martes, 11 de marzo de 2014

LA TENERIA…



. La Tenería Suela Viosca, fue una de las primeras industrias importantes en La Paz.
. La legendaria e histórica chimenea… se yergue silenciosa retando al tiempo.
. La histórica chimenea fue el reloj para la población desde su fundación en 1902, hasta la década de los 50s … y su pitido inundaba toda La Paz.

El humo de la gran chimenea de la Tenería, se vislumbraba en toda La Paz… provocado por las calderas, que ardían día y noche al cuidado de los fogoneros quienes ganaban $1.50 pesos diarios… aquellos entusiastas y dinámicos trabajadores de la tinta y de la baqueta, al escuchar el primer pitido de la Tenería a las 7:00 de la mañana salían presurosos de sus hogares con sus paliacates anudados al cuello, rumbo a la fábrica a realizar s incansable labor en las diversas tareas para el proceso de curtido y tratado de las 300 peles diarias las que eran exportadas al extranjero, así como al interior de la República.

La Tenería o Suela Viosca, fue fundada en 1902 por Arturo C. Nahl y el Sr. Rochell Ruffo. Fue una de las primeras fábricas de mayor importancia que había en el Territorio de Baja Calfornia Sur, siendo fuente de trabajo en beneficio de más de 110 familias, e impulsé el desarrollo y engrandecimiento de Baja California Sur, cuando aún era territorio.

Al ver la antigua construcción de la Tenería y la gran chimenea que hiergue silenciosa y majestuosa impregnada de Historia sobre aquel auge industrial en pieles, y de este bello girón peninsular, no fue difícil imaginarme la vida tranquila y cotidiana de los antiguos habitantes de La Paz y las páginas del libro en mi mente, se abrieron dando paso a un raudal de gratos recuerdos.

Una tronazón de chicotes se escuchaba por las polvorientas y arenosas callecitas de La Paz, al pasar las carretas y carretones tirados por mulas y briosos corceles los que se dirigían rumbo a la Tenería cargados de cascalote, leña y cueros, para ser procesados en la fábrica del pueblo, la que desde su fundación daba trabajo a mas de 110 personas de aquella época.
Las calderas estaban encendidas día y noche, y el humo en la chimenea se miraba en igual forma. Cuánto movimiento había… aquellos olores… pieles… cascalotes… tintas y los jornaleros cada cual en su labor comandados por Don Miguel Miranda rendían la producción diaria de 300 vaquetas de gran calidad, las que eran enviadas a Estados Unidos, Japón y el interior de la República, Decía Don Miguel Miranda, dulce viejecito de un siglo de edad, que cuando la Guerra era tanta la demanda que se tenían que comprar pieles del interior de la República y de los Estados Unidos , para ser procesadas, porque las que se conseguían en el territorio eran insuficientes, y los barcos mercantes tenían mucho trabajo para transportar las vaquetas, además de todos los productos regionales que iban y venían… Eran tiempos de gloria!!! Dice.

Las pieles en los seleccionadores, le sacaban centros cachete y barrigas, luego el cuero crudo lo ponían en las pilas de las cales para quitarles el pelo, para sus diferentes etapas de tratamiento, luego pasaban a las pilas de las tintas de cascalote en proceso, el que era quebrado a punta de mazo por los obreros; después pasaba a los tambores de quebracho el que contenía piloncillo, aceite de motores y de ahí pasaban las peles impregnadas de tintas y las colgaban en la secadora y luego a las planchas de vapor y la suela con todo ese proceso, se hacía rígida, así es que metían por un lado 300 pieles curtidas y tratadas y salían por otro lado 300 baquetas listas al mercado con ese peculiar y hermoso aroma, las que eran embarcadas para el extranjero.

Don Enrique Tapíz, ancianito de 112 años quien trabajó en la Tenería cuenta que las calderas trabajaban a base de vapor y el mismo desperdicio del cascalote, los fogoneros los usaban para atizar las calderas, los deshechos los tiraban al arroyo y caminos reales y que al término de la guerra de 1945, el negocio decayó y tuvieron que liquidar a la mitad de la gente, desocupando a los más jóvenes.

En la segunda etapa, la Tenería fue adquirida por el Ingeniero Quintanilla, y producía 150 vaquetas diarias, disminuyendo la producción hasta quedar en silencio. El ruido de las calderas, no se escuchó más, el pitido de la Tenería que servía de reloj a la gente del pueblo y a la chamaquera para asistir a la escuela, tampoco se escuchó más. Pitaba a las 7:00 de la mañana, para alertar a la gente, a las 8:00 para que entraran a laborar, a las 12.00 salían a comer, a la 1:00 entraban de vuelta y el último pitido era a las 5:00 de la tarde cuando salían los obreros cansados pero felices, porque el sábado rayaban poniendo sus sombreros para que se les llenaran de aquellos pesotes de plata 0.720; ganaban $1.50 diarios y les alcanzaba para mantenerse a la familia, y hasta ayudar a los padres, porque ésa era la costumbre.

Dice Doña Trinidad Vda, de Ortega, que la carne costaba 0.25 el kilo, la leche 10 ctvs. El litro, la pieza de pan 0.3 ctvs. El azúcar de terrón 0.5 ctvs., los huesos de res, 3 kilos por 10ctvs. El café para tostar a 40 ctvs. El pollo, huevo, gallinas se producían en casa, así como las flores, frutas y verduras, hasta la regalaban en los huertos y la ropa se hacía en casa, y hasta alcanzaba para pagarle a la música los fines de semana.

La aureola de humo de la gran chimenea inundando el cielo, no se vio nunca más… ahora se yergue silenciosa retando al tiempo.

Algunos de lis últimos trabajadores de la Tenería fueron don Antonio Gutiérrez Jordán, Miguel Miranda, Enrique Tapíz, Gregorio Ortega, Juan Domínguez, Fco. Domínguez, Rodolfo Avilés, Enrique Geraldo, José Romero “El Zorrillo”, El “Cany” Amado Romero, Macario Núñez, Antonio Morales, Luis Domínguez, Estanislao Domínguez, Isidro Isais, Roberto Ruffo, Felipe Alfredo y Bartolo Miranda, Miguel, Jesús y Guillermo Núñez, Chino Geraldo, Reynaldo Ortega, Pancho Torres, Agustín Benoit, Juan Núñez, entre tantos otros que dejaron parte de su vida en esta gran empresa.
El primer gran incendio en La Paz, que motivó el que hubiera bomberos, empezó en el año de 1958 en sábado de cuaresma, el gran acontecimiento que hizo salir de sus casas a todos los habitantes de La Paz, como a las 8:00 de la noche, la Tenería empezó a encender, empezó la escandalera,,, carreras y sustos por todos lados… no había bomberos, fue toda una empresa logar apagar aquel incendio… con botes de agua, baldes y paletadas de tierra pues ni mangueras se conocían y a como Dios dio a entender… recuerdo que volaban tanques, parecía que había fuegos pirotécnicos… las calles estaban acordonadas, se corría el peligro de que pudieran haber mas desgracias.

Los patrones fueron gentes muy apreciadas y se distinguían por el trato humanitario con la gentes y con su personal. Mister Nahl, como cariñosamente lo llamaban fue el pionero de formar equipos de beisbol aquí en Paz, era deportista de corazón, formó el primer equipo “La Viosca” el que la novena, lo representó en México y Veracruz, ganando el primer lugar poniendo muy en alto a Baja California Sur. El pagaba los gastos y el legendario barco “El Viosca”, traía los equipos de Sonora, Guaymas y Mazatlán, formó la liga Paz-Cortez destacando y ganando siempre en todas partes a las que iban a jugar; y sobresaliendo el pitcher Echeverría y Edelmiro González, el ampáyer. Una vez, estaba Paz Cortez trabajando la vaqueta en la tenería y una plancha le aplastó los dedos y debido a ése accidente, le pusieron a la Liga Paz Cortez, la que formaron, al acabarse la Viosca, porque se acabó la Viosca , y se acabó la Liga.

Y la Chimenea de la Tenería yergue silenciosa retando al tiempo…habla de un pasado promisorio… las calderas se apagaron para siempre… y los antiguos obreros, en su gran mayoría duermen el sueño eterno, a raíz de que se quemó la Tenería, tenemos bomberos aquí en La Paz, gracias a Norber Hannel quien fue precursor para éste logro, de contar con Bomberos desde entonces..

“EL ESTERITO...UN BARRIO CON TRADICIONES, FUNDADO POR GENTE INTRÉPIDA...LOS YAQUIS DE SONORA”

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* LOS YAQUIS DEL ESTERITO LLEGARON DE LEJOS Y FUNDARON EL PRIMER BARRIO DE LA PAZ EL ESTERITO
• LAS TRADICIONES QUE FESTEJABAN SON ENTRE OTRAS LA PASCOLA, LA DANZA DEL VENADO, EL FESTEJO DE LA SANTA CRUZ, EL TRES DE MAYO, Y A NUESTRO SEÑOR SAN JOSÉ PATRONO DE LOS PESCADORES EL 19 DE MARZO.
• “LOS POCHOLES LOS BAUTIZO LA GENTE POR SER LOS PRIMEROS EN PREPARAR Y VENDER POZOLE EN LA PAZ
• LAS ARTES QUE DESEMPEÑABAN ENTRE OTRAS ERAN, BUZOS DE PERLAS POR TRADICIÓN, RECOLECTORES DE LA PLANTA TINTÓREA, PESCADORES, ELABORACIÓN DEL LADRILLO, TRABAJABAN ARTÍSTICAMENTE EL CAREY, LA CONCHA MADRE PERLA, EL CORAL CARACOL Y DEMÁS VIRTUDES DEL MAR
• TRAJERON SUS PROPIOS INSTRUMENTOS MUSICALES E IMPLEMENTOS PARA ENMARCAR SUS TRADICIONES.
• FUE UNA TRADICIÓN TAMBIÉN CUANDO REGRESABAN LAS ARMADAS PERLERAS, LAS ORILLAS DE LAS PLAYAS SE INUNDABAN DE ALEGRÍA, PORQUE LAS FAMILIAS DE LOS YAQUIS ACUDÍAN A RECIBIRLOS CON BOMBO Y PLATILLO; Y LA GENTE ACUDÍA A COMPRAR LARGOS COLLARES DE CALLOS DE MADRE PERLAS SECOS ENSARTADOS EN PAVILO
• SUS PLATILLOS REGIONALES ENTRE OTROS ERAN EL POZOLE, EL BACAMORA, TAMAL DE ELOTE, EL WUACABAQUI, Y LA TORTILLA SOBAQUERA
• EL PALANQUERO FUE COSTUMBRE DE ELLOS VENDÍAN LIZAS TATEMADAS, SARTAS DE PESCADO PECHOS Y CUARTOS DE CAGUAMA COLGADOS EN LAS PALANCAS TOCANDO DE PUERTA EN PUERTA POR TODA LA PAZ 
• EL MOGOTE, FUE POR TRADICIÓN PARTE IMPORTANTE DE SU ALIMENTO DIARIO CON LA LEGENDARIA RECOLECCIÓN DE LA CIRUELA Y PITAHAYA ENTRE OTROS PRODUCTOS.



Durante la tercer década del siglo XIX, un grupo de intrépidos hombres y mujeres de piel oscura, recias facciones, alta estatura, y un corazón tan grande como un sol...atraídos por las perlas de sudcalifornia, y la recolección de la orchilla salieron de allá lejos un día y año cualquiera dejando dormida para siempre su tierra, Cajeme, Sonora...las embarcaciones de velas y canalete danzaban entre el oleaje por varias lunas y soles....los yaquis venían cargados de cachivaches para las mínimas necesidades diarias, y de sus costumbres y tradiciones de su lugar de origen, traían puesta sus esperanzas en estas tierras de prodigios...La Paz.
Empujados por el aire fresco del coromuel en el gran estero inundado de manglares y palmeras...las aves les dieron las bienvenida y allí se quedaron entre aquellos aromas a barros y brisa salada en el marco de manglares y palmeras EL ESTERITO LE DIERON POR NOMBRE y desde entonces se fundó el primer barrio de La Paz...El Esterito....los pocos habitantes que había en La Paz en aquella época de barcos mercantes, pesquerías de perlas y tantas otras cosas bellas sorprendidos miraban a este grupo de industriosos yaquis que se plantaron en el esterito y que se enlistaron en las armadas perleras después de que acabó la explotación de la orchilla. Los Cienfuegos, Ortiz, Bautimea, Valenzuela, Sanabas, Chávez y Calderón entre otros, y que según sus costumbres se casaban entre ellos. Después llegaron más yaquis y luego otros apellidos, los Lucero, buzos y pescadores por tradición, los León, Rivera, Meza, Carballo, Burgoin, entre tantos otros. Al paso del tiempo se fueron mezclando las razas y costumbres y fue creciendo las familias y el poblado.
Los primeros ladrillos para la construcción de antiguas mansiones y edificios mas importantes en La Paz surgieron de las morenas manos de los yaquis encabezadas por Don Manuel Cienfuegos, y su esposa Doña María Chávez de oficio partera, primer partera en el barrio El esterito, quienes se dice llegaron al mismo tiempo que Don Antonio Rufo Battaglia, de oficio panadero y éste le mandó hacer los primeros ladrillos para la casa Ruffo. El tres de mayo, día de la santa cruz, era fiesta en grande en el Esterito, la que duraba varios días enmarcada con su danza del venado y la pascola. La gente de La Paz acudían con gran alegría a ver las presentaciones que hacían en la plazuela y en el kiosco del malecón. Era un atractivo para la población, otra de las grandes fiestas era y es el festejo al señor San José, patrono de los pescadores. En el festejo del día de la marina, en las regatas, los pescadores del Esterito y Manglito eran los primeros y el ganòn casi siempre era el inolvidable Don Quiqui y Goyito Lucero, viejos lobos de mar; distinguidos como los mejores buzos, quienes dieron renombre a este popular barrio del Esterito que fue cimiento con el esfuerzo humano costumbres y tradiciones para el desarrollo de La Paz, con su trabajo de alto riesgo como es la pesquería de perlas y del tiburón entre otras especies....destacados palanqueros quienes llevaban el producto fresquecito del mar a las puertas de los hogares de La Paz como Don Porfirito León y su hijo del mismo nombre, Blas Martínez, El pocho Ronco, Félix Méndez, Pedrito Ortiz, Goyito Álvarez, Marcos Valenzuela y el “Cutito”, entre otros famosos carelleros del Esterito, que de sus morenas manos surgían verdaderas obras de arte como Don Jesús León Zazueta, Elías Onaves Cienfuegos, Cachente Moreno Sandoval, y el famoso “Chunique” Miranda quien también dio renombre al barrio del Esterito por sus artesanías y destacó en el deporte, en la lucha libre, concretamente quien fue famoso en su época. Del Esterito hay mucho que contar de las familias y de sus tradiciones.

lunes, 10 de marzo de 2014

EL MUELLE FISCAL, LA TORRE DEL VIGIA Y EL CAMPANERO DEL PUEBLO”.



            La bella construcción de la torre del vigía removió en mi mente las paginas del libro en ellas escritas, y me llena de gozo el recordar y hacer recordar a quienes vivieron esa época de bonanza, de esta amada tierra peninsular, así como informar a las nuevas generaciones la historia del muelle fiscal.

            El muelle fiscal fue el detonante del progreso en la península de Baja California Sur, impulsando su desarrollo económico, político y social. Su fundación se remonta a las primeras décadas del siglo pasado, motivado a que la capital del territorio estaba en Loreto y por haber sido casi destruido Loreto en 1828 por un cataclismo, se estableció la aduana en La Paz en 1832 la que era un pequeño caserío. En el histórico muelle fiscal esta plasmada gran parte de la historia de Baja California Sur y sus habitantes. Hechos sobresalientes que sucedieron en distintas épocas que quedaron en la historia que conforman esta península. En Septiembre de 1846 sufrió esta ciudad de La Paz la primera invasión norteamericana atracando en el muelle los barcos enemigos, y ante la cobardía del jefe político Francisco Palacios Miranda quien permitió el atropello, que se tomara el puerto e izaran la bandera norteamericana. Después de tenaz lucha, el 02 de octubre de 1847,  los valientes héroes muleginos encabezados por el General Manuel Pineda lograron que salieran huyendo vergonzosamente los extranjeros.

            Baja California Sur siempre ha sido muy codiciada por el extranjero, y sufrió otro ataque pirático por William Walker desembarcando con engaños e izando su bandera según, tomando los edificios públicos proclamando su nueva República. Este pirata filibustero ordenó el saqueo de las casas así como de los archivos oficiales. El teniente Manuel Pineda le hizo frente con doce gentes armados hasta con piedras y palos haciéndoles seis muertes a Walker. En esta contienda se unió el General Marquez de León haciendo huir vergonzosamente a este pirata. En 1855 hubo otro intento de asalto por fuerzas americanas pero las autoridades ya estaban escamados con los otros ataques y no permitieron el desembarco de piratas, dispararon sus cañones, les causaron varias bajas, los apresaron y confiscaron la flotilla de tres barcos, los bienes y los víveres.

            En tiempos revolucionarios en el territorio el 20 de marzo de 1880 procedente de Mazatlán, Sinaloa, atraco en La Paz el barco Demócrata y varios barcos más con una cuadrilla de 360 hombres, 50 dragones del octavo batallón y una sección de cañones de siete centímetros a las órdenes del General José María Rangel. En 1912 el licenciado José María Pino Suárez, vicepresidente de México visito La Paz poco antes de ser asesinado  al igual que don Francisco Indalecio Madero.

           


Por los albores de las primeras décadas de este siglo, en la cumbre de la antigua torre del vigía, así como de la actual reconstruida en 1938, por la ventana salía un negro y largo catalejo vigilante, atisbando la lejanía y llenando su vista el campanero del pueblo con las maravillas del ayer atento de la llegada de las armadas perleras y de los barcos mercantes de la época que cargados de preciadas mercancías arribaban a nuestro bello puerto de La Paz atracando en el muelle fiscal

Sentados a la orilla del muelle de antaño, bajo la sombra del frondoso pino en las blancas arenas, así como al pie de la torre del vigía estibadores y alijadores esperaban con gran ilusión el arribo de los barcos que con gran júbilo al vuelo de la campana anunciaba el güero Gilberto. Con tres largos campaneos si se avistaba a la distancia un barco grande, y con dos campaneos si era una armada  perlera. Los morenos señores curtidos por el inclemente sol Cali sureño y la brisa del mar, con sus paliacates amarrados al cuello y una sonrisa en el sudoroso rostro se aprestaban felices a realizar cabotaje y desembarco de las mercancías que transportaban los navíos de la época, como El Progreso, el Peninsular, el Araguan, El Raúl, El Blanco, Los Korrigans, El Salvador, La Estrella Costera, El Salvatierra, El Anita, El Spruce, y muchos mas que procedentes de Topolobampo, Manzanillo, Guaymas y Sinaloa alegraban con su presencia y daban trabajo y beneficios a los hombres del pueblo.

Los grandes buques así como barquitos de vela se regresaban cargados de productos de la región como oro, plata, aleta e hígado de tiburón, vaquetas curtidas y procesadas en la tenería Suela Viosca, trigo y algodón cuando el boom en Santo Domingo, carne seca de res de pescado, de burro y hasta de venado así como queso regional ganado y bestias. Era todo un espectáculo ver el embarque del ganado que seguramente arriaban de los ranchos aledaños. En grandes manadas las que irrumpían por el pueblo arriadas por los rancheros rompiendo la monotonía de la tarde y las echaban en la bahía para luego ser embarcadas colgándolas  de los cuernos con los winches.

La torre del vigía y el campanero del pueblo, también anunciaba el mal tiempo. Cuando había ciclones o chubascos, el largo y negro catalejo estaba vigilante y el campanero sacaba un gallardete amarillo cuando era calmo y uno rojo cuando había peligro. Las gentes del pueblo de aquel entonces se arremolinaban alrededor de la torre del vigía o salían  al malecón pendientes de las señales del campanero.

Los habitantes de La Paz ya tenían identificados el silbido de cada barco, al escucharlos, sabían que barco llegaba y cual partía. Y los hombres del ayer al escuchar el campanero anunciando su arribo, jubilosos salían de sus casas rumbo al muelle fiscal  que en aquel entonces fue de madera y con rieles, para ganar el jornal diario. Puras monedas de plata ley 0720, y con su paliacate anudado al cuello el que les servia para secarse el sudor y también lo utilizaban para recoger productos cuando los costales de 70 kilos  se rompían, como café de granito, trigo, frijol, maíz y arroz los que eran muy apreciados. En el atardecer, el malecón se llenaba de señores que regresaban felices con el jornal diario tintinando en la bolsa del pantalón, las monedas de plata, el pañuelo lleno, amarrado a nudo, y una sarta de cogollo de palma con un trozo de pescado marlín o agujón que les daban a su paso los pescadores del ayer, que sacaban los turistas extranjeros que se hospedaban en el hotel Los Arcos.

Fueron tiempos muy bellos en el pueblo, el zumbar de los chocomiles en el puesto de campesinas y raspados de don Lencho Sánchez se perdía entre aquellos ruidos. El silencio se rompía con el silbar de los barcos al arribar, o al partir. En 1964, se inauguro el primer transbordador “La Paz”, quedando en silencio el muelle fiscal y abriendo otra etapa comercial como la fayuca, e impulsando el progreso en el Estado. El muelle fiscal convertido ahora en una bella obra arquitectónica que engalana nuestra ciudad de La Paz es un atractivo turístico sin duda alguna.


...La torre del vigía, bellos recuerdos, se yergue majestuosa al paso del tiempo testigo mudo de gran parte de la historia de nuestro terruño peninsular que con su catalejo sus campanas y banderines, fue el puntal del florecimiento del comercio, testigo de la bonanza y de la alegría de los habitantes de aquel ayer.

jueves, 6 de marzo de 2014

“EL SAN MIGUEL SE LO TRAGO EL MAR....UN BARCO DE MISTERIO Y LEYENDA”.



·        FUE EN VISPERA DE NAVIDAD...UN 23 DE DICIEMBRE DE 1967. LA MISTERIOSA DESAPARICION DE BARCO DE CARGA EL SAN MIGUEL, QUE NI RASTRO DEJO.
·        “DECIA QUE EL CAPITAN SE COMUNICO A TIERRA AQUELLA TRAGICA NOCHE, “YA VAMOS LLEGANDO, AL AMANECER ESTAREMOS ATRACANDO EN LA PAZ”...PERO NUNCA LLEGARON.
·        UNA TRAGEDIA QUE ENLUTO A MAS DE UNA DECENA DE FAMILIAS EN LA PAZ, QUE LAS HERIDAS NO CIERRAN AUN...Y QUIZAS NUNCA CERRARAN.
·        A 37 AÑOS DE LA DESAPARICION DEL SAN MIGUEL, HASTA LA FECHA NUNCA SE SUPO QUE FUE LO QUE REALMENTE PASO AQUELLA NOCHE DEL 23 DE DICIEMBRE DE 1967...JAMAS ENCONTRARON ALGUN RASTRO, NI DE LA CARGA, NI DEL BARCO, NI DE LA TRIPULACION.
·        TODO QUEDO EN EL MAS ABSOLUTO MISTERIO....EN ESPECULACIONES...EN LÁGRIMAS...EN HISTORIA Y LEYENDA.

El mar estaba embravecido a causa de los fuertes norestes aquella fatídica noche del 23 de Diciembre de los sesenta, en la oscuridad de la noche, como luciérnagas apenas se distinguían unas lucecillas...era el barco El San Miguel el que venía de Mazatlán cargados de cilindros de gas, frijol, láminas, entre otros productos tripulados diestramente por su capitán Don Juan García “El quelele”, y demás tripulación...como una cáscara de nuez se perdía y resurgía entre el oleaje...los experimentados marinos, en su mayoría jóvenes aún, ya estaban acostumbrados a estos vaivenes, pero ahora era diferente...el fuerte viento, furioso, bufaba, aullaba y gemía en la penumbra de la noche ya cercana se destacaban densos nubarrones semejantes a fantásticos monstruos en lucha...el viento y el rumor del mar se confundían...parecían lastimeros lamentos que anunciaban tragedia, las ráfagas y torbellinos agigantaban las olas embravecidas que parecían subir al firmamento...algo grave estaba por suceder; quizás les dio tiempo de pensar, porque de repente, ¡San Miguel se lo tragó el mar con toda su tripulación junto con su capitán Juan García!.

Cuenta Don Manuel Fuerte Sánchez, viejo lobo de mar, de la marina mercante, que aquella noche el Santa Teresa venía a poca distancia delante de ellos, del barco El San Miguel; también vivían aquellos momentos de los fuertes vientos, las coyas que les dicen, y que Feliciano, Chano Sánchez, le gritó desde el barco San Miguel a Raúl Fuerte Jordán, que iba en el Santa Teresa, “Raúl, allá nos vemos en La Paz, ve preparando una botella”...!y nunca llegaron!, no hubo amanecer para ellos...fue una amarga navidad para sus familias.

¡Cuánta tristeza se vivió en La Paz con la fatal noticia aquella navidad de 1967, no se podía creer!, se hundió El San Miguel, se lo tragó el mar y ni rastros dejó...las autoridades lo buscaron por cielo, mar y tierra y ni rastros se encontraron del barco, la carga y la gente...empezaron las especulaciones que dan paso a la leyenda...unos decían que los extraterrestres se lo llevaron...otros que algún submarino, otros que quizás lo secuestraron y que estaba por Japón...o que tal vez hubiera por ahí dónde han desaparecido ya varios barcos, una fuerza extraña como el triángulo de las Bermudas, que estaba en Voga por ese tiempo, en fin todo quedó en el misterio, que era una esperanza para sus familiares el que pudiera estar viva la tripulación en alguna parte del mundo.

Decían también que algunos ya le tocaba...como aquel marinero que ese día que zarpó El San Miguel de La Paz, él estaba pintando su casa y no se fue por ese motivo, pero si se fue otro día en el avión a alcanzar el barco San Miguel...y nunca regresó...recuerdo las noticias cuando la intensa búsqueda del barco desaparecido y que todo fue en vano, entre otras decían:


“Los helicópteros buscaban intensamente en la inmensidad donde casi se juntan cielo y mar, y que les alentó la esperanza al divisar en la lejanía un manchón en el mar, y pensaron que pudiera ser los restos del barco...pero al llegar al mencionado lugar, ¡oh, desilusión!, y a la vez, maravillosa sorpresa, era la copa de un frondoso árbol que salía del fondo del mar, al ras del agua, en aquellas soledades...nunca se me olvidó este dato, porque a través de los años, siempre me he imaginado temerosa y admirada la diversidad de animales que habrían entre el follaje de ese gigantesco árbol que emergía de lo profundo del mar. Tengo presente que fue cuando dieron por terminada la intensa búsqueda del barco El San Miguel, y que siempre vive en mis gratos recuerdo, mi querido primo, Miguelito Castro quien formaba parte de la tripulación del barco El San Miguel y con quien compartía juegos infantiles, junto con su hermano Vicente y otros primos en aquella Paz de antaño.


...La misteriosa desaparición de El San Miguel, un barco de leyenda que quedó en el más absoluto misterio aquel trágico 23 de diciembre de 1967.

martes, 4 de marzo de 2014

“EL TIO HERRERO, DEL RANCHO ‘TAMALES’...UN ARTESANO DE LEYENDA”





            ...El hombre, hundido en sus pensamientos, frente a la piedra “la encampanada”, los ojos en el moreno rostro bajo el sombrero de palma de ala ancha, que cubría su cabeza de cabellos salpicados por la brisa de la serranía, no se le miraban...de su camisa de dril turco desabotonada al calor de la forja, sobresalía el sudoroso torso, volándole el pantalón de mezclilla el aire que soplaba la fragua sobre las brazas encendidas, pringando de cenizas las teguas que calzaban sus pies...Rodolfo Avilés Cota, fue su nombre...conocido como el Tío herrero, y por su maravilloso trabajo en la rama de la herrería, por la mayoría de los habitantes del campo sudcaliforniano. En el rancho Tamales, bajo el enorme y frondoso árbol de la india, sobre el lomerío, a un lado de la cuenca del arroyo, donde fluye de un ojo de agua el cristalino y vital líquido a borbollones, y de donde se abastece la pequeña comunidad formada por diez familias del rancho Tamales, se encuentra el equipo de trabajo del legendario “Tío Herrero”, que él mismo elaboró: el yunque, la fragua, la forja, el marro, entre otras cosas útiles para la realización de este noble trabajo de la herrería.

            El Tío herrero fue un gran artista con una creatividad nata. El nunca salió de Tamales, donde nació. Ni fue a la escuela, ni de su familia heredó este arte de la herrería. De su propia creación, destacan la elaboración de guitarras, violines, vitrolas, una pistola, una escopeta 210 y un rifle 22; pero lo más interesante es que se hizo sus propias placas dentales. Si, escuchó usted bien, el tío herrero se hizo sus propias placas dentales las que usó durante toda su vida, hasta que falleció a una edad muy avanzada. Su familia se lamenta, ahora, el por qué lo sepultaron con sus placas, ya que existe todavía los rifles, pistola, vitrola, guitarra y un violín entre los mismos familiares. El Tío herrero, para hacer su puente dental utilizó madera especial de una planta del campo sudcaliforniano que se llama “pimientilla”. Para las piezas dentales utilizó huesos de venado, los que perforó y colocó mediante unos clavitos de plata muy finos. También a la placa le puso algunos dientes de plata de aquella porfiriana, placa de la que él se sentía muy orgulloso cuando los rancheros muy admirados hacían comentarios sobre su placa y su arte, motivo por el cual era muy popular en toda la comarca.

            El Tío herrero, era el herrero de los rancheros sudcalifornianos de aquella época. Les hacía todo lo que se necesitaba para las monturas: espuelas con plata porfiriana incrustada, armas, cuchillos, machetes, dagas y todo lo que se les ocurriera, él lo hacía. Si fue capaz de hacer hasta sus propias placas dentales, que cosa no haría. En el rancho Tamales, bajo el frondoso y legendario árbol de la india, vivió el tío herrero, un hombre muy industrioso, y viven todavía descendientes de él, que se distinguen también toda su familia por las artes manuales. En la loma, cerca del yunque, la forja y la fragua se encuentran dos piletas de piedra donde antiguamente hacían jabón. También el tío herrero del rancho Tamales era carpintero, talabartero y zapatero. Curtía las pieles para elaborar el calzado de la familia, y de algunas de las rancherías aledañas. Hacían cueras, sombreros de vaqueta, sillas de montar, chaparreras, frenos, el tapajo, cabestros, riendas, etc.

            El rancho Tamales fue fundado en el siglo pasado por los padres del Tío herrero. Doroteo Avilés y Manuela Cota. El origen del nombre del rancho es el siguiente. Cuentan los mayores que Doroteo y Manuela vivían muy felices en el rancho La huerta; y recién casados se fueron caminando por las brechas de pedregosos caminos, buscando el terreno adecuado donde asentar su hogar y formar un rancho. Al llegar al arroyo frente a la hermosa piedra “La encampanada”, estaba un ojo de agua y a su alrededor varias hojas de tamales diseminadas a los lados. Al verlas doña Manuela expresó “seguramente algunos vaqueros que parajearon aquí comieron tamales”. Entonces dijo Don Doroteo “aquí vamos a levantar un rancho y se va a llamar tamales”. Y cuentan que diciendo y haciendo, lo primero que hizo fue plantar un arbolito el que ahora es un frondoso árbol de la india, y bajo su sombra está el yunque del tío herrero, y aun lado la casa fundadora de adobe construida desde el siglo pasado.

            El rancho tamales del Tío herrero está envuelto en la historia y en la leyenda.


            ...Y al golpe del marro sobre el yunque...iban surgiendo verdaderas obras de arte, placas dentales, espuelas, herraduras, guitarras...y dejaba volar sus pensamientos creadores...

sábado, 1 de marzo de 2014

“DE GRAN TRADICION EN LA PAZ... LA PELUQUERIA EL ZURDO...LA QUE HA DADO PASO A LA LEYENDA”



            Por la subidita frente al cine Juárez se ve la silla vacía...donde don Enrique Ramos, propietario de la peluquería “El Zurdo” siempre estaba sentado mirando pasar a la gente...y al ver la silla vacía vino a la mente aquel ayer...a veces don Enrique estaba sin camisa...en otras ocasiones lo sorprendía con los ojos entornados inmersos en sus recuerdos tarareando una canción...farolito, perfume de gardenia o en otras ocasiones rascando las cuerdas de una antigua guitarra. Don Enrique, además de ser uno de los mejores peluqueros de La Paz que se perdió, tenía un espíritu bohemio...era un artista tanto para la música como para cortar el cabello, así como para tocar instrumentos musicales como el saxofón, la trompeta y la guitarra.

            Son pocas las gentes aquí en La Paz los que no se hayan cortado el cabello con el Zurdo, frente al cine Juárez, y que no escuchaban esa frase tan singular de don Enrique Ramos: “ERA VISTO”.

            Al pasar por la subidita frente al cine Juárez y al ver la silla vacía en la banqueta, me sumergí en el pasado...y fluyeron los recuerdos. Antiguamente, la peluquería era atendida por Don Liborio Barrera, Carlos Espinoza, Rufino Bustamante y Don Enrique Ramos, quien por el año de 1952 paso a ser propietario de la peluquería...el tris tras de las tijeras se escuchaban por la subidita, en la peluquería el Zurdo...enmarcado con aquellos ruidos que se generaban en esa arteria tan importante del corazón de La Paz...la peluquería siempre estaba llena de gente. Era una costumbre que antes de entrar al cine Juárez, los señores, chamacos y jóvenes se cortaban el cabello en la peluquería y se daban su boleada con los boleritos de cajón. En esa época, de las peluquerías que había en La Paz: La Escondida, donde estaba Don Polito, un dulce y tierno viejecito nervioso, el que hizo un abanico de cartón, en el techo, y el cliente le jalaba un mecatito para echarse aire, mientras Don Polito lo peluqueaba, pero esa es otra historia; también estaba la Peluquería de El Veracruzano, y la de Don Braulio Murillo de gratos recuerdos y muy apreciado por cierto, además de los peluqueros que en sus hogares algunos cortaban el cabello, y otros iban a domicilio.

            Por aquella bajadita del cine Juárez, de gratos y evocadores recuerdos, tantas veces transitada, cuantas historias de amor se escribieron...me parece ver a Mercadito en su labor sentado cruzado de piernas con el sombrerito en las rodillas y con los zapatos del numero dos muy lustrados, rodeado del revoloteo de palomas, y de las familias del ayer, entrando y saliendo del cine; así como a Don Enrique Vonborstel, siempre de ropajes blancos regañando al barrendero...las tijeras de los peluqueros sonando...el tiroteo de balazos de las películas de villanos, de Chicote, Pancho Villa, así como de Clavillazo y Tin Tan, aunado a las rechiflas y taconeos en el piso de madera del cine Juárez...!tan clásicos!...el zumbar de las máquinas de coser de los sastres Don Julián Pérez y Don Manuel Wong, entre aquellos aromas de las exquisitas tortas de Doña Chuy...las notas musicales que inundaban aquella bajadita, arrancadas a las teclas de los instrumentos musicales, en la antigua Escuela de Música...así como la romancera nevería la Flor de La Paz llena de alegría con su música de rocola y su tradicional nieve de garrafa, de gratos recuerdos, además del carretón del tío Badajoza bajo el árbol de la india inundado de pájaros cantores...el zumbido de las licuadoras de “chocomiles” en el puesto del Español...y los cepillos raspando hielo para los raspados con Don Trino Osuna, enmarcado con los gritos del baratero cumbre que se escuchaba de puerta a puerta pregonando sus mercancías en el antiguo Mercado Madero.

            A través de los años, gentes de todos los estratos sociales pasaron por las largas y profesionales tijeras de Don Enrique Ramos, quien era originario de Nayarit; y quien contrajo nupcias con la señorita María del Socorro Gallardo Meza...procrearon nueve hijos radicaban en la hermosa tierra minera de Santa Rosalía, donde era él era músico...luego la familia se trasladó a esta bella ciudad de La Paz, hasta su fallecimiento. Sus hijos, Rodrigo, Enrique, Hipólito, Edmundo, Leoncio, Flora, Maura, Sofía y Marta, lo recuerdan con gran amor y nostalgia. Enrique y Rodrigo continúan con la tradicional peluquería El Zurdo, siguiendo el ejemplo de su padre, y la que ahora se llama Peluquería Ramos; e Hipólito ya rindió cuentas al Creador.

            Antaño...cuando en la plazuela y el kiosco del malecón parecía un bello jardín adornado de lindas flores con la presencia de las muchachas del pueblo luciendo sus peinados de moda, de cola de caballo y permanente así como sus crinolinas y ropajes largos...y los jóvenes con el cabello embarrado de brillantina quienes perfumados a lavanda  y old spice, gozosos acudían a las tardeadas a bailar al compás de la hermosa música amenizada por la orquesta de los “Canarios” de Don Luis Gonzalez y Don Rafael Castro, así como Don Enrique le daba el toque alegre tocando el saxofón y la trompeta.

            La peluquería el Zurdo está impregnada de historia chascarrillo y anécdotas de los clientes que por ahí pasaron, y que han dado paso a la leyenda... cuenta uno de los hijos de Don Enrique que Don Angel Mateoti puso de moda el corte Flep Tap, y los jóvenes y señores del ayer lo usaron mucho, “El conono” y “panchito el loco” siempre decían “córtamelo tipo Matteoti”, a mí también decían los clientes...un peso y 1.50 se cobraba el corte de cabello, pero de aquellos pesotes de plata Ley 0720 que un escándalo hacían cuando al suelo caían y se iban rebotando tintineando. Los clientes eran y son como de la familia, algunos muy conocidos por sus apodos...”El Mapachon”, “El Popocha”, “El Mariquita”, “El Chorizo”, “El Nando Pineda”, “El Diablo”, “El Babita”, “El pata de cañón”, “El Orejas” y “Don Loreto Amador”. Anita y Marianita hacían el día más ameno con sus puntadas entre fumarolas y chascarrillos enmarcados con el tris tras de las largas tijeras de los peluqueros. Don Enrique tenía un cliente muy especial...Don Raúl Miranda, a quien cuando al terminar de cortarle el cabello nunca estaba conforme y Don Enrique le ponía el espejo para que se viera, y Don Raúl decía “Me quedó disparejo este lado”, y como Don Enrique sabía que estaba bien cortado el cabello, nada más le sonaba las tijeras y Don Raúl ni cuenta se daba...y luego le mostraba nuevamente el espejo y Don Raúl decía “Ahora si me quedo muy bien”.

            Pero una vez, a un agricultor del Valle de Santo Domingo, al señor Alberto Poloni, Don Enrique le cortó mal una patilla, dejándole solo una, se enojó tanto el señor Poloni que nunca más volvió a la peluquería, quien además murió muy joven por un paro cardiaco; y a Don Enrique le dio tanta pena, que fue el último corte que hizo en su vida. Y después de eso, las tijeras de Don Enrique nunca volvieron a sonar. Sus hijos se hicieron cargo de la peluquería desde 1962...y las tijeras de Don Enrique Ramos así como el cine Juárez, quedaron en silencio para siempre....y aunque el tris tras de las tijeras aún se escucha, así como pasos silenciosos que vienen y van...Como el canto de los pájaros en los árboles, el revoloteo de palomas, el zumbar de las máquinas de coser del sastre...la silla en la banqueta quedo solitaria...pues Don Enrique se nos adelantó en el camino sin retorno y la silla vacía en la banqueta, anuncia que la peluquería inició sus labores continuando con la tradición...


...”ERA VISTO”...y a modo de travesura, Don Enrique Ramos nada más le sonaba las largas tijeras a Don Raúl Miranda.

viernes, 28 de febrero de 2014

“DOÑA TRINIDAD BELTRAN MARTINEZ...DESCENDIENTE DE LOS FUNDADORES DEL BARRIO EL CHOYAL... Y SUS GRATOS RECUERDOS”.


·        DOÑA TRINI TRABAJO ACTIVAMENTE PARA LA FUNDACION DEL SANTUARIO DE GUADALUPE, JUNTO DON DÑA RAFAELA VERDUGO DE GONZALEZ, TERESA BENOIT Y MUCHOS MAS.
·        SU ABUELO, DON SANTOS BELTRAN, ASI COMO LOS MAESTROS DE ALBAÑINL, CAMPOS, Y DON LIBRADO GAUME CONSTRUYERON LA CHIMENEA DEL TRIUNFO....UN PUÑADO DE ORO EN UN MOÑO COLORADO LES PAGABAN A LA SEMANA.
·        SU ABUELA REFUGIO MARTINEZ, Y TATARABUELO, ANTONIO MARTINEZ, ERAN LEGITIMOS CALIFORNIOS...ORGULLOSAMENTE INDIOS PERICUES.
·        NACIO A LA VIDA ETERNA EL PASADO 20 DE FEBRERO DE ESTE AÑO.

        Eran los felices tiempos aquellos de La Paz de antaño en el barrio El Choyal...la casita de mis abuelos construida de adobe, troncos y techumbre de palma, se perdía en aquella inmensidad del monte, entre cardonales, mezquitales, palos verdes y choyales, entre otra vegetación...era la primera vivienda, la fundadora de ese popular barrio, la de la familia Beltrán Martínez... El Choyal le puso mi abuela al ranchito cuando llegó a él porque había mucha choya seca, y no se batallaba por la leña, dijo recordando con añoranza, la encantadora muchacha antigua, de plateados cabellos y sonreído rostro como las margaritas, Doña Trinidad Beltrán Martínez.

         En aquella casita donde se respetaba la ley de Dios, crecer y multiplicad, continuó diciendo con nostalgia Doña Trini, casita de gratos recuerdos donde nacieron sus padres, Natividad Martínez Acevedo y Abraham Beltrán Martínez, descendientes del indio pericú, eso decían los mayores con gran orgullo y donde nació ella un Dos de junio de 1916 además de nueve hermanos: Ubaldo, Abraham, Santos, Juan, Francisca, Juanita, Rosa María, Jesús y Elena. Ella y sus hermanos fueron los niños más felices de la tierra, por lo menos de ese barrio El Choyal, donde crecieron tan sanos, educados bajo las normas y costumbres más estrictas de la época, ante la mirada y la protección de sus abuelos.

         ¡Pero cómo no recordar a  la abuela si era tan bondadosa y cocinaba tan sano y sabroso!, ahora, dice Doña Trini, pura chatarra se come por eso hay tantas enfermedades. Viene a mi mente, dijo, aquel techado arropado de humo, y aquellas hornillas de lumbreantes tizones y cazuelas de barro las que mi abuela hacía, repletas con aromáticos guisados. Una de las costumbres en casa, y en toda La Paz era para el almuerzo el cocido de huesos de res con todos su menesteres el que no debía de faltar en casa; o eran albóndigas, o era caldo de pescado, ¡y que caldo de pescado señores!, cortado el pescado en tronchos con cabeza, carne y huesos y hasta los azotillos le echaban...el caldo de chopa oreada, era especial; el de liza, pues no se diga, y si no, de perdida, se hacía el caldo de pargo colorado o mulato, mero, estacuda, garropa, o robalo, y las albóndigas se hacían de pescado especial para eso, o de carne de res, pulpa negra tenía que ser, o si no había más se hacían de liebre o de venado; pero en el almuerzo no debía de faltar en aquellas hornillas las grandes cazuelas de barro con el hirviente caldo, era la comida del pobre...ahora, difícilmente se come cocido porque sale muy caro cocinarlo, además de que algunas personas ni lo conocen; dijo con tristeza Doña Trini, añadiendo que ahora algunas personas ya ni cenan porque engordan.

         Su abuelita, dice, para la cena hacía aquellas inolvidables “michas”, para todo aquel muchachero comelón. Era tan sabrosa la micha por cierto. Molía el nixtamal en el metate, hacía una gruesa y gran torta con la masa, la que amasaba con manteca de res, canela y panocha, luego la ponía en el comal y la tapaban con una cazuela de barro para que no se saliera el vapor, ¡Que hornos ni que nada!, quedaba un pastel muy rico, esponjadito que hasta lo sonaba con sus morenas manos como un tambor y decía “Ya está”, les daban de cena. Les daban una rebanada de aquella micha, un plato de frijoles caldudos o refritos bañado de queso raspado o en trozos, como quisieran, y un vaso de te limón o damiana, y quedaban tan llenos que hasta se les podía tronar un piojo en la barriga.

         Recordar a la venerable abuelita es muy grato dice Doña Trini... ¡cómo le gustaba que le peinara sus largos y negros cabellos así como a sus hermanas!, se formaban en fila india con los cabellos destrenzados, junto al perchero donde estaban encajados en la cola de caballo los destramadores y peines piojeros; y colgadas las correas de gamuzas y los coloridos moños; les embarraba el cabello con aromática brillantina que ella misma preparaba con tuétanos de res, y pétalos de flores, mientras les contaba lo orgullosa que estaba de ser descendiente de indios californios, del rebelde pericú, concretamente, sus costumbres y sufrimientos, y sus demás hermanos partían chuniques en el patio donde en camastros sobre lonas se pasaban los tendales de dátiles al sol. El trenzado les duraba por varios días, de lo bien peinadas que quedaban y las vestían como lo que eran, como niñas con vestidos largos con bolsitas y moños, ahora a las niñas las visten como adultas.

         Otro de los bellos recuerdos de Doña Trini es cuando se iban a  tomar el retrato familiar, eso era muy importante; era todo un rito ¡había un alboroto en casa!, sacaban de los arcones las mejores ropas, las que guardaban celosamente con bolitas aromáticas para ocasiones especiales y sus tías mayores y abuelita peleaban las alpargatas de gamuza y de mezclilla, para tal ocasión, y su padre se ponía su sombrero de pelo y hasta se quitaba las antiparras, porque tenían que salir muy arreglados en el retrato...se miraban tan bonitos todos así vestidos que a sus ojos de niñas le parecían como gente muy acomodada y claro que no lo eran, pero sí de muy buenas costumbres.

         Los tiempos han cambiado mucho, dice Doña Trini...al paso  del tiempo, en el barrio El Choyal se fueron asentando otras familias...una casita aquí, otra casita más allá y así fue creciendo hasta lo que ahora es, una gran familia sudcaliforniana....y la ciudad de La Paz llegaba hasta donde es ahora la gasolinera de Castro, y al otro ladito fue un panteón por donde  es ahora la papelería Agruel... la  gente le sacaba la vuelta, el pasar por ahí, porque decían que asustaban...continua recordando la muchacha de cabecita de lirios florecidos que fue a la primaria a la Escuela No. Cuatro, la que estaba donde fue el sobarso, o el tambo, y después fue un hospital antituberculoso, a ella le encantaba mirar a los enfermos para ayudarlos; como era pequeñita, todavía, se empinaba a pies juntillas, y colgándose por las rejas de las ventanas les hacía mandados comprándoles cigarros, pan y fósforos en la tiendita de Don Onésimo Cosío quien hacía un pan muy sabroso y tenía un llamativo sistema de dar el pilón a los niños mandaderos.

Don Onésimo dice, en una estante tenía frascos de vidrio pintados de diferentes colores con el nombre de cada niño mandadero y a cada compra que hacían, le iba poniendo un granito de maíz a su frasco hasta que se llenaba y el niño pedía un premio: a veces era un gran paquetón de pan, melcochas, alfeñiques, o un cucurucho de pinole, o un puño de panochas o galletas abetunadas que tanto gustaba a los niños. ¡Qué bonita era la niñez de antes!. Recuerda con cariño a su hermano Abraham Beltrán Martínez quien falleció un 22 de julio hace dos años, fue un gran hombre, fue de los mejores buzos de madreperlas, y de los fundadores de la CROM en 1924 que con su trabajo de la estiba dieron prestigio y bonanza al histórico muelle fiscal, el que fue el detonante de la economía en el antiguo territorio de Baja California Sur toda una época de oro en el comercio y la marina mercante...Abraham, dijo, fue un hombre de leyenda. ¡cómo le gustaba escuchar cuando les contaba tantas aventuras que vivió y cosas que le pasaron!, entre ellas que vio y escuchó el canto de las sirenas, dijo que, buceaba aquella vez en las profundidades del mar, cerca de San Juan de Ulloa, y que las corrientes marinas lo envolvían en un hermoso canto que lo embelesaba...no comprendía de donde procedía ese canto, ni que era lo que pasaba y como pudo emergió a la superficie y ante sus sorprendidos ojos estaban dos hermosas mujeres flotando en el agua con sus blancos y desnudos senos al aire libre y muy larga cabellera, y al verlo a él hicieron unas graciosas piruetas y se sumergieron levantando sus colas de pescado de la cadera para abajo, como pudo salió del mar, y contó lo que había visto pero nadie le creyó.


         En aquel tiempo, continúa diciendo Doña Trini que su padre se puso muy enfermo, ya estaba grande de edad avanzada, ¡y que susto se llevaron ella y su hermana Rosa cuando vieron a la llorona!, ella tenía quince años, era una noche de luna de aquellas de Octubre, serían como la una de la mañana, allá en el barrio El Choyal, las mandaron a la casa de enfrente, de la familia también, de María de Beltrán, a traer un sartén de brazas para atizar la olla del té y para calentar al enfermo, ya iban cruzando la calle, cuando les pasó casi rozando sus cabezas algo así como un envoltorio de sábanas blancas, que gritaban ¡mis  hijos, donde están mis hijos, denme a mis hijos!, y pues que hijos le íbamos a dar, si apenas teníamos 15 años...por allá aventaron el sartén con las brasas y de un salto estaban arriba del enfermo y un escándalo tenían y su papá con aquella calma les dijo “ay mijita si nomás es la llorona que anda buscando a sus hijos”, y luego les contaba la leyenda...pero que susto se llevaron....antes dijo recomendaban los mayores que no dejaran llorar los niños en la noche,  y ni la luz apagada porque se acercaba la llorona creyendo que eran sus hijos.

         ¡Cuánta tristeza sintió cuando murió su padre!, el no quiso que lo llevaran en la carroza, pidió que lo cargaran en hombros hasta el panteón en riguroso silencio, vestidos todos de negro, como era la costumbre, pero un llanto  llevaban todos caminando rumbo al panteón de los san juanes, recuerda que le echaron dentro de la casa las antiparras que tanto le gustaban, terminó diciendo Doña Trini, añadiendo que Dios es muy bondadoso con ella, que vive al amparo de sus dos hijas, Leonor y Dorita,  tres nietos y yernos, que son una bendición... y de La Paz, de aquella Paz tranquila, de romance  y de molinos de viento, y de tantas otras cosas bellas, hay mucho que recordar, dijo la encantadora Doña Trini, orgullosa de ser descendiente de indio pericú.