñida sus aguas de sangre humana, con el festín que los animales se daban con los cuerpos que arrastró la enorme ola de aguas negras contenidas en el bordo, construido de piedra y lodo y que se pudo haber evitado esta desgracia. Quedaron sepultados en la arena de los arroyos, miles de muertos así como de casas y vehículos con familias enteras, además de una escuela de dos plantas donde se refugiaron más de 80 gentes; ésta se derrumbó quedando sepultada con su cargamento humano. La señora Clementina Geraldo de Lucero, también vio la luz de San Thelmo cuando el ciclón Liza. Ella estaba en el Sargento, y admirada contemplaba entre las nubes tres bolas de luz verde azul que se paseaban de un lado a otro frente a la Isla Cerralvo, y los mayores de su casa, atemorizados gritaban “es la luz de San Thelmo, es mala señal habrá desgracias”; y de rodillas se pusieron a orar.
Don José Nuñez dice que cuando el ciclón Liza él vio la luz de San Thelmo. “era una bola de luz tan intensa que iluminaba toda la casita, que hasta parecía de día. Y que gracias a la iluminación de esta luz del santo de las desgracias don Nicodemo Morales pudo sacar con una reata, de las turbulentas aguas del arroyo a la mujer de Ramón Casillas, y que gracias también a esta luz, el señor Ferrón, héroe y mártir del ciclón Liza, pudo salvar a más de 60 gentes, rescatándolos del arroyo donde él salió herido con vidrios y piquetes de varilla, luego se cangrenó falleciendo a los pocos días. Este señor Ferrón Es un héroe olvidado.
La luz de San Thelmo, siempre será un misterio, pero lo cierto es, que presagia desastres, tempestades y muerte.
…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…
*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*

lunes, 23 de julio de 2018

LA PAZ QUE SE PERDIO
Por MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ
“¡TROMBA EN LA PAZ!... Y LLUVIA DE PECES EN LA CIUDAD… CICLON DE 1918”
• SUCEDIÓ EL 15 DE SEPTIEMBRE DE 1918… DOS ENORMES CULEBRAS DE AGUA SE LEVANTARON FRENTE AL MOGOTE A LAS NUEVES DE LA MAÑANA… Y DESENCADENO EN EL GRAN CICLON DE 1918 QUE EMPEZO A LAS OCHO DE LA NOCHE Y DURO TRES DIAS… FUE EL MAS DEVASTADOR EN SU TIEMPO,
Las campanas de la parroquia de Nuestra Señora de La Paz repiqueteaban al vuelo, llamando a la gente en señal de alerta… Rosario en mano, y con la virgen en brazos, el padre Ramírez corría desesperado por la avenida 5 de Mayo, rumbo a la playa para conjurar el inminente peligro que amenazaba a la ciudad. Ante los aterrados ojos de los habitantes que acudieron al llamado de las campanas; dos enormes “culebras” de agua se levantaron frente al mogote… ¡algo nunca visto en La Paz!... era un bello y aterrador espectáculo… la gente estaba extasiada contemplando aquel fenómeno de la naturaleza, sin medir el peligro que se avecinaba…pues ignoraban que era aquello.
Cuentan los mayores que ante el conjuro del padre Ramírez, por fortuna, una de las culebras de agua se disolvió atrás del mogote, y la otra, siguió su curso rumbo al cerro donde ahora está el Centro de Radio y Televisión Canal 10 y a un ladito descargo parte de su fuerza, partiendo el cerro, abriendo un gran zanjón el que quedó inundado de peces de diferentes especies; y la tromba continuo su trayectoria dejando una lluvia de peces en la ciudad; en la plazuela, por el barrio de El choyal, disolviéndose por el cerro atravesado.
Aquel 15 de septiembre de 1918 para las dos de la tarde, todo había pasado ya… el cielo estaba limpiecito y no se hablaba de otra cosa en la ciudad que del extraño fenómeno y la lluvia de peces que la gente acudió a recoger en carretillas, costales y a como Dios les dio a entender… era el 15 de septiembre, día de las fiestas patrias, los edificios estaban adornados para el festejo… la familia de La paz acudió como era costumbre a la plazuela luciendo sus mejores galas… eran las ocho de la noche… los pinos llorones comenzaron a doblarse por el fuerte viento que empezó a soplar… las sombras de las personas se alargaban fantasmagóricamente a la luz de los mechones en los árboles que se empezaron a apagar… los señores, pescadores, rancheros y comerciantes, en su mayoría, con este conocimiento nato y la experiencia de la vida…dijeron aterrados ¡Esto es un huracán!, recojan los niños y vamos casa.
Y así, con la presencia de dos trombas, empezó en gran ciclón de 1918, el que duro tres días y que casi acabo con La Paz y afecto todo el territorio derribando importantes edificios, como la Misión de San José, y afecto la chimenea del histórico pueblo minero El Triunfo, entre otros edificios.
“…Por el placer de Escribir… Recordar y Compartir…”
*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*
La imagen puede contener: exterior
La imagen puede contener: cielo, barco, océano, exterior y agua 
La imagen puede contener: nube, océano, cielo, exterior, agua y naturaleza
LA PAZ QUE SE PERDIO
MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ
“ROSAURA ZAPATA CANO... ESCRIBIO CON AMOR Y ESFUERZO LAS PAGINAS DE SU TRASCENDENTE E HISTORICA EXISTENCIA”.
• FUE UNA MUJER INDISPENSABLE EN EL MOMENTO HISTÓRICO DE MÉXICO QUE LE TOCÓ VIVIR Y HACER DEL SISTEMA DE JARDINES DE NIÑOS LOS CIMIENTOS SOBRE LOS QUE DESCANSA LA EDUCACIÓN NACIONAL.
• NACIO EN LA CIUDAD DE LA PAZ BAJA CALIFORNA SUR EL 23 DE NOVIEMBRE DE 1876, EN MADERO Y MORELOS.
• FALLECIO EL 23 DE JULIO DE 1963 EN LA CIUDAD DE MEXICO.
• FUNDO EN LA PAZ, EN 1928 EL PRIMER JARDIN DE NIÑOS, CRISTOBAL COLON, EN INDEPENCIA E/ RAMIREZ Y GUILLERMO PRIETO.
• EN LA ACTUALIDAD UN JARDIN DE NIÑOS LLEVA SU NOMBRE UBICADO EN 5 DE MAYO Y RAMIREZ.
• EL 23 DE NOVIEMBRE DE 1988 LOS RESTOS MORTALES DE LA AMERITADA MAESTRA ZAPATA FUERON SEPULTADOS EN LA ROTONDA DE LOS SUDCALIFORNIANOS ILUESTRES EN ESTA CIUDAD CAPITAL.
• CUANDO ESCRIBI ESTA CRONICA, HACE 2 DECADAS, LA CASA EN MENSION ESTABA EN ABANDONO, AHORA SE ENCUNTRA ALGO RESTAURADA AUN QUE ABANDONADA.
En completo abandono se encuentra la casa donde nació en esta ciudad de La Paz en Fco. I. Madero esquina con Morelos, en el barrio del esterito, un 23 de noviembre de 1876 la ilustre sudcaliforniana ameritada maestra señorita Rosaura Zapata Cano; hija primogénita del matrimonio formado por el capitán Claudio Zapata y Elena Cano. El edificio en mención demuestra la apatía y poco interés de las autoridades correspondientes , por conservar los edificios históricos donde vivieron personas que se entregaron y dieron tanto de si mismo en beneficios de los demás, sin pedir nada a cambio; como lo fue la obra sin precedentes de la educadora Rosaura Zapata que abrió la senda del saber en la educación preescolar instituyendo los primeros jardines de niños a nivel nacional, e internacional haciendo surcos en su largo peregrinar en la docencia de entrega absoluta a la niñez mexicana. A opinión generalizada de varias madres de familia, dicen que hace varios años el edificio esta abandonado. Que deberían de hacer una biblioteca infantil, una escuela de danza, o algo por el estilo enfocado a los niños de preescolar en honor de quien fue la ilustre maestra Rosaura Zapata Cano.
Al pasar frente a la ruinosa casa en Madero y Morelos donde vió la luz primera la que dejó a la posteridad un vigoroso y noble ejemplo de laboriosidad, no resistí la tentación de acercarme, palpar sus paredes y desvencijadas puertas y sentir el pasado, y al voltear al techo me imagine la cuna de cacaixtle colgando de las vigas mecida por la amorosa madre arrullada por graznar de gaviotas, el vaivén de las olas y el murmullo de palmeras, y dentro de la cuna, la niña Rosaura, sonriente, y en su tierna mirada el fulgor de la inteligencia que iluminaría la senda por donde transitaría la niñez mexicana, en aquel ambiente familiar de álgidos tiempos revolucionarios en que don Claudio Zapata lucho al lado del general Manuel Marquez de León y Clodomiro Cota, entre otros patriotas sudcalifornianos en contra del régimen porfirista destacando en sus luchas en Todos Santos y el Triunfo. En esas paredes de ladrillos elaborados seguramente por los yaquis del Esterito y piso de tierra, entre tiros de escopetas y chirriar de carretas, quedaron plasmadas los llantos y risas de las tiernas travesuras de Rosaura, así como los sobresaltos, penas y alegría de doña Elena cuando por las prolongadas ausencias de don Claudio motivado por la revolución tenían que quedarse sola con la niña.
En aquel tiempo el mar reventaba sus olas entre las palmeras y paredones, y esta pavimentada bajadita de la calle Morelos rumbo al mar fue una veredita por donde seguramente la madre y la niña bajaban a la orilla del mar, donde abundaban las ostras perleras e infinidad de peces que doña Elena sacaba o adquiría de los pescadores para el alimento diario; mientras que la niña recogía en las níveas arenas de la bahía de La Paz conchitas y caracoles y jugaba rondas infantiles sin faltar desde luego el viejo pescador quien mientras tejía la red, a la niña contaba cuentos y leyendas de piratas y tesoros acrecentando la imaginación de Rosaura. Por los años de 1882. Seis años tenía la niña cuando doña Elena tomó la acertada decisión de trasladarse a la ciudad de México para reunirse con su esposo el que tuvo que salir de esta ciudad, forzado por la situación política de la época y donde Rosaura cursó brillantemente la educación primaria. Los años pasaron y las ilusiones afloraron en el joven corazón de Rosaura...pero fue mas firme su anhelo y propósito por ser alguien y poder ofrecerle a sus padres una vida mejor; pero la fatalidad enlutó su corazón con la muerte de su padre acaecida el año de 1893 cuando apenas ella tenia 17 años.
Con grandes dificultades económicas Rosaura ingreso a la Escuela Normal Para Profesores, recibiéndose como Profesora de Educación Primaria en 1898. Después de toda una trayectoria dentro del magisterio, en 1947 se le nombra directora general de Educación Preescolar y en 1948 se le festejaron sus bodas de oro como profesionista, otorgándosele una condecoración por sus cincuenta años de servicios en la educación nacional, donde conmovida Rosaura Zapata expreso:
“La emoción mas grande después de cincuenta años de haber recibido el titulo de maestra, es ver que los esfuerzos que dicta el corazón, son siempre coronados por el éxito”; y agrego “ayer pusimos la semilla del jardín de niños; hoy es esta institución el jardín de nuestra patria, que fructificara para el progreso y el bien de ella”. La medalla de oro que recibió la maestra fue donada por todos los jardines de niños de la República Mexicana. En 1952 Rosaura Zapata recibió la medalla Ignacio Manuel Altamirano por cincuenta años de ejercicio docente, en 1954, año en que se jubilo, el senado de la República le otorgo la medalla Belizario Dominguez en reconocimiento a sus altos méritos educativos
Un día de Julio, maravillosamente soleado, lloraron los niños de México, gotas claras como perlas finísimas - de dolor infinito, de azoro increíble, de impensados desencantos -, surcaron las mejillas infantiles con sorpresivo rocío mañanero que se diluyó en diminutos y límpidos arroyuelos.
Junto a la milpa crecida y la mazorca dorada, un pequeñín triste elevó interrogante su carita, hacia el infinito. Cabe la rústica cabaña, en alta serranía, otro imberbe abrió la puerta de carrizos entrelazados y sintió el helado soplo de una rara angustia. En el amplio valle, sobre el surco fecundo que alza el milagro de verdes trigales, uno mas se sintió solo y abandonado. Y en la arenosa costa bajo un cálido cielo y frente al rumor cadencioso del oleaje, entre pupilas niñas interrogaron en vano al mar y se perdieron en el horizonte ilimitado.
Los niños de México lloraron. Porque solo ellos, niños al fin, viven el sueño de los gnomos y las hadas, que lloraban porque tornó verdaderos sus sueños. Hada que les llevó alegrías entre cantos, juegos danzas y cuentos. No volvería más el hada que llegaba con el día en la clara mañana. Que era, esperanza y redención. Como un viento suave y apacible esperaba aura. Que abría una dulce sonrisa, suavemente, como abre sus botones una rosa. En su nombre se conjugaba el doble milagro.
Se llamaba Rosaura Zapata, la educadora impar, en el amplio valle en la alta montaña.
En la prolongada costa, bajo todos los cielos sobre todos los agros de la patria., fue en verdad suave viento, perfume delicado, gorjeo dulcísimo y maternal entrega.
Ella vino del reino del ensueño, y de la poesía, para hacerse carne terrenal y doliente. Abrió los ojos a la vida, allá lejos, en un confín de México: la california del Guaycura. Tierra del sol y desierto, de ternura y de amor, de perlas y de peces, de estrellas y de mitos. De La Paz, fantástica y legendaria, trajo mensajes de paz, de armonía y de belleza. Hada al fin, nos derramó generosa durante sus largos 87 años, que no alcanzan a sumar pobres y comunes mortales.
Embelesó a los párvulos. Fue, como dijo el Poeta Jaime Torres Bodet, el símbolo vivo de una esperanza conmovedora para la felicidad de los niños. Ella lleno de infantes nuestros jardines, hizo escuela propia, conmovió a los hombres con su vida y con su obra y, como señalo el maestro Celerino Cano, atenta al porvenir inmediato, contagió a todos con su pasión por el México niño.
De su inspiración y de su esfuerzo, saben bien los niños y los hombres. Tan inspirada que cuando sus ojos ya no veían a los niños, su corazón los sentía muy cerca de la razón primordial, profunda y lúcida de su ser. Tan esforzada, que tras fundar los jardines de niños que llevaron los nombres de Federico Froebell Y Enrique Pestalozzi, recorrió primero, las poblaciones de los Estados Unidos para aprender la organización y funcionamiento del Kínder Garden y después de Europa, toda Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra y Bélgica para estudiar lo relacionado con la educación de los párvulos. Se perfecciono en la Universidad Autónoma de México, a través de las cátedras de sociología, psicología y ciencia de la educación. Y logró finalmente la Escuela Nacional de Educadoras. En tanto, ocupaba numerosos cargos y desempeñaba graves funciones como miembro del Consejo de Educación Primaria, del Consejo Técnico de la Escuela Nacional de Maestros y del Consejo Nacional de Maestros y del Consejo Nacional de la Educación. Y aun se daba tiempo para concurrir, como representante de la Secretaria de Educación, a numerosos congresos mundiales sobre la enseñanza. Hizo de su vocación un culto. Quemo sus pupilas en el estudio, sacrificó diversiones y todo lo que pudiera ser felicidad para ella para dedicarlo a la niñez mexicana que fue todo su mundo. Fue una mujer indispensable en el momento histórico de México que le tocó vivir y hacer del sistema de jardines de niños los cimientos sobre los que descansa la educación nacional. Se dió tiempo para escribir varios libros dedicados a la educación preescolar, entre ellos: “tres libros de cantos y juegos para jardines de niños”; “cuentos y conversaciones”; “libro de rimas”; “la educación preescolar en México”; “técnicas de jardines de niños”. Su nombre esta grabado con letras de oro en el Senado de la República, para orgullo de todos los mexicanos.
Amó a su pueblo niño, profundamente. Y su pueblo maduro la veneró como diosa de infinita sabiduría.
A Rosaura Zapata no la alcanza la bíblica sentencia Anatematizante: ella salió del pueblo y torno a su pueblo. Vive eternamente en el corazón de los niños, los hombres y las mujeres de México. Es ya como ha dicho la Maestra Emma Olguín, una heroína civil, de la gran batalla educativa.
Rosaura Zapata Cano seguirá siendo aura limpia y rosa Inmarcesible. Rosaura Zapata Cano, murió en la ciudad de México en 1963 a la edad de 87 años, donde fue sepultada y respetando su voluntad de que su cuerpo descansara en su tierra natal, sudcalifornia, el 23 de noviembre de 1988 los restos mortales de la ameritada maestra Zapata fueron sepultados en la Rotonda de los Sudcalifornianos en esta ciudad Capital.
…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…
Fuente:
- Doctor Francisco Javier Carballo Lucero.
- Prof.: Néstor Agúndez
- Periodista y Escritora: Dominga G. de Amao
LA PAZ QUE SE PERDIO

POR: MANUELITA LIZARRAGA ÁLCARAZ


....EN SAN ANTONIO, B.C.S.... HUBO UNA VEZ UN ELENCO ARTISTICO... ORGANIZADO POR DOÑA DOMINGA G. DE AMAO.

·         COMO UN HOMENAJE ALA ILUSTRE ESCRITORA Y POETA SUDCALIFORNIANA… EN EL MARCO DEL ANIVERSARIO DE SU NATALICIO 106.

·         RECORDANDO UN ANIVERSARIO MAS DE SU PARTIDA A LA VIDA ETERNA, EL ANTERIOR 20 DE JULIO.



            ....Añoranzas... suspiros y recuerdos de Doña Dominga G. De Amao... siempre es muy grato conversar y compartir el pan y la sal en ele hogar de tan distinguida señora y su hija Alba, quienes me honran con su amistad. Y en el marco de trinar de pájaros cantores y ronroneos de hermosos gatos siameses, la linda muchacha antigua de plateados cabellos  recordaba entre tantas vivencias en su tierra natal San Antonio, tierra minera fundada por don Manuel de Ocio, de abundante historia en la región, ya que fue el primer minero, ganadero y perlero que hubo en Baja California Sur. Don Manuel de Ocio fue el hombre mas rico de la regio por aquello años de la conquista espiritual y fue quien dio origen para el poblamiento de esta península, con el minero y el ranchero Sudcaliforniano, quienes tienen todo el mérito de la naciente Sudcalifornia después de quedar en el olvido las misiones y de extinguirse los primero pobladores de estas tierras.


            En aquella época, cuando Doña Dominga vivía en San Antonio, en el verano de su vida, la escritora y periodista Sudcaliforniana además de cumplir con sus deberes de esposa y madre, represento en su función a la esposa del Delegado en turno de aquella comunidad, quien dijo en una reunión de familias “que su esposa no podía hacerse cargo de tan importante responsabilidad por que tenia entre otros asuntos a los niños muy chiquitos por lo que solicitaba una voluntaria para tan delicado cargo”. Alguien propuso a Doña Dominga y todos votaron para que fuera la encargada del Instituto de Protección a la Infancia, se puede decir que fue el primer DIF que hubo en aquel pintoresco y bello poblado de San Antonio y e terrirotio. Doña Dominga con su alto espíritu de servicio acepto el cargo, el que era todo un paquetón; ya que como es costumbre no había recursos y había que ingeniárselas para recabar fondos para darles desayunos a más de 60 niños entre otras lindezas. Dice ella, que gracias al entusiasmo de toda la gente pudo cumplir con el encargo, fueron tiempos muy bellos, como al igual que hoy la gente se presta para todo si se trata de servir.


            Lo primero que hizo Doña Dominga para recaudar fondos, fue organizar “EL ELENCO ARTISTICO DE SAN ANTONIO”, compuesto por hermosas y talentosas muchachas y jóvenes voluntarios quienes presentaban bonitos programas, desde obras de teatro, canto, declamaciones, dramas y bailables folclóricos. Estas presentaciones eran muy populares entre los habitantes de las poblaciones aledañas a San Antonio. Se presentaban cada mes, y el elenco asistía a diferentes poblados, hasta en esta ciudad de La Paz lo solicitaban, pero el traslado era costoso y problemático. La troca de Don Lino Amao se llenaba de muchachas que parecían hermosas flores del campo, por aquellos caminos reales, con sus ropajes elaborados por ellas mismas para cada ocasión. El costo de la entrada para ver el elenco artístico de San Antonio era de $2.00 a los adultos y de $.50 a los niños, estos fondos servían para el alimento diario de 60 hambrientos chiquitines.


            Las muchachos que formaban el elenco artístico de San Antonio fueron, Olivia Amao, quien era secretaria de la Delegación, Alba Emma de La Peña, Teresita Delgado, Jesusita Díaz, Alicia Manríquez, Gilberto Pérez, quien era el bailarín, Ubaldo Gaume, Pedro Gonzalez, Yolanda Martínez, José Cota, era de los entusiastas que cantaba muy bonito, Archibaldo Delgado y Paulino Hernández, “EL RUISEÑOR DE LAS ROSAS”, Arturo Delgado bailaba tangos y otras danzas, Irma de La Peña bailaba “La Española” !eran tiempos tan felices!. El elenco artístico de San Antonio organizado por Doña Dominga de Amao dentro de su programa también atendía el deporte, y llevaban jóvenes deportistas en sus giras. Fueron varias las ocasiones en que pasaron la línea divisoria entre Santiago y San Antonio. Al grupo de muchachas las llevaban separadas y a los jóvenes separados también. Era toda una responsabilidad el llevar el elenco, por que eran puras señoritas muy cuidadas de sus padres como era la costumbre y se las confiaban a doña Dominga quien les decía “miren muchachas pórtense bien, por que sino, sus padres no me las prestan” cuánto gozaban en estas presentaciones artísticas llevando alegría a las familias del área rural, porque eran para un buen fin. Presentaban dramas, sketch, declamación, bailes, canciones entre otras cosas. Les pasaron muchas anécdotas pero como disfrutaban por que se goza dando y sirviendo a los demás.


            Cuenta Doña Dominga que una vez el elenco artístico San Antonio fue  a Los Planes y el director las engaño. Llegaron muy contentas con todos sus menesteres y la casa del pueblo no estaba lista ni los esperaban, pero luego luego todos los muchachos se pusieron a trabajar para dejar el salón funcional y un alboroto se hizo en el pueblo de San Juan de Los Planes.  Para el reparto de desayunos a los 60 niños los maestros se turnaban para ayudarles. En ese tiempo el inspector de la zona era Don Luis Rodríguez de quien recibieron mucho apoyo. En el albergue internado había maestros de panadero, peluqueros, costura, zapatería, carpintería y artesanías. El maestro panadero les hacia la galleta para los desayunos de los niños y no cobraba por su trabajo, nomás le daban la harina y la cerveza pues tenían que hacer mucha galleta ya que atendía a familias de ocho y diez hijos. Tenían también entre esos 60 niños una mascota, era el niño más chiquito pero el más comelón. Tuvieron mucha suerte por que todos los habitantes de la época apoyaban. Don Lino Amao prestaba la troca con chofer y gasolina para los traslados del elenco a los poblados vecinos. Linda de La Peña era la tesorera.


            Doña Dominga recuerda con nostalgia su tierra, sus gentes, y dice que una vez fue al caimancito a un congreso, allá conoció a personas con un alto espíritu de servicio, como a María Esther de La Peña y Blanquita Davis entre otras que escapan a la memoria. Platicar con Doña Dominga de Amao es una grata experiencia... es nutrir  el espíritu y perderse en un mundo de añoranzas y recuerdos de cosas bellas y positivas de la vida ....que ayer como hoy se repiten constantemente, una y otra vez, con otros rostros, con otros ropajes....

            ...Entre brechas y caminos reales transitaba la troca de Don Lino Amao transportando el bello cargamento humano, LOS MUCHACHOS DEL ELENCO ARTISTICO SAN ANTONIO, quienes llevaban alegría  a las familias del campo...

Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…


*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*

....Encallado ..en el ocaso..
..Llameante ocaso eh la hermosísima Bahía de La Paz..rumbo al conchalito..evocador y hermoso..foto tomada por esta humilde reportera gráfica , hace mas de 20 años..los atardeceres y ocasos en La Paz....son !ÚNICOS!..nunca repetidos, cada vez distintos..
.Este, fué otro gran estero, donde desemboca el gran arroyo del palo de Santa Rita, rumbo al antiguo Hotel Baja, donde termina la calle Nayarit.., también lo pasábamos a nado, ese era mas hondo, cuando la marea subía..hasta parece que veo a mi perrito "el pachuco " nadando, y ladrándole a los burros, cuando a la orilla del estero escarbaban con las pezuñas, y a escsoa 15 centimentros sacaban agua dulce y bebían...por allí desembocó el histórico coclón Liza en el 76, dejando desolación y muerte, quedando rebalsados incontables restos humanos entre otras cosas de tristes recuerdos...también por allí está el remolino, donde varios se ahogaron, y que era el coco, para que no nos metiéramos mas de lo debido..¿alguien se acuerda, o escuchó del remolino?...foto tomada por esta humilde reportera gráfica, hace mas de 20 años..