viernes, 9 de junio de 2017

LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR MANUELITA LIZARRAGA

“UNA TRADICION EN LA PAZ...DOÑA ESTER FLORES DE ABAROA...MAS DE UN SIGLO VISITANDO EL ZACATAL”.


            “Desde que estaba en el vientre de mi madre, ya visitaba la capillita de San Antonio en el Zacatal, el trece de junio de cada año. Y en mis 101 años de vida que gracias a Dios cumplí el pasado 3 de junio, no he faltado ni un año con esta tradición que era una costumbre de mis antepasados, y la que he respetado junto con todos mis descendientes año tras año hasta la fecha”. Dijo la encantadora viejecita doña Ester Flores viuda de Abaroa, metida entre mullidos almohadones, con una salud y lucidez envidiable quien es atendida con gran cariño y veneración por su hija Marianita Abaroa y demás hijos, rodeada de nietos, bisnietos y tataranietos así como por nueras y yernos.

            Eran aquellos tiempos de finales de siglo del siglo antepasado...de desarrollo en La Paz, estaba en su auge la minería, el buceo de perlas, la pesca, ganadería y el comercio; y por lo tanto la construcción de grandes y hermosos edificios coloniales empezaban a surgir como el palacio municipal, la parroquia de Nuestra Señora de La Paz, la Torre Eiffel, La Perla de La Paz, el Teatro Juarez, El Palacio de Gobierno, la Logia Masónica, entre tantos otros edificios de igual importancia, que ayer como hoy embellecen nuestra histórica y legendaria ciudad de La Paz, la que su majestuosa bahía de límpidas y cristalinas aguas estaba inundada de armadas perleras, avionetas acuáticas, y barcos de cabotaje.

            En la calle California, en la casa de gruesas maderas y techumbre de palma, marcada con el número 88 en el tradicional barrio de pescadores el manglito, ahora 5 de Febrero y Topete, en el hogar formado por el señor Salomé Flores Felix, afamado capitán de los barcos mercantes de aquel ayer, y su esposa doña Felipa Cosío de Flores, aquella cálida mañana del 3 de junio de 1899, día de corpus cristi, se inundó de dicha con el nacimiento de la niña a quien por nombre pusieron Ester. Eran tiempos del régimen Porfirista, cuando el territorio Sur de la Baja California era gobernado por jefes políticos, entre sobre saltos y tiros de escopetas, pescadores y buques de cabotajes, transcurrió la infancia de Ester.

            Sus queridos e inolvidables maestros de primaria en la Escuela Dos fueron Concepción Casillas Seguame, quien fungía como directora, Chonita y Mercedes Manríquez, Inés Hirales y Chepita Cota. Dice doña Estercita que antes era muy duro estudiar la primaria, los que salían de sexto año es por que ya eran maestros. La disciplina y el respeto a los mayores era lo más importante en la educación. Desde que tiene ella uso de razón recuerda los festejos en el Zacatal, el que fue fundado por Don Rosario Sandoval y Doña Josefa Carlón de Sandoval, así como fundó también la tradición de venerar al santo patrono, San Antonio cada 13 de Junio, y las fiestas que empezaban con la misa de las cinco de la mañana y todo el día había bailes amenizados con guitarras y violines, y doña Lupe Sandoval tocaba el acordeón. Mataba reses para la barbacoa, para brindarles a los asistentes. También se organizaban carreras de caballo que generalmente terminaban en pleitos, y a tiros de escopetas ponían el orden entre los peleoneros.

            En su cabecita florecieron los lirios, por tantos inviernos transcurridos...en su rugoso rostro se aprecia la bondad, y en sus ojos la luz de la inteligencia...de su boca, las palabras susurrantes van fluyendo...y entornando los ojos, como haciendo un esfuerzo para recordar, la dulce muchacha antigua dice  que en aquellos años salían a pie rumbo al zacatal, ella y su tía Guillerma Cosío de Matos y demás hermanos, desde muy temprano para estar a la misa de cinco de la mañana. Doña Guillerma llevaba lonche y era muy buena para rezar, a falta de sacerdote, ella decía los rosarios, y desde siempre no ha dejado de ir al Zacatal ningún año. Va a darle las gracias a Dios porque le concedió un año más de vida, y a pedirle bendiciones para toda su familia, sus amigos, y para toda la humanidad y que le permita asistir el próximo año.

            Continua diciendo doña Estercita que en la capillita al pie del santo, están sepultados los señores Sandoval a petición de ellos mismos. El tesoro del toro prieto de los Sandoval, a través de los años ha sido una leyenda, son muchos los que lo han buscado pero no se sabe si lo encontraron. Con nostalgia, dice doña Estercita que su mamá falleció de 107 años y su padre, Don Salomé Flores también murió de edad muy avanzada. Que sus abuelos a quienes recuerda con gran cariño, don Norberto Flores y Pilar Murillos de Flores así como Teresa Espinoza Castro y Antonio Cosío fueron de las primeras familias fundadoras del barrio el manglito, además de María y Tranquilino Álbañez, los Jordanes, don Luis Matus, y Guillerma Cosío, Carballo, Velis, después llegaron los Abaroa, y fundaron el varadero, luego los Martínez, los Méndez y así se fue poblando el manglito de pura gente dedicada al mar.

            Continua diciendo doña Estercita que tuvo la fortuna de contraer matrimonio con don José Isabel Abaroa Verdugo a quien amó profundamente y venera su recuerdo. Su unión la bendijo Dios con cinco Hijos: Guadalupe de 85 años; Enrique, 81; José Isabel, 76; Marianita, 70; y Francisco de 58 años quienes le dieron la dicha de 25 nietos, 62 bisnietos y 27 tataranietos así como nueras y yernos. Que le da gracias a Dios y a San Antonio que le ha permitido ver y disfrutar hasta su cuarta generación. Platicar con doña Estercita fue una experiencia muy agradable e ilustrativa. Daba gusto verla en el porche sentada en la rechinadora poltrona a la hora del café rodeada de toda su familia, saboreando un exquisito café de grano colado en talega de manta, acompañado de conchitas, de anécdotas y del diario acontecer. Allí todavía conservan la antigua costumbre de esperar el aire fresco del Coromuel en reunión familiar. Y con el rostro sonreído como las margaritas continuó recordando. Con orgullo dijo  que su mamá doña Felipa Cosío, fue una admirable y valiente mujer de pelo en pecho que en tiempos de la Revolución de los Orteguistas, ella ayudó a la causa, sorteando las balas entre los indígenas de cabeza envuelta con un yagual que trajo Cornejo en contra del General Felix Ortega.

            Transportaba en la Canoa de vela hacía el mogote algunos hombres orteguistas entre los que recuerda a Modesto Márquez y su hijo Manuel, y les dijo “váyanse recio, pasan por Rodríguez, de allí a Ensenada y luego a Estados Unidos”. Después se enteró que llegaron bien a su destino, pero luego nunca volvió a saber de ellos. También amaba y admiraba a su padre don Salomé Flores quien fue un célebre capitán, quien guiado por las estrellas y la brújula tripulaba la mayoría de los barcos del ayer que unían el macizo continental con esta península llevando y trayendo las mercancías tan necesarias para la supervivencia de los habitantes del pasado, quienes hicieron posible, con el bregar diario al crecimiento y desarrollo de este bello jirón de la patria. Muy contenta doña Estercita ordenó a su hija Marianita que le alcanzara la “Santa Cruz”, y mostrándola con veneración la que está artísticamente arreglada, dijo que esta cruz fue de su tatarabuela, luego de su bisabuela, y también de su abuela y de su madre, y ahora es de ella, y luego será de sus hijos quienes continuarán con la tradición de festejarla el 3 de mayo, día de la Santa Cruz, tiene más de cien años, dijo y siempre se le festeja en su día, respetando la costumbre de sus antepasados.

            Las sombras de la noche fueron cayendo...y en aquella habitación todo estaba en penumbras y doña Estercita terminó dándome nombres y datos de los primeros fundadores del barrio el Manglito, entre otras muchas cosas. Sus hijos y demás familiares le dan gracias a Dios porque les ha permitido disfrutar de la grata compañía de su muy amada madrecita por más de un siglo que con esa lucidez que tiene les enseña un panorama de la vida de La Paz de ayer, y le piden a Dios que se las siga conservando por muchos años más.

Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…



*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*


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