jueves, 25 de agosto de 2016

"La luz de San Thelmo"

LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR MANUELITA LIZARRAGA.
“LA LUZ DE SAN THELMO...PRESAGIO DE VENDAVALES...Y TERROR EN LOS HOMBRES DEL MAR”.

            “!Ave María purísima!”, decían los mayores, es la luz de san Thelmo, presagio del mal y terror de los hombres del mar, Dios nos agarre confesados, se persignaban y agarraban agua bendita y le echaban a aquella bola de luz circulante, y a aquellos reflejos que caían al suelo. Yo estaba muy pequeña, y gran parte de mi vida transcurrió entre pescadores y marinos,  escuchaba de ellos, las experiencias vividas por diversas personas por la luz de San Thelmo, las que me parecían muy bellas. No comprendía en ese tiempo, y se me quedó grabado aquel recuerdo que me parece interesante. Me entró la inquietud por saber mas de aquellos recuerdos sobre la luz de San Thelmo, y recurrí como es mi costumbre, a la voz de los venerables ancianos, quienes en sus cabellos salpicados de fina escarcha impregnados de historia, sabiduría y experiencia, son un libro abierto para el que quiera leer en ellos...y a mi me encanta platicar con estos muchachos y muchachas antiguas porque guardan en su memoria tantas cosas que no están escritas en los libros; están sólo en la mente de los mayores. Con esta intención, llegué esa cálida tarde al hogar del señor Lorenzo Verdugo, quien me contó entre muchas otras cosas, sobre éste fenómeno físico de la naturaleza.
            “El ciclón más devastador que ha azotado la península de Baja California Sur y que se tenga memoria es el de 1918 y se vio la luz de San Thelmo, presagio de grandes desgracias. Decían los mayores que hubo otro huracán de las mismas proporciones que éste, en 1895. Cuenta con nostalgia, Don Lorenzo Verdugo, joven de la tercera edad que le tocó vivir ese fenómeno de la naturaleza cuando apenas él tenia nueve años. Fue el 15 de septiembre de 1918, como a las diez de la mañana se miraba entre nubarrones en el cielo, en el mogote frente al puerto de La Paz, dos grandes trombas o culebras de agua. Al tañer de la campana de la Iglesia, toda la gente del pueblo estábamos en el malecón sin medir el peligro, y sin temor alguno, con gran curiosidad contemplando las culebras de agua. Por fortuna, una se disolvió atrás del mogote; y se miraba muy bonito, cómo del medio de la culebra para arriba fluían grandes borbollones de agua y muchos peces y del medio para abajo se deshacía de la misma forma. La otra tromba, ante la mirada de toda la gente fue a reventar por un lado de la colina del sol. Cayó tanta agua que se hizo ese zanjón a un lado del cerro, del Centro de Radio y Televisión y no estaba ese arroyo; y también cayó mucho pescado que la gente muy contenta lo traía en carretillas. Para las dos de la tarde de aquel día, ya no había lluvia, todo estaba en calma.
            Era el 15 de Septiembre, día de las fiestas patrias. Por tal motivo, estaban adornados el Palacio Municipal, la Casa de Gobierno y la plazuela para el tradicional festejo. Por la tarde, mi padre don Loreto Verdugo, ordenó a mi madre que nos alistara para llevarnos a la plazuela a disfrutar de esas fiestas. Todavía quedaban charcas de la lluvia de la mañana en la que entre penumbras se reflejaban las sombras de las personas, árboles y demás cosas...las banderitas y demás adornos estaban mojados...los mechones en los árboles iluminaban pálidamente aquel ambiente tan familiar. El comentario obligado entre los asistentes era el suceso de las trombas y el montón de pescado que había caído del cielo esa mañana...eran como las ocho de la noche...los pinos llorones que adornaban la plazuela se mecían  lúgubremente con las ráfagas de viento que se empezaba a sentir...mi padre, viejo pescador, volteó al cielo y poniéndose el sombrero, muy preocupado dijo ‘mujer, recoge los niños y vámonos, porque estos vientos huracanados no me gustan nada’. Mis hermanos y yo, metidos entre los largos faldones de mi madre, corríamos de prisa...y cuando íbamos dando vuelta por la logia masónica rumbo a la casa, porque vivíamos por la calle Serdan  casi llegando a la calle 16 de Septiembre, cuando se soltó aquel aguacero y fuertes ventarrones que difícilmente podíamos sostenernos en el suelo, y el llegar a la casa fue toda una odisea.
            La humilde vivienda  de madera de fuertes horcones y techumbre de palma se cimbraba con el viento. De pronto, mi madre aterrorizada vio la luz de San Thelmo en la torre del molino de viento, y escandalizada gritó ‘ave María Purísima es la luz de San Thelmo habrá desgracia!” era como una bola de fuego que se mecía en el aire para un lado y para otro. La casita parecía acordeón. Las caudalosas aguas del arroyo de la calle 16 de Septiembre, pasaban por debajo de la casita, la que estaba iluminada por la luz de San Thelmo; y se miraba que las aguas arrastraban cardones, otros árboles, techos de casas, ruedas de molinos de viento, animales y muchas cosas más que mis aterrorizados ojos de niño no podían comprender. Fue terrible. El huracán duró toda esa noche del 15 de Septiembre y todo el día del 16; hasta como a las once de la noche empezó a amainar la fuerza del viento y la lluvia. El amanecer del 17, fue muy triste casi acabó con la Ciudad de La Paz. el mar se metió por el arroyo de la calle 16 de Septiembre, y los botes de las armadas perleras y demás embarcaciones las arrastró el viento hasta donde es ahora el Cánada. Varias embarcaciones las aventó la marejada fuera del malecón y un barco de tres mástiles que estaba fondeado en el mogote, lo aventó el viento hasta donde es ahora la Agencia Arjona, allí jugábamos por mucho tiempo junto con otros compañeritos. En este ciclón de 1918, el más devastador, hubo muchos destrozos y algunos muertos, varias embarcaciones se hundieron. No murió mas gente porque no se construían las casas en los arroyos”. Termino diciendo Don Lorenzo Verdugo sobre esta experiencia de la luz de San Thelmo y el huracán de 1918.
            Aquella mañana bajo la pertinaz llovizna mis pasos me llevaron hasta el hogar de don Celestino Orantes de oficio carpintero de rivera, intrépido lobo de mar; y me contó su experiencia sobre la luz de San Thelmo. “ Fue en Septiembre de 1918, aquí en La Paz azotó un terrible ciclón, el más devastador de todos los tiempos. Eran como las ocho de la noche, me encontraba abordo fondeado frente al mogote junto con el capitán y otros marineros. El mar estaba muy picado, vientos huracanados se sentían, decían los mayores que sabían de estas cosas que amenazaba tormenta. De pronto a esa hora de la noche se soltó un aguacero muy iluminado con vientos muy huracanados, entró por entre Norte y Este y con sorpresa vimos que en el mástil del barco pendía una bola luminosa que sus reflejos iluminaba toda la embarcación. ¡es la luz de San Thelmo!, gritaba el capitán espantado, santiguándose, ¡habrá una gran desgracia!, hay que rezar para que la bola de luz no baje a cubierta porque vamos a naufragar!, pero la bola de luz corrió por toda la cubierta, y los vientos huracanados y la marejada  aventó la embarcación 40 metros fuera del mar, y nos salvamos de milagro como pudimos. El barco era el ‘DAW’ venía cargado de garbanzo, maíz, frijol  calabaza, y la bahía quedó inundada de aquellos granos. Se ahogó de una manera tonta, un marinero que no sabía nadar, se llamaba Cesareo Olachea, al momento que vio la luz de San Thelmo se asustó tanto que se arrojó al mar. Hasta los 8 días lo encontraron por el rumbo del Esterito”. El ciclón de 1918, terminó diciendo don Celestino Orantes,  que en gloria esté, fue el mas devastador que ha habido en Baja California Sur, y la luz de San Thelmo es presagio de desgracia. Según los antiguos, son varios los testimonios sobre ésta misteriosa luz en el ciclón del 15 de septiembre de 1918; como Doña Dominga de Amao, dice que ella tenía seis años, y que escuchaba a sus padres, en este ciclón de 1918, gritando aterrorizados ¡se ven luces en el ojo del huracán , es la luz de San Thelmo, Dios nos proteja, habrá desgracias”; pero que ella no vio esa luz porque estaba encerrada. Al día siguiente entre todas las desgracias que hubo escuchó que se ahogó una mujer que se había trepado a un ciruelo. En Agosto de 1934, dice don Lorenzo Verdugo que hubo en La Paz otro ciclón de grandes proporciones, pero nunca como el de 1918, y que también entre los nubarrones, se vieron bolas de luz azul verdosa y decían los mayores que era la luz de San Thelmo.
            Doña Lucia Verdugo, del rancho el Ancón, dice que en 1941, ella tenía 6 años, cuando azotó la entidad un ciclón muy grande. Que vivían en ese tiempo en el rancho El Rosario, rumbo a Los Planes. Que ella no vio la luz de San Thelmo porque la tenían encerrada junto con sus hermanos para protegerlos del huracán, pero que escuchaban afuera de la casa el escándalo que traían su abuelito Agustín y su tío Amado Mendoza y demás familia, que gritaban aterrorizados entre el aullar del viento, paredones que se desgajaban, y árboles que caían a las corrientes del arroyo, es la luz de san Thelmo, anuncia desgracia, hay que quemar palmas  y rociar agua bendita, maltratar, rezar y apalear los reflejos hasta que desaparezcan. Y apretujados ella y sus hermanitos bajo las cobijas en la cama de lias de cuero, escuchaban aquellas maltrataderas y rezaderas a la vez, así como el golepeteo de escobazos en el suelo y paredes de la casa. El amanecer después de este ciclón de 1941, fue desolador. El arroyo se llevó mucho ganado y otros animales, así como tumbo árboles y algunas casitas, pero no hubo muertos en ese rumbo de Los Planes. Decía su abuelito que él tenía conocimiento a través de sus antepasados de éste fenómeno de la luz de San Thelmo, que presagia desgracia y es el terror de los hombres del mar, que estaba relacionado con el mal, pero nadie ha sabido explicar el porqué de estos sucesos, y por qué San Thelmo es el santo de las desgracias.

            En el Libro Pervivencias, escrito por el licenciado Felix Ortega (q.e.p.d.) cuenta su experiencia cuando niño, sobre el ciclón de 1941, aquí en La Paz. “Como a las tres de la madrugada el ciclón empezó a entrar con vientos arrachados y ensordecedores de 120 kilómetros por hora, derrumbando árboles, molinos de viento y todo lo que encontraba  a su paso. Todos gemían aterrorizados, porque el agua caía a chorros de cubetazos, su padre, el señor  Felix J. Ortega en medio de aquel vendaval le dio una enseñanza más. ‘Mira Felix’, le dijo señalando a la estructura del molino, al que el viento le había tumbado  la rueda y el timón; ‘ fíjate en aquel espantajo brillante, obsérvalo,  es como una bola de fuego que sube y que baja, le llaman luz de San Thelmo, es un fuego fatuo que solamente se presenta en las grandes tempestades y es el terror de los marinos cuando se pone en la proa de los barcos, porque indica naufragio, desastre y muerte’. Para las once de la mañana del día siguiente, los vientos huracanados alcanzaban velocidades de 150 kilómetros por hora, y las mangas de agua se sucedían una tras otra. Alguien gritaba que se estaba saliendo la mar. En efecto, la calle 16 de Septiembre estaba convertida en un incontenible cauce de aguas broncas que arrastraban de todo, y al juntarse estas corrientes con las de la bahía, daban la impresión de que La Paz estaba siendo sepultada por el mar”. En este ciclón de 1941, donde se vio la luz de San Thelmo también hubo varios muertos.
            En 1954, dicen los jóvenes de la tercera edad los hermanos Arredondo Yepis, del paredón del Yaqui  del barrio del Esterito, que en aquella ocasión andaban pescando por la Isla Espíritu Santo, que la noche estaba tranquila...no se miraban indicios de mal tiempo...cuando de pronto, su hermanos Amadeo y él , vieron como una gran bola de fuego prendida en la punta de un cerro la que se reflejaba con bellos fulgores en el agua, y oscilando de un lado a otro; “es la luz de San Thelmo”, dijo asustado, y su hermano espantado sacó el rifle y le tiró dos balazos. La marinería de dos barcos que andaban por allí, al escuchar los tiros se acercaron preguntando que pasaba, por qué los balazos y él les contestó que se asustaron porque vieron la luz de San Thelmo en el cerro. Al escuchar esto, los capitanes de los barcos, inmediatamente levaron anclas, y sin decir nada, se fueron muy espantados como alma que lleva el Diablo. Los barcos parecían que hasta volaban. Fue un fuerte chubasco el que hubo en 1954, que no pasó a mayores, y que también se vio la luz de San Thelmo. En el ciclón de 1959, fueron varios los que vieron la luz de San Thelmo en distintas partes de la ciudad. Doña Lucia Sosa y Silva cuentan que a su tío Antonio León, los agarró el chubasco en alta mar, andaban pescando él y un grupo de compañeros, y de pronto se prendió una bola oscilante de fuego en el palo del mástil, y gritaron asustados “es la luz de San Thelmo, vamos a naufragar”, pero que entre ellos, venía un marinero de Acapulco, y agarrando una reata, empezó a chicotear las luces, maltratando y rezando a la vez, y se subió al palo del barco, pegándole reatazos, mientras que los demás le daban de escobazos  haciendo lo mismo, y otros achicaban la embarcación. No comprendían como lograron sobrevivir a aquel fuerte vendaval.
            Por su parte, don Gilberto Lucero, de las familias más antiguas de La Paz, fundadoras del legendario barrio del Esterito, de oficio buzo y pescador ribereño, quien hace apenas un mes y días que falleció, me contó que él toda su vida anduvo en el mar, pero que nunca tuvo la suerte de ver la luz de San Thelmo. Que tiene conocimiento de este fenómeno natural, por sus antepasados, por la versión oral a través de generaciones y de las experiencias que han pasados otros marineros, de que esta luz de San Thelmo es presagio de desgracia, naufragios, vendavales y muerte. Pero nadie ha sabido explicar por qué le dicen San Thelmo, y trae desgracia; la  maldicen y le rezan, agarran a palos los reflejos y le echan agua bendita, como que es el bien y el mal. Yo soy poco entendido en esto dijo, pero como hombre de mar y por la experiencia que tengo debe ser un fenómeno físico de electricidad estática de la atmósfera , presagio de mal tiempo, pero no entiendo porque lo relacionan con el mar. La aurora boreal, si tuvo la fortuna de verla, es un fenómeno maravilloso inigualable. Pero eso es ya otra historia. Continua diciendo don Quiqui Lucero, que en el chubasco de 1959, un escándalo traían los vecinos del Esterito porque vieron en las palmeras la luz de San Thelmo. Fue el 8 de Septiembre de ese mismo año, eran como las nueve de la noche, todo estaba tranquilo, ni señales de chubasco había y doña Victoria Gonzalez de Bustamante vio la luz de San Thelmo, y gritaban que presagiaba desgracia y todo el vecindario traía un escándalo echándole de palos y rezándole, pero como te digo, yo no vi nada, nada mas escuchaba. En la madrugada del 9, ya teníamos el chubasco encima. Por otra parte, doña Conchita Carrillo de Castro, también del barrio El Esterito, vio desde su ventana la luz de San Thelmo. Era una bola de fuego prendida en la estructura del molino, al que se le había caído el papalote. Sus reflejos verde azul subían y bajaban e iluminaba toda su ventana y demás árboles.
            “Aquel fatídico 30 de Septiembre de 1976, entre penumbras y el tétrico aullar del viento embravecido azotando todo lo que se encontraba a su paso, a través del cristal de la ventana de mi hogar, apretujando contra mi pecho mi inseparable amigo, mi osito de peluche aterrorizada miraba la refulgente luz prendida de un árbol, la que giraba en círculos, y la bola de luz verde azul se movía para todos lados, amenazando caer a la tierra, miraba también  a mi madre con faroles encendidos acompañada de un montón de gente, quienes espantados gritaban “es la luz de San Thelmo habrá una desgracia”, al tiempo que rezaban y rociaban de agua bendita, y los señores agarraban a escobazos los reflejos en el suelo del patio y paredes de la casa, a la vez que la maltrataban; y decían, “si cae al suelo la bola de luz, será mas grande la catástrofe”. Yo apenas tenía doce años, y si, tenía razón mi madre, la luz de San Thelmo, fue presagio de desgracia, fue cuando esta ciudad de La Paz sufrió el mas atroz de los huracanes, el ciclón Liza que desapareció colonias enteras y mató a mas de 20.000 gentes. Damnificados no hubo, porque todos murieron”. Testimonio de la señora Rosita Ramírez. La señora Alicia Castro, cuenta que ella tenía trece años, estaba en la escuela secundaria cuando el ciclón Liza, y vivía por el rumbo de los Olivos...ella nunca había escuchado nada sobre la luz de San Thelmo; pero ahora que se ofrece sobre eso, viene a su mente aquel recuerdo que sepultó en lo mas profundo de su ser. Aquella noche del 30 de Septiembre de 1976, espantada miraba por la ventana...aullaba el viento, caían árboles, volaban letreros luminosos y tapas de tinacos...las aguas corrían caudalosas por el arroyo arrastrando en ellas, refrigeradores, vehículos, lavadoras, techos de casas, árboles, gente y un sinfín de cosas. Y lo que llamó su atención es que en medio de la obscuridad algo como una luna refulgente iluminaba todo eso que ella podía ver. Los reflejos de esa bola de luz ondulaban en el agua, donde se salían montones de manos clamando al cielo, y daban los reflejos sobre las palmeras y el cristal de su ventana. Ella guardó en su mente ese feo recuerdo y nunca  comentó con nadie sobre esa luz misteriosa porque consideró que era normal, ya que ella no había vivido la experiencia de un fenómeno de la magnitud como lo fue el ciclón Liza.
            Doña Chuyita de Ruiz, dice “mi esposo y  yo vimos la luz de San Thelmo la noche del ciclón Liza y vivimos la mas espantosa experiencia de nuestra vida. Yo tenía conocimiento de esa misteriosa luz, presagio de desgracia y terror de los hombres del mar, a través de  mi padre don Raúl Tapiz, intrépido marino y lobo de mar. Esa fatídica noche del 30 de Septiembre de 1976, nos salvamos por un milagro de Dios. Con nuestro primero hijo, un bebe de apenas ocho meses, íbamos a visitar unos compadres a la colonia Chula vista. Nos regresamos porque el agua en el arroyo empezaba a bajar...y logramos pasar de vuelta. Ante nuestra vista hasta la Secundaria Morelos se presentaba un panorama aterrador. Todo era un inmenso mar...aún no comprendo como es que logramos llegar desde la calle Jalisco y Forjadores hasta la calle 5 de Febrero con el agua a medio vehículo. Volaban tapas de tinacos, árboles, letreros, alambres y el agua corría a raudales por la calle 5 de Febrero. Llegamos hasta la calle Abasolo con la intención de refugiarnos en la casa de mis padres, por las calles Nayarit y Belizario Dominguez pero no pudimos pasar. El agua en el arroyo  “Del Palo” estaba a varios metros de altura, iluminada por la luz de San Thelmo. En lo que es ahora el patio Fiscal de Aduana. Allí estaban montañas de carros rebalsados, encimados unos arriba de otros, de todas marcas y colores, así como refrigeradores y lavadoras, y muchas cosas hasta quejidos se escuchaban...y todo esto lo iluminaba esa ondulante bola de luz verde azul. Espantados nos regresamos a nuestro hogar, sin imaginar la desgracia que acababa de pasar, en lo que nosotros dimos la vuelta. Por un pelito y nos lleva el arroyo”.  Terminó diciendo Doña chuyita Tapiz de Ruiz.
            Aquel amanecer del primero de Octubre de 1976, día del holocausto, la bahía de La Paz estaba infectada de tiburones hasta la Isla Espíritu Santo, teñida sus aguas de sangre humana, con el festín que los animales se daban con los cuerpos que arrastró la enorme ola de aguas negras contenidas en el bordo, construido de piedra y lodo y que se pudo haber evitado esta desgracia. Quedaron sepultados en la arena de los arroyos, miles de muertos así como de casas y vehículos con familias enteras, además de una escuela de dos plantas donde se refugiaron más de 80 gentes; ésta se derrumbó quedando sepultada con su cargamento humano. La señora Clementina Geraldo de Lucero, también vio la luz de San Thelmo cuando el ciclón Liza. Ella estaba en el Sargento, y admirada contemplaba entre las nubes tres bolas de luz verde azul que se paseaban de un lado a otro frente a la Isla Cerralvo, y los mayores de su casa, atemorizados gritaban “es la luz de San Thelmo, es mala señal habrá desgracias”; y de rodillas se pusieron a orar.

Don José Nuñez dice que cuando el ciclón Liza él vio la luz de San Thelmo. “era una bola de luz tan intensa que iluminaba toda la casita, que hasta parecía de día. Y que gracias a la iluminación de ésta luz del santo de las desgracias don Nicodemo Morales pudo sacar con una reata, de las turbulentas aguas del arroyo a la mujer de Ramón Casillas, y que gracias también a esta luz, el señor Ferron, héroe y mártir del ciclón Liza, pudo salvar a más de 30 gentes, rescatándolos del arroyo donde él salió herido con vidrios y piquetes de varilla, luego se cangrenó falleciendo a los pocos días. Este señor Ferron Es un héroe olvidado.

                La luz de San Thelmo, siempre será un misterio, pero lo cierto es, que presagia desastres, tempestades y muerte.



          …POR EL PLACER DE ESCRIBIR… RECORDAR… Y COMPARTIR…

Ponencia presentada en la octava jornada de literatura regional organizada por la UABCS.

domingo, 31 de julio de 2016

EL HOMBRE DEL FAROL…Y LA MUJER DE BLANCO DETRÁS DE EL


De pronto apareció de la nada por aquél tenebroso callejón por la calle Revolución… la mortecina luz del farol en su mano reflejaba ondulante cuan largo era, la figura en tierra prolongándose hacia la barda… Parecía que caminaba con pasos lentos bajo la pertinaz llovizna... Sorprendida lo miraba desde el balcón de mi ventana, aquella noche de insomnio. El hombre del farol vestía camisa roja a cuadros y pantalón de kaki… es el abuelo , pensé, como en otras ocasiones ya lo había visto sin darle mayor importancia, pero ahora como no tenía sueño me puse a observarlo: llevaba sombrero de palma de alta copa, calzaba sus pies con huaraches de hule de llanta para mi desconocidos… pero al fijar mis ojos a los pies, me quedé aterrada, con los pelos de punta ¡aquel hombre del farol flotaba, no pisaba el suelo¡ se perdió en la distancia cual largo era rumbo al fondo del callejón… los perros aullaban y gemían lastimeramente, y la mortecina luz del farol se fue diluyendo lentamente bajo la lluvia… hasta entonces sentí un terror inenarrable, y temblorosa me acurruqué bajo las sábanas mientras mis padres dormían plácidamente, dijo la hermosa Florencia
Eran como las 11.40 de la noche… aunque arrullada por la lluvia, después de aquello, ya no pude dormir. Continuo diciendo la joven de hermosos ojos verdes y dulce mirar, que ya en otras ocasiones había visto al hombre del farol pero que nunca le había puesto cuidado, porque estaba convencida que era su abuelo, y que también su hermano menor lo había visto caminar con el farol encendido en la mano por aquel tenebroso callejón, y también creía que era su abuelo, que lo único raro era que a esa hora anduviera alumbrando el callejón, sin ponerle él, mayor cuidado.
Dijo la muchacha , todavía muy asustada , que en otra ocasión después de aquella horrible experiencia, se reunieron en su casa seis amigos y ella a realizar un trabajo de equipo; al término de éste, asaron carne y se amanecieron; estaban en el vacile y la broma alrededor de la mesa, y ella de espaldas al callejón del terror, porque ya sabía lo que pasaba en él; no les había contado a sus compañeros de estudios la experiencia vivida aquella noche de pertinaz llovizna, para que no se asustaran...
Eran las 5:15 de la mañana cuando de pronto uno de los jóvenes dijo: ¡¡mira¡¡ ahí va tu abuelo con un farol en la mano , y que raro que a estas horas lleva sombrero; si, contesto otra chica , seguramente no se lo quita ni para dormir; y soltaron la carcajada todo el grupo a mandíbula batiente… y Florencia estaba a la expectativa, con los verdes ojos pelones y muy brillantes como ascuas.. y va una mujer alta con bata blanca, y larga cabellera negra detrás de él, dijo otro chico; y dice otra joven: pues tus abuelos de plano no duermen, se levantan muy temprano a caminar, si, alumbrados por el farol dijo otro joven; esto ya no le gustó a Florencia, se levantó con la piel enchinada y los pelos de punta, pues ella nunca había visto a la mujer de blanco que desde tiempos inmemoriales, se dice sale por allí, y rápido invitó a los muchachos a modo de broma, a seguir con la mirada al hombre del farol y la mujer de blanco detrás de él, para ver para dónde iban..
¡Y se quedaron con los pelos de punta¡ el hombre del farol y la mujer de blanco detrás de él, ¡flotaban¡, la mujer descalza, y el hombre con huaraches muy curados, a decir de los jóvenes, aunque uno de ellos no vio nada , se quedó con ganas de ver al hombre del farol y la mujer detrás de él, que se perdieron cuan largos eran en aquella obscuridad del fondo del callejón… y la mortecina luz del farol reflejaban las fantasmagóricas y ondulantes figuras en tierra y barda.. Y poco a poco se fueron diluyendo en su camino al más allá, de donde provenían...
A los pobres muchachos hasta lo borracho se les quitó; les dio vómito, temblorinas y de todo, quedando jurados a no volver, pero si, si volvieron, pero por las dudas ya no se amanecen ni voltean para aquel obscuro callejón, todos se sientan de espaldas a él, no vaya a ser la de malas, ya no quieren ver otra vez al hombre del farol y la mujer de blanco detrás de él...
…Por las dudas, cuando pases por aquel tenebroso callejón por la calle Revolución… más te vale que te vayas persignado, no valla ser que de pronto te topes con el hombre del farol y la mujer de blanco detrás de él , y alumbren tu caminar…y ¡con los pelos de punta te puedes quedar¡
….Por el placer de escribir…recordar…y compartir…

miércoles, 25 de noviembre de 2015

CON LOS PELOS DE PUNTA.

LA CUEVA DEL CERRO FRENTE AL PATEON Y EL HOMBRE DE NEGRO”.

POR MANUELITA LIZARRAGA.

·        ERA TANTO EL ESPANTO QUE SENTIAMOS LOS NIÑOS DE AQUEL TIEMPO CUANDO IBAMOS AL PANTEON, Y QUEDABAMOS CON EL CUELLO TORCIDO POR TANTO VOLTEAR HACIA A CUEVA DEL CERRO DE LA CRUZ, NO FUERA A SER QUE SE APARECIERA EL HOMBRE DE NEGRO, O ESCUCHARAMOS EL GRITO DE AGONIA DE LA NIÑA QUE AHÍ MATARON, DIJO DOÑA TRINI BELTRAN DEL BARRO EL CHOYAL.
·        EN AQUELLA EPOCA ERAN TANTOS LOS ESPANTADOS EN LA CUEVA DEL CERRO FRENTE AL PANTEON, QUE CUENTAN LOS MAYORES QUE HASTA UN SACERDOTE TUVO QUE SUBIR A BENDECIR Y PLASMAR DENTRO DE LA CUEVA UNA GRAN CRUZ DE CAL Y YESO, PERO QUE DE TODOS MODOS A TRAVES DE LOS AÑOS, HAN SEGUIDO ESPANTANDO.


Cuentan los mayores que a través de los años en la cueva del cerro de la cruz, frente al panteón son muchas las cosas raras que se han visto y escuchado, por distintas personas que han quedado con los pelos de punta al tener la mala suerte de vivir una experiencia al parecer sobrenatural. Y la hermosa muchacha de ayer y de hoy, Doña Trini Beltrán Martínez, dice que cuando era una traviesa e inquieta niña de escasos diez años, asustaban mucho en el cerro de la cruz, desde la época de sus abuelos, quienes sabían la historia de por qué espantaban en esa cueva, y sus mayores entre muchas otras personas habían vivido esas macabras y tormentosas apariciones: UN HOMBRE DE NEGRO ENTRANDO A LA CUEVA Y SE ESCUCHABA EL LLANTO LASTIMERODE UNA NIÑA.

Dice Doña Trini que le contaba su abuelita que en esa cueva en tiempos pasados vivió una mujer muy trabajadora, al parecer, de los primeros habitantes de estas tierras, y su hija de ecazos ocho años, que bajaban las dos al pueblo, la madre a trabajar, y pues se tenía que traer la niña; pero que una vez, Clotilde, nombre de la niña, enfermó de algo muy extraño, y fue necesario que se quedara en la cueva. Que al caer la tarde, al regresar la madre, de la que no recuerda el nombre, encontró a la niña ¡muerta!, la habían violado y estrangulado. Tragándose su impotencia y su dolor que le desgarraba el alma, la pobre mujer sepultó ahí mismo a la niña, y con la reciedumbre y valentía que distingue a las mujeres de estas tierras se quedó en la cueva al acecho…que pensó que el asesino quizás debía andar cerca.

Como una bestia herida la atribulada mujer esperó pacientemente toda la noche en la oscuridad de la cueva, y estuvo al acecho…y en la madrugada escuchó pisadas alrededor de la cueva, y se quedó estática, no se movió esperando…de pronto, con mucha cautela fue entrando poco a poco un hombre largo, de negro vestido, y la mujer con una rapidez asombrosa lo lazó con una reata, y le cayó encima como leona embravecida, lo maniató dejándolo inmovilizado, lo martirizó hasta hacerlo confesar su brutal crimen.

Cuentan que se escuchaban tremendos alaridos de muerte en la cueva del cerro de la cruz. Luego entonces la brava mujer le cortó sus partes nobles y esperó a que se desangrara hasta verlo morir, después lo sepultó ahí mismo en la cueva, de la que salió sin voltear atrás…de ella no se supo nunca más, se perdió en el tiempo y el olvido.

Pero lo malo empezó después, al paso del tiempo, la gente que iba por aquellos rumbos, entre humaredas de las ladrilleras se empezaron a espantar…escuchaban el lastimero llanto de una niña, el que el viento lo llevaba por serranías, porque según se dice cuando esto pasó el panteón todavía no estaba y luego, que también se escuchaba el desgarrador grito de un hombre de negro entrando a la cueva…así estuvo por mucho tiempo que la gente ya no quería pasar por ahí hasta que tuvo que intervenir un padrecito de aquella época quien subió a la cueva de la colina, frente al panteón, la bendijo y plasmó una gran cruz de cal y yeso.


Y se dice que desde entonces, le empezaron a decir la cueva de la cruz y que hasta la fecha según todavía está esa cueva en el cerro frente al panteón con su cruz y sus espantos; dijo Doña Trini quien al recordar todavía se le ponen los pelos de punta.


…por las dudas, cuando vayas rumbo al panteón vete mirando de frente, no vaya a ser que de repente escuches el llanto de una niña y veas al hombre de negro y te quedes con el cuello torcido y los pelos de punta…

martes, 20 de octubre de 2015

CON LOS PELOS DE PUNTA.
POR MANUELITA LIZARRAGA.

LA MANO QUE APRIETA”.

Meeeemoooo… ajjjj ajjjj ¿dónde estás Memo?...los estertores agónicos se escuchaban en el amanecer llamando Memo, mientras me apretaba la mano, y yo se la acariciaba pensando que era la de mi esposo, pero al escuchar esos raros lamentos de una mujer atormentada, voz desconocida para mi en el interior de mi recámara, encendí de pronto la televisión para que hubiera luz…y me quedé ¡Con los pelos de punta!.

Me disculpa estimado lector(a) pero la persona este macabro suceso, me rogó que no escribiera la ubicación de esta mansión porque sus padres se asustarían mucho.

Cuenta la joven señora Dorita que con motivo del reciente huracán que azotó La Paz y parte del Estado de Baja California Sur, se fue con su esposo e hijos a la casa de su suegros, por el barrio del Esterito (nomás el barrio voy a decir) y les asignaron una recámara para todos ellos; una sola noche pasaron ahí, salieron al otro día disparados, jurando no volver a dormir en esa recámara nunca más…

…Eran como las cuatro y media o un poco más de la mañana…abrí los ojos y encendí el televisor, estaba el programa del “Doctor Simi” que me cae muy gordo, por cierto, y apagué el aparato. Quedándome con el control en la mano…tenía mis ojos abiertos en las penumbras, de pronto me agarraron la mano derecha, y yo pensando que era mi esposo se la acaricié, la mano apretó más la mía, y yo también se la apreté…luego se empezó a escuchar estertores agónicos como de alguien que moría con mucho sufrimiento, y yo le apreté más la mano y la mano me tenía bien agarrada, entonces se escuchó una voz de mujer que decía…”ajjjj ajjjjj ¿dónde estás Memo?, ¿Memo dónde estas?”.

Y lo curioso es que yo escuchaba gente ya levantada en la casa, porque ya casi era amanecido y mientras más nos apretábamos las manos, más fuerte y doloroso era el gemido, así como el llamado desesperado a un tal Memo. Todo era muy extraño en aquella recámara en penumbras…desde luego, pensé preguntándome ¿Qué hace esa mujer desconocida en mi recámara? Donde se supone que estábamos nada más mi esposo, mis hijos y yo, creía que la mano que agarraba a la mía, era la de mi esposo, por eso es que no sentía miedo todavía, nada mas extrañeza…entonces me decidí, apreté el botón de encendido del televisor en el control, para que hubiera luz, y ¡ohhhh sorpresa me soltaron la mano y no había nadie en el cuarto!, todo estaba en el más espantoso silencio, roto solo por la luz del televisor sin volume.

Sentí un miedo sepulcral como si se me levantara la piel, y el cuero cabelludo desde la nuca quedándome ¡con los pelos parados! Y para rematar, mi esposo estaba acostado del otro lado, roncando, y mis hijos dormían como santos angelitos, no se dieron cuenta de nada. Comprendí con espanto que la mano que me apretaba era de la mujer moribunda llamando a Memo.


Yo soy una mujer muy incrédula sobre estas cosas, pero después de vivir esta macabra experiencia la verdad no se que pensar, terminó diciendo la señora Dorita. 

miércoles, 29 de abril de 2015

LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA

“LA MUJER DE NEGRO DE LA 16...QUE SE SUBE A LOS TAXIS Y LUEG DESAPARECE”.




            En las madrugaditas aquellas de La Paz de los molinos de viento, en las empedradas calles se escuchaba el fuerte traqueteo del negro carruaje tirado al trote por brísos y negros corceles también, llevando su bella pasajera, al que estaba envuelta en la historia y la leyenda “La dama de negro de la 16”...perdiéndose carruaje y mujer en la nada, en la obscuridad de la noche.


         En la actualidad, son varios los taxista espantados a quienes por la madrugadita, una joven y hermosa mujer vestida elegantemente toda de negro, les hace la parada en las calles 16 de Septiembre y Revolución...ésta, según se sube al taxi, les ordena “Rumbo al panteón”, pero cuando ya casi van llegando, la bella pasajera desaparece...el asiento trasero del vehículo va completamente vacío, impregnado a perfumes de flores de madreselva y huele de noche.

            Sobre esta macabra aparición, cuenta Doña Estefana, linda señora de la tercera edad, que sus mayores les contaban cuando niña la leyenda de la mujer de negro del arroyo de Los Sandoval, el que después se llamó arroyo central, y ahora es la calle 16...que desde la época de la colonia, fueron varios los vecinos de esas calles que se despertaban en las madrugadas aquellas al escuchar el fuerte traqueteo de un carruaje negro tirado al trote por bríosos corceles negros también, y los osados que abrieron sus ventanas para ver de donde procedía ese ruido quedaron admirados que a esa hora de la madrugada, estaba una mujer vestida toda de negro haciéndole la parada al carruaje y luego ésta se subía en él, perdiéndose en la obscuridad de la noche...que cuando empedraron la calle Revolución por los años de 1920, el ruido de las ruedas del carruaje resonaban más fuertes en el empedrado, como alegre castañuelas, y la gente, a fuerza de la costumbre,  nada más se daba vuelta entre las sábanas y decían “Es el cuarruaje que viene por la dama de negro” y seguían durmiendo.

            Continúa diciendo Doña Estefana que contaba su abuela que en los tiempos aquellos corría de boca en boca la leyenda de que existió en La Paz una hermosa mujer quien se vestía siempre de negro...nunca se supo su nombre, ni donde vivía, ni de donde vino, la dama de negro estaba envuelta en el misterio, se aparecía de repente en los bailes o en los eventos de más importancia en La Paz, como buscando algo o a alguien,  siempre vistiendo igual, con una mirada profunda, cargada de tristeza...la gente se acostumbró a ver a la bella joven vestida de negro...de repente no se le vio nunca más, lo que fue muy notorio. Al tiempo, corrió la leyenda que se aparecía haciéndole la parada a los carruajes y luego a los vehículos de la época, y así a través de los años, generación tras generación son muchos lo que la han visto y subido a su vehículo y luego se les desaparece quedando aterrados...

            Ahora, al llegar a nuestros días ya son varias las personas que han visto a la dama de negro por la madrugada en la esquina de Revolución y 16 de Septiembre, haciendo señales como parando vehículos, y que desafortunadamente si pasa un taxi por ahí, la sube, ella da órdenes que rumbo al panteón y luego desaparece en el trayecto ante los aterrados ojos del chofer quien no puede dar crédito que tan bella pasajera vestida elegantemente toda de negro, desaparezca nada más así como así.

            Uno de los taxistas, quien pidió no mencionar su nombre, porque pensarían que está loco, cuenta su macabra experiencia:

            Que aquella madrugadita, como a las 4.30 de la mañana, iba él al Hospital Militar a ver un hijo enfermo...que al hacer el alto en calle Revolución porque el semáforo estaba en color rojo, de pronto, de la nada, se apareció una linda muchacha vestida toda de negro, haciéndole la parada, solicitando el servicio, y como la vio tan apurada y muy afligida le dijo que se subiera...recuerda el chofer, que le dijo “suba señorita, no se vaya a romper las medias”, y la muchacha subió y se arrellanó comodamente en el asiento trasero, para eso se prendió el semáforo en verde, y ella ordenó “Rumbo al panteón por favor”, enfilé por la calle Cinco de mayo, golpeaba a mi nariz el exquisito aroma a flores del perfume de la pasajera...por el espejo miraba su bello rostro...los ojos llorosos de mirar profundo estaban cargados de tristeza...la bella, iba muy callada y meditabunda, yo para romper aquel silencio, le dije, “tuvo suerte señorita de encontrar un taxi a esta hora, me dirigía al hospital a ver un hijo enfermo”...ella no contestó...en eso, doblé a la izquierda por la calle Gómez Farías, rumbo al panteón, como ella había ordenado...pero al hacer el alto en la calle Morelos, voltee a ver el retrovisor buscando aquella triste y llorosa mirada de la bella y perfumada pasajera vestida de negro, pero para mi sorpresa el asiento trasero iba completamente vacío.

            No daba crédito a lo que estaba viviendo, no sentí miedo de pronto, sentí preocupación y pasando los cuatro altos, estacioné el taxi buscando por todos lados, pero todo estaba en silencio en la más espantosa soledad...la misteriosa mujer había desaparecido...empezó a soplar un vientecillo helado y los perros empezaron a aullar lastimeramente...entonces comprendí que lo que estaba viviendo no era normal, y entonces si sentí un miedo escalofriante, no se como pude llegar a mi casa, me metí bajo las cobijas y me hice bolita, temblando todo, ni de mi hijo enfermo me acordé en ese momento. Sufrí de depresión por un tiempo, pero ya estoy recuperado, gracias a Dios, y por las dudas ya no levanto gente pasando la media noche, aunque vengan vestidas de blando o de negro y ni por muy bellas que estén, terminó diciendo el taxista, añadiendo que a varios compañeros del volante les ha sucedido lo mismo pero que prefieren no contarlos porque no les creerían que en pleno siglo veintiuno sucedan estas cosas.

“…Por el placer de Escribir… Recordar y Compartir…”



jueves, 23 de abril de 2015

LA PAZ QUE SE PERDIO

“EL AHORCADO DE LA CALLE 16 DE SEPTIEMBRE”

POR: MANUELITA LIZARRAGA

El constante rechinar de la cuerda que se mecía lúgubremente de la viga de aquél techo, en el piso superior tenía inquieto al empleado de aquella prestigiada negociación de la calle 16 de Septiembre e Isabel la Católica. y harto de tanto escuchar ese vaivén que le erizaba  la piel y se la ponía como de gallina, aquella tarde de invierno el joven Idelfonso animado por sus compañeras de trabajo, tomó la firme decisión de investigar que eran esos macabros ruidos que le parecían que le taladraban el alma. De dos zancadas subió las escaleras de madera hacia el almacén, y el fuerte taconeo de sus pisadas no lograban apagar el suave rucu-rucu de la soga que se mecía lentamente.... escuchándose al momento un horripilante alarido de espanto, al tiempo que rodaba aquel joven hasta el suelo por las escaleras.


Fue una oscura tarde de invierno....llegue a esa negociación con un proyecto de publicidad a pedimento del gerente, en esa época hace ya diez años. “Señorita, les dije; es tan amable de anunciarme con el señor fulano?” Las jóvenes con el espanto reflejado en el rostro se miraban una a la otra tirándose la bolita...apretujándose las manos muy nerviosas decían, “ que vaya ella, no, sube tú,” decía la otra, con la mirada recelosa, volteando para todos lados como asustada,  lo cierto es que ninguna de las dos quería subir por aquellas tétricas escaleras, ni aunque les dieran todo el oro del mundo. Bueno, pues que le pasa por que tienen tanto miedo? Yo necesito hablar con el gerente, por que esta publicidad tiene que salir ya. Las pobres jovencitas casi lloraban y temblorosas me dijeron, señora, cree usted en los espantos?...pues ....pues....pues fíjese que sí. Vera usted,  que no queremos subir por que arriba sale un  hombre colgado de una cuerda con los ojos muy pelones y la lengua colgando casi hasta medio pecho, !como así, no puede ser, si estamos en pleno siglo XX, le dije incrédula! Y las pobres muchachas haciendo la señal de la cruz, dijeron se lo juramos por esta. El pobre Idelfonso un compañero nuestro tiene tres días enfermo por el susto que se llevó, no se ha presentado a trabajar y nosotros, pues antes de que den las 7:00 de la tarde ya  nos queremos ir a nuestras casas.


Continuaron diciendo las muchachas, que hace mucho tiempo que se escuchaban ruidos raros en el piso de arriba, así como alaridos agónicos, pasos, y un fuerte ruido como algo pesado que cae al suelo. y aquella tarde que se escuchaba todo aquello, le picaron su amor propio a Idelfonso y le dijeron que era un miedoso. Ni tardo ni perezoso, el muchacho subió de dos zancadas las escaleras entró al almacén y al momento empezó a gritar histéricamente !hay un ahorcado...hay un ahorcado!, al tiempo que rodaba hasta el suelo por las escaleras, con el  rostro descompuesto por el espanto. Cuando el muchacho se calmó un poco, dijo “el ruido que se escuchaba es una soga con un hombre joven colgado con los ojos muy pelones  y la lengua colgándole a medio pecho, se mece lúgubremente y el hombre viste pantalón ancho de mezclilla camisa de manta, un paliacate rojo anudado al cuello, estaba descalzo y un pedazo de tronco ladeado a sus pies; y lo más espeluznante es que ante mis propios ojos se fué desvaneciendo aquello que  era como una visión fantasmal”. Dijeron las jóvenes que el muchacho se deprimió tanto que ya no regreso a trabajar; y que ellas andaban buscando otro trabajo, por que ahora que sabían que sale esa alma en pena, del ahorcado les da mucho miedo. Antes escuchaban los lamentos agónicos y los ruidos, pero no le daban importancia y el rucu rucu del mecate, creían que eran ratones; pero después de esto, ya no querían trabajar ahí. Terminaron diciendo Rocío y Elena. Ante estos argumentos tampoco yo quise subir esas escaleras, y como ya era muy tarde deje pendiente el proyecto de publicidad, para llevarlo otro día, pero que fuera de día, por si las dudas, no vaya a ser la de malas...y me fui rapidito, parecía que hasta el viento me llevaba.

Sobre el ahorcado de la 16, cuentan los mayores que por la década de los treinta, cuando La Paz, era territorio y era gobernada por jefes políticos o militares, esa parte del pueblo era puro monte, y perdida en ese monte estaba una casita de adobe y techumbre de palma, sombreada por grandes y viejos mezquitones, además de un gran palo verde. La casita estaba habitada por una señora que vivía sola, y hacía pan, empanadas y tamales para vender; que un jovencito del pueblo le vendía sus productos y que una de tantas veces le llegó a la señora con cuatas mochas, diciendo que se le perdió el dinero, y la mujer se enojó tanto, que sin decir una palabra agarró una soga, y colgó al pobre muchacho del gran palo verde. Que nunca se hizo justicia por que la mujer era pariente  de un general.

Otra versión sobre el ahorcado de la 16, cuenta don Polito, un tierno viejecito de 90 años de edad, que le contaba su padre, que en el siglo pasado, en la época de la explotación de las minas de San Antonio y el Triunfo, que estaban en su apogeo, y que rodaban el oro y la plata, venía la “conducta” cargada de barras de oro y plata por lo pedregosos caminos reales, era una carreta tirada por doce mulas negras, que se dirigía rumbo a La Paz,  al muelle fiscal concretamente donde sería embarcado el mineral; y después de hacer la obligada parada en la posta de San Pedro, la Conducta continuo su camino rumbo a su destino.... que nomás se escuchaba el chasquido del látigo sobre los lomos de las bestias...pero que al dar vuelta por los cruces del camino donde después fue la animita, le salieron al paso unos bandidos y  se apoderaron de la carreta y el asustado cochero no tuvo tiempo ni de tomar su fusil, ya que los bandoleros se treparon por atrás de la carreta, por los lados y derribaron  un árbol y lo aventaron en el camino al paso de vehículo, para que se detuviera.

Dominada la situación, desviaron la carreta con su preciada carga por entre el monte por donde es ahora Isabel la Catolica y 16, y en el gran árbol palo verde colgaron al pobre cochero, bajaron el oro y la plata, soltaron la carreta con las mulas, que a fuerza de la costumbre, llegó sola y vacía al muelle fiscal. Por más que rastrearon y buscaron nunca encontraron el cargamento y a los varios días encontraron el cuerpo ya descompuesto del pobre muchacho. Unos decían que por ese arroyo de la 16 los ladrones sepultaron el tesoro; otros decían que ya tenían listos otros animales, que los cargaron y se los llevaron, lo cierto es que nunca se supo quienes fueron los ladrones ni donde quedo ese valioso cargamento de barras de oro y plata.

Cuando pases por la calle 16 de Septiembre más vale que te vayas persignado y aprietes el paso no vaya ha ser que escuches el lúgubre vaivén de la soga del ahorcado.

…Por el placer de recordar, escribir y compartir….
Facebook: La Paz que se perdió.


jueves, 16 de abril de 2015

LA PAZ Y SUS LEYENDAS.
POR MANUELITA LIZARRAGA

“ LA LEYENDA DEL CERRO DE LA CALAVERA... Y MI ABUELA”.


            Al contemplar con gran pesar la majestuosidad del legendario cerro de la calavera...galoparon en mi mente como en una película, aquella leyenda tan bonita que me contaba una y otra vez mi inolvidable abuelita...corría el año de 1950...era aquella Paz de la música del romance, y del ensueño...de barcos de cabotaje, de molinos de viento y de tantas otras cosas de bellos recuerdos...!nanita, naita! Ya termine de recoger los huevos en el gallinero, pusieron doce gallinas...le dije jubilosa mientras le entregaba la canastita de alambre repletas de huevos colorados...añadiéndole: ahora, mientras me peina, me unta esos menjurjes y teje mis trenzas cuénteme otra vez la leyenda del cerro de la calavera, que algún día conoceré cuando esté grande.

            La dulce muchacha antigua, le pegó una larga chupada al cigarro, y dándole el golpe dijo mientras untaba mis largos cabellos de brillantinas de tuétanos con flores aromáticas que ella preparaba: “cuentan los antiguos que el cerro de la calavera es un volcán dormido...también dicen que allí se hacían ritos prohibidos...otros decían que bajaban platillos voladores. Lo cierto es que hace muchos, pero muchisimos años, por esos rumbos del cerro de la calavera no había caminos ni se llamaba el cerro de la calavera, pero si había muchos riscos y el mar embravecido se enseñoreaba en ellos. El Golfo de California estaba inundado de barcos piratas quienes después de cruentas batallas, ante el asombro de los naturales de estas tierras se metían  a la bahía de La Paz a buscar el mejor lugar para sepultar los tesoros, producto de sus atracos y que han dado paso a bonitas leyendas.

            Los galones fondeaban sorteando los riscos, frente al cerro de la calavera y las aguas se agolpaban a buena altura de los cerros, donde habitaban tribus de indígenas Guaycuras y Coras, quienes tenían costumbres y tradiciones; dominaban la ciencia de la  medicina herbolaria y eran excelentes buzos, pescadores, cazadores y recolectores de raíces y frutas silvestres de lo que se alimentaban. El fruto más exquisito y apreciado para ellos era la pitahaya. Y en época de su cosecha, acostumbraban a realizar matrimonios. Los varones repartían a las mujeres pieles para que cubrieran sus cuerpos o simplemente era motivo de reunión y convivencia de todas las tribus. Sus instrumentos musicales lo hacían con huesos, caracoles, semillas y carrizos, entre otras cosas. Se adornaban con perlas, plumas de algunas aves y conchas finas y tenían más de 30 danzas.

            Flor de pitahaya, era una hermosa doncella de la tribu de los Ichuties o Coras. Hija primogénita de Jerónimo el Grande, un jefe guerrero. La muchacha california estaba prometida en matrimonio con el joven Guaycura Ala de Cuervo, hijo de Nabor, jefe de esa tribu. Como era la costumbre para sellar el compromiso, mediante la entrega de arras que consistía en que él le entregó a Flor de Pitahaya una batea elaborada y labrada en madera de copal, y ella le entregó a Ala de Cuervo una redecilla de hilos de pita tejida por ella misma, formalizando así el compromiso para celebrarse la boda en la cosecha de la pitahaya. Todo marchaba muy bien entre la pareja. ¿Abuelita, era bonita Flor de Pitahaya?, si, cuentan los mayores que era la doncella mas bella de la comarca. En el óvalo perfecto de su rostro, bajo el arco triunfal de las pobladas cejas destacaban los grandes ojos de espesas pestañas tan negros como la noche. Sus labios eran tan rojos y carnosos como las pitahayas, por eso se llamaba Flor de Pitahaya, porque además había nacido cuando la pitahaya estaba en flor, hacía 18 años atrás. La joven cubría su juncal cuerpo de ébano con pieles de ciervo o de venado. Los negros y sedosos cabellos que le tapaban las sentaderas los adornaban con perlas ensartadas en fuertes cordeles, y de su cuello colgaban varios collares de perlas.

            Además, en sus brazos lucía pulseras de caracolitos y concha fina, así como en sus descalzos pies. Pero el más bello adorno que distinguía a Flor de Pitahaya entre todas las jóvenes de su tribu, además de ser muy trabajadora,  era su bondad, ya que el producto de su trabajo lo repartían entre los ancianos y enfermos que no podían buscar su alimento diario. Flor de Pitahaya, con su batea de madera de copal bajo el brazo, artísticamente labrada por ella misma, y con su redecilla de hilos de pita tejida por ella también salía al monte desde las primeras horas a recolectar raíces semillas y frutas silvestres para el sustento diario de los ancianos que no podían hacerlo. Y por las tardes de bellos crepúsculos, cuando la marea bajaba cuentan que se le miraba recolectando los exquisitos productos del mar.

            Una de aquellas tardes en que paseaba por las blancas arenas, su destino estaba marcado. Ante los sorprendidos ojos de la joven, surcaba las cristalinas y verdeazules aguas un galeón pirata que andaba huyendo de sus enemigos, andaba en busca de un refugio seguro. Un apuesto joven de rubios cabellos como el sol y ojos color de cielo piloteaba la embarcación fondeándose entre los riscos al pie del ahora cerro de la calavera. La alarma cundió entre los californios. Pasaron los días y el barco pirata continuaba allí. Las jóvenes de las tribus tenían prohibido salir a realizar sus labores acostumbradas, se temía que los extraños les hicieran daño. Flor de pitahaya se las ingenió y burlando la vigilancia salió rumbo a la orilla del mar a su paseo acostumbrado.  Extasiada contemplaba el crepúsculo, cuando de pronto le salió al paso de entre los riscos aquel joven extranjero, chocando sus cuerpos y tumbándole la batea llena de conchas y caracoles, misma que rápido el muchacho la recogió y se la entregó. Perdiéndose en el profundo abismo de los negros ojos de Flor de Pitahaya, quedando cautivado por el juncal cuerpo de piel dorada perfumada a brisa de mar y a flores del campo. Por su parte, ella también quedó atrapada en aquellos ojos como el mismo cielo y el mar.

            De aquel casual encuentro, siguieron otros, y otros, y otros, naciendo un profundo amor entre los jóvenes, olvidando la muchacha que ya estaba comprometida con el joven guaycura Ala de cuervo, por lo que planearon huir. Por su parte, Ala de cuervo estaba preocupado ya no veía a Flor de Pitahaya con la frecuencia de antes, y  ya se acercaba la fecha de la cosecha de pitahaya y la celebración de su boda. ¿ Que le pasará a mi amada flor?, se preguntaba el muchacho, quizás esté enojada pensó, ya sé, se dijo, voy a buscar las perlas mas hermosas para hacerle un largo collar, y así lo hizo. Pero una tarde, dos jóvenes de la tribu habían descubierto los furtivos encuentros de la muchacha y el extranjero, e indignados fueron a acusarla con los padres de ambos, quienes no daban crédito a lo que escuchaban. Decidieron convencerse y lavar la afrenta. Cautelosos, aquellos jefes guerreros siguieron a Flor de Pitahaya a su cita de amor, y cuando la pareja ya estaba a punto de partir en el galeón, los jefes llamaron a toda la tribu y los aprendieron matando a toda la tripulación, quemando y hundiendo el barco con todas sus riquezas.

            Jerónimo el Fuerte, padre de Flor de Pitahaya y Aguila Voladora padre de Ala de cuervo agarraron a los enamorados que a causa del gran amor que nació en ellos violaron leyes ancestrales, y los arrojaron desde el cerro más alto, cayendo los cuerpos al abismo, destrozándose entre los riscos, muriendo al instante. De esa manera, aquellos hombres lavaron la ofensa, pero no quitaba el profundo dolor causado al Guaycura Ala de Cuervo, quien amaba sinceramente a Flor de Pitahaya, y éste por su parte la hubiera dejado marchar para que fuera feliz con aquel hombre de barbado rostro, ojos de cielo y cabellos como el sol. Cuenta la leyenda que Ala de cuervo se consumía por la tristeza...todas las tardes se subía a la cumbre del cerro de la calavera a contemplar los esqueletos de su amada y de aquel hombre que le arrebató su amor, los que blanqueaban con el sol y el agua salada.

            Pasó el tiempo y nada aliviaba su pena. Se acercaba la fecha de la cosecha de la pitahaya y en la que se iba a celebrar su boda. El día fijado para el matrimonio, la tribu muy alarmada lo vieron subir al ahora cerro de la calavera, iba ataviado como todo un guerrero armado de arco y flecha, llevaba en su mano la redecilla de pita que ella le dio cuando sellaron el compromiso y le colgaba al cuello el largo collar de perlas que para su amada elaboró. Con una cinta de cuero de venado, amarraba las negras plumas de cuervo que adornaba su cabeza. En su rostro reflejaba una gran Paz y en el negro profundo de sus ojos, la muerte. Ala de cuervo iba ataviado para encontrarse con su amada. Se lanzó al vacío, entre los riscos cayendo entre los esqueletos del extranjero y de Flor de Pitahaya.

            Pasaron los años, siglos tal vez, milenios. El tiempo, las aguas y el viento fueron cincelando con formas caprichosa aquel cerro formando tres calaveras. Cuenta la leyenda que esas calaveras son las del extranjero, flor de pitahya y el guaycura Ala de cuervo. Por eso le pusieron el cerro de la calavera. Los ancianos de las tribus contaban esta bonita leyenda a los jóvenes a manera de ejemplo de generación en generación, la que ha trascendido hasta nuestros días”, termino diciendo mi sabia abuelita.


            Baje aquel cerro de la calavera, alfombrado de conchas y caracoles y continué con mis pensamientos perdiendo la mirada en la inmensidad del mar....el cerro de la calavera y su leyenda.