miércoles, 4 de mayo de 2022

 

LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ

“LA CASA TAPIADA...LA CASA DE LA AHORCADA...CASA DE MIS RECUERDOS”.

 

• ¿Y AHORA QUE DERRIBARON LA CASA TAPIADA, DONDE SE COLGARA LA AHORCADA? AUNQUE DICEN QUE LA HAN VISTO POR LA BANQUETA, CON EL CHICOTE ARRSTRANDO…. ¿SE ATREVERIA USTED A PASAR POR AHÍ DE NOCHE?...

 ...Son muchos los espantados en esa mansión, por la calle Guillermo Prieto y Allende...la que hace algunos años luce tapiada...pues nunca nadie la ha podido habitar...y quienes han vivido en esa casa de la ahorcada no ha sido por mucho tiempo, ya que, espantados la han tenido que desalojar.

 Una hermosa tarde de lluvia, hace ya algún tiempo, llegué a visitar a mi cuñado, Don Vicente Domínguez, y a su apreciable familia, como es la costumbre; y un escándalo tenían entre sorbo y sorbo de café de grano acompañado de exquisitas galletas marineras...”fíjese mamá, que Angélica mi prima, (Estudiante normalista en ese tiempo), nos contó espantada lo que le sucedió en la casa de la ahorcada a cinco compañeras suyas estudiantes normalistas...decía mi sobrina Magdalena, que hasta se ahogaba del susto y quienes la rodeábamos también, y añadió...resulta que estas muchachas radicaban en Ciudad Constitución y rentaron la casa de la ahorcada entre las cinco estudiantes...claro, que ellas no sabían nada de la leyenda que circula de boca en boca de la mencionada mansión...al llegar, dejaron sus maletas todavía en el porche, y tres de ellas se fueron a bailar al Rollo... se quedaron dos muchachas porque tenían que estudiar para el examen del día siguiente.

 La  pertinaz llovizna repiqueteaba en el techado, y entre truenos de rayos y centellas y aquellos aromas a café de granito, emocionados, con los ojos pelones, atentos, escuchábamos: “una de las muchachas tomó su libreta para estudiar y se metió al baño a hacer una necesidad biológica...y cuando más adentrada estaba en la lectura, ¡que se le refleja en la libreta a la luz del foco la sombra de una persona ahorcada!, ella no comprendía de donde salía aquella sombra, pero al levantar la vista por poco se desmaya del susto ¡de la regadera pendía el cuerpo de una señora viejita ahorcada que ante su vista se desvaneció!. La joven salió espantada con las ropas menores hasta las rodillas gritando como una desquiciada... ¡hay una mujer ahorcada en el baño!, no quisieron saber más y del porche recogieron las maletas y naturalmente que no habitaron la casa”.

 Al escuchar esta agradable y espeluznante conversación, tercié en la plática, y ratifiqué a mi sobrina que la muchacha no mentía, que es cierto que en la casa de la ahorcada se aparece la mujer colgada de una cuerda, y se escuchan lamentos y arrastres de cadenas. Les voy a narrar mi propia experiencia cuando niña, y algunas de otras gentes que han vivido en la casa de la ahorcada. Corría el año de 1950 o 1951...felizmente vivíamos, además de mis padres y hermanos  con abuelita, mi perro viejo el pachuco y todo, en la casona de piedra gris de don Gelasio Aguilar y de Doña Margarita Vonborstel de Aguilar (q.e.p.d.) (bellos recuerdos), la casona en mención está ubicada en Guillermo Prieto y Juárez, antaño era una hermosa huerta toda la manzana donde se cultivaban frutas, verduras y hortalizas y una diversidad de hermosas y perfumadas flores...también había ganado y grandes gallineros repletos de aves, así como porquerizas, pájaros cantores de todo tipo, gansos, patos y pavorreales y desde luego el molino de viento con su gran pila y sistema de riego que no podía faltar...el aroma a pan calientito de la panadería “la vencedora”, propiedad de don Gelasio, inundaba aquel ambiente familiar y vecinal...aquella tarde perfumada a tierra mojada pues había llovido bastante aquel día , después de la lluvia jugábamos todos los niños de la casona, y algunos amiguitos del barrio haciendo casitas y pasteles con la tierra mojada como antaño era la costumbre jugar a la tenue luz del foco del poste de la esquina donde estaba la casa amarilla de techo de cuatro aguas, de doña Nieves Prieto para ser exactos. De repente a mi hermanita mayor se le ocurrió que jugáramos a las escondidas y todos los chamacos corrimos a escondernos...mi hermana señaló para unos matorralitos que había en la banqueta donde es la casa de la ahorcada por la calle Guillermo Prieto poquito antes de llegar a la esquina de la calle Allende...muy calladitas nos agazapamos entre aquellos arbustos, pero de pronto, al levantar la vista vimos por una ventana de baño, que no tenía vidrio por cierto, a una viejecita colgada de la regadera, o seria viga quizás, pero ella estaba colgada. Quizás era una persona joven aun, pero a nosotros nos pareció viejita (antes las abuelitas de 40 años ya eran viejitas), se sentaban en una rechinadora poltrona, peinadas de molote y todo. Ahora, las abuelitas de esa edad son unas muchachas.

 ¡Fue una experiencia que jamás he podido olvidar! Tenía la señora los ojos volteados y la lengua de fuera...imagínese estimado lector la impresión al ver aquello para unas niñas de escasos 7 y 9 años. ¡que íbamos a saber de espantos!, ni por un momento pensamos que fuera eso u otra cosa aquella escena... ¡armamos un escándalo!, ¡se ahorcó la viejita...se ahorcó la viejita!... acudió el vecindario y claro que ellos no vieron nada...mi madre nos pegó una cintariza, y mi abuelita no se la acababa...recuerdo que decía mi mamá “diga que no es cierto” y ¡paz carajo! un cintarazo en las piernas y parecía una danza la que teníamos, mi mamá tirando cintarazos, el perro ladrando tratando de quitarle el cinto de las manos a mi mamá y nosotras dando vueltas diciendo “si, es verdad, si es verdad” y el pachuco saltando y ladrando tratando de quitarle el cinto a mi madre. Crecimos con esa incertidumbre sin comprender porque nos pegaban si nos habían enseñado a no mentir. Sepultamos en el arcón del recuerdo aquello; lo recordábamos como una cómica anécdota por nuestro comportamiento que brincábamos al tiempo que nos llovían los cintarazos y decíamos “si es verdad si es verdad” y mi mama decía “diga que no es cierto”. Y el perro en lo suyo.

 Al paso del tiempo, todo ha sido como una leyenda. Investigando aquí y allá, me he enterado de mucha experiencia vivida en esa casa por muchas personas...pero ellas, me han pedido que no publique sus nombres, lo cual se los respeto. Dicen que por la década de los años 30 una señora (no voy a publicar sus nombres por respeto a sus familiares si es que existen), según se cree que se suicidó, ahorcándose de la regadera del baño. Unos dicen que estaba afectada de los nervios; otros dicen que por robarle la asesinaron y que hubo hasta una persona muy allegada a ella detenida en la cárcel por sospecha. Lo cierto es que esta persona se ahorco y se aparece en la casona. La casa la rentaban sus dueños, pero luego se escuchaban cosas raras que no podían habitarla. Una amiga muy querida de la señora Ahorcada, cuenta que Elena, así se llamaba, era muy feliz en su casa...tenía una hermosa huerta donde abundaban los árboles frutales y un hermoso jardín inundado de una diversidad de flores, pavorreales, y muchos pájaros cantores. Y dice, que ella le contaba que nunca se iba a ir de su casa, que siempre iba a estar en ella, porque era muy feliz y la quería tanto. Y si lo cumplió, Elena ahí esta no se fue.

 Un vecino de la casa en mención dice que él no quiere voltear para adentro de la misma, que respeta lo que se dice y que no se quiere arriesgar; que por las noches se escucha detrás de la barda como si viviera gente en esta casa, y también cacareos de gallinas se escuchan como si anduvieran barriendo, como si lavaran los trastes, en fin, que se siente que estuviera habitada. Añade este respetable señor, que hubo un tiempo en que los dueños de la casa la regalaban a quien pudiera habitarla y fueron muchos los que lo intentaron, pero salían espantados. Dice el mismo señor que hubo un caso muy curioso, que un día llego un señor con un pick up lleno de tilichis, de esos valentones que no faltan, y dijo “hay que tenerle miedo a los vivos, no a los muertos, vera usted como yo si me voy a quedar con esta casa, que ahorcados ni que ocho cuartos” y si, el señor se cambió a la casa, muy contento se miraba que la arreglaba y todo parecía normal, pasaron varios días y hasta pensó, “este ya se quedó”. Pero como a la semana, de repente salió el señor en su pick up en reversa despavorido, que hasta el árbol de la banqueta de enfrente tumbó...él fue el último que vivió allí. Le pregunté pues que paso, “fíjese, me dijo aterrorizado, estaba parado en una silla clavando en la pared un cuadro, cuando de pronto me golpearon las corvas o me hicieron el “soldadito”, así como una zancadilla y caí al suelo de rodillas, pero al levantarme y a alzar la vista, ¡voy viendo la mujer colgada en el baño, yo no quiero esa casa!”. Desde entonces los dueños tuvieron que tapiar la casa. Dice este mismo señor que el acostumbra a pasear a su nieta por esa banqueta, pero a temprana hora y sin voltear para adentro de la casa por aquello, pues no tengo ningún negocio en ella. Y una tarde venían tres jóvenes estudiantes por la banqueta de enfrente y me quedaban de frente, de pronto los muchachos corrieron espantados gritando, ¡señor! ¡señor la mujer vestida de blanco, con un chicote colgando del cuello, que le acompañaba desapareció ante nuestros ojos! La cosa es que yo no traía ninguna mujer que me acompañara, solo los jóvenes la vieron y desde entonces, por si las dudas, le rodeo la banqueta. Por su parte Don Oscar Amaya del barrio “la pedrada”, dice que en esa casa de la ahorcada vivió un señor que se dedicaba a la costura, pero que se tuvo que salir espantado, porque fueron varias las veces que vio a la mujer caminando por la casa y el patio con el chicote arrastrado amarrado del cuello.

 ...Por la casa tapiada de la ahorcada más vale que pases persignada...porque en cualquier momento puedes ver a la mujer colgada...

 Aquí en La Paz, existen muchas casonas antiguas que encierran bonitas leyendas de aparecidos y tesoros...pero, como yo escribo de noche, como que me da cus cus escribir sobre estos temas tan apasionantes, pero lo haré de vez en cuando.

…Por el placer de escribir…recordar…y…compartir…




 

LA PAZ QUE SE PERDIÓ

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ

…CON LOS PELOS DE PUNTA…

…LAMENTOS DE 3 MUJERES EN EL RANCHO EL “GUAYABITO” …

El rancho el “guayabito”, en clavado en las inmediaciones de la buena mujer, el que antes fue un gran rancho, y la sierra de la victoria, el que se encuentra abandonado…. En otra época se contaban tantas cosas raras que sucedían en ese lugar, y que la gente que pasaba por ahí, con el Jesús en la boca y el corazón en la mano, porque a fuerzas tenían que pasar por ese lugar, ya que no había otro camino en aquel tiempo… dijo doña Refugia Núñez; “Que ella tenía 12 años, y se acuerda perfectamente la horrible y macabra experiencia, que sufrió cuando Vivía en el rancho de la buena mujer, donde ahora es una gran presa, y era el rancho de los espantos, duendes, fantasmas, y otras tantas cosas que ahí se vivieron”.

Continúa diciendo  la encantadora muchacha de juventud acumulada, que en aquella desafortunada ocasión, iban rumbo a la sierra “la victoria”, a la leña, le acompañaban su padre, su tía y su hermana, era la media tarde, temprano todavía, ya iban llegando al rancho el “guayabito”, la casita de madera rusticas y techado de palmas lucia en el más completo abandono, era tétrico el lugar… aún estaba fresco en la memoria de los mayores, las horribles cosas que ahí pasaban… había un raro silencio sepulcral… todo estaba en calma y ni las hojas de los árboles se movían… de pronto, de la nada empezó a soplar un airecillo helado, que hasta aventaba una fina arenilla.

Ella y sus acompañantes ya habían pasado unos 5 metros de la  casa en mención; de pronto, de adentro de la casa empezaron a llorar lastimeramente y muy fuerte 3 mujeres, primero lloraban una de una manera, luego la segunda de otra manera, después la última, y luego las 3 al mismo tiempo, mi padre, mi tía, mi hermana y yo nos quedamos ¡con los pelos de punta!, parados en seco, clavados en la tierra sin voltear para atrás, con el corazón palpitando fuertemente en el pecho como si quisiera salir, y hasta sentimos que nos levantaban la piel de la espalda hasta la nuca, los pies como plomados, y toda la piel enchinada.  ¡No podían creer lo que estaban escuchando, y lo que estaban viviendo!, si la casa estaba abandonada, con las puertas y ventanas destabladas, que hasta podía palparse la más terrible soledad dentro de ella. Continúo diciendo que no sabían si seguir adelante o regresar, estaban muertas de miedo.

Ella a sus escasos 12 añitos, empezó a llorar, dice, su papa y su hermana a rezar, y decidieron regresarse a su rancho la buena mujer ya que devuelta estaría obscureciendo; el problema era que tenían que pasar por ahí otra vez, porque no había otro  camino, y con la mirada se dijeron todo, y al unísono tomaron aire profundamente y emprendieron veloz carrera de regreso… sentían tanto terror que nunca se les había hecho tan largo el camino, los pies les pesaban como plomadas y parecían que no avanzaban; y lo peor fue que  al pasar unos pasos la casa, empezaron las 3 lloronas casi en sus odios los fuertes llantos de las mujeres, que hasta les parecía que los iban siguiendo y las paredes de la casa   y techado rugían con una resonancia que les taladraba los odios, su hermana hasta gemía de terror y a su padre parecía que los ojos se le iban a salir, y a ella, niña al fin nada más se le saltaba el corazón; termino diciendo doña cuquita, todavía espantada por recordar aquello, al fin llegaron como bólido al rancho, tumbando puertas, y al verlos su madre y demás familia dijeron “A estos ya los espantaron en el guayabito”, si hasta parecen almas que trae “el diablo”, y si, dijo doña cuquita estuvieron muchos días enfermos hasta que se recuperaron de aquello, tomando te de palo de Brasil para el susto; y si después todos iban en bola a la leña agarrados de la mano, para emprender la carrera, por si volvían a escuchar a las 3 mujeres lloronas del “Guayabito”.

...Y cuando pases por el guayabito, entre la presa la buena mujer, rumbo a la sierra de la victoria… más te vale que te vayas persignado, no vaya a hacer la de malas y escuches lúgubremente el llanto de las 3 mujeres, que te dejaran con los pelos de punta…

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LA PAZ QUE SE PERDIÓ

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCÁRAZ

“DON LENCHO SANCHEZ Y SU TRACA- TRACA”.

 “LA MARIPOSA”, le puso la palomilla del muelle fiscal al puesto de tortas o “campesinas” de don Lencho Sánchez, y su traca traca. Es que el puestecito en mención tenía una puerta a cada lado que se abría del mostrador para arriba... ¡vamos a la mariposa de don Lencho a los chocomiles, raspados y a las campesinas (tortas)!, decía la gente desde la década de los 30 hasta los 60 del siglo pasado.

 Aquellas voces que se escuchaban en el pasado...al pasar frente al histórico muelle fiscal.

 ¡Don Lencho, un choco mil y una campesina, despácheme rápido por favor que ya está atracando el barco la providencia al muelle fiscal y allá viene el Raúl!...!no es cierto yo llegué primero!, ¡mentiras, fui yo!...gritaban los jornaleros y estibadores de antaño, en el marco  del alegre campaneo dado por el güero Gilberto en la torre  del vigía y el pitido de los barcos mercantes, que atracaban o salían del muelle...los jornaleros con prisas, sudorosos, con el paliacate anudado en la cabeza o al cuello, abriéndose pasos a codazos entre el montón de estibadores para llegar al puestecito de don Lencho y adquirir el frugal alimento. El popular puestecito estaba ubicado a la bajadita del muelle, junto a la Aduana del pasado, la que estaba donde ahora son las oficinas de Hacienda. ¡Cuánto movimiento había en esa arteria a todas horas del día!; y seguido se tropezaba uno con los rieles que había en el suelo, que iban hasta los almacenes de Ruffo...antiguos vestigios de aquel muelle, cuando era de madera, alguna vez hubo rieles por donde transportaban las mercancías en furgones.

 El traca traca de la negra charanguita modelo 30 que recorría el malecón rumbo al histórico muelle fiscal seguida de perros y chamacos, así como las exquisitas tortas, jugos, chocomiles y raspados, además del bonito carácter de don Lencho, lo hicieron muy popular entre los trabajadores del muelle, y los de la casa Ruffo, quienes se disputaban todo lo que vendía, así como por la gente del pueblo. Por el puesto La Mariposa de Don Lencho, el paso era obligado por los niños del ayer, a la salida de la matiné del cine Juárez o cuando salían a dar la vuelta, y ¡que felices se ponían con su largo vaso repleto de raspado de fresa con leche, o de vainilla, y hasta con un alto copete!, y solo costaba $ 20 centavos. También las familias que salían a pasear al malecón a contemplar el atardecer y a esperar el aire fresco del Coromuel, como era la costumbre, abarrotaban el puesto de don Lencho, buscando las campesinas o tortas, así como raspado, chicles Adams y sodas.

 En el puesto de don Lencho, siempre estaba estacionada a un ladito, la negra charanguita llena de menjurjes...y por los alrededores de La Mariposa y el Muelle siempre andaban por allí los populares personajes que eran parte del folklore de La Paz que se perdió...la elegante y perfumada Marianita, el popochas, el Conono, y el Guilo; así como “El Chunique”, quien siempre andaba muy pulcro  vestido con guayabera blanca cargando al hombro sus artesanías, como careys, tamborillos y una diversidad de bonitos arreglos trabajados con sus propias manos en caracol, coral y concha fina. El Chunique, se paseaba por los hoteles más importantes de La Paz  del ayer frente al legendario e histórico malecón, Los Arcos, Misión hasta el Hotel Perla, ofreciendo sus obras de arte a los turistas extranjeros y del interior de la República quienes venían a La Paz a descansar, y a disfrutar de la tranquilidad y belleza de nuestra entidad, del platillo tradicional de la región LA CAGUAMA, LA MACHACA CON TORTILLAS DE HARINA, ASI COMO EL QUESITO DE APOLLO Y MANTEQUILLA DE RANCHO, además de los mariscos como el callo de hacha y almejas que la mayoría de los hoteles y restaurantes regalaban de botana, entre otros disfrutes, y luego se marchaban, no se quedaban. Y el que se quedaba, invertía y no se llevaban las ganancias al extranjero, era derrama que quedaba invertido también en esta entidad.

 Don Lencho Sánchez fue el primero en vender tortas en La Paz y también chocomiles; y se hizo muy popular sobre todo por su charanguita negra con su traca traca que parecía de juguete. Don Lencho, fue muy estimado por todos quienes le conocimos. En las madrugaditas aquellas, de La Paz dormida...don Lencho con su traca traca rompía el oscuro silencio rumbo al muelle fiscal; pues debía tener lista su vendimia para las siete de la mañana, que empezaba todo el movimiento; antes, todos los comercios habría sus puertas a las ocho de la mañana y los dos únicos bancos que había El Nacional y el de Londres, abrían a las 8. Los Ruffo tenían su propio banco o casa de cambio y se trabajaba hasta los sábados. ¡Como vendía Don Lencho!, todo el día estaba lleno de gente su puesto. Lupita su Hija era su eficiente ayudante. Los Turistas también deleitaban su paladar con las ricas y novedosas tortas de don Lencho...fósforos, cigarros, chicles, sodas y cervezas también vendía. Los habitantes de La paz se atropellaban a su paso por esa calle del muelle. La gente, estaba acostumbrada a identificar los barcos que llegaban o salían, por el pitido que hacían y que inundaba toda la población, rompiendo la monotonía de aquellos tranquilos días de bonanza comercial, y turística de La Paz que se perdió, ya que por el muelle fiscal era la columna vertebral del movimiento, comercial, político y social que daba vida, alegría y bonanza a los habitantes del ayer.

 Desde que se empezó a poblar La Paz, con el primer habitante, el soldado Juan Manuel Espinoza, allá por 1811, del siglo antepasado...después se estableció la aduana marítima en 1830 y había un fondeadero, por donde subían y bajaban las mercancías en pangos. El muelle fiscal se fundó durante el gobierno del Don Félix Gibert en 1862.  Se puede decir que el boom comercial empezó en La Paz desde 1830 hasta 1964 del siglo pasado, que se inauguró el primer transbordador LA PAZ. Al cerrarse el muelle fiscal, y abrirse el puerto de altura de San Carlos y el de Pichilingue, quedó mucha gente sin trabajo aquí en La Paz. Empezó la fayuca, se dio paso al progreso, el que trajo aparejado la drogadicción, delincuencia, enfermedades, cárceles llenas, desintegración familiar, gente más pobre cada día, pérdida de valores, en fin, se puede decir que ha sido alto el costo del progreso, hemos pagado pesos por centavos.

 Vienen a mi mente algunos de aquellos barcos que daban movimiento y trabajo a la gente de La Paz de ayer, y que los llenaban de felicidad, así como llenaban también los bolsillos con el jornal diario con aquellos pesotes de plata ley 0720, y que eran suficientes para que sus familias vivieran dignamente: El Sonorita, El Progreso, El Blanco, EL Raúl, El Araguan, El Estrella Costera, El Salvador EL Santa Teresa, EL Viosca, EL Edna Rosa alias la Señorita,  EL Arturo, El Anita, Los Corrigans, El Spruce, así como el Salvatierra. En el Salvatierra llegaron a La Paz el primero de enero de 1942, más de 300 familias sinarquistas, procedentes del interior de la República a colonizar el Valle de Santo Domingo, venía al frente de ellos, su líder Salvador Abascal, y abarrotaron el puesto de Don Lencho para saborear las exquisitas campesinas. Estuvieron estos aguerridos señores un año en María Auxiliadora entre muchas privaciones y sufrimientos. Fracasó la empresa, algunos regresaron a su tierra y otros quedaron aquí en La Paz. ELLOS FUERON LOS PIONEROS, OLVIDADOS POR LA HISTORIA, LOS PRIMEROS EN COLONIZAR EL VALLE DE SANTO DOMINGO, EN EL VALLE DE LOS CABALLOS, O MARIA AUXILIADORA. Pero ésta es otra historia que está olvidada también. Todos esos barcos, entre tantos otros capitaneados por aguerridos marinos que escapan a la memoria y que impulsaron el desarrollo de Sudcalifornia.

 En aquella época el campanero en la torre del vigía tenía mucho trabajo, sacando sus gallardetes y tocando la campana. Nomás se la llevaba atisbando la lejanía con el largo catalejo prieto anunciando la llegada de las armadas perleras y los barcos de cabotaje, así como anunciando con los banderines rojo o amarillo en épocas de ciclones, y el puesto de Don Lencho Sánchez también tenía mucho trabajo....ahora, ¡cuánta soledad!, la torre del vigía muy engalanada luce silenciosa retando al tiempo, testigo mudo de la historia comercial y mercante que por más de dos centurias  fue el progreso y la felicidad de los antiguos habitantes de la ciudad de La Paz.

 ...Ahora, el antiguo muelle fiscal, testigo de importantes acontecimientos históricos en La Paz...luce otros ropajes...otro rostro que embellece nuestra ciudad, con otras gentes, con otras cosas...ahora el muelle es turístico que deleita la mirada de todo ser viviente.

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LA PAZ QUE SE PERDIÓ

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARÁZ

“PROFESOR NESTOR AGUNDEZ MARTINEZ...LA CASA DE LA CULTURA EN TODOS SANTOS LLEVA SU ILUSTRE NOMBRE”.

• COMO UN HOMENAJE EN MEMORIA DEL AMERITADO E ILUSTRE MAESTRO.

• EL CECYT 02 LLEVA SU NOMBRE EN TODOS SANTOS.

• NACIO EN TODOS SANTOS BAJA CALIFORNIA SUR EL 22 DE FEBRERO DE 1925.

 El anterior viernes 19 de abril, la población de Todos Santos estuvo de plácemes y con ella todos los habitantes del estado de Baja California Sur con motivo del merecido homenaje rendido al maestro Néstor Agúndez Martínez...el alma de la cultura en Todos Santos; quien egresado de la Normal Campesina ha dedicado toda su vida a formar profesores de vocación comprometidos con la sociedad... “El Ruiseñor de Todos Santos” Néstor Agúndez es ejemplo y guía de muchas generaciones y jóvenes maestros que le han seguido las huellas en los surcos que ha ido dejando en el camino labrado desde las primeras letras hasta ampliar el horizonte cultural de todos los que se identifican con la gigantesca figura del profesor Néstor, a través de los tiempos en la cultura y las artes. Me es muy satisfactorio escribir algunos aspectos interesantes sobre la vida y obra de un maestro tan notable, hijo predilecto de nuestra tierra sudcaliforniana, Don Néstor Agúndez Martínez “El sonetista de Todos Santos”, maestro preclaro de generaciones ya maduras y de ese gran semillero que está atenta a incorporarse a la vida social del país...LA JUVENTUD.

 Desde el oasis tropical, denominado Todos Santos, la Cuernavaca sudcaliforniana, brota para la humanidad entera un manantial de frescura crónica, pintando el paisaje natural y cultural de nuestra tierra. Néstor Agúndez Martínez, el escritor, el narrador de cuentos, el sonetista, el reportero, el analítico e incansable luchador político y social, se eleva por entre el mar erizado de palmeras de ese trópico, y se transmuta en papel y tinta para reproducirse en el corazón y la inteligencia de aquellos quienes amamos la cultura. “LAS VOCES DE NESTOR...UN POETA UNIVERSAL”, titulada así la voluminosa tesis profesional conteniendo gran parte de la obra escrita del maestro Néstor Agúndez, que presentaron a la Escuela Normal Superior para obtener el título de licenciatura en educación media en el área de español las señoritas: María de los Ángeles Contreras Verdugo, Graciela del Carmen Ochoa Herrera y Rosa Elia López Cruz.

Gobernaba el territorio de Baja California Sur el señor Carlos M. Esquerro, cuando una fría mañana de invierno del día 22 de febrero de 1925, en el risueño pueblo de Todos Santos B.C.S. en el humilde y honroso hogar formado por los señores Benito Agúndez Manríquez y Margarita Martínez Sánchez, entre las morenas manos de la comadrona del pueblo nació a la vida el pequeño Néstor, llevando el viento el eco del fuerte llanto del niño por campos y serranías quedando su esencia en el ambiente todosanteño, como presagio de lo que él sería en el futuro: EL ALMA DE LA CULTURA Y LAS ARTES DE TODOS SANTOS. La infancia de Néstor transcurrió felizmente entre cañaverales, trapiches, molinos de cañas, panocha de gajo, melcochas y tantas cosas bellas de ese lugar de ensueño TODOS SANTOS. Cuando de la mano de Doña Margarita iba al párvulo, el primero que fundó la ilustre profesora Rosaura Zapata en 1928, los inquietos ojos de Néstor quedaban fascinados al contemplar las carretas cargadas de caña, tirada por briosos corceles rumbo a los cinco molinos con sus trapiches que había en esa época y sobre todo por aquellos aromas.

Néstor realizó sus estudios primarios en la Escuela Melitón Álbañez No. 7, siendo su maestra de sexto año Columba Salgado Pedrín de quien guarda gratos recuerdos y a quien le debe el haberse recibido de maestro de primaria egresando de la Escuela Normal Regional Campesina en San Ignacio Baja California Sur, continuando sus estudios en el H. Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, de donde egresó en 1957. Siendo alumno de tercer grado impartía clases de dibujo y danza regional a diversos grupos de la misma institución, titulándose con honores distinguidos, por la bravura y seguridad con que defendió su tesis profesional: “LOS PROBLEMAS MORALES DE LA COMUNIDAD Y LA ACCION DE LA ESCUELA”, tesis que fue integrada a la Dirección Educativa Federal en el Territorio de Baja California Sur como un documento de consulta. Néstor Agúndez, durante 17 años laboró como maestro de educación primaria en su tierra natal, Todos Santos, con el propósito de servir a su pueblo, promovió junto con otros maestros y profesionistas de la población, así como alumnos, la construcción de la Escuela Secundaria Federal “Educadores de Baja California” en la que fue subdirector donde impartió lengua y literatura española, dibujo técnico, danza, civismo, geografía, historia y modelado. Formó asimismo un grupo de teatro y un grupo de danza, y creó el taller de artesanías y pintura al óleo.

Con la finalidad de lograr una mejor superación tomó un curso de orientación de enseñanza audiovisual, y en 1960 ingresó a la Escuela Normal Superior de Nayarit donde cursó la especialidad de Maestro en Lengua y Literatura Española, obteniendo su título con un alto promedio como maestro de maestros de lengua y literatura española, en 1969; así como realizó un curso sobre industrias agropecuarias, horticultura, relaciones públicas y humanas y de divulgación agropecuaria. Néstor Agúndez se distinguió además por su espíritu de servicio social. En 1943, durante la visita a la población de Todos Santos del General Francisco J. Mujica, para recibirlo, organizó un magnifico festival actuado por los niños al aire libre, lo que agradó tanto al mandatario, que les ofreció construirles un teatro, lo que cumplió y fue así como se construyó el Teatro Manuel Márquez de León orgullo de todos los sudcalifornianos. Asimismo, el profesor Agúndez Martínez organizó una gira artística por varios poblados para recaudar fondos para la construcción de un hospital, con su propia compañía teatral integrada por jóvenes dinámicos de la población. Hospital que se logró, y a sugerencia de él se le puso el nombre del doctor Pedro Cota Domínguez. Participó activamente en la junta pro electrificación del pueblo de Todos Santos. Asimismo, promovió la fundación de la casa del estudiante, la cual dirigió durante 20 años de manera voluntaria y sin recibir sueldo alguno. Durante el gobierno del licenciado Hugo Cervantes del Río promovió la construcción de una cancha deportiva para los jóvenes del pueblo, lo que logró, ya que estaba por celebrarse el 25 aniversario de las olimpiadas territoriales.

El profesor Agúndez, gestionó ante el licenciado Ángel Cesar Mendoza Arámburo la construcción de la Casa de la Cultura en 1976, y en 1996 cambia de nombre transformándose en “EL CENTRO CULTURAL SIGLO XXI”, la que el profesor Néstor considera su máxima realización. Asimismo, integró y dirigió el Comité contra la Desnutrición Infantil, ahora DIF. Dentro de las actividades artísticas y culturales, el profesor Néstor Agúndez Martínez se propuso desde que se inició como maestro en 1943, laborar voluntariamente como promotor y defensor de la cultura. Preparaba programas artísticos con los niños de las escuelas donde laboraba y los presentaba periódicamente en el teatro Manuel Márquez de León deleitando a los habitantes de su pueblo. Posteriormente pasó a laborar a la Escuela Secundaria “Educadores de Baja California”, donde tuvo mejores oportunidades para realizar labor artística y cultural y organizar un club de teatro y danza que él mismo escribió, montó y dirigió por muchos años sobresaliendo entre los clásicos literarios musicales: HOMENAJE A LAS MADRES DEL MUNDO; la vida activa de nuestra escuela, homenaje a la canción mexicana popular, homenaje al maestro mexicano, homenaje a la bandera nacional, homenaje al soldado mexicano, homenaje a la niñez y juventud de México. Cuando laboró en la Ciudad de La Paz de 1944 a 1945 por las tardes asistía a la escuela de teatro que dirigía el maestro don Tereso de Sandozeki, donde junto con la maestra Gloria Carballo, preparaban programas masivos los que presentaban los sábados en la Cancha del Cuartel Militar, dedicadas las funciones a las familias de los soldados. También llevaban estas presentaciones a las familias de los barrios de la ciudad.

 En septiembre de 1945, el profesor Néstor Agúndez regresa a Todos Santos donde se integra a la Escuela Primaria General Melitón Álbañez una vez más como maestro de tercer año, continuando con su labor social y cultural hasta su jubilación en 1993, después de 50 años en el servicio escolar. El sonetista de Todos Santos, nunca recibió capacitación como maestro de teatro y danza, y sin embargo, se las ingeniaba para montar obras de teatro, para crear sus propias coreografías; eran promocionados en su pueblo gran cantidad de espectáculos artísticos y culturales, aprovechando los espacios con que cuenta, así como más de 35 obras publicadas y ha colaborado en los órganos periodísticos...distribuía las revistas sucesos para todos; México al día y todos; colaboración en Excélsior en 1960; durante 12 años en Letras de Baja California; durante más de 30 años ha colaborado en diversas revistas y periódicos de La Paz de gran prestigio. El profesor Néstor Agúndez por su vocación y entrega de servicio ha sido merecedor a la medalla Rosaura Zapata, a la que renunció cediéndola a su maestra de primaria Columba Salgado Pedrín como un homenaje de admiración respeto y agradecimiento, porque a ella le debe el hecho de ser maestro; así como recibió más de 25 reconocimientos por todos sus méritos logrados en bien de los demás.

 Son incontables las participaciones del maestro Néstor en concursos literarios de los que ha salido ganador. Siempre ha logrado lo que se ha propuesto, rebasando las metas fijadas. Está agradecido de sentir la amistad auténtica de muchísimos seres humanos de diversas partes del mundo, amistad que valora, respeta y atesora con amor y afecto muy humano. Se siente feliz de contar con el cariño y respeto de los niños de las actuales generaciones que acuden al centro cultural siglo XXI proyecto que ha sido su máximo anhelo y lo va logrando poco a poco por el bien de nuestros niños y jóvenes, haciendo suya la voz del ilustre mexicano de todos los tiempos licenciado don Benito Juárez “MI CONSCIENCIA ME DICE QUE DEBO AFRONTAR TODAS LAS DIFICULTADES”.

¡Felicidades preclaro maestro auténtico de vocación...hay mucho más que escribir sobre el profesor Néstor Agúndez, pero el espacio se nos acorta!

…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…

*Esta crónica fue publicada hace más de 25 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*





 

LA PAZ QUE SE PERDIÓ

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ

“POR TRADICIÓN...EL DÍA DEL NIÑO SE FESTEJABA Y SE FESTEJA CON PASEO A LA PLAYA”.

• ¡Es evocador recordar aquellos días del niño!...

• No era costumbre el regalo.

• Lo máximo para el niño era el festejo con paseo a las hermosas playas de blancas arenas y cristalinas aguas de la bahía de La Paz.

• Desde luego...cuando las playas las disfrutaban las familias sudcalifornianas.

• Este 30 de abril, me hizo recordar que alguna vez...también yo fui niña.

• Es recordar a mi sabia e ilustrativa abuela, su jarro de los remedios, mi perro viejo “El pachuco”, y mi muñeca de trapo, con todas sus vivencias en esta bendita tierra de Dios.

• Es recordar que también fui niña y me encantaba treparme a los mezquites para comerme las gomas, así como las semillitas de Palo verde.

• Es recordar aquel añorado hogar de encaladas hornillas y lumbreantes tizones.

• Es recordar aquellas vivencias cotidianas familiares alrededor de un pecho de caguama asándose en el patio, al aire… Y pasearse en el garapacho, aventándose por los paredones, hasta la playa.

• Es recordar que alguna vez también yo fui niña...es evocar el pasado y comparar el presente.

• Es recordar aquellos guarachitos pintados con monitos, y mis dedos gordos de los pies reventados por los tropezones, los que me curaban con un chorro de petróleo lila.

• Es recordar aquella Paz de antaño...que fue: la ciudad de las flores...la ciudad de los molinos de viento...de las perlas...del oro y plata, de la Marina mercante...de la pesca...de la agricultura, comercio y ganadería, de la música y el romance...un paraíso terrenal donde sin mucho esfuerzo nomás con estirar la mano además de tranquilidad, todo teníamos.

• Es recordar, como dice mi prima Haydeé, había mucho dinero en La Paz, pero no había que comprar en cuanto a comodidades materiales...lavadoras, refrigeradores, estufas de gas, abanicos, incluso muebles...para acabar pronto, dijo, ni bancos había; pero la vida era muy bonita, y ahora lo es mucho más con tantas comodidades y progreso.

• La Paz, que bella es, La Paz.

El 30 de abril de 1924 se instituyó en nuestro país el festejo del día del niño, promovido por la señorita Eglantine Jeff, fundadora de la Unión Internacional para el Bienestar del Niño y de la Caja Británica de Ayuda al Niño. Según la declaración de Ginebra, se consideraron los derechos del niño acordándose festejar en cada país el día del niño, un día determinado del año. Y según vía Internet de la Ley Orgánica para la Protección del Niño y del adolescente en 1954, en la Asamblea General de la ONU se aprobó una resolución a través del cual, se establecía el día universal del niño; con el fin de promover anualmente un día consagrado a la fraternidad y entendimiento entre los niños y niñas del mundo entero. El organismo encargado para desarrollar ese proyecto fue la UNICEF.

Lo cierto es que entrevistada varias personas de la tercera edad que ya tienen poco más de 70 años, dicen que los recuerdos entre otros muy hermosos de su niñez es el festejo en la escuela del día del niño, porque era inolvidable...lo festejaban con un bonito paseo a las hermosas playas a la bahía de La Paz...era lo máximo para los niños de aquella época, ese sano esparcimiento en las cristalinas aguas y blancas arenas atascadas todavía de cangrejos, caracoles y conchitas...pero eso fue cuando las playas eran para disfrute gratuito de las familias sudcalifornianas, dicen suspirando.

¡Pero como no recordar el día del niño, si también yo alguna vez fui niña...una inquieta y feliz niña que al igual que las niñas de mi época y que ahora peinan canas, jugaban a la cuerda, la matatena, a la peregrina, a los encantados, las escondidas, a los colores, la víbora de la Mar, entre tantos otros juegos que permitía la convivencia al aire libre con los demás niños...además jalaba agua del pozo y hachaba la leña, entre canto y canto así como nadaba y buceaba los callo de hacha, los que abundaban allí en el palmar  y en toda la bahía de La Paz...es para llorar...están nítidos en mi mente los recuerdos como si fuera ayer...y cabalgan como en una película, como corceles desbocados...mi mente empuja mi mano, y la pluma va plasmando lo que el pensamiento y el corazón van dictando...¡que felicidad la víspera del 30 de abril, día del niño!.

En aquellos ayeres, en aquel añorado hogar...era lo más grandioso para mí y mis hermanos...mi madre preparaba el lonche que llevaríamos a ese día tan esperado durante todo el año...el paseo a la playa el día del niño, ofrecido por nuestros queridos , respetados, y nunca olvidados  Maestros....nunca se nos explicaba por qué era día del niño y yo creo que hasta la fecha pocos lo saben....pero lo importante era que iríamos al palmar todos los grupos de alumnos de la escuela acompañados de nuestros queridos y muy respetados profesores...¡Que felicidad!...en una bolsa de papel estraza llevaba dos “campesinas”, las que así bautizó el célebre Don Lencho Sánchez,  preparadas por mi madre y una “Vita”, las campesinas, eran lo que ahora son las tortas, y consistía en un trozo de carne ricamente preparada metida en una cemita embarrada de mantequilla con repollo, tomate y cebolla, sabían tan exquisitas....o a veces eran de huevo de gallinas contentas, pisadas por el gallo, con chorizo o de frijol refrito con queso, pero la comida era lo de menos, lo importante era que conviviríamos alumnos y Maestros en la playa.

Lo curioso es que vivíamos casi metidas en el mar todos los días, y no debía ser novedad para mí...pero el paseo del día del niño tan largamente esperado para mí, era fantástico, nada se comparaba con salir todo el grupo caminando rumbo a la playa, de mi añorada escuelita “Capitán de altura Rosendo Robles”, “La Chango Robles”, de gratos recuerdos, guiados por los queridos e inolvidables Maestros...una polvareda llevábamos por el arroyo 5 de febrero, todo aquel muchachero, los que al llegar al palmar, ya íbamos tirando trapos en el camino y todos nos aventábamos al agua bajo la vigilante mirada de los Profesores quienes celosos custodiaban las canastas de tamales y refrescos ofrecidos por ellos, así como los lonches preparados por nuestras Madres; y las niñas felices nos bañábamos en refajo, y había quienes se metían hasta con vestido y zapatos del gusto que sentían...y los niños se bañaban en pantalón a media pierna....y que felicidad después de un rato metidos en el agua, nos dábamos el gran banquete bajo las palmeras, salíamos con los talones cortados por las hachas, pero eso que importaba, ¿quién nos quitaba los bailado?...así se festejaba el día del niño en la escuela con paseo a la playa ofrecido por los Maestros.

La felicidad de los niños no depende de un solo día en que se festeja, es una tarea cotidiana que compromete. Ofrecerle paz, atención, amor y armonía a un niño es el mejor regalo que se le puede dar... ¡Feliz día del niño!

…Por las tranquilas aguas de la hermosa bahía de La Paz. En el palmar del manglito… los niños jubilosos festejaban el día del niño, en compañía de sus queridos e inolvidables Maestros…

…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…

*Esta crónica fue publicada hace más de 25 años, en los principales medios de comunicación y con mayor prestigio en la paz.







viernes, 29 de abril de 2022

 

LA PAZ QUE SE PERDIO.

POR MANUELITA LIZARRAGA ALCARAZ.

“LA TACONUDA...LEYENDA DEL BARRIO EL MANGLITO”.

A la tenue luz de los faroles, alrededor de las lumbreantes hornillas...contaban los antiguos que por el popular barrio el Manglito, en el solar de los Abaroa se aparece “LA TACONUDA”. A través de los años, fueron muchas las personas que se han espantado en el barrio. Cuenta la leyenda, que desde la época de la Colonia, en las noches plateadas por la orilla del mar, donde ahora es el astillero y donde siempre se ha llamado el Palmar de los Abaroa, de entre los palmares salía una mujer altísima de larga cabellera negra que le volaba con el viento, vestida de largos ropajes blancos y zapatos de altos tacones, quejándose lastimeramente recostándose en el cerco del solar, escuchándose el fuerte taconeo de sus zapatos.

 La taconuda decían los que la vieron, que subía por la calle Encinas partiendo casi desde la orilla del mar, daba vuelta por la calle Abasolo, sobre el cerco de la misma manzana y se metía precisamente por el zaguán de la casa de doña Quico Abaroa (Q.E.P.D.). La taconuda era el tema en las tertulias familiares, y era el “coco” para niños y adultos a quienes toda la vida en diferentes épocas del año la vieron, principalmente en las noches de plenilunio, y tenían que tomarse un te de palo de Brasil para el mal de espanto.

La taconuda por el barrio del Manglito a través de los tiempos ha sido la leyenda que ha circulado entre las familias del manglito. En aquellos años cuando los jóvenes salían a los bailes, a las tardeadas del quiosco del malecón y de la plazuela, amenizados con las orquestas de don Rafael Castro y Don Luis González, entre otros músicos de la época, tenían que regresar temprano y venían con el Jesús en la boca, no fueran a encontrarse con la taconuda como a muchos les había pasado. Cuentan los antiguos que...no hace mucho tiempo la taconuda volvió a las andadas...varias personas la vieron, sino que le pregunten al “güilo”.

En las noches de luna, en el barrio del manglito, puede aparecer en cualquier momento, con su triste lamento y el ruidoso taconeo de sus zapatos...la taconuda con sus largos ropajes blancos y cabelleras al viento.

…Por el Placer de Escribir…Recordar…Y…Compartir...




 

LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA ACARAZ.

“LA CASA DEL PAREDON...Y EL NIÑO LLORANDO”.

 Ya estaba muriendo aquella tarde de invierno...caminaba absorta en mis pensamientos por el muro costero del malecón...mis pasos me llevaron por el callejón de “las almas perdidas” o callejón del beso, el que luce hermoso recién pavimentado...al ver la ruinosa casa que perteneció a la familia Canalizo, la que fue derrumbada recientemente recordé su historia, a aquella valerosa mujer...a Doña Chonita de Canalizo, épocas de revoluciones y otras cosas...pero esa, después la voy a narrar. Me encaminé a la calle Belisario Domínguez, y continué caminando con intención de llegar hasta el final del mencionado callejón, y llegar a la Belisario Domínguez para hurgar en su pasado...el caserío en ruinas me pareció maravilloso, habla de toda una época...a esa hora de la tarde, se siente un silencio sepulcral por ese rumbo, ya que es una de las calles más antiguas de La Paz, la primera para ser precisa, impregnada de historias y leyendas...las tijeretas y zopilotes retornaban a sus nidos en las susurrantes y juncales palmeras.

 Al ver los paredones dejaba volar la imaginación, y pensaba en los galeones piratas que arribaban a la bahía en tiempos pasados, y en los fieros e intrépidos aventureros, quienes después de cometer los atracos a las flotas españolas y al galeón de Manila, buscaban lugares seguros donde sepultar sus tesoros...volví a la realidad, cuando de pronto, estaba frente a aquella mansión, sobre un paredón de piedra, de la que se cuentan varias leyendas...la piel se me empezó a enchinar porque ya todo estaba en penumbras, y vino a mi mente aquel relato que me hizo la estimada Señora aquella tarde de invierno doña Conchita de Castro, después de haber disfrutado de su agradable compañía y amena charla, al despedirme, dándome una palmadita en el hombro, me dijo apuntando a la mencionada mansión:

 “Fíjate mijita que en esa casa espantan muchísimo. – ¿Cómo Así? – Si, sus habitantes ya se acostumbraron a vivir con todo lo que pasa allí. Les apagaban la luz, pasan sombras de un cuarto a otro, estornudan, arrastran cadenas, en fin, un montón de cosas que ya ni caso hacen, pero lo que les pasó aquella vez, estuvo espeluznante. Resulta, que se fue toda la familia a un baile, y cuando regresaron después de la media noche, se encontraron con la novedad de que se les olvidó adentro la llave de la casa, la que estaba hasta el fondo de un pasillo, sobre un ropero. La casa estaba en tinieblas, y como todos sabían lo que allí espantaban, pues nadie se quería meter por la llave. - ¿Y cómo le hicieron Doña Conchita?, - Quiso la providencia que un jovencito, amigo del muchacho, los acompaño al mencionado baile, desde luego el niño no sabía nada de los espantos en la casa, y muy serio se acomidió a meterse por una ventana a la mansión por la llave.

 Así lo hizo el jovencito, y salió chiflando muy tranquilo con las llaves en la mano, y cuando le entregó a la señora de la casa las llaves, les dijo ¡Pero que inconsciencia, como se les ocurre dejar al niño solito en aquella oscuridad! ¡Pobrecito! apúrense el niño está llorando desconsoladamente - ¿Y qué pasó después doña conchita? - ¡Pues nadie se quiso meter en la casa, se amaneció la familia en la calle, ya que ellos no tenían un niño chiquito! El muchacho acomedido, al enterarse de lo que pasaba en esa casa, y haber sufrido la espeluznante experiencia, porque hasta le acarició la cabecita al niño, estuvo varios días enfermo. Investigando sobre esta casa, otras personas que la habitaron en épocas pasadas, dicen que también le sucedieron cosas extrañas, que la casa se iluminaba como si se estuviera ardiendo, se escuchaban lamentos y llantos de niños. Otras dicen que antiguamente fue allí una gran huerta, y su dueño sabía de todo lo que pasaba, se decía que había un tesoro, pero al señor nunca le interesó sacarlo y ni permitió que lo intentara otra persona por que le iban a destruir la casa. Decía él, que, si había dinero o tesoro, podía ser de los que enterraban los piratas en el siglo pasado ya que las aguas del mar subían hasta esos paredones y siendo así, no le interesaba porque era dinero mal habido y traía desgracias...según el tesoro, nunca nadie lo encontró. Por si las dudas, apresuré mis pasos, no fuera a escuchar el llanto del niño chiquito, en esa casona del paredón.

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*Esta crónica fue publicada hace más de 25 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*