martes, 13 de septiembre de 2016

LA PAZ QUE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA

“UN MERITO MAS DE DON AGUSTIN ARRIOLA MARTINEZ...FUE GOBERNAR

EN SU EPOCA CON ESCASO PRESUPUESTO”.

Cuando el invierno blanqueó los cabellos de Don Agustín Arriola en el ocaso de su

vida...se le miraba sentado tranquilamente en su rechinadora poltrona en la banqueta de su

casa, con la frente muy en alto...con la satisfacción de haber cumplido aún rebasando las

metas propuestas, durante su gobierno del territorio sur de Baja California de 1920 a

1924...miraba pasar lentamente el transcurrir del tiempo, y el devenir de nuevas

generaciones, comparando quizás el pasado y el presente, dejando vagar sus

pensamientos...se había impuesto la norma de buscar la meditación con frecuencia, sabedor

de que el poder constructor viene del reposo...que es en el silencio donde se puede

conquistar la quietud...y que cuando ésta se ha logrado...es posible pensar sin

turbaciones...porque en el pensamiento tranquilo está el éxito.

Tengo en mi escritorio un legajo de apuntes por allí...en los que se señala que el

General Manuel Mezta gobernó el territorio sur en el periodo de Octubre de 1917 a 1920;

de donde salió huyendo llevándose los fondos públicos, motivo por el cual EL

MINISTERIO PUBLICO LO DEMANDO POR PECULADO, condenándolo a pagar a

partir del 11 de Mayo de 1920 35.000 pesos de plata mexicana, más los réditos y gastos de

juicio; según el expediente en el juicio sumario número 10/1920 del Juzgado II de Distrito

dando fe Pablo Herrera; A. Carlos A. Mendoza, J. A. Duarte. Rúbricas. A este General

Mezta, de tristes recuerdos, dice Don Pablito L. Martínez en su libro “Historia de Baja

California”, que era un revolucionario hijo del pueblo, convertido en soldado, era inculto y

tenía fama de matón. Fue el primer gobernante en la historia de Baja California Sur que se

le hizo juicio político, y este caso se dio durante el gobierno de Don Agustín Arriola

Martínez; ya que como lo menciona el ameritado maestro Leonardo Reyes Silva en su nota

publicada con anterioridad en este mismo diario, titulada “Con la vara que midas, serás

medido”, que fue escaso el presupuesto que le envió la Federación. SIENDO

PRECISAMENTE EL MERITO DE DON AGUSTIN ARRIOLA EL HABER HECHO

TANTAS OBRAS TRASCENDENTES CON TAN POCO DINERO.

Según los autos judiciales, al General Manuel Mezta se le embargaron bienes, y el

siete de Febrero de 1924 se levantó el embargo, según autos de referencia de lo ordenado

por el Presidente de la República de esa época, de acuerdo al artículo 21 de la Ley Orgánica

del Ministerio Público Federal, de que se entreguen estos bienes a sus herederos, previa

comprobación de su carácter ya que al parecer hubo un arreglo. Cabe destacar que fue el

Agente del Ministerio Público quien demandó por peculado al General Mezta y no Don

Agustín Arriola, y tampoco fue la demanda por mil pesos, sino 35.000 más gastos de

juicios y réditos. Al final, se regresaron los bienes embargados a los herederos, entre los

que se contaba el hermoso edifico de piedra cantera ubicado en Altamirano y Constitución

y que fue adquirido a la viuda del General Mezta 14.000 pesos de plata mexicana por el

gobierno del General Agustín Olachea en 1929, para la creación del hospital Tuberculoso;

el que después fue la cárcel pública, comandancia de policía, comandancia de tránsito,

oficinas de la sección de seguridad y tránsito, estación de bomberos y en la actualidad es la

biblioteca Justo Sierra. Tengo en mis manos la copia de un libro que un joven estudiante y

es satisfactorio que los jóvenes se interesen por la historia de nuestra amada tierra

peninsular y por la de sus habitantes, principalmente por quienes nos han gobernado y han

dejado huella profunda cuando han ostentado el poder y este jovencito que no quiso que

mencionara su nombre que es un estudiante del Tecnológico me dio la copia de un libro que

para mi es un tesoro, el libro en mención es “BAJA CALIFORNIA AL DIA” y fue escrito

en el año de 1925 por Aurelio De Vivanco...y su contenido histórico y cultural es muy

valioso...trae mucha información del gobierno de Don Agustín Arriola Martínez entre

muchas otras cosas, donde puedo ver como estaba el panorama político, económico y social

de aquella época; y de entrada dice “Don Agustín Arriola Jr., Exgobernador del distrito sur

de la Baja California, es hijo nativo de La Paz, capital del Distrito, habiendo sido electo por

plebiscito como gracia concedida por el entonces presidente Provisional de México, el C.

Adolfo de la Huerta, quien deseando dar a esta parte del territorio un gobernante hijo de la

comarca, acordó se le eligiera en esta forma, comisionando para tal acto como

representante del Propio primer magistrado al C. Enrique Liekels, en aquella fecha diputado

de la Unión por la misma entidad.

Cabe hacer mención que Don Adolfo de la Huerta, en los primeros años de la

segunda década del siglo pasado visitaba constantemente esta entidad, en su carácter de

agente de ventas de las máquinas de coser Singer, así como de negociaciones harineras y

jaboneras del Estado de Sonora, motivo por el cual conocía el sentimiento en lo relativo a la

política que bullía en el ánimo de los revolucionarios habitantes de Baja California Sur,

quienes disfrutaban de su trato amable y formal conquistando la simpatía de los distintos

sectores sociales. A su vez, el señor de La Huerta fue cautivado por la tradicional

hospitalidad calisureña y de las joviales tertulias provincianas, que supo y se contagio de

los requerimientos cívicos y anhelos ciudadanos predominantes en la media península. Así

aconteció que aquel sonorense vendedor de jabón cuando llegó a la presidencia de la

República, fiel a la memoria y sed democrática de sus amigos sudcalifornianos, decretó que

de inmediato y en los sucesivo el gobierno territorial estuviera a cargo de un hombre nativo

de esta tierra y designado libremente por el pueblo. Del libro Experiencias Políticas de un

Guyacura. D.Martínez, Alejandro.

Continua diciendo, que esta elección dejó satisfecha las justas aspiraciones de todo

su pueblo que deseaba verse gobernado por un coterráneo que no hiciera lo que la mayor

parte de los mandatarios habían hecho, esto es: llenarse de oro sus propias arcas,

preocupándose únicamente de los negocios que convenían a sus intereses. El señor Arriola

es un mandatario que ha sabido responder a la confianza con que se le distinguió

popularmente; pues durante los años de su gobierno, el Distrito Sur de la Baja California ha

recibido todos los beneficios derivados de una administración, muy sabia, muy laboriosa y

sobre todo muy honesta”.

A través de los años, hemos tenido gobernantes muy honestos que también han

dejado huella y han continuado forjando a esta sudcalifornia nuestra.

...Por el placer de escribir...recordar...y compartir...




LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA

DON AGUSTÍN ARRIOLA MARTÍNEZ...ILUSTRE SUDCALIFORNIANO...SUS

RESTOS MORTALES DEBERÍAN ESTAR EN LA ROTONDA DE LOS ILUSTRES...

* 96 AÑOS TIENE LA CASA DEL ESTUDIANTE EN LA CIUDAD DE MÉXICO...Y

FUE FUNDADA POR DON AGUSTÍN ARRIOLA MARTÍNEZ...DANDO UN GRAN

IMPULSO A LA EDUCACIÓN, ENTRE OTROS LOGROS...

* LOS PRIMEROS PROFESIONISTAS DE SUDCALIFORNIA FUE, GRACIAS A

ESTÉ LOGRO DEL GOBERNADOR NATIVO Y CON ARRAIGO...

* UN GRAVE ERROR EN EL LIBRO DE HISTORIA Y GEOGRAFIA DE BAJA

CALIFORNIA SUR, A NIVEL PRIMARIA.

La Secretaría de Educación Pública, con el debido respeto que merece, debe de

corregir el grave error en el libro de Historia y Geografía de Baja California Sur, así como

en el de “Baja California Sur monografía estatal”, en la página 157, en el que se ha estado

mal informando a generaciones de niños desde 1982; donde se desconoce un hecho tan

importante en la historia regional de sudcalifornia, de Don Agustín Arriola Martínez

PRIMER GOBERNADOR NATIVO ELECTO POR PLEBISCITO, emanado del pueblo,

ya que en ese tiempo no había partidos políticos. Y le están poniendo méritos a quien no lo

merece y dice así “La muerte de Carranza el 21 de Agosto, trajo como consecuencia en

nuestro estado que el Gobernador Mezta dejara el distrito, siendo sustituido por Francisco

D. Santiago. El fue quien envió al primer grupo de estudiantes sudcalifornianos

pensionados a la ciudad de México, expidió la primera Ley de Hacienda e impulso la

ganadería, la agricultura y la ganadería; durante su gobierno se construyeron escuelas

rurales y se inició la carretera entre La Paz y Bahía Magdalena. TODO ESTO ES FALSO,

PUESTO QUE FRANCISCO D. SANTIAGO ESTUVO EN EL CARGO DE MAYO A

SEPTIEMBRE DE 1920, QUE ENTRO A GOBERNAR DON AGUSTIN ARRIOLA. EN

ESE TIEMPO NO PUDO HABER CONSTRUIDO TODO ESO.

Ya es tiempo de que a Don Agustín Arriola Martínez se le haga justicia y su nombre

brille con letras de oro en el Congreso, puesto que sus actitudes y su gobierno fue el

ejemplo e inspiración para el logro de un gobernador nativo o con arraigo.

Su nieto, el doctor Carlos Arriola Isais, en representación de la familia Arriola,

envió el anterior 04 de Mayo del 2001 un oficio muy sentido a la Secretaría de Educación

Pública en la Ciudad de México, así como en esta ciudad capital, en la que solicita con toda

justicia se corrija en los mencionados libros y pongan en el lugar histórico que el

corresponde al primer gobernador nativo o con arraigo electo por el pueblo, para que la

niñez y las juventudes sepan más de nuestra historia. Y de quien desempeñó su función con

honestidad y con pocos recursos llevando a su pueblo a una época de relativa bonanza y paz

social. Después de él se perdió gran parte de lo ganado, y el centro volvió a seguir enviando

gobernantes militares, fuereños y sin arraigo en esta tierra e impuesto prácticamente por la

fuerza. Tuvieron que pasar casi cincuenta años de lucha cívica para que al pueblo

sudcaliforniano se le volviera a otorgar el derecho de elegir gobernador nativo o con

arraigo. Por todos los méritos mencionados Agustín Arriola Martínez merece estar en los

libros de historia oficiales en este estado ya que existe abundante información al respecto.

Un buen trabajo presentarían los próximos licenciados en historia, si se abocaran a

investigar este hecho tan trascendente e importante en la historia regional, del primer

gobernador nativo o con arraigo electo por el pueblo y presentarían una magnifica tesis

basada en este estudio.

En la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres debían de estar los restos mortales

del impulsor de la educación y el desarrollo del territorio de Baja California Sur, Don

Agustín Arriola Martínez...primer gobernador nativo de sudcalifornia, que tuvo el

privilegio de ser electo por plebiscito para el periodo del 21 de Septiembre de 1920 al 21 de

Septiembre de 1924, periodo cumplido más allá del deber y como era la costumbre, viajó a

la ciudad de México a hacer la entrega correspondiente del término de su mandato...y como

un homenaje a la memoria de su ilustre padrino, Don Agustín Arriola Martínez, el

licenciado Felix Ortega Romero, escogió la fecha del 11 de octubre para el movimiento de

la gesta histórica Loreto 70, fecha del nacimiento del Ilustre Sudcaliforniano, primer

gobernador nativo de esta entidad, quien fue la inspiración para el logro de este anhelo,

llevando como estandarte su nombre, por todos los rincones de la península el autobús de la

comitiva, Don Agustín Arriola Martínez, gobernador nativo o con arraigo.

A través de los años, la limpia figura de Don Agustín Arriola Martínez se erige

vigorosa para permanecer vigente en el recuerdo de los habitantes de este bello jirón de la

patria. Fue Don Agustín un apasionado luchador social, precursor de importantes y

trascendentes acciones de gobierno que sentó las bases al viejo Territorio Federal, a

convertirse en la entidad que hoy es.

Una mañana de otoño, 11 de octubre de 1887, en esta ciudad capital, el hogar del

destacado patriota artillero de las tropas federales del General Don Manuel Márquez de

León, Don Agustín Arriola Arqueaga y de su esposa Doña Talpa Martínez Talamantes, se

inundó de alegría con el fuerte llanto del niño que nació a la vida y que por nombre le

pusieron Agustín, ante el gozo de sus abuelos paternos y maternos, Don Modesto Arriola

Andaya y Doña María Teresa Erqueaga de La Toba, así como Don Calixto Martínez

Nuñez y Doña Paula Talamantes de Castro. En su primera infancia, en que Agustín daba

sus primeros pasos, gobernaba el territorio el General Rangel...estaba en su auge la minería,

ganadería y la pesquería de perlas donde se empleaban más de mil hombres...hermosos

edificios coloniales se iban construyendo, como el Palacio de Gobierno, la cárcel pública,

entre otros, así como se realizaba el reparto de tierras de Baja California en vergonzosas

condiciones a compañías extranjeras, lo que impidió el desarrollo social y económico por

más de medio siglo.

Agustín creció bajo la vigilancia de sus padres y entre la más estricta norma de la

educación de la época. Cursó su primaria en la Escuela Niños Héroes, donde ahora es la

cancha Manuel Gómez Jiménez y la Escuela Primaria Miguel Hidalgo; de donde egresó

con altas calificaciones, continuando sus estudios superiores en la ciudad de Hermosillo,

Sonora, donde conoció y convivió fraternalmente con dos señoritas que al igual que él

habrían de escribir sus nombres en forma destacada: las hermanas Concepción y Soledad

Casillas Seguame. En Junio de 1907, ante la presencia de sus padres Doña Talpa y don

Agustín Arriola Arqueaga, Agustín con plena satisfacción recibió su título que lo acreditaba

como contador privado y técnico administrativo recibiendo además reconocimiento y

felicitaciones por el honorable cuerpo de sinodales. El joven Agustín con el corazón repleto

de ilusiones, se trasladó a su tierra natal, La Paz, con el firme propósito de servir y aplicar

todos sus conocimientos adquiridos en bien de su comunidad.

Trabajó en la Empresa Ruffo & Rochol durante varios años. Continuó sus estudios

en el Instituto Superior de Comercio en el Estado de California, graduándose como

Contador Público y de maestro de inglés. En 1914, con el apoyo del General Felix Ortega

Aguilar, presidente de la Junta Patriótica del Gobierno Revolucionario del Distrito Sur, un

grupo de maestros, entre ellos Don Agustín Arriola Martínez gestionaron la autorización

para la apertura de un plantel para la enseñanza de carreras de comercio, lo que se logró y

el propio General Felix Ortega cortó el simbólico listón inaugural del “Instituto de

Comercio Independencia”, ubicado en los anexos parroquiales con una plantilla de

maestros: Bonifacio Díaz, Padre Mauro Esparza, Pedro Pelaéz, Agustín Arriola, Soledad

Casillas, Isidrio Isais Marcq, Alfredo Savín, Ignacio Bañuelos Cabezud, y Filemón Cecilio

Piñeda.

El profesor Agustín Arriola fue sindicó en el Ayuntamiento de 1915 a 1916, luego

fue Alcalde Interino debido a que falleció por accidente el Presidente Municipal señor

Antonio Blanco, y en la toma de su protesta se hizo célebre por esta frase que dijo “PIDO A

DIOS NUESTRO SEÑOR QUE ME PERMITA SER JUSTO CON LOS JUSTOS, Y

HUMANO CON LOS INJUSTOS”, antes de rendir cuentas de su presidencia interina, los

grupos organizados lo apoyaron para presentar su candidatura por la Presidencia Municipal

en el próximo periodo, ante un acto público organizado por el General Mezta, donde se

presentaron tres contendientes saliendo vencedor, tomando posesión del cargo el primero

de Septiembre de 1918. Los síndicos y regidores fueron: Antonio Ruffo, Filemón C.

Piñeda, Ignacio Bañuelos Cabezud, Fernando Chacón Meza, Isidro Isais Marcq, Bernardo

Maldonado y Miguel L. Cornejo. La labor de Don Agustín como Alcalde fue brillante:

promovió la apertura de los caminos vecinales de La Paz a La Soledad, con Ramales a

Toris, La presa, El paso de iritú, Agua verde y La palmilla. Apoyó la idea del Ingeniero

Savín para instalar el primer sistema de drenaje en La Paz. el 16 de Septiembre de 1918

azotó un pavoroso ciclón a La Paz y Don Agustín Arriola como Presidente Municipal

coordinó los grupos de rescates y ayuda popular, entre innumerables obras y servicios en su

encomienda.

Con esa limpia trayectoria en la función pública, el pueblo se volcó para elegirlo

gobernador por medio del plebiscito del que fue electo tomando su protesta el 21 de

Septiembre de 1920 y terminando su gestión el 21 de Septiembre de 1924. El desempeño

del señor Arriola como gobernador fue trascendental. Se realizaron las obras y trazos

originales de la carretera transpenínsular, columna vertebral de la península mediante

camino de terracería desde La Paz hasta El arco, en la colindancia con el Distrito Norte de

la península, tarea realizada por hombres con visión y fortaleza de carácter. Asimismo, hizo

el reparto de tierras ejidales de Santiago, Las cuevas, Todos santos, y El pescadero,

aplicándose por primera vez la Ley agraria en la región. Otorgó becas a los primeros

estudiantes que viajaron a la Ciudad de México para su formación profesional, y en esa

misma ciudad fundó la primera Casa del Estudiante Sudcaliforniano. Adquirió la primera

planta eléctrica en La Paz. alentó la fundación de la Escuela Industrial de Artes y Oficios

donde se preparaban los jóvenes de escasos recursos; artesanos y técnicos en fundición,

mecánica, carpintería y electricidad, asimismo inauguró la primera escuela de tropa militar

en el distrito sur del territorio y durante su gestión se instalaron diversas fábricas como

cigarreras, fósforos, botones y de veladoras, entre otras.

Se inició la construcción de las cortinas en los arroyos El cajoncito, La candelaria, y

San bartolo, abriéndose también los primeros pozos de agua potable en la ciudad.

Construyó el primer quirófano en el Hospital Juan María de Salvatierra y abrió en Todos

Santos la primera planta beneficiadora de pescado de escama. Se fundó la Escuela de Tropa

para Militares otorgando las instalaciones para la Zona Militar en Revolución y Degollado,

donde es ahora el Mercado municipal Madero. Hizo el represo de El salto, y se empedraron

las calles del primer cuadro de la ciudad. Asimismo, Don Agustín Arriola, trajo las

primeras comunicaciones telegráficas, que en la actualidad, un año atrás, estaba como

testigo la torre de la inalámbrica, en el barrio El manglito, la que fue derribada con toda su

historia en la rama de la comunicación. Su administración se distinguió por lo siguiente,

además de todas las cosas mencionadas, reorganizó las oficinas de gobierno, exigiendo

responsabilidad y eficiencia a cada empleado. Impuso moralidad en el manejo de los fondos

públicos. Expidió la primera Ley de hacienda para regular las fuentes de ingresos oficiales.

Mandó el primero grupo de estudiantes pensionados a la ciudad de México, egresando

profesionistas capaces que antes no había. Fundó la Casa del Estudiante en México, y

respetaba las garantías constitucionales. Impulsó los ramos de la ganadería minería y

agricultura, construyó diversos edificios escolares en La Paz y las zonas rurales.

Al término de su gestión Don Agustín se retiró a la vida privada a administrar sus

ranchos ganaderos, herencia de sus antepasados. Una tarde de verano, 11 de Junio de 1971,

a la edad de 84 años, Don Agustín Arriola Martínez, un sudcaliforniano ilustre, cerró sus

ojos para siempre.

...por el placer de escribir...recordar...y compartir...

PD: este crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico el sudcaliforniano y la

revista el compás.



miércoles, 7 de septiembre de 2016

LA PAZ QUE SE PERDIÓ.
POR MANUELITA LIZÁRRAGA.
LA MUJER DESCALZA…DE LARGOS CABELLOS, Y BLANCOS ROPAJES…

Fue la locura aquella madrugada de invierno por la calle Madero… salió de la nada de repente de entre los pinos de aquella antigua mansión, metí el acelerador al vehículo para ganarle a aquella mujer y no atropellarla… ¡no podía yo creer lo que estaba viendo por el retrovisor!; dijo la joven carmelita, todavía con la piel enchinada al recordar… y continuó narrando aquella noche de terror… “con el rostro y los largos cabellos estampados en el cristal trasero del vehículo, ¡me miraba! Aquella horrible mujer estaba trepada en la cajuela; el rostro era calaverico y apergaminado, lo que parecían labios, más bien una oquedad deformados, pegados al cristal, y los ojos muy pelones que hasta parecía que se le salían de las desfloradas orbitas, ¡me miraban!...!me miraba! Chocando sus ojos con los míos”.
Carmelita estaba tan asustada apunto del llanto, y continuó diciendo “estaba tan asustada por aquello que estaba viviendo que no podía gritar ni balbucear si quiera, me quede sin aliento con un nudo en la garganta y ¡los pelos de punta! Acelere aún más y la mujer se fue de lado prendida a la puerta trasera a la derecha encajada entre la cajuela y el guardafangos a punto de caerse, y yo aterrada la seguía mirando por el retrovisor, y ¡ella me sostenía la mirada!, y el carro continuaba su marcha con aquella mujer montada y yo zigzagueando deseando que aquella cosa cayera al suelo.
En un parpadeo, no supe ni como después de más de tres cuadras llevarla trepada viviendo aquello, ¡ya no estaba montada en el carro! Ahora caminaba por un lado del vehículo y me rebasó y se fue delante de mí, pero ¡oh sorpresa, la mujer flotaba lentamente! Iba descalza con el vestido como un camisón blanco largo y una cabellera negra toda desparpajada volándole al viendo y brillándole a la luz de la luna, y se fue flotando por en medio de toda la calle Madero pasando la 5 de Febrero perdiéndose en la oscuridad, preludio del amanecer. Paré en seco el carro, estática, y con las manos endurecida por la tensión y el terror sobre el volante la seguí con la mirada contemplativa hasta que se perdió en la distancia. Por supuesto que ya no continué por ese camino, di vuelta a la calle y me fui a dormir a la casa de mis abuelos rumbo a los olivos, no vaya a serla de malas y me la encuentre otra vez”… termino diciendo la aterrada Carmelita.
Contaba la señora Marillita, la que vivió en frente de la mansión de los pinares por la Madero, que ella tuvo puesto en el mercado y por lo tanto madrugaba porque antes el mercado Madero lo abrían a las cuatro de la mañana y la gente del pueblo madrugaba; que ella ya estaba acostumbrada a ver a esa mujer descalza de la bata blanca; que la primera vez que la vio se espantó mucho, pero después de tanto verla se acostumbró, y hasta se quedaba parada viéndola para ver si se metía en algún lado, pero no se iba flotando por en medio de la calle Madero hasta que se perdía en la distancia; y que si al decir de los mayores esa alma en pena salía de esa casa y de los pinares desde tiempos muy antiguos, pero que nadie sabía decir su historia.
… y la larga cabellera le brillaba a la luz de la luna volando desparpajados camisón y cabellos al viento… no dejaba huella por que flotaba aunque iba descalza perdiéndose en la distancia rumbo al más allá…

…por el placer de escribir…recordar…y compartir…

FACEBOOK: LA PAZ QUE SE PERDIO
“AQUEL VIEJO PESCADOR...Y EL CICLON DEL 59”.
¡llegó Polencho!...!llegó Polencho!...llena de alegría gritó mi madre, asomando sus cabezas por cercos y ventanas las vecinas...aquella tarde del siete de septiembre de 1959, mi hermano, el pescador, después de un largo día de faena en el mar, llegó cargado a la casa...la desabrochada camisa se la volaba el viento...con el pantalón arremangado hasta las rodillas y el rojo paliacate anudado a su cabeza apenas podía la palanca al hombro, donde colgaban lindos pescados...dos grandes garropas, un mero y dos pargos colorados, una canasta de ciruelas y otra de pitahaya así como un balde de cayos de hacha...bajó todo aquello diciendo: “vengo por la carretilla porque también agarré una caguama y cortaron los dátiles en los palmares y me dieron cuatro racimos...!voy por ellos!”. Es para no creerse, cuanta alegría había esa tarde en casa, ni señales había siquiera del ciclón...todo estaba en calma.
Mis pasos se escuchaban presurosos por el andador costero del malecón...regresaba de la escuela aquella noche del siete de septiembre del 59...caminaba a la altura de la casa del “Tanayo”, un hombre industrioso con historia en La Paz. Serían como las 8 y cuarto de la noche...esa tarde había tenido clase de contabilidad y cálculo mercantil impartida por el profesor Ebodio Balderas en la Escuela de Enseñanzas Especiales Número 27, la que fundó y era directora la emérita señorita Concepción Casillas Seguame. Al otro día a las siete de la mañana tendría prueba de español y literatura con el inolvidable profesor Manuel Torre Iglesias. Con las libretas bajo el brazo admiraba el maravilloso espectáculo que ofrecía a mi vista en aquellos momentos el cielo y el mar; el mar estaba tranquilo con su marea alta...el agua parecía un espejo que duplicaba las imágenes de las pequeñas embarcaciones de vela...el cielo lucía bellísimo aborregado de blancas nubes, más bien acolchonadito, por más que buscaba la luna y las estrellas no las encontré, y se reflejaba en aquel espejo de cristalinas aguas el cielo tan hermoso...ni señales de chubasco.
Caminaba en medio de aquella ensoñación y de repente un airecillo empezó a soplar, volando mi larga cola de caballo, meciendo y arrullando las palmeras del malecón...las olas empezaban a reventar suavemente contra la banqueta del muro costero como aumentando su fuerza... al pasar por los ocho grandes arboles de álamo, que se enseñoreaban y eran punto de referencia para los habitantes de la época en Marquez de León y Abasolo, el ruido de su follaje parecían susurros en mis oídos presagiando tormenta...como si se estuvieran despidiendo, como presintiendo que ya no los volvería a ver...apresuré el paso bajo aquel cielo aborregado...todo el ambiente era normal, llamando mi atención la parvada de tijeretas y gaviotas buscando refugio en tierra, a esas horas de la noche...las calles era obscuras, como de costumbres; las batientes de la cantina “La jaiba” de Don Mario Verdugo y de “La luna bar”, de Don Pedro Alvarez se abrían y cerraban donde salían volando a patadas algunos señores peleoneros, generalmente eran pescadores del Manglito y El esterito.
Temerosa, abrazando mis cuadernos, al fin llegué donde había luz que era en la tienda “La voz del manglito” del chinito Santiago Unzón. Me quedé parada bajo la pálida luz del foco, como agarrando aire...porque me esperaba otro trecho obscuro...pasando por la cantina “La copa cabana” de Don Pilarillo Carballo y donde está ahora la Escuela Rosendo Robles también estaba muy obscuro. Allí era un solar baldío y contaba la gente que salía un caballo prieto sin jinete reparando y relinchando terroríficamente, pelando tamaños dientes, que fueron muchos los espantados, pero tenía que pasar por ahí, bajo aquel hermoso cielo acolchonadito, pegando en mi rostro aquel airecillo perfumado a brisa de mar...el arbolito manglito dulce que estaba en el solar donde es ahora una maquiladora, y que dio origen al nombre del barrio El manglito, se mecía con el viento...como despidiéndose también...ni señales de chubasco se miraban.
Al fin llegué a mi añorado hogar, y al abrir el zaguán ¡que felicidad!...golpeó mi nariz aquel exquisito aroma a fritanga de pescado, café de grano y a tortillas de maíz y de harina; despertando en mi un apetito atroz...mis ojos no podían dar crédito a lo que estaba a la vista...!el corredor estaba inundado de aquellas cosas que había traído aquel viejo pescador...caguamas, garropas, meros, pargos colorados, callos de hacha, dátiles, pitahayas y ciruelas del mogote!. Y por si fuera poco, la gran cazuela donde hacían la capirotada estaba sobre el petril de la encalada hornilla de lumbreantes tizones atascada de tronchas de pescado frito, pargo y garropa con todo hueso y cuero. Así se freía antes el pescado. Había también un molcajete de salsa con tomates y chiles gueritos tatemados en las brasas, un cazuelón de frijoles caldudos y la jarra de café de talega. El hermoso y amado rostro de mi madre se vislumbraba entre el humo tras las hornillas, echando tortillas a mano de maíz y de harina. Aventé los cuadernos y me puse a disfrutar de aquel manjar...recordaba con nostalgia a mi perro viejo El pachuco, que por esas fechas hacía un año había muerto atropellado por un carro.
Esa noche del siete de septiembre, después de cenar, y hacer mi tarea de taquigrafía a la luz del farol, hasta jugamos a la oca y a la lotería...ni siquiera nos imaginábamos lo que venía...en la madrugada del 8 de septiembre ya teníamos el ciclón con todas sus fuerzas...era uno de los meteoros de los más devastadores, claro que no como el de 1918, ni como el de 1941, a decir de los pescadores ¡que hermoso me pareció, todo estaba iluminado por la luz de San Thelmo!, decía mi padre, aguerrido lobo de mar...mi madre me metió dos cintarazos porque estaba encaprichada en irme a la escuela en medio de ese chubasco, pues yo nunca había vivido la experiencia de un ciclón; y el profesor Manuel Torres Iglesias, era muy estricto. Por la casa y los techados ni nos preocupábamos, pues mi papá ya la tenía asegurada, como era la costumbre en estos meses de agosto y septiembre, al fin marinero de gran experiencia, nomás entraban estos meses y empezaba a cruzar la casa con cables o fuertes mecates amarrándolos de los troncos de los árboles y puntas de fierro en el suelo. En cuanto a comida, menos preocupación teníamos. Esta tarde mi hermano el pescador por fortuna había abastecido bastante. En cuanto al agua para tomar, pues ahí estaba el pozo de cinco metros de profundidad con metros de agua dulce y cristalina y también tuvieron mucho cuidado en taparlo para protegerlo, en cuanto a las aguas broncas tampoco eran problema, pasaban por donde tenían que pasar, POR LOS CAUCES NATURALES DE LOS ARROYOS. Arriba del paredón estaba la casa y el pozo de agua, y por un lado pasaba el arroyo por debajo del alcantarilla...!que tiempos!.
Por las rendijas de las ventanas mirábamos los árboles como arañitas en el suelo...otros eran levantados de cuajo y volaban al cielo...pero las casitas ni las agarraba el viento...ahora cualquier lluvia que cae deja un cochinero en las calles porque los arroyos están invadidos, algunos otros han desaparecido...le pido a Dios que no vuelva a haber otro ciclón de los grandes, pues todas esas casas desaparecerían como el ciclón Liza y el arroyo buscaría su cauce natural. Cuando el ciclón del 59 cesó, únicamente se hundieron algunas embarcaciones y otras se vararon, arrancó de cuajo las palmeras y los árboles de la India que embellecían el malecón así como los ocho antiguos álamos que a mi paso sentí que de mí se despedían. Asimismo, a la casa de Doña Bartola le cayó un eucalipto encima, la casita estaba entre las palmeras en Allende y Alvaro Obregón...también arrancó de cuajo el manglito solito que dio origen al nombre del barrio, y que contaban los mayores que salía un enano dando saltos perdiéndose entre los pitahayales entre la obscuridad de la noche...tumbó también la torre y el reloj que embellecían el parquecito Cuauhtémoc y no pasó a mayores. El ciclón del 59 es uno de los más fuertes antes del fatídico Liza del 30 de septiembre del 76.
...La camisa la volaba el viento...el pantalón arremangado hasta las rodillas...el paliacate amarrado a su cabeza y con la palanca al hombro cargada de pescado, un tronazón de talones de aquel viejo pescador se escuchaba entre las susurrantes palmeras del barrio de pescadores El manglito.

                                             “Por el placer de escribir…recordar…y compartir…”



Facebook: La Paz que se perdió.

miércoles, 31 de agosto de 2016



Lic. En Podología Rocío Bedolla.


LA PAZ QUE SE PERDIÓ.
POR MANUELITA LIZÁRRAGA.
…MI ABUELA…LAS VERDOLAGAS… Y LA LLUVIA…
RECOLECTAR Y CONSUMIR VERDOLAGAS EN LA PAZ DESPUÉS DE LA LLUVIA… UNA COSTRUMBRE QUE SE PERDIÓ…

¡Abuelita! ¡Abuelita! ¿Qué traes muchacha, porque ese alboroto? Esta tronando y relampagueando rete bonito y el perro el pachuco anda muy asustado; “pues métase por que no tarda en llover” y le dio una larga chupada a su cigarro de “el tigre”, y después de aventar fumarolas al viento dijo, “después de la lluvia vamos a ir a recolectar verdolagas, para hacer el guisado que tanto le gusta a tu padre” ni bien acababa de decir eso, y se soltó un torrencial aguacero de aquellos; mi perro viejo el pachuco tenía catarro, y se miraba tan bonito de bajo de mi cama echado en su tapete con su largo hocico metido entre las patas delanteras, los ojos muy pelones, y con esa mirada tan peculiar de él, con su collar de alambre de cobre en el cuello y siete limones tatemados que mi sabia abuelita le había hecho para curarlo del catarro. Mientras el agua del cielo entre rayos y centellas caía a torrentes sobre el techado, mi hermanita María de Jesús y yo abrazadas nos acurrucábamos junto al perro iluminados por los relámpagos que generosos inundaban aquella añorada habitación familiar con calor humano, abuelita, perro y todo, allá al finalizar la década de los 40’s… cuando empezaban a pavimentar la avenida 5 de Mayo.
¡Que hermosura cuando la lluvia cesó! Vivíamos en la casa de piedra del Señor Ruíz, quien sabe quién sería ese señor, yo tenía escasos cinco años y mi hermanita siete. La casa quedó en medio de una gran laguna, croaban sapos y ranas, cigarrones y mariposas volaban, y el perro como loco saltaba en el agua queriendo agarrarlas, y María y yo embelesadas, gozosas, contemplábamos aquel bello espectáculo trepadas en el pretil de aquella evocadora ventana enrejada de madera, y preocupadas porque al pachuco le iba hacer daño mojarse; mientras que a él le valía. ¡Ya niñas, bájense de ahí!, vámonos a las verdolagas gritó la abuela airada, canasta en mano con esa voz autoritaria que la caracterizaba, y mi madre y demás hermanos mayores también llevaban sus canastas y nosotras por más pequeñas unas bolsas de ixtle… y todos felices en caravana seguidos del perro  por allá del barrio del choyal, por veredas y solares baldíos, ¡Había tantas verdolagas! “para la vaquilla no vamos a ir porque está lejos, y aquí hay bastantes para llenar las canastas”, dijo la abuelita, “nanita y ¿Por qué le dicen la vaquilla?”, “pues que se yo, será porque hay muchas vacas, o se les perdió una vaquilla”, dijo muy airada, iba molesta por que el perro se metió a la laguna y tenía catarro.
¡Se miraban tan hermosas las verdolagas salpicadas por la lluvia, y las familias paceñas enteras canastas en mano a los alrededores recolectando verdolagas!; y mi nanita iba diciendo, señalando con el bastón “es increíble la bondad y sabiduría de Dios que semilló la tierra desde que puso al hombre y a la mujer en ella para que toda alma viviente se alimentaba a través de los siglos, y las verdolagas son un nutritivo alimento cargado de todas las vitaminas que el cuerpo necesita”. Y señalaba con su bastón mientras todos íbamos llenando canastas, y continuó diciendo “estas verdolagas de hoja grande, no son para consumo humano, son “puerqueras”, pero de todos modos vamos a llevarlas para darle a los puercos (porque en aquel tiempo se acostumbraba engordar dos cochis en casa, uno para consumo en navidad y el otro lo mataban para venderlo para los gastos para Santa Claus) y estas verdolagas pequeñas dijo, la de la hoja chiquita, son las meramente, las de consumo humano y se cortan dejando la raíz para que vuelvan a crecer, hasta los animales son sabios, nomás ramonean las pasturas y demás plantas que se van a comer”.
Y las canastas se iban llenando de verdolagas salpicadas por la lluvia, y la abuelita nos iba enseñando para que servía cada planta que encontraba a su paso: choales, malvas, diente de león, toloaches, golondrinas, etc. Y continuó diciendo “y por este rumbo no hay guaco solo se da rumbo al mar, en los arroyos”, mientras que el pachuco correteaba una iguana, “!y hasta esa iguana es medicinal y alimenticia!” decía, y las canastas quedaron repletas de verdolagas después de aquel torrencial aguacero. Otro día fue fiesta en casa, las grandes cazuelas de barro sobre el pretil de la hornilla estaban hasta el tope sentadas en las brasas… ¡Que rico guisado de verdolagas con costillitas de puerco hizo mi madre! Y también una cazuela de arroz blanco, y un jarro de frijol de la hoya y las tortillas de masa de nixtamal hechas a mano hinchadas como un sapo, nomás volaban del comal a la mesa, que en el medio tenía el molcajete de salsa tatemada en las brasas hecha a mano, y una enorme jarra de agua de tamarindo endulzada con azúcar de terrón.
De postre, dijo mi nanita “se comen un puño de dátiles pasaditos con un pedazo de chopito que está en el zarzo, mientras dan las cuatro de la tarde que llegue el panadero, para como es la costumbre, tomar el café de grano que acaba de tostar Juanita en la cazuela de barro y lo cuele en la talega de manta que acabo de hacer, ya está curada en los asientos del café y no le va salir el sabor a manta” terminó diciendo mi nanita. ¡Cuántos gratos recuerdos inundaron mi mente después de estas lluvias tan hermosas y ver tantas verdolagas en los jardines y veredas, y que se desperdician lamentablemente porque en su gran mayoría la gente desconoce sus bondades!
Al otro día, mi madre también hizo verdolagas, pero ahora con granitos de frijol y queso picado; puso en la cazuela de barro un pegoste de manteca de puerco, de aquellos que se criaban en casa, tomate, cebolla, ajo machacado, chile verde, cilantro, todo picado lo tapó; cuando suelta el hervor le puso sal y pimienta, le revolvió grano de frijol de la hoya y cuadritos de queso, le puso las verdolagas previamente lavadas y cosidas, y los tapó que dieran un hervor, y las sirvió bañadas de queso raspado… ¡Riquísimas! Quedaron para chuparse los dedos… bellos recuerdos.

…y las niñas temerosas acurrucadas junto al asustado perro el “pachuco”, escuchaban la torrencial lluvia sobre el techado en aquel evocador cuarto iluminado por los relámpagos…



…por el placer de escribir…recordar…y compartir…

domingo, 28 de agosto de 2016

LA PAZ QUE SE PERDIO


“ESE SOLAR BALDIO...Y ESA PILA EN RUINAS...ME TRAE GRATOS RECUERDOS DE MI ABUELITA”.

POR MANUELITA LIZARRAGA


Cada vez que paso por ahí, vienen a mi mente los recuerdos...Santana Tiznado Velarde de Lizárraga, fue su nombre que endulzó mi feliz infancia a su lado...cuántas enseñanzas y gratos recuerdos guardo en mi mente y en mi corazón, aprendidos a través de mi corta vida junto a ella, “Doña Anita”, le decían sus amigas y yo le decía “mi nanita”. A cada paso me encuentro encantadores viejecitos de cabellos escarchados y espaldas encorvadas, y al verlos, busco en sus rostros aquellos rasgos, y mis pasos me llevan a cada casa, donde viví tan feliz a su lado...!pero si parece que la estoy viendo!...bajita, de largos y trenzados cabellos, entre plateados y dorados, de ojos claros, gateados, de finas facciones, con sus largos ropajes, su sombrero de palma, un bastón y zapatos como botines de piel de ternera, de aquellos que fabricaban con Don Julio y Esteban Beltrán; también los hacían con el señor Aguirre...era la abuelita más dulce, sabia y bella de la tierra...otros decían que era muy mal hablada y refunfuñona, pero a mi, me trataba como a la niña de sus ojos...”mi coyote”, me decía de cariño.

Al ver ese solar baldío y los vestigios donde hubo alguna vez un molino de viento, con nostalgia recordé que semanas enteras pasaba con  adorada abuelita. Tenía su casa en Bravo y Guillermo Prieto, había una gran huerta de árboles frutales, un molino de papalote con una gran pila para el agua, además de todas las frutas regionales que ahí se daban, me encantaba el chico zapote. En ese tiempo, estaba yo en la Escuela Número 1. Ahí cursé mi primer año con la inolvidable maestra Beatriz Zumaya de Taylor, la que elaboraba exquisitos pirulines y yo le ayudaba a venderlos a la hora del recreo. Frente a la casa estaba la tienda de un chinito, que entre otras cosas,  vendía sabroso pan...las puertas de la casa son las mismas de aquellos tiempos...y  toda la estructura de la construcción es la original, parece que por ahí no ha pasado el tiempo...por la tarde, mi abuela barría y regaba la empedrada banqueta frente a la calle; sacaba dos sillas donde nos sentábamos a esperar “el coromuel”... “vamos a esperar el coromuel”, decía ella, y me contaba cuentos y leyendas de aquellos tiempos. A mi corta edad me imaginaba que el coromuel era un gran pirata, y se refería al tradicional “airecillo” que dio paso a la leyenda. El coromuel.

Mi abuelita tenía unas reacciones tan repentinas que me encantaban; a media noche, se le ocurría que fuéramos a visitar a mi Tía Chuy, su hija, quien vivía en Revolución y Degollado; tenía su casa con un gran huerto donde se cultivaban frutas y verduras. Mi abuelita era un tesoro de sabiduría. Tenía el don de sobar fracturas y lastimados...la gente la buscaba para que los arreglara, y cuando se luxaban, usaba aceite de comer para sobarlos, y ponía a calentar en un traste con brazas hojas de zapote para ponerles después de la sobada y luego los vendaba. Mi perro El pachuco y yo le acompañábamos y ayudábamos con la venda  y el aceite. Gracias a los conocimientos herbolarios de mi abuelita, fuimos unos niños muy sanos. Rara vez nos enfermábamos, y si acaso era del estomago, que generalmente era por comelones. Ella tostaba arroz hasta quemarlo, y nos daba remojado en agua...o si no, un vaso con agua con almidón con limón...o un té de yerbabuena con hojas de micle, albahacar y cogollos de guayabo; luego, nos hacía un exquisito caldo de pichón, o pollito de aquellos, o de papas, y con un atolito de masa y listo, quedábamos curados del estomago. Para evitar que tuviéramos parásitos, nos daba guayabas, semillas de calabaza tostada, ¡y que gordo nos caía cuando nos daba té de epazote en ayunas, por nueve días!, nos tapaba la nariz, y decía “Para no despertar la lombriz”,  y zas, carajo, nos metía una taza de té de epazote. Con albahacar, ruda, y ajo calientito hacía un tapón con algodón y nos curaba el dolor de oído; y cuando las anginas se inflamaban, hacíamos gárgaras de  cáscara de granada, o de té con raíz de san Miguelito o simplemente nos ponía un collar de tomates tatemados con los pies metidos en un balde con agua, y luego nos ponían el hábito de San Blas y quedábamos curados. Para el catarro, lo curaban con una pastilla de sulfadiacina, un té de hojas de eucaliptos con canela, endulzada con miel de abeja, y listo...nos envolvían en una cobija, para que sudáramos la calentura, y si teníamos constipados o mormados, mataba una gallina y freía infundia con poleo, flores de vinorama y romero, y era buenísima...o simplemente aspirábamos agua salada en el mar. Los ojos los curaba con té de manzanilla o con orines. Claro, que antes no estaba tan contaminado el ambiente como lo está ahora, y la alimentación era distinta, quizá por eso, hacían efectos ese tipo de medicamentos.

En verdad que era sabia mi abuelita, me cuidaba el cabello como un tesoro. Freía tuétano de res y le ponía flores aromáticas, esa era la brillantina, la que guardaba en una olllita muy pequeñita colgada del techo del corredor...cuando me trenzaba el cabello con una correa de gamuza y con coloridos moños, me duraba hasta tres días el peinado. Había veces que molía tomate con miel de abeja y me ponía en el cráneo, me lavaba el cabello con agua de guatamote, y también con agua asentada de barro...”para que el cabello le crezca, sano, largo y hermoso y nunca tenga caspa”, me decía...y así fue, siempre tuve mi cabello largo, y nunca he tenido caspa hasta la fecha. Gracias a la madurez e inteligencia de mi madre que permitió que mi nanita interviniera en mi formación, pues el cariño, la experiencia y sabiduría de una abuela es un tesoro maravilloso que le da al niño seguridad, es como un refugio seguro...es un deleite que no tengo palabra para definir esos sentimientos tan bellos...y ahora que yo soy abuela, todo es diferente...somos anticuadas, no se permiten las sugerencias y opiniones cuando los niños se enferman, pero es comprensible, ahora todo es tan de prisa y tan distinto a la vida de antes, aunque se pierdan algunos valores en la lucha constante por la supervivencia, pero siento que esos valores tan fundamentales como lo es la convivencia de los abuelos con los nietos, no debe perderse...es como si a los niños les fueran quitando la raíz...es como si les fuera quedando un vacío por la falta de vivencia con los abuelos...el cariño por la madre, y por los abuelos, son sentimientos muy bellos, pero diferentes con su valor cada uno.

En la costura, mi abuelita también era sabia, que bonito bordaba y tejía...ella me enseñó a pegar botones, a bastillar y a realizar mis primeras puntadas sobre la costura, a trenzar las hilazas, y zurcir calcetines, así como a pegar remiendos...le metíamos un foco al calcetín y quedaban bien zurcidos. Antes las mujeres remendaban los pantalones y camisas de los señores, y se veían muy dignos. Ahora, cualquier roturita y la ropa se deshecha. Para lavar, mi abuelita que bonito lo hacía, utilizaba para desmanchar la ropa, el palo adán...y mis calcetas las desmanchaba con utatabes machucados, porque yo tenía la maña de brincar con calcetines. Para blanquear la ropa, usaba cenizas de la hornilla, o cernada...me encantaba sacarle los carbones abollados en el agua al traste donde ponía la ropa blanca la que luego la tendía en el suelo en el rayo del sol. Las camisas de mi Tío Lao, las sábanas, fundas, servilletas, sus faldías y hasta mi refajo, quedaban blanquísimos. Parece que aun percibo el olor a limpio que salía de la ropa cuando la planchaba, con planchas de aquellas...y aquellos aromas a ropa limpia y a cigarro “del tigre” cuando me hacía rollo con mi abuela bajo las cobijas. Cómo se enojó mi abuelita, cuando parió “la facha” era una perra pinta con unos pestañones, muy noble el animal por cierto...tengo presente su dulce mirada como pidiendo perdón...metió su larga cabeza entre las faldillas de mi  nanita con un lastimero gemido...casi con lágrimas pues había parido a sus perritos bajo la hornilla...”tate quieta, eres una callejera”, le decía mi abuelita mientras se fumaba su cigarro del tigre mirando al cielo muy digna...y la perdonó...y yo encantada cuidaba de los perritos...también tenía su gata que se llamaba “la pola”...eran nuestros compañeros, además de las gallinas, un gallo consentido que lo llamaba “el mojo cuan”.

Los días santos de mi abuelita, o  de las madres, mi tía Jesús Lizárraga De La peña le llevaba una garrafa de nieve de fresa y un pastel de aquellos de la Nevería La flor de La Paz, acompañado del mariachi, y sus cortes de tela para sus vestidos y zapatos. El angelito de la “guarda”, “San Lázaro Bendito, con tus cordones benditos amarra tus animalitos para que no nos piquen a mi ni a mis hermanitos”...entre otras oraciones además del Padre nuestro, fueron los rezos que me enseñó antes de irme a la cama y después de rezar, antes de dormir, me daba un vaso de agua...” para que tome agua la palomita”, decía, o sea el alma. Mi abuelita sabía muchas cositas.

Esa antigua mansión, con el solar y una pila en desuso impregnada de tiempo y olvido, ubicada por la Bravo y Guillermo Prieto hablan de un bonito pasado de La Paz que se perdió...de huertos familiares, molinos de viento, abuelita y todo...me encanta pasar por ahí para hundirme en el recuerdo.


…Por el placer de recordar, escribir y compartir…
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