miércoles, 12 de marzo de 2014

“LA PAZ...PARAISO DE MIS RECUERDOS”.


(LA FRONTERA DEL PENSAMIENTO EN LO REGIONAL).
*PONENCIA RENDIDA EN LA JORNADA DE LITERATURA INTERNACIONAL “LA FRONTERA”.

            Como luciérnaga, la chispa del cigarro del “tigre” que fumaba mi abuela se perdía en aquella oscuridad, preludio de un bello amanecer...El balde de nixtamal pesaba, y el fiel perrito por delante guiaba nuestros pasos...Somnolienta aun y temerosa apretujaba mi muñeca de trapo envuelta en el morral de Ixtle para el mandado...Nos dirigíamos, como Todos los días al antiguo mercado Madero...Corría el año del 49...Estaba en proceso de empedrado o pavimentación la calle 5 de Mayo...vivíamos por el barrio el Choyal. – Ay Abuelita que oscuro esta el camino que ni el perro se ve... – ¡Pos como se va a ver el “pachuco” si es prieto como la noche!. – Tengo miedo y tengo frío. – Pues aprieta el paso para entrar en calor.

            El barrido de las calles con escobas de varejón de dátil por las mujeres de la época a esa hora de la madrugadita ahogaba nuestros presurosos pasos... El aroma a flores y a tierra mojada golpeaba agradablemente nuestra nariz...El chirriar de rondanillas y tambazos, jalando agua de los pozos, así como el tong tong de los molinos de viento se escuchaba...Pero no lograban apagar el canto de grillos y gallos que inundaba aquel ambiente de bello amanecer otoñal. – Nanita, por estas casas dicen que espantan. – Pues no voltees a verlas, no vaya a ser que te pegues un susto y tenga que darte té de palo de Brasil para el mal de espanto. La tiendita de Don Chemita aún estaba cerrada, pero dentro de ella se escuchaban voces y se percibía el aroma a café de grano a nuestro paso. –Por que huele tanto a barro abuelita. – Es que los Yaquis del rumbo del panteón han de tener una quemazón de ladrillo. – Y quienes son los Yaquis, nanita. – Gente grandota y prieta pero muy trabajadora que llegaron un día de por los rumbos de Sonora con sus costumbres y tradiciones y fundaron el Esterito, a veces bailan en la plaza muy chistoso, que la danza del Venado, los matachines y no se que cosas mas; y ya no le haga al preguntón por que no se mucho de los Yaquis, solo se que son pescadores, hacen ladrillos, artesanías de carey y concha de mar. A mi corta edad yo no entendía que era todo eso pero me parecía muy bonita la palabra Yaqui y Carey. ¡Que madrugadora era la gente de La Paz!, al igual que nosotros, sus pasos se empezaban a escuchar, pues el mercado Madero lo abrían a las cuatro de la mañana. Caminábamos por la calle Independencia y al cruzar la acera mi abuelita volteo sobre su izquierda rumbo a la calle Reforma, señalando a la distancia: “Allá va Don Miguel Miranda, seguramente va a la tenería a su trabajo, pues tiene un alto cargo allí”. La silueta de un alto señor con sombrero se miraba en aquella oscuridad alumbrando con una lampara de mano, ya no quise preguntar que era tenería por que empecé a sentir miedo.

            La  mañana seguía oscura, íbamos llegando por la casona de mis temores frente a la huerta de dona Elena Verdugo, aquella dulce viejecita que una vez nos reprendió a mi hermanita y a mi dándonos una buena lección cuando saltamos a su huerta y cortamos naranjas amargas. La blanca casona con escalinata en el portal sostenido con hermosas columnas, causaba miedo los huecos de las ventanas y de la puerta, y flameadas de tizne sus paredes parecían cuevas oscuras...Por muchos años la casona estuvo abandonada la gente decía que espantaban, y hasta la fecha  según espantan, que las almas andaban en pena por toda la casa...Y en esas condiciones la gente de aquel tiempo sacaba la vuelta el pasar por allí; fueron varios los asustados que los espantaron. Mi  abuela fue una de ellas. En una ocasión jugaba yo con mi muñeca de trapo y mi perro viejo tras el pretil de la encalada hornilla de lumbreantes tizones y escuche que mi abuelita le decía a mi madre: “Juanita, no quiero que oiga la niña lo que voy a decirte, por que se va a asustar y no me va acompañar al mercado. No vuelvas a pasar de noche por la casona, por que acabo de ver en el portal  una mujer grandota vestida con ropajes largos y negros, el pelo brillante ondulado cayéndole hasta los hombres, no le vi el rostro pero cosa buena no es por que vestía de negro.” Pero el perro  y yo ya habíamos escuchado aquello y al pasar por la casona a esa hora de la madrugadita y recordar la platica con mi madre, sentí miedo. – No voltees para allá, mejor voltea para la huerta de doña Elena que esta dando vueltas el molino y saca grandes chorros de agua...El aire helado de los dos tiempos que corría pegaba en nuestros rostros...Y deshojaba los arboles poco a poco. – Nanita y por que están tiznadas las paredes de la casona del portal y toda por dentro?. – Es que la quemaron por que murieron varias familias enfermas de tis. – Y que es tis?, abuelita. – Pues estaban tísicos o tuberculosos, una enfermedad muy mala que ha matado mucha gente en todo el mundo y aquí no se han escapado, por eso hay varias casas quemadas en La Paz, y luego las encalaban pintándolas de blanco. “La ciudad blanca” le decían a La Paz  antes, por los años de los 30’s y 40’s por que sus casas en su gran mayoría estaban pintadas de blanco, y la “pelona”, o “la muerte siriquisiaca” tenia mucho trabajo a causa de esa maligna enfermedad. – Es cierto que espantan aquí abuelita?. - ¡mjj!. El pachuco atento camelaba para la casona como presintiendo que algo iba a ver y yo miraba de reojo apresurando mas el paso recordando las grandes llamaradas que se hacían cuando quemaron las casas a los alrededores de la casa de piedra donde vivíamos y pensando que si mi madre se daba cuenta de que mi hermanita y yo sacamos de entre las cenizas y escombros con un palito unos juguetes y los enterramos entre los laureles, la pela que nos iba a poner y hasta al perro le iba a tocar la zurra, desde luego nos iban a dar un vaso de agua endulzada para el susto después de la cintariza.

            De pronto, al llegar al preventorio donde fue antes la casa de gobierno, y ahora es un jardín de niños y el centro de salud, una refusilata de chicotes se escuchaba y el presuroso trotar de caballos jalando un carretón negro que nos lleno de espanto al perro y a mí. – No te asustes, dijo mi abuelita, es la carroza que se lleva los difuntos al panteón, que raro que ande a esta hora de la mañana!. – Mire nanita allá se divisa la “perica” en el sobarzo!. Eran un carro rojo como ambulancia que le decían la “julia”, también, y en ella se llevaba a los borrachitos al “tanque”, “tambo” o “al bote”, le decían a la cárcel. Lo que mi abuelita no sabía que en el corral de la cárcel mi hermanita y yo camelábamos por un agujero del cerco por que nos encantaba ver a los toros cebús que allí había y encaramarnos a las matas de zarzamora a cortar las moras. Y en esa casa tan grande que es abuelita. – Es el preventorio donde asisten a los niños de los padres que están enfermos de tis, los alimentan, los curan y los enseñan a labrar la tierra, así como les dan educación y sobre todo cariño. Esa huerta que ves allí son verduras y hortalizas que siembran ellos mismos para su alimento, y están aquí hasta los doce años, y esta es la huerta de los Flores, y esa casa de cucurucho, de ladrillo allí viven el profesor Domingo Carballo y su familia, también tienen huerta. El molino daba vueltas y en la huerta de los Flores donde ahora esta la fabrica de hielo de la “monarca” había yo escuchado a mi Tío Lao que también espantaban así como en las huertas de los Isàis y en la casa de porche de piedra gris en la esquina de Guillermo Prieto e Independencia pero me quede callada con mis temores, porque además  había escuchado que por donde esta la librería y papelería Agruel todo eso había sido panteón y por eso espantaba por todo aquello. En realidad íbamos caminando por donde todo eso asustaba. Ya íbamos pasando por con Don Chavalito Ibarra, aquel tierno viejecito de sombrero y dulce mirar quien al ver pasar a las muchachas les tocaba bonitas canciones con su música de boca, que vendía santitos, también muñecas de trapo y muchas cositas mas que tanto gustan a los niños y al dar vuelta por la estrella  polar la que fue casa Cunningam y ahora es Importaciones Mary, mi abuelita dijo “ ya párele de preguntar por que de aquí hasta la lonchería de don Conrado de la Peña ya no quiero hablar, me voy a chupar otro cigarro.” Y Diciendo y haciendo encendió otro cigarro del “tigre” y continuamos caminando en silencio por la empedrada calle Revolución. ¡Cuántos molinos de viento había en el corazón de La Paz!. 1,250 molinos había, y le decían “LA CIUDAD DE LOS MOLINOS DE VIENTO”. Todas las casas tenían su molino y su huerta, y la que no tenía molino, tenía su pozo de agua con rondanilla o cigüeña.

            El canto de los gallos empezaba a morir rompiendo aquel silencio el trinar de los pájaros...columnas de humo arropaban los techados, y una tronazón de talones se escuchaba a nuestro paso acompañado del alegre pregón de los  palanqueros gritando y tocando puertas “!pescado fresco y barato a 75 la sarta!; ¡caguama a tostón  el cuarto y a pachuco el pecho!; ¡lisas tatemadas a dos por 25 centavos! Y ¡callo de hacha a 3 por 10!”. El pescador con su paliacate amarrado en la frente vestido pulcramente de blanco, el pantalón cortado debajo de la rodilla, con la camisa amarrada a nudo en la cintura, con sus partidos pies recorría las polvorientas y algunas empedradas callecitas de La Paz con su palanca de raíz de mezquite al hombro donde pendían las sartas de pescado fresco colgados en cogollos de palma y en su mano llevaba una canasta tejida de palma también atascada de enormes callos de hacha que inundaban la orilla de nuestra hermosa bahía de La Paz., donde abundaba el alimento diario. – Son los palanqueros del Esterito, dijo mi adorada y sabia abuelita, sacándose el cigarro de la boca, y continuo diciendo, señalando a la distancia y aquel señor que ves en la otra acera  con palanca al hombro y dos canastones llenos de verduras y frutas es el “marchante”. – Y que es el marchante, nanita? – Es el señor Santana que vende la fruta y la verdura de las huertas tocando de casa en casa, hay dos marchantes en La Paz, EL, y el señor José Briseño”. Mejor me quede calladita por que ya íbamos llegando a la lonchería de don Conrado de la Peña, la que nunca cerraba y siempre tocaba la música, donde nos tomamos una taza de café de grano con nata y pan calientito y mi perro se comió una empanadita como todos los días, entre aquellos olores a menudo, pozolada, empanadas, y tamales enmarcados con el toque de la guerrera por los soldados en el cuartel donde ahora es el nuevo mercado Madero.

            Mi abuela dejó el balde en el primer molino de nixtamal que hubo en La Paz fundado por don Ramón Briseño, para que fueran moliendo el nixtamal mientras hacia la compra en el antiguo mercado Madero fundado en 1932 por el General Ruperto García de Alba y el que estaba ubicado donde ahora es el pasaje Madero. El eterno pregón del baratero cumbre que se escuchaba de puerta a puerta del mercado, y que no lograban apagar el pitido de los barcos de cabotaje atracando en el muelle fiscal ni el zumbar de las licuadoras del puesto de chocomiles del español, así como ni el raspador de hielo del puesto de los raspados de don Trino Osuna, nos recibió a la entrada con el perrito por delante deleitando nuestros oídos todos aquellos ruidos propios del amanecer en el mercado. “¡Pásele marchantita tenemos hermosas telas a tostón el metro!, ¡cortes de casimir ingles, gabardinas y mezclilla a tres pesos!, ¡afelpados, cobijas y camisas para caballero!, ¡paliacates y medias de popotillo!, ¡tápalos, sombreros de ala ancha y pañueletas floreadas de seda, botones e hilos a precios de rajatablas!”...Gritaba durante todo el día el baratero cumbre acompañado de su mujer doña Auxilio. Afiladas de cuchillos de los carniceros...El golpe del machete sobre los huesos y las colas de gentes en las carnicerías... de Juan Osuna, José Amao, Santo Nuñez, Julio Albañez, Severo Gómez, Lorenzo Lizardi, Gilito Arreola y Felix Peralta Osuna...El arrastrar de cajones de la fruta y la verdura que traían de las huertas del japonés Juan Kakowi y del señor Tamaki...El estira y afloja de los precios por la gente del pueblo llenando sus canastos y morrales del alimento diario que pagaban en monedas de plata Ley 0720 de aquellas...Aromas que se percibían a café de grano y pan calientito de la panadería Lilia, así como a menudo, pozolada, machaca, cocido y arroz colorado de los puestos de comida de doña Cuca Tamayo, Victoria Villalejo y Tomasa Talamantes quienes palmeaban las tortillas de maíz y de harina hechas a mano. Un alboroto traían en el mercado aquella mañana por que Goyito Chávez, según decían, había sacado un tesoro en su casa.

            Aquel hermoso amanecer de otoño perfumado a brisa del mar en el mercado Madero, metida entre los largos ropajes de mi abuela quien escogía la verdura a placer  mis ojos se llenaron de alegría al contemplar a mi padre, don Bernardo Lizárraga Tiznado, un hombre a toda ley, muy honrado y trabajador en plena juventud de bondadoso rostro y franca sonrisa con sus rizados cabellos negros aun, con su cajón en el hombro surtía de frutas y verduras que se producían en la región los puestos, así como de pacas de pescado seco de pura calidad: garropa, cabrilla y mero, a los señores comerciantes que algunos recuerdo, y Todos ellos fueron pioneros fundadores del antiguo mercado Madero: Don Bebo Cota, Romualdo Hirales, Isaac Geraldo, José Castro “el guayabero”, Enrique Nava, Esperanza Cota, Arturo León, Miguel Romero “el miguelón” como le decían cariñosamente y quien vendía la leche de doña Talpa Olachea, Santiago Jiménez, Don Luis Hirales, Lucio Sánchez, Ramoncito Navarro, Doña Chepita, Doña María Wong, Don Benigno Meza, Carlos Cota, Manuel Esliman y Reyes Rodríguez Casillas, entre otros que escapan a la memoria y que con su empeño y esfuerzo apoyaban la economía familiar e impulsaron el comercio de los productos de la región en su época, contribuyendo al engrandecimiento de Nuestra Entidad.

            El perro, se puso muy contento al ver a mi padre, y como era su compañero de andanzas aquella mañana en el mercado Madero se quedó con él. Que feliz me puse por que mi padre me dio una peseta de .25 centavos una jolita de dos centavos así como un cinco del monito, los que mi abuelita me guardó metiéndolos en su seno en su pañuelo hecho nudito, “para que vayas al matiné el domingo al cine Juarez con tu hermana Concha”. Salimos del mercado con la canasta y el morral llenos de mandado, y una sarta de huesos amarrados con cogollos de palma. “Conseguí hueso de cuadril y de tuétano para el cocido” así como manteca de pella de res para las gorditas, ahora, dijo mi nanita hay que recoger la masa en el molino, y luego vamos a la botica de Castro a comprar Belladona y alcanfor  para untarle manteca alcanforada en la barriga a tu hermanita por que esta hinchada”. Mientras Carmelita la boticaria despachaba a mi abuela quien pedía también “hojasen” para lo estreñido y los cólicos, yo me senté en la banca verde con el mandado a mis pies a esperarla. – Nanita vámonos por la tienda de Don Salomón Díaz para que me compres salates de la sierra y bellotas para tatemarlas en las brazas, o sino, por con el gavilán o el chamaco. – Otro día te llevo por la “isla de Cuba” por que ya se hizo tarde, ya andan los panaderos ofreciendo el pan en las casas con sus canastones en las cabezas sobre el yagual, eso quiere decir que ya pasan de las seis de la mañana y no tardan en pitar en la industrial dando la hora. Me quede frustrada en realidad quería pasar por las tiendas de don Pepe Brooks y de don Placido Cota donde siempre tocaba el “barzón”, porque me encantaba ver las carretas tiradas por mulas, a los señores sombrerudos que venían de los ranchos a intercambiar productos, y las vacas en los corrales.

            Al regreso, con la claridad de la mañana se miraban muy hermosas las callecitas de  La Paz. Lucían barridas y regadas, perfumadas a flores, albahaca, yerbabuena y poleo. Al llegar a la casa, las barricas ya estaban llenas de agua jalada del pozo, ¡que cacareos de gallinas se escuchaba!, ¡y que aromas salían de la cocina!, a machaca, tortillas de harina y frijoles refritos. “El desayuno ya esta listo” dijo mi madre, vislumbrándose entre humos el bello rostro detrás de las lumbreantes llamas de los tizones mientras raspaba el queso para bañar el frijol, y molía en el molcajete los tomates y los chiles güeritos para la salsa los que había tatemado en las brazas. Pusimos el mandado sobre el pretil de la encalada hornilla a un lado del apaste de barro de la avena olorosa a hoja de naranjo y de pronto mi madre exclamo alarmada “!El pachuco no viene con ustedes!”. – Se quedo con Bernardo en el mercado, dijo la abuela tranquilizándola. Mi madre sabia que el perro regresaría con mi padre hasta en la tarde, y no llegarían con las manos vacías; un costillar, una cabeza de res, una sarta de chorizo, o un queso o quizá una tira de carne seca ya fuera de vaca, burro, venado, caguama o pescado pero algo traería seguramente. “Desayúnate y alístate para que te peine tu nanita y te vayas al párvulo”, ordenó mi madre. Me puse muy contenta por que después de aquel fin de semana vería a mi querida e inolvidable señorita, la profesora Estela Santana de Pineda en el kínder en la escuela Choyal.

            Mientras mi abuela tejía mis cabellos embarrados de brillantina de la que ella preparaba, de tuétanos fritos con flores aromáticas y le ponía la correa de gamuza y los moños a mis trenzas, un largo pitido se escuchó.

            ¡Nanita está pitando la industrial! – No, ese es el de la tenería Suela Viosca. – Y eso que es abuelita?.- Después te cuento, dijo, señalando a la distancia las fumarolas que salían de la larga chimenea de la tenería suela viosca y que inundaban el cielo.

            ...Antaño, En las madrugaditas...Por las empedradas callecitas de La Paz, paraíso de mis recuerdos...la niña temerosa caminaba de la mano de su sabia y comunicativa abuelita acompañada del perro y de su muñeca de trapo...


martes, 11 de marzo de 2014

LA TENERIA…



. La Tenería Suela Viosca, fue una de las primeras industrias importantes en La Paz.
. La legendaria e histórica chimenea… se yergue silenciosa retando al tiempo.
. La histórica chimenea fue el reloj para la población desde su fundación en 1902, hasta la década de los 50s … y su pitido inundaba toda La Paz.

El humo de la gran chimenea de la Tenería, se vislumbraba en toda La Paz… provocado por las calderas, que ardían día y noche al cuidado de los fogoneros quienes ganaban $1.50 pesos diarios… aquellos entusiastas y dinámicos trabajadores de la tinta y de la baqueta, al escuchar el primer pitido de la Tenería a las 7:00 de la mañana salían presurosos de sus hogares con sus paliacates anudados al cuello, rumbo a la fábrica a realizar s incansable labor en las diversas tareas para el proceso de curtido y tratado de las 300 peles diarias las que eran exportadas al extranjero, así como al interior de la República.

La Tenería o Suela Viosca, fue fundada en 1902 por Arturo C. Nahl y el Sr. Rochell Ruffo. Fue una de las primeras fábricas de mayor importancia que había en el Territorio de Baja Calfornia Sur, siendo fuente de trabajo en beneficio de más de 110 familias, e impulsé el desarrollo y engrandecimiento de Baja California Sur, cuando aún era territorio.

Al ver la antigua construcción de la Tenería y la gran chimenea que hiergue silenciosa y majestuosa impregnada de Historia sobre aquel auge industrial en pieles, y de este bello girón peninsular, no fue difícil imaginarme la vida tranquila y cotidiana de los antiguos habitantes de La Paz y las páginas del libro en mi mente, se abrieron dando paso a un raudal de gratos recuerdos.

Una tronazón de chicotes se escuchaba por las polvorientas y arenosas callecitas de La Paz, al pasar las carretas y carretones tirados por mulas y briosos corceles los que se dirigían rumbo a la Tenería cargados de cascalote, leña y cueros, para ser procesados en la fábrica del pueblo, la que desde su fundación daba trabajo a mas de 110 personas de aquella época.
Las calderas estaban encendidas día y noche, y el humo en la chimenea se miraba en igual forma. Cuánto movimiento había… aquellos olores… pieles… cascalotes… tintas y los jornaleros cada cual en su labor comandados por Don Miguel Miranda rendían la producción diaria de 300 vaquetas de gran calidad, las que eran enviadas a Estados Unidos, Japón y el interior de la República, Decía Don Miguel Miranda, dulce viejecito de un siglo de edad, que cuando la Guerra era tanta la demanda que se tenían que comprar pieles del interior de la República y de los Estados Unidos , para ser procesadas, porque las que se conseguían en el territorio eran insuficientes, y los barcos mercantes tenían mucho trabajo para transportar las vaquetas, además de todos los productos regionales que iban y venían… Eran tiempos de gloria!!! Dice.

Las pieles en los seleccionadores, le sacaban centros cachete y barrigas, luego el cuero crudo lo ponían en las pilas de las cales para quitarles el pelo, para sus diferentes etapas de tratamiento, luego pasaban a las pilas de las tintas de cascalote en proceso, el que era quebrado a punta de mazo por los obreros; después pasaba a los tambores de quebracho el que contenía piloncillo, aceite de motores y de ahí pasaban las peles impregnadas de tintas y las colgaban en la secadora y luego a las planchas de vapor y la suela con todo ese proceso, se hacía rígida, así es que metían por un lado 300 pieles curtidas y tratadas y salían por otro lado 300 baquetas listas al mercado con ese peculiar y hermoso aroma, las que eran embarcadas para el extranjero.

Don Enrique Tapíz, ancianito de 112 años quien trabajó en la Tenería cuenta que las calderas trabajaban a base de vapor y el mismo desperdicio del cascalote, los fogoneros los usaban para atizar las calderas, los deshechos los tiraban al arroyo y caminos reales y que al término de la guerra de 1945, el negocio decayó y tuvieron que liquidar a la mitad de la gente, desocupando a los más jóvenes.

En la segunda etapa, la Tenería fue adquirida por el Ingeniero Quintanilla, y producía 150 vaquetas diarias, disminuyendo la producción hasta quedar en silencio. El ruido de las calderas, no se escuchó más, el pitido de la Tenería que servía de reloj a la gente del pueblo y a la chamaquera para asistir a la escuela, tampoco se escuchó más. Pitaba a las 7:00 de la mañana, para alertar a la gente, a las 8:00 para que entraran a laborar, a las 12.00 salían a comer, a la 1:00 entraban de vuelta y el último pitido era a las 5:00 de la tarde cuando salían los obreros cansados pero felices, porque el sábado rayaban poniendo sus sombreros para que se les llenaran de aquellos pesotes de plata 0.720; ganaban $1.50 diarios y les alcanzaba para mantenerse a la familia, y hasta ayudar a los padres, porque ésa era la costumbre.

Dice Doña Trinidad Vda, de Ortega, que la carne costaba 0.25 el kilo, la leche 10 ctvs. El litro, la pieza de pan 0.3 ctvs. El azúcar de terrón 0.5 ctvs., los huesos de res, 3 kilos por 10ctvs. El café para tostar a 40 ctvs. El pollo, huevo, gallinas se producían en casa, así como las flores, frutas y verduras, hasta la regalaban en los huertos y la ropa se hacía en casa, y hasta alcanzaba para pagarle a la música los fines de semana.

La aureola de humo de la gran chimenea inundando el cielo, no se vio nunca más… ahora se yergue silenciosa retando al tiempo.

Algunos de lis últimos trabajadores de la Tenería fueron don Antonio Gutiérrez Jordán, Miguel Miranda, Enrique Tapíz, Gregorio Ortega, Juan Domínguez, Fco. Domínguez, Rodolfo Avilés, Enrique Geraldo, José Romero “El Zorrillo”, El “Cany” Amado Romero, Macario Núñez, Antonio Morales, Luis Domínguez, Estanislao Domínguez, Isidro Isais, Roberto Ruffo, Felipe Alfredo y Bartolo Miranda, Miguel, Jesús y Guillermo Núñez, Chino Geraldo, Reynaldo Ortega, Pancho Torres, Agustín Benoit, Juan Núñez, entre tantos otros que dejaron parte de su vida en esta gran empresa.
El primer gran incendio en La Paz, que motivó el que hubiera bomberos, empezó en el año de 1958 en sábado de cuaresma, el gran acontecimiento que hizo salir de sus casas a todos los habitantes de La Paz, como a las 8:00 de la noche, la Tenería empezó a encender, empezó la escandalera,,, carreras y sustos por todos lados… no había bomberos, fue toda una empresa logar apagar aquel incendio… con botes de agua, baldes y paletadas de tierra pues ni mangueras se conocían y a como Dios dio a entender… recuerdo que volaban tanques, parecía que había fuegos pirotécnicos… las calles estaban acordonadas, se corría el peligro de que pudieran haber mas desgracias.

Los patrones fueron gentes muy apreciadas y se distinguían por el trato humanitario con la gentes y con su personal. Mister Nahl, como cariñosamente lo llamaban fue el pionero de formar equipos de beisbol aquí en Paz, era deportista de corazón, formó el primer equipo “La Viosca” el que la novena, lo representó en México y Veracruz, ganando el primer lugar poniendo muy en alto a Baja California Sur. El pagaba los gastos y el legendario barco “El Viosca”, traía los equipos de Sonora, Guaymas y Mazatlán, formó la liga Paz-Cortez destacando y ganando siempre en todas partes a las que iban a jugar; y sobresaliendo el pitcher Echeverría y Edelmiro González, el ampáyer. Una vez, estaba Paz Cortez trabajando la vaqueta en la tenería y una plancha le aplastó los dedos y debido a ése accidente, le pusieron a la Liga Paz Cortez, la que formaron, al acabarse la Viosca, porque se acabó la Viosca , y se acabó la Liga.

Y la Chimenea de la Tenería yergue silenciosa retando al tiempo…habla de un pasado promisorio… las calderas se apagaron para siempre… y los antiguos obreros, en su gran mayoría duermen el sueño eterno, a raíz de que se quemó la Tenería, tenemos bomberos aquí en La Paz, gracias a Norber Hannel quien fue precursor para éste logro, de contar con Bomberos desde entonces..

“EL ESTERITO...UN BARRIO CON TRADICIONES, FUNDADO POR GENTE INTRÉPIDA...LOS YAQUIS DE SONORA”

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* LOS YAQUIS DEL ESTERITO LLEGARON DE LEJOS Y FUNDARON EL PRIMER BARRIO DE LA PAZ EL ESTERITO
• LAS TRADICIONES QUE FESTEJABAN SON ENTRE OTRAS LA PASCOLA, LA DANZA DEL VENADO, EL FESTEJO DE LA SANTA CRUZ, EL TRES DE MAYO, Y A NUESTRO SEÑOR SAN JOSÉ PATRONO DE LOS PESCADORES EL 19 DE MARZO.
• “LOS POCHOLES LOS BAUTIZO LA GENTE POR SER LOS PRIMEROS EN PREPARAR Y VENDER POZOLE EN LA PAZ
• LAS ARTES QUE DESEMPEÑABAN ENTRE OTRAS ERAN, BUZOS DE PERLAS POR TRADICIÓN, RECOLECTORES DE LA PLANTA TINTÓREA, PESCADORES, ELABORACIÓN DEL LADRILLO, TRABAJABAN ARTÍSTICAMENTE EL CAREY, LA CONCHA MADRE PERLA, EL CORAL CARACOL Y DEMÁS VIRTUDES DEL MAR
• TRAJERON SUS PROPIOS INSTRUMENTOS MUSICALES E IMPLEMENTOS PARA ENMARCAR SUS TRADICIONES.
• FUE UNA TRADICIÓN TAMBIÉN CUANDO REGRESABAN LAS ARMADAS PERLERAS, LAS ORILLAS DE LAS PLAYAS SE INUNDABAN DE ALEGRÍA, PORQUE LAS FAMILIAS DE LOS YAQUIS ACUDÍAN A RECIBIRLOS CON BOMBO Y PLATILLO; Y LA GENTE ACUDÍA A COMPRAR LARGOS COLLARES DE CALLOS DE MADRE PERLAS SECOS ENSARTADOS EN PAVILO
• SUS PLATILLOS REGIONALES ENTRE OTROS ERAN EL POZOLE, EL BACAMORA, TAMAL DE ELOTE, EL WUACABAQUI, Y LA TORTILLA SOBAQUERA
• EL PALANQUERO FUE COSTUMBRE DE ELLOS VENDÍAN LIZAS TATEMADAS, SARTAS DE PESCADO PECHOS Y CUARTOS DE CAGUAMA COLGADOS EN LAS PALANCAS TOCANDO DE PUERTA EN PUERTA POR TODA LA PAZ 
• EL MOGOTE, FUE POR TRADICIÓN PARTE IMPORTANTE DE SU ALIMENTO DIARIO CON LA LEGENDARIA RECOLECCIÓN DE LA CIRUELA Y PITAHAYA ENTRE OTROS PRODUCTOS.



Durante la tercer década del siglo XIX, un grupo de intrépidos hombres y mujeres de piel oscura, recias facciones, alta estatura, y un corazón tan grande como un sol...atraídos por las perlas de sudcalifornia, y la recolección de la orchilla salieron de allá lejos un día y año cualquiera dejando dormida para siempre su tierra, Cajeme, Sonora...las embarcaciones de velas y canalete danzaban entre el oleaje por varias lunas y soles....los yaquis venían cargados de cachivaches para las mínimas necesidades diarias, y de sus costumbres y tradiciones de su lugar de origen, traían puesta sus esperanzas en estas tierras de prodigios...La Paz.
Empujados por el aire fresco del coromuel en el gran estero inundado de manglares y palmeras...las aves les dieron las bienvenida y allí se quedaron entre aquellos aromas a barros y brisa salada en el marco de manglares y palmeras EL ESTERITO LE DIERON POR NOMBRE y desde entonces se fundó el primer barrio de La Paz...El Esterito....los pocos habitantes que había en La Paz en aquella época de barcos mercantes, pesquerías de perlas y tantas otras cosas bellas sorprendidos miraban a este grupo de industriosos yaquis que se plantaron en el esterito y que se enlistaron en las armadas perleras después de que acabó la explotación de la orchilla. Los Cienfuegos, Ortiz, Bautimea, Valenzuela, Sanabas, Chávez y Calderón entre otros, y que según sus costumbres se casaban entre ellos. Después llegaron más yaquis y luego otros apellidos, los Lucero, buzos y pescadores por tradición, los León, Rivera, Meza, Carballo, Burgoin, entre tantos otros. Al paso del tiempo se fueron mezclando las razas y costumbres y fue creciendo las familias y el poblado.
Los primeros ladrillos para la construcción de antiguas mansiones y edificios mas importantes en La Paz surgieron de las morenas manos de los yaquis encabezadas por Don Manuel Cienfuegos, y su esposa Doña María Chávez de oficio partera, primer partera en el barrio El esterito, quienes se dice llegaron al mismo tiempo que Don Antonio Rufo Battaglia, de oficio panadero y éste le mandó hacer los primeros ladrillos para la casa Ruffo. El tres de mayo, día de la santa cruz, era fiesta en grande en el Esterito, la que duraba varios días enmarcada con su danza del venado y la pascola. La gente de La Paz acudían con gran alegría a ver las presentaciones que hacían en la plazuela y en el kiosco del malecón. Era un atractivo para la población, otra de las grandes fiestas era y es el festejo al señor San José, patrono de los pescadores. En el festejo del día de la marina, en las regatas, los pescadores del Esterito y Manglito eran los primeros y el ganòn casi siempre era el inolvidable Don Quiqui y Goyito Lucero, viejos lobos de mar; distinguidos como los mejores buzos, quienes dieron renombre a este popular barrio del Esterito que fue cimiento con el esfuerzo humano costumbres y tradiciones para el desarrollo de La Paz, con su trabajo de alto riesgo como es la pesquería de perlas y del tiburón entre otras especies....destacados palanqueros quienes llevaban el producto fresquecito del mar a las puertas de los hogares de La Paz como Don Porfirito León y su hijo del mismo nombre, Blas Martínez, El pocho Ronco, Félix Méndez, Pedrito Ortiz, Goyito Álvarez, Marcos Valenzuela y el “Cutito”, entre otros famosos carelleros del Esterito, que de sus morenas manos surgían verdaderas obras de arte como Don Jesús León Zazueta, Elías Onaves Cienfuegos, Cachente Moreno Sandoval, y el famoso “Chunique” Miranda quien también dio renombre al barrio del Esterito por sus artesanías y destacó en el deporte, en la lucha libre, concretamente quien fue famoso en su época. Del Esterito hay mucho que contar de las familias y de sus tradiciones.

lunes, 10 de marzo de 2014

EL MUELLE FISCAL, LA TORRE DEL VIGIA Y EL CAMPANERO DEL PUEBLO”.



            La bella construcción de la torre del vigía removió en mi mente las paginas del libro en ellas escritas, y me llena de gozo el recordar y hacer recordar a quienes vivieron esa época de bonanza, de esta amada tierra peninsular, así como informar a las nuevas generaciones la historia del muelle fiscal.

            El muelle fiscal fue el detonante del progreso en la península de Baja California Sur, impulsando su desarrollo económico, político y social. Su fundación se remonta a las primeras décadas del siglo pasado, motivado a que la capital del territorio estaba en Loreto y por haber sido casi destruido Loreto en 1828 por un cataclismo, se estableció la aduana en La Paz en 1832 la que era un pequeño caserío. En el histórico muelle fiscal esta plasmada gran parte de la historia de Baja California Sur y sus habitantes. Hechos sobresalientes que sucedieron en distintas épocas que quedaron en la historia que conforman esta península. En Septiembre de 1846 sufrió esta ciudad de La Paz la primera invasión norteamericana atracando en el muelle los barcos enemigos, y ante la cobardía del jefe político Francisco Palacios Miranda quien permitió el atropello, que se tomara el puerto e izaran la bandera norteamericana. Después de tenaz lucha, el 02 de octubre de 1847,  los valientes héroes muleginos encabezados por el General Manuel Pineda lograron que salieran huyendo vergonzosamente los extranjeros.

            Baja California Sur siempre ha sido muy codiciada por el extranjero, y sufrió otro ataque pirático por William Walker desembarcando con engaños e izando su bandera según, tomando los edificios públicos proclamando su nueva República. Este pirata filibustero ordenó el saqueo de las casas así como de los archivos oficiales. El teniente Manuel Pineda le hizo frente con doce gentes armados hasta con piedras y palos haciéndoles seis muertes a Walker. En esta contienda se unió el General Marquez de León haciendo huir vergonzosamente a este pirata. En 1855 hubo otro intento de asalto por fuerzas americanas pero las autoridades ya estaban escamados con los otros ataques y no permitieron el desembarco de piratas, dispararon sus cañones, les causaron varias bajas, los apresaron y confiscaron la flotilla de tres barcos, los bienes y los víveres.

            En tiempos revolucionarios en el territorio el 20 de marzo de 1880 procedente de Mazatlán, Sinaloa, atraco en La Paz el barco Demócrata y varios barcos más con una cuadrilla de 360 hombres, 50 dragones del octavo batallón y una sección de cañones de siete centímetros a las órdenes del General José María Rangel. En 1912 el licenciado José María Pino Suárez, vicepresidente de México visito La Paz poco antes de ser asesinado  al igual que don Francisco Indalecio Madero.

           


Por los albores de las primeras décadas de este siglo, en la cumbre de la antigua torre del vigía, así como de la actual reconstruida en 1938, por la ventana salía un negro y largo catalejo vigilante, atisbando la lejanía y llenando su vista el campanero del pueblo con las maravillas del ayer atento de la llegada de las armadas perleras y de los barcos mercantes de la época que cargados de preciadas mercancías arribaban a nuestro bello puerto de La Paz atracando en el muelle fiscal

Sentados a la orilla del muelle de antaño, bajo la sombra del frondoso pino en las blancas arenas, así como al pie de la torre del vigía estibadores y alijadores esperaban con gran ilusión el arribo de los barcos que con gran júbilo al vuelo de la campana anunciaba el güero Gilberto. Con tres largos campaneos si se avistaba a la distancia un barco grande, y con dos campaneos si era una armada  perlera. Los morenos señores curtidos por el inclemente sol Cali sureño y la brisa del mar, con sus paliacates amarrados al cuello y una sonrisa en el sudoroso rostro se aprestaban felices a realizar cabotaje y desembarco de las mercancías que transportaban los navíos de la época, como El Progreso, el Peninsular, el Araguan, El Raúl, El Blanco, Los Korrigans, El Salvador, La Estrella Costera, El Salvatierra, El Anita, El Spruce, y muchos mas que procedentes de Topolobampo, Manzanillo, Guaymas y Sinaloa alegraban con su presencia y daban trabajo y beneficios a los hombres del pueblo.

Los grandes buques así como barquitos de vela se regresaban cargados de productos de la región como oro, plata, aleta e hígado de tiburón, vaquetas curtidas y procesadas en la tenería Suela Viosca, trigo y algodón cuando el boom en Santo Domingo, carne seca de res de pescado, de burro y hasta de venado así como queso regional ganado y bestias. Era todo un espectáculo ver el embarque del ganado que seguramente arriaban de los ranchos aledaños. En grandes manadas las que irrumpían por el pueblo arriadas por los rancheros rompiendo la monotonía de la tarde y las echaban en la bahía para luego ser embarcadas colgándolas  de los cuernos con los winches.

La torre del vigía y el campanero del pueblo, también anunciaba el mal tiempo. Cuando había ciclones o chubascos, el largo y negro catalejo estaba vigilante y el campanero sacaba un gallardete amarillo cuando era calmo y uno rojo cuando había peligro. Las gentes del pueblo de aquel entonces se arremolinaban alrededor de la torre del vigía o salían  al malecón pendientes de las señales del campanero.

Los habitantes de La Paz ya tenían identificados el silbido de cada barco, al escucharlos, sabían que barco llegaba y cual partía. Y los hombres del ayer al escuchar el campanero anunciando su arribo, jubilosos salían de sus casas rumbo al muelle fiscal  que en aquel entonces fue de madera y con rieles, para ganar el jornal diario. Puras monedas de plata ley 0720, y con su paliacate anudado al cuello el que les servia para secarse el sudor y también lo utilizaban para recoger productos cuando los costales de 70 kilos  se rompían, como café de granito, trigo, frijol, maíz y arroz los que eran muy apreciados. En el atardecer, el malecón se llenaba de señores que regresaban felices con el jornal diario tintinando en la bolsa del pantalón, las monedas de plata, el pañuelo lleno, amarrado a nudo, y una sarta de cogollo de palma con un trozo de pescado marlín o agujón que les daban a su paso los pescadores del ayer, que sacaban los turistas extranjeros que se hospedaban en el hotel Los Arcos.

Fueron tiempos muy bellos en el pueblo, el zumbar de los chocomiles en el puesto de campesinas y raspados de don Lencho Sánchez se perdía entre aquellos ruidos. El silencio se rompía con el silbar de los barcos al arribar, o al partir. En 1964, se inauguro el primer transbordador “La Paz”, quedando en silencio el muelle fiscal y abriendo otra etapa comercial como la fayuca, e impulsando el progreso en el Estado. El muelle fiscal convertido ahora en una bella obra arquitectónica que engalana nuestra ciudad de La Paz es un atractivo turístico sin duda alguna.


...La torre del vigía, bellos recuerdos, se yergue majestuosa al paso del tiempo testigo mudo de gran parte de la historia de nuestro terruño peninsular que con su catalejo sus campanas y banderines, fue el puntal del florecimiento del comercio, testigo de la bonanza y de la alegría de los habitantes de aquel ayer.

jueves, 6 de marzo de 2014

“EL SAN MIGUEL SE LO TRAGO EL MAR....UN BARCO DE MISTERIO Y LEYENDA”.



·        FUE EN VISPERA DE NAVIDAD...UN 23 DE DICIEMBRE DE 1967. LA MISTERIOSA DESAPARICION DE BARCO DE CARGA EL SAN MIGUEL, QUE NI RASTRO DEJO.
·        “DECIA QUE EL CAPITAN SE COMUNICO A TIERRA AQUELLA TRAGICA NOCHE, “YA VAMOS LLEGANDO, AL AMANECER ESTAREMOS ATRACANDO EN LA PAZ”...PERO NUNCA LLEGARON.
·        UNA TRAGEDIA QUE ENLUTO A MAS DE UNA DECENA DE FAMILIAS EN LA PAZ, QUE LAS HERIDAS NO CIERRAN AUN...Y QUIZAS NUNCA CERRARAN.
·        A 37 AÑOS DE LA DESAPARICION DEL SAN MIGUEL, HASTA LA FECHA NUNCA SE SUPO QUE FUE LO QUE REALMENTE PASO AQUELLA NOCHE DEL 23 DE DICIEMBRE DE 1967...JAMAS ENCONTRARON ALGUN RASTRO, NI DE LA CARGA, NI DEL BARCO, NI DE LA TRIPULACION.
·        TODO QUEDO EN EL MAS ABSOLUTO MISTERIO....EN ESPECULACIONES...EN LÁGRIMAS...EN HISTORIA Y LEYENDA.

El mar estaba embravecido a causa de los fuertes norestes aquella fatídica noche del 23 de Diciembre de los sesenta, en la oscuridad de la noche, como luciérnagas apenas se distinguían unas lucecillas...era el barco El San Miguel el que venía de Mazatlán cargados de cilindros de gas, frijol, láminas, entre otros productos tripulados diestramente por su capitán Don Juan García “El quelele”, y demás tripulación...como una cáscara de nuez se perdía y resurgía entre el oleaje...los experimentados marinos, en su mayoría jóvenes aún, ya estaban acostumbrados a estos vaivenes, pero ahora era diferente...el fuerte viento, furioso, bufaba, aullaba y gemía en la penumbra de la noche ya cercana se destacaban densos nubarrones semejantes a fantásticos monstruos en lucha...el viento y el rumor del mar se confundían...parecían lastimeros lamentos que anunciaban tragedia, las ráfagas y torbellinos agigantaban las olas embravecidas que parecían subir al firmamento...algo grave estaba por suceder; quizás les dio tiempo de pensar, porque de repente, ¡San Miguel se lo tragó el mar con toda su tripulación junto con su capitán Juan García!.

Cuenta Don Manuel Fuerte Sánchez, viejo lobo de mar, de la marina mercante, que aquella noche el Santa Teresa venía a poca distancia delante de ellos, del barco El San Miguel; también vivían aquellos momentos de los fuertes vientos, las coyas que les dicen, y que Feliciano, Chano Sánchez, le gritó desde el barco San Miguel a Raúl Fuerte Jordán, que iba en el Santa Teresa, “Raúl, allá nos vemos en La Paz, ve preparando una botella”...!y nunca llegaron!, no hubo amanecer para ellos...fue una amarga navidad para sus familias.

¡Cuánta tristeza se vivió en La Paz con la fatal noticia aquella navidad de 1967, no se podía creer!, se hundió El San Miguel, se lo tragó el mar y ni rastros dejó...las autoridades lo buscaron por cielo, mar y tierra y ni rastros se encontraron del barco, la carga y la gente...empezaron las especulaciones que dan paso a la leyenda...unos decían que los extraterrestres se lo llevaron...otros que algún submarino, otros que quizás lo secuestraron y que estaba por Japón...o que tal vez hubiera por ahí dónde han desaparecido ya varios barcos, una fuerza extraña como el triángulo de las Bermudas, que estaba en Voga por ese tiempo, en fin todo quedó en el misterio, que era una esperanza para sus familiares el que pudiera estar viva la tripulación en alguna parte del mundo.

Decían también que algunos ya le tocaba...como aquel marinero que ese día que zarpó El San Miguel de La Paz, él estaba pintando su casa y no se fue por ese motivo, pero si se fue otro día en el avión a alcanzar el barco San Miguel...y nunca regresó...recuerdo las noticias cuando la intensa búsqueda del barco desaparecido y que todo fue en vano, entre otras decían:


“Los helicópteros buscaban intensamente en la inmensidad donde casi se juntan cielo y mar, y que les alentó la esperanza al divisar en la lejanía un manchón en el mar, y pensaron que pudiera ser los restos del barco...pero al llegar al mencionado lugar, ¡oh, desilusión!, y a la vez, maravillosa sorpresa, era la copa de un frondoso árbol que salía del fondo del mar, al ras del agua, en aquellas soledades...nunca se me olvidó este dato, porque a través de los años, siempre me he imaginado temerosa y admirada la diversidad de animales que habrían entre el follaje de ese gigantesco árbol que emergía de lo profundo del mar. Tengo presente que fue cuando dieron por terminada la intensa búsqueda del barco El San Miguel, y que siempre vive en mis gratos recuerdo, mi querido primo, Miguelito Castro quien formaba parte de la tripulación del barco El San Miguel y con quien compartía juegos infantiles, junto con su hermano Vicente y otros primos en aquella Paz de antaño.


...La misteriosa desaparición de El San Miguel, un barco de leyenda que quedó en el más absoluto misterio aquel trágico 23 de diciembre de 1967.

martes, 4 de marzo de 2014

“EL TIO HERRERO, DEL RANCHO ‘TAMALES’...UN ARTESANO DE LEYENDA”





            ...El hombre, hundido en sus pensamientos, frente a la piedra “la encampanada”, los ojos en el moreno rostro bajo el sombrero de palma de ala ancha, que cubría su cabeza de cabellos salpicados por la brisa de la serranía, no se le miraban...de su camisa de dril turco desabotonada al calor de la forja, sobresalía el sudoroso torso, volándole el pantalón de mezclilla el aire que soplaba la fragua sobre las brazas encendidas, pringando de cenizas las teguas que calzaban sus pies...Rodolfo Avilés Cota, fue su nombre...conocido como el Tío herrero, y por su maravilloso trabajo en la rama de la herrería, por la mayoría de los habitantes del campo sudcaliforniano. En el rancho Tamales, bajo el enorme y frondoso árbol de la india, sobre el lomerío, a un lado de la cuenca del arroyo, donde fluye de un ojo de agua el cristalino y vital líquido a borbollones, y de donde se abastece la pequeña comunidad formada por diez familias del rancho Tamales, se encuentra el equipo de trabajo del legendario “Tío Herrero”, que él mismo elaboró: el yunque, la fragua, la forja, el marro, entre otras cosas útiles para la realización de este noble trabajo de la herrería.

            El Tío herrero fue un gran artista con una creatividad nata. El nunca salió de Tamales, donde nació. Ni fue a la escuela, ni de su familia heredó este arte de la herrería. De su propia creación, destacan la elaboración de guitarras, violines, vitrolas, una pistola, una escopeta 210 y un rifle 22; pero lo más interesante es que se hizo sus propias placas dentales. Si, escuchó usted bien, el tío herrero se hizo sus propias placas dentales las que usó durante toda su vida, hasta que falleció a una edad muy avanzada. Su familia se lamenta, ahora, el por qué lo sepultaron con sus placas, ya que existe todavía los rifles, pistola, vitrola, guitarra y un violín entre los mismos familiares. El Tío herrero, para hacer su puente dental utilizó madera especial de una planta del campo sudcaliforniano que se llama “pimientilla”. Para las piezas dentales utilizó huesos de venado, los que perforó y colocó mediante unos clavitos de plata muy finos. También a la placa le puso algunos dientes de plata de aquella porfiriana, placa de la que él se sentía muy orgulloso cuando los rancheros muy admirados hacían comentarios sobre su placa y su arte, motivo por el cual era muy popular en toda la comarca.

            El Tío herrero, era el herrero de los rancheros sudcalifornianos de aquella época. Les hacía todo lo que se necesitaba para las monturas: espuelas con plata porfiriana incrustada, armas, cuchillos, machetes, dagas y todo lo que se les ocurriera, él lo hacía. Si fue capaz de hacer hasta sus propias placas dentales, que cosa no haría. En el rancho Tamales, bajo el frondoso y legendario árbol de la india, vivió el tío herrero, un hombre muy industrioso, y viven todavía descendientes de él, que se distinguen también toda su familia por las artes manuales. En la loma, cerca del yunque, la forja y la fragua se encuentran dos piletas de piedra donde antiguamente hacían jabón. También el tío herrero del rancho Tamales era carpintero, talabartero y zapatero. Curtía las pieles para elaborar el calzado de la familia, y de algunas de las rancherías aledañas. Hacían cueras, sombreros de vaqueta, sillas de montar, chaparreras, frenos, el tapajo, cabestros, riendas, etc.

            El rancho Tamales fue fundado en el siglo pasado por los padres del Tío herrero. Doroteo Avilés y Manuela Cota. El origen del nombre del rancho es el siguiente. Cuentan los mayores que Doroteo y Manuela vivían muy felices en el rancho La huerta; y recién casados se fueron caminando por las brechas de pedregosos caminos, buscando el terreno adecuado donde asentar su hogar y formar un rancho. Al llegar al arroyo frente a la hermosa piedra “La encampanada”, estaba un ojo de agua y a su alrededor varias hojas de tamales diseminadas a los lados. Al verlas doña Manuela expresó “seguramente algunos vaqueros que parajearon aquí comieron tamales”. Entonces dijo Don Doroteo “aquí vamos a levantar un rancho y se va a llamar tamales”. Y cuentan que diciendo y haciendo, lo primero que hizo fue plantar un arbolito el que ahora es un frondoso árbol de la india, y bajo su sombra está el yunque del tío herrero, y aun lado la casa fundadora de adobe construida desde el siglo pasado.

            El rancho tamales del Tío herrero está envuelto en la historia y en la leyenda.


            ...Y al golpe del marro sobre el yunque...iban surgiendo verdaderas obras de arte, placas dentales, espuelas, herraduras, guitarras...y dejaba volar sus pensamientos creadores...

sábado, 1 de marzo de 2014

“DE GRAN TRADICION EN LA PAZ... LA PELUQUERIA EL ZURDO...LA QUE HA DADO PASO A LA LEYENDA”



            Por la subidita frente al cine Juárez se ve la silla vacía...donde don Enrique Ramos, propietario de la peluquería “El Zurdo” siempre estaba sentado mirando pasar a la gente...y al ver la silla vacía vino a la mente aquel ayer...a veces don Enrique estaba sin camisa...en otras ocasiones lo sorprendía con los ojos entornados inmersos en sus recuerdos tarareando una canción...farolito, perfume de gardenia o en otras ocasiones rascando las cuerdas de una antigua guitarra. Don Enrique, además de ser uno de los mejores peluqueros de La Paz que se perdió, tenía un espíritu bohemio...era un artista tanto para la música como para cortar el cabello, así como para tocar instrumentos musicales como el saxofón, la trompeta y la guitarra.

            Son pocas las gentes aquí en La Paz los que no se hayan cortado el cabello con el Zurdo, frente al cine Juárez, y que no escuchaban esa frase tan singular de don Enrique Ramos: “ERA VISTO”.

            Al pasar por la subidita frente al cine Juárez y al ver la silla vacía en la banqueta, me sumergí en el pasado...y fluyeron los recuerdos. Antiguamente, la peluquería era atendida por Don Liborio Barrera, Carlos Espinoza, Rufino Bustamante y Don Enrique Ramos, quien por el año de 1952 paso a ser propietario de la peluquería...el tris tras de las tijeras se escuchaban por la subidita, en la peluquería el Zurdo...enmarcado con aquellos ruidos que se generaban en esa arteria tan importante del corazón de La Paz...la peluquería siempre estaba llena de gente. Era una costumbre que antes de entrar al cine Juárez, los señores, chamacos y jóvenes se cortaban el cabello en la peluquería y se daban su boleada con los boleritos de cajón. En esa época, de las peluquerías que había en La Paz: La Escondida, donde estaba Don Polito, un dulce y tierno viejecito nervioso, el que hizo un abanico de cartón, en el techo, y el cliente le jalaba un mecatito para echarse aire, mientras Don Polito lo peluqueaba, pero esa es otra historia; también estaba la Peluquería de El Veracruzano, y la de Don Braulio Murillo de gratos recuerdos y muy apreciado por cierto, además de los peluqueros que en sus hogares algunos cortaban el cabello, y otros iban a domicilio.

            Por aquella bajadita del cine Juárez, de gratos y evocadores recuerdos, tantas veces transitada, cuantas historias de amor se escribieron...me parece ver a Mercadito en su labor sentado cruzado de piernas con el sombrerito en las rodillas y con los zapatos del numero dos muy lustrados, rodeado del revoloteo de palomas, y de las familias del ayer, entrando y saliendo del cine; así como a Don Enrique Vonborstel, siempre de ropajes blancos regañando al barrendero...las tijeras de los peluqueros sonando...el tiroteo de balazos de las películas de villanos, de Chicote, Pancho Villa, así como de Clavillazo y Tin Tan, aunado a las rechiflas y taconeos en el piso de madera del cine Juárez...!tan clásicos!...el zumbar de las máquinas de coser de los sastres Don Julián Pérez y Don Manuel Wong, entre aquellos aromas de las exquisitas tortas de Doña Chuy...las notas musicales que inundaban aquella bajadita, arrancadas a las teclas de los instrumentos musicales, en la antigua Escuela de Música...así como la romancera nevería la Flor de La Paz llena de alegría con su música de rocola y su tradicional nieve de garrafa, de gratos recuerdos, además del carretón del tío Badajoza bajo el árbol de la india inundado de pájaros cantores...el zumbido de las licuadoras de “chocomiles” en el puesto del Español...y los cepillos raspando hielo para los raspados con Don Trino Osuna, enmarcado con los gritos del baratero cumbre que se escuchaba de puerta a puerta pregonando sus mercancías en el antiguo Mercado Madero.

            A través de los años, gentes de todos los estratos sociales pasaron por las largas y profesionales tijeras de Don Enrique Ramos, quien era originario de Nayarit; y quien contrajo nupcias con la señorita María del Socorro Gallardo Meza...procrearon nueve hijos radicaban en la hermosa tierra minera de Santa Rosalía, donde era él era músico...luego la familia se trasladó a esta bella ciudad de La Paz, hasta su fallecimiento. Sus hijos, Rodrigo, Enrique, Hipólito, Edmundo, Leoncio, Flora, Maura, Sofía y Marta, lo recuerdan con gran amor y nostalgia. Enrique y Rodrigo continúan con la tradicional peluquería El Zurdo, siguiendo el ejemplo de su padre, y la que ahora se llama Peluquería Ramos; e Hipólito ya rindió cuentas al Creador.

            Antaño...cuando en la plazuela y el kiosco del malecón parecía un bello jardín adornado de lindas flores con la presencia de las muchachas del pueblo luciendo sus peinados de moda, de cola de caballo y permanente así como sus crinolinas y ropajes largos...y los jóvenes con el cabello embarrado de brillantina quienes perfumados a lavanda  y old spice, gozosos acudían a las tardeadas a bailar al compás de la hermosa música amenizada por la orquesta de los “Canarios” de Don Luis Gonzalez y Don Rafael Castro, así como Don Enrique le daba el toque alegre tocando el saxofón y la trompeta.

            La peluquería el Zurdo está impregnada de historia chascarrillo y anécdotas de los clientes que por ahí pasaron, y que han dado paso a la leyenda... cuenta uno de los hijos de Don Enrique que Don Angel Mateoti puso de moda el corte Flep Tap, y los jóvenes y señores del ayer lo usaron mucho, “El conono” y “panchito el loco” siempre decían “córtamelo tipo Matteoti”, a mí también decían los clientes...un peso y 1.50 se cobraba el corte de cabello, pero de aquellos pesotes de plata Ley 0720 que un escándalo hacían cuando al suelo caían y se iban rebotando tintineando. Los clientes eran y son como de la familia, algunos muy conocidos por sus apodos...”El Mapachon”, “El Popocha”, “El Mariquita”, “El Chorizo”, “El Nando Pineda”, “El Diablo”, “El Babita”, “El pata de cañón”, “El Orejas” y “Don Loreto Amador”. Anita y Marianita hacían el día más ameno con sus puntadas entre fumarolas y chascarrillos enmarcados con el tris tras de las largas tijeras de los peluqueros. Don Enrique tenía un cliente muy especial...Don Raúl Miranda, a quien cuando al terminar de cortarle el cabello nunca estaba conforme y Don Enrique le ponía el espejo para que se viera, y Don Raúl decía “Me quedó disparejo este lado”, y como Don Enrique sabía que estaba bien cortado el cabello, nada más le sonaba las tijeras y Don Raúl ni cuenta se daba...y luego le mostraba nuevamente el espejo y Don Raúl decía “Ahora si me quedo muy bien”.

            Pero una vez, a un agricultor del Valle de Santo Domingo, al señor Alberto Poloni, Don Enrique le cortó mal una patilla, dejándole solo una, se enojó tanto el señor Poloni que nunca más volvió a la peluquería, quien además murió muy joven por un paro cardiaco; y a Don Enrique le dio tanta pena, que fue el último corte que hizo en su vida. Y después de eso, las tijeras de Don Enrique nunca volvieron a sonar. Sus hijos se hicieron cargo de la peluquería desde 1962...y las tijeras de Don Enrique Ramos así como el cine Juárez, quedaron en silencio para siempre....y aunque el tris tras de las tijeras aún se escucha, así como pasos silenciosos que vienen y van...Como el canto de los pájaros en los árboles, el revoloteo de palomas, el zumbar de las máquinas de coser del sastre...la silla en la banqueta quedo solitaria...pues Don Enrique se nos adelantó en el camino sin retorno y la silla vacía en la banqueta, anuncia que la peluquería inició sus labores continuando con la tradición...


...”ERA VISTO”...y a modo de travesura, Don Enrique Ramos nada más le sonaba las largas tijeras a Don Raúl Miranda.